Mad Men S07E08: “Severance”

El principio del fin ya está aquí, el fin de una era ya comenzó. Comenzamos a revisar los últimos capítulos de Mad Men después del salto.

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Casi un año ha pasado desde la última vez que vimos a un solitario Don Draper en las oficinas de Sterling Cooper & Partners, ¿y cómo lo volvemos a encontrar? hablando con una mujer, con el suave y seductor tono de voz a la que nos ha acostumbrado, invitándola a jugar y posar con un abrigo de piel en lo que pareciera una nueva técnica de conquista de Draper, solo para mostrarnos a los minutos de que se trata de un casting para un comercial y que una comitiva de la agencia también se encuentra presente mientras las candidatas del casting pasan frente a sus ojos.

Pero Draper no está tan solo como creemos en primera instancia y descubrimos que ha vuelto a sus antiguas andanzas, yendo de mujer en mujer. Una casual cena con Roger “Moustache” Sterling y otras tres mujeres solo nos revelan lo inevitable: la nueva vida de soltero de Don no se ha dejado esperar y a su espera se encuentran numerosas mujeres dejando mensajes en su teléfono, sin embargo, el pasado, personaje principal en la vida de Draper no tardará en hacer su aparición. Una extrañamente familiar mesera llama la atención del existoso y mujeriego publicista, nunca la hemos visto, pero nos deja la peculiar sensación de que ya ha sido parte de la vida de Don alguna vez; quizás uno de los más delicados logros del capítulo, al ser capaz de transmitir a la audiencia el mismo sentimiento de familiaridad que Don Draper nota una vez que mira a los ojos de la mesera.

Y aunque la nueva soltería no le está sentando mal a Don, sabemos que en el fondo es un ser humano solitario y de relaciones disfuncionales donde su llegada a un vacío y lúgubre departamento -el mismo que habitaba con su ex-esposa Megan- no es más que la confirmación de esto. Dejando sus demonios internos de lado, termina por llamar a una de sus conquistas para pasar la noche en el departamento; su vida personal no es más que un intercambio de sexo y alcohol, mas se encuentra triunfalmente de regreso a la oficina que siempre le perteneció y que durante 1969 fue usurpada por Lou Avery.

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Mientras tanto, Peggy y Joan se encuentran enfrentadas a nuevos desafíos al intentar mantener una cuenta en las arcas de la agencia. Las sugerencias que las mujeres más destacadas de la oficina le realizan a sus clientes, dueños de las pantimedias Topaz, no van con las exigencias que el cliente pide y lejos de llegar a un acuerdo, la reunión termina por hacer perder la paciencia a Joan, quien va a hablar con Don sobre la situación. Ante esto, Don sugiere una reunión con las personas de McCann-Erikson y conseguir mantener la cuenta, reunión que quedará en nuestras memorias como uno de los momentos más incómodos, machistas y misógenos del capitulo y de la serie, no nos olvidemos que seguimos en una década donde la mujer era un mero objeto de acompañamiento, algo que los “hombres” de la reunión le hacen ver a Joan al “destacar” de manera muy ofensiva sus atributos físicos. La rabia es evidente en el rostro de la pelirroja y es Peggy la encargada de mantener la reunión enfocada en el negocio.

Una vez finalizada la nefasta e innecesaria reunión, las mujeres de Sterling Cooper & Partners se retiran del edificio en el ascensor. Son pocos los momentos en que se ha visto a Peggy y Joan compartir escena solo ellas dos, sabemos que ambas son mujeres fuertes y capaces en su propio estilo y donde sus diferencias estéticas son evidentes; por mucho que queramos que ambas sean grandes amigas, sabemos que sus personalidades son capaces de chocar estrepitosamente, tal como sucede en el ascensor. Peggy le reprocha a Joan el efecto, que siempre ha sabido, tiene sobre los hombres, además de recordarle su abultada cuenta bancaria: “You can’t have it both ways“, dice Peggy, pues piensa que el poder que sustenta Joan debe ser “equilibrado” con algo y, eso sería, tener que aguantar actitudes machistas por parte de los hombres y la sociedad, solo por hecho de verse como se ve. Joan no es capaz de soportar eso y cuando es cuestionada de esta manera, solo dispara: “I don’t dress like you, because I don’t look like you.”

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Otro de los ejes será la historia de Ken Cosgrove. El “pirata” de la agencia de publicidad vive un momento tenso, pues su suegro ve como una medida necesaria el retiro y se le entregará una fuerte suma de dinero, la que compartirá con el matrimonio que conforma su hija con Ken. Esa misma noche, su esposa le reprocha al joven lo mucho que le ha entregado a la agencia, entre aquello, uno de sus ojos: “No les entregues también tu vida”; casualidad o no, al día siguiente Ken debe reunirse con Roger Sterling junto a otro de los hombres de McCann-Erikson, quienes le informan de su despido. Una sorprendente y decepcionante casualidad para un personaje que se ha mantenido durante todas las temporadas, una pena verlo partir así… es lo que creemos de momento.

