Mad Men: Introducción a la última temporada

Se acerca el final de Mad Men y es hora de recordar en que quedaron nuestros publicistas sesenteros favoritos.

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Se acerca el fin de una era: el fin de una década interpretada y puesta en escena de manera impecable en Mad Men, una de las más importantes producciones televisivas de lo que llevamos del siglo XXI. A través del mundo de la publicidad hemos conocido una nueva perspectiva de una década tan importante para la historia y cultura como lo fue la década de los 60, una época llena de cambios, contracultura, conflictos y nuevos grupos sociales tomando protagonismo. Una generación de hombres y mujeres que nacieron y vieron a su mundo devastado por las guerras, se prepara para dar paso a la primera generación posguerra, donde las luchas civiles serán las protagonistas. AEse es el panorama que desde el año 2007 Mad Men pretendió poner en pantalla y no ha fallado.

Ad portas de la segunda tanda de capítulos correspondientes a la séptima y última temporada de la serie, revisaremos acá el panorama al que cada personaje deberá enfrentarse durante los últimos siete capítulos que verán el fin de la serie, el fin de 1969, el fin de una era en la televisión.

Podríamos decir que partiremos “de menos a más”, aunque cada personaje de Mad Men es tal aporte a la acción, que siempre será un más.

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Betty Francis es miserable con su vida. ¿Dónde está la novedad, se preguntarán ustedes? La otrora esposa de Don Draper se encuentra en un momento lleno de inseguridades en su vida, pues por un lado los años van pasando y sus hijos solo han crecido para aprender a despreciar el carácter infantil y antojadizo de su madre, mientras que su vida con Henry Francis, su segundo esposo, hace tiempo que no es miel sobre hojuelas. Las constantes intervenciones de Betty en cenas y encuentros políticos han puesto a Henry en incómodas situaciones que lo han obligado a pedirle a su esposa que se comporte; es que una mujer en los años 60 “callada se veía mejor”. Ofendida, Betty lanzará una de las frases que quedaron para el bronce y el recuerdo de muchos: “I’m not stupid. I speak Italian.” Con tres hijos y dos matrimonios a su haber, Betty Francis solo nos ha demostrado que es una niña mimada intentando ser esposa, madre y mujer, con resultados no muy exitosos; sólo nos queda esperar que el cambio de década también signifique un cambio para Betty.

En el mismo entorno, logramos ver el desarrollo y crecimiento Sally, la hija mayor de los Draper, donde la responsabilidad de entregar un personaje tan complejo y completo ha sido de Kiernan Shipka, a quien hemos visto crecer a través de la pantalla chica para convertirse en una singular actriz. Sally se encuentra en plena adolescencia en una época donde muchos pagarían por haber vivido y la última vez que la vimos fue en el patio de su casa, besando al hijo menor de las visitas que han llegado y, finalmente, prendiendo un cigarro en la oscura noche que está siendo iluminada por el triunfo de Neil Armstrong y Buzz Aldrin en su llegada a la Luna. El gesto con el que Sally prende el cigarrillo nos inquieta, pues vemos el vivo reflejo de Betty en ella, sin embargo también recordamos una hermética conversación que tuvo con Don en los primeros capítulos de la temporada, la que Sally sella con una frase que se convertirá en parte de su esencia el resto de los años sesenta: I’m so many people, dice la adolescente.

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Regresemos a las calles de Nueva York, a las oficinas de SC&Partners. Tras un accidentado regreso, Don Draper se encuentra completamente entregado al único ámbito de su vida con el que le hemos visto un real compromiso: su trabajo. Pero la oficina ya no es lo de antes y hoy, a pesar de mantener la calidad de socio, se lo considera como una piedra en el zapato para las ambiciones futuras de la compañía, especialmente las de Jim Cutler. En “Waterloo“, el último capítulo del año 2014, Cutler intentó quitarle a Don su status como socio y, de pasada, sacarlo por completo de la oficina; pero, nadie contaba con la muerte de Bert Cooper, el más veterano de los socios y fundador de Sterling Cooper. Una de las principales consecuencias del deceso de Cooper recae en Roger Sterling, quien se siente como el heredero legítimo del legado de Bert y tomando las riendas de una compañía a punto de descarriarse y de perder su esencia, Roger lleva a cabo una jugada con la que se puede ganar demasiado o perderlo todo: haciendo un trato con McCann-Erickson, SC&Partners se verá absorbida por dicha empresa, pero asegurando la libertad de acción, además de millonarios dividendos para cada uno de los socios. Sintiéndose el líder natural, Sterling termina convenciendo a la junta de que es la única y más conveniente acción a seguir y, a pesar de todas sus reticencias iniciales y el odio declarado hacia Don, incluso Jim Cutler termina por aceptar: It’s a lot of money.

La osada jugada de Roger Sterling no solo significa llenar de millones las cuentas bancarias de si mismo de los demás socios, pues además aprovecha de salvar el trabajo de Don, quien se logra mantener en la compañía. En lo que respecta a los demás socios, Joan Holloway -única socia- continúa con una actitud de rechazo hacia Don, Pete Campbell se aleja del bronceado de Los Angeles para regresar a Nueva York, Ted Chaough también regresa y, a pesar de querer renunciar a la publicidad, Don lo convence de quedarse. Cutler ve la conveniencia económica que esta nueva alianza le dará y, además, aprovecha de promover a Harry Crane como socio de la compañía. Ya veremos como esto funciona.

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Y llegamos a los pesos pesados, aquellos dos que consideramos los principales canales por los cuales la historia de Mad Men ha sabido transitar por ocho años: Peggy Olson y Don Draper.