Por otro lado, Mathis, uno de los creativos a cargo de Peggy le ofrece una cita con su cuñado que se encuentra de visita en la ciudad, invitación que en contra de todo su buen sentido, Peggy termina por aceptar. A pesar de todas las reticencias que Peggy tenía sobre la cita, se ve agradablemente sorprendida por Stevie Wolcott y, lo que parece algo de solo una noche, resulta en algo que para la creativa significará algo más y lo deja claro cuando, en un ebrio arranque de querer ir a Paris, Peggy prefiere no dormir esa misma noche con Stevie. Ante su sorpresa, Stevie acepta y algo nos dice que esta no será la única vez que lo veamos.

Pero volvamos a Don. Un confuso sueño, donde se recrea la audición de modelo con la que partió el capítulo, nos reencontramos con un rostro del cual dejamos de saber allá por la segunda o tercera temporada: Rachel Menken Katz, la judía heredera de las tiendas Menken, ex clienta y ex amante de Don. Aprovechando la problemática que las pantimedias Topaz le están significando, Don le pide a Meredith -su secretaria- que concerte una cita con Rachel y así tratar el tema, pero horas después grande será su (y nuestro) impacto al enterarse que Menken ha fallecido hace un par de días. Sin palabras, Don llega a la casa de Rachel donde se encuentra con su hermana, la única persona en la vida de Menken que tuvo conocimiento de la aventura amorosa y lo que Don significó para ella. Confundida con la presencia de Don, fríamente responde las preguntas del hombre, mientras a sus espaldas se produce una ceremonia judía post-funeral. “Vivió la vida que quiso”, dice la hermana de Menken y sabemos que, en el fondo, Don no sabe lo que aquello significa.

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El despido de Ken Cosgrove no pasa desapercibido en la oficina y es en un encuentro con Don, en que se proclama la gran frase del capítulo. Ken le cuenta a su, ahora, ex-jefe la casualidad que significa el haber sido despedido justo el día después en que contempló la idea de renunciar y usar el dinero de su suegro para escribir el libro que tanto ha soñado, lo que considera una señal. ¿Una señal de qué? “De la vida no vivida”. Ahora sabemos que Don sabe lo que esto significa, sobre todo si rememoramos el momento en que se despojó su verdadera identidad para comenzar a vivir la vida de otro. La vida de Dick Whitman es una de las tantas vidas no vividas por Don Draper y él lo sabe bien, así como la vida no vivida al no iniciar una relación en serio con Rachel Menken, una vida no vivida con respecto a sus relaciones personales, una vida no vivida con su familia. La vida entera de Don Draper es una vida no vivida y se resume en una fachada, donde aparentar y hacer como se vive ha sido la gran premisa.

A pesar del alivio que significó para Ken el ser despedido, antes que utilizar el dinero que se le ofrece por dejar la compañía, decide hacer una movida arriesgada, emocionante y al mismo tiempo, vengativa: sabe que McCann-Erikson lo despiden porque nunca encajó en el momento en que trabajó ahí, sabe que nunca gustó como trabajador; sin embargo, haciéndose cargo de un puesto en Dow, la compañía de su suegro, Cosgrove se convierte ahora en un cliente de Sterling Cooper & Parterns. Si no les gustaba como trabajador, menos les gustará como un cliente difícil de complacer.

Y llegamos al final. Antes de ir al encuentro de la familia de Rachel Menken, Don tiene un furtivo encuentro con la extrañamente familiar mesera, con quien tiene sexo en el callejón aledaño a la cafetería donde trabaja. Sorpresivo es para ella el regreso de Don, con quien termina intercambiando un críptico diálogo: Don le comenta sobre Rachel y de como esta mujer que él conocía ahora está muerta. Antes de quedar solo en la cafetería, como siempre ha terminado, la mesera le dice a Don que quizás siempre ha soñado con aquella mujer, Rachel, y que cuando alguien muere, uno solo quiere encontrarle sentido a las cosas.

La cámara se aleja y al ritmo de la música, Peggy Lee se pregunta: “Is That All There Is?” Posiblemente, Don se pregunta lo mismo.

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Observaciones finales:

  • El capítulo fue dedicado a Mike Nichols, director de The Graduate.
  • Oficialmente, Mad Men ya entró en la década de los 70. Por si alguien tenía la duda.
  • Por muy corta que fuese, la escena de Joan en la tienda tiene mucho poder, es como si nos dijera: “Si, tengo dinero. Si, me visto así. Si, tengo lo que quiero.” Que los prejucios queden en otro lado, Joan lo ha conseguido todo por ella misma.
  • Ni luces de los Francis ni de la vida de Megan en Los Angeles. Por ahora.
  • La moda se fue de lleno en los setenta y bien lo demostró el creativo Stan Rizzo. Y el bigote de Roger Sterling.
  • Un año ha pasado y fue uno que le hizo muy bien a la secretaria de Don, la torpe Meredith. Lejos de quedar como tonta, como solía hacerlo en las temporadas anteriores, este capítulo se mostró muy perspicaz. Aplausos ahí.
  • Aunque los capítulos ya fueron grabados, esperamos volver a ver el fanatismo de Matthew Weiner por The Beatles. Aunque temporalmente, la noticia de la separación ya recorrió el mundo, el lanzamiento de su último disco, Let it Be, sería un bonito momento para agregar a los muchos acontecimientos que abren la nueva década.
  • De todo corazón, queremos que este sea, por fin, el triunfo de la vida personal de Peggy.
  • Drunk Peggy Olson, everybody.
  • Nota personal: Ken Cosgrove, tu pirata soy yo.
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