La ascendente carrera de Peggy encuentra uno de sus principales acontecimientos cuando la agencia consigue a Burger Chef como uno de sus nuevos y potenciales clientes. Es Peggy quien queda a cargo del proyecto y sus brillantes ideas son aceptadas por el resto de la oficina, pero no olvidemos que seguimos viendo una serie ambientada en los años sesenta y la presencia femenina en la fuerza laboral seguía siendo minimizada, por lo que la decepción en Peggy es evidente cuando su rol en la presentación queda aminorada cuando se le pide a Don quien de el pitch para conquistar a los clientes. Sabemos que la relación entre Don y Peggy ha tenido altos y bajos y, en ese momento se encontraba en uno de los bajos, donde la tensión del ambiente se podía cortar con cuchillo, pues Peggy se siente amenaza, decepcionada y humillada de que su duro trabajo no sea valorado como lo es el de Don. No obstante, antes del último capítulo, somos testigos de esos grandes momentos que solo Peggy y Don son capaces de entregar cuando, durante una extendida jornada de trabajo, ambos parecen reconciliarse al ritmo de “My Way” de Frank Sinatra, mientras ambos bailan. Pasan las semanas y la noche anterior al pitch con Burger Chef ha llegado y se ve absorbida por dos acontecimientos que cambiarán el rumbo de las cosas: la llegada del hombre a la Luna y la muerte de Bert Cooper; repentinamente, Don se da cuenta que es Peggy quien debe ser la encargada de hablar, al fin y al cabo, es su proyecto, su comercial, su gran trabajo, pero, sobre todo, es Don demostrando lo mucho que confía en el talento de quien alguna vez fue su secretaria. Peggy olvida la soledad que la espera en su departamento en Brooklyn y recuerda la compañía de Julio, su pequeño vecino, utilizándolo para graficar las muchas clases de familia que son capaces de reunirse en torno a una mesa en la cocina, frente a una televisión y en las filas de Burger Chef.

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En lo que Don respecta, por un momento pareció que toda su vida era un desastre. En su vida personal, la relación a distancia de costa a costa con su esposa Megan no está resultando. Sus últimos encuentros, cuando Megan decide visitar Nueva York ya no contienen los mismos niveles de intimidad de antes y los silencios son más incómodos que nunca. En un intento desesperado, Don telefonea a su esposa, solo para encontrar que la decisión ya fue tomada por Megan y, si bien la separación no es explícita en las palabras, ambos saben interpretar que el matrimonio ya no da para más. “No me debes nada”, le dice Megan a Don antes de cortar entre lágrimas. Con su familia intenta reconstruir una relación, especialmente con Sally, que a pesar de no ser una relación sólida, si se posiciona como uno de los lazos más importantes en la vida de Don y de la serie.

Minimizado en el trabajo, relegado a la que fue la oficina del fallecido Lane Pryce y con la inocente (pero casi inútil) Meredith como secretaria, Don debe lidiar con el rechazo de Joan y Cutler, las malas caras del desagradable Lou Avery (mientras ocupaba la otrora oficina de Don), las órdenes de Peggy y aceptar tareas nimias para un creativo como él. A pesar de esto, Don se reencuentra con la publicidad y bien se lo da a conocer a Ted cuando este expresa que quiere retirarse: Don ya ha visto lo que hay una vez que te vas y no es algo bueno. Con Peggy como su nueva “jefa”, el aporte de Don a la campaña de Burger Chef es promovido gracias a sus dotes de liderazgo y de lo bien que siempre se le han dado las presentaciones, pero como ya mencionamos, Draper prefiere confiar en Peggy, sabiendo que conseguirían la cuenta, información que Don recibe luego de salir de la reunión de socios donde se informa el trato con McCann-Erickson. Gran y emotivo gesto es que, luego de estos dos hechos Don vuelve a su oficina, como un trabajador común y corriente a seguir con sus labores, solo para encontrarse con la aparición de Bert Cooper, quien en forma de canción le dice que “la Luna le pertenece a todos, las mejores cosas de la vida son gratis“. Un desierto primer piso es escenario para que un notablemente emocionado Don Draper se despida de su jefe, se despida de la vida que ha llevado durante los últimos meses y también, comience a despedirse de la década que vio su auge, caída y hoy, recuperación.

Es 1969 y el hombre ya llegó a la Luna. Cronológicamente, los siete capítulos que quedan deben cubrir los últimos cinco meses de la alborotada década de los 60 y, aunque parezca poco, sabemos que nos queda mucho por ver. Tenemos la corazonada de que el instinto de Don será el de preocuparse por Megan cuando en agosto los titulares de cada diario norteamericano informen sobre la masacre que la secta de Charles Manson llevó a cabo en la casa de Sharon Tate. ¿Será que veremos a Sally comprar una copia del prolífico Abbey Road de The Beatles? Esperemos que si.

Tantas cosas que nos gustaría ver, tantas maneras, ideas y teorías de como terminará cada personaje y tan solo siete semanas para presenciar el tan esperado desenlace. Ciertamente, con Mad Men no solo veremos el final televisado de los años sesenta, sino que también veremos el final de una era en la televisión actual, donde el compromiso con una premisa como fue el retratar una época tan importante para la historia contemporánea fue llevada a cabo con sorprendente calidad que, siempre se agradecerá. De los últimos siete capítulos no tenemos expectativas en particular, pues una historia bien contada es lo que ya estamos acostumbrados a esperar.

¿Un final feliz para Don Draper? No lo sabemos, pero solo nos queda esperar como, con una renovada y millonaria cuenta bancaria, Dick Whitman encontrará aquellas cosas que serán mejores y gratis en la vida.

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