El Bosque de Karadima (2015)

afiche-final-para-1010-400x600El Bosque de Karadima.

País: Chile.
Año: 2015.
Director: Matías Lira.
Género: Drama.
Duración: 100 minutos.
Elenco: Benjamín Vicuña, Luis Gnecco, Ingrid Isensee.
Música: Camilo Salinas.

A mediados del año 2011, el país se estremeció cuando un doctor llamado James Hamilton, persona común y corriente como cualquier otra, llamaba en pantalla criminal a la máxima autoridad de la Iglesia Católica en Chile (pueden ver el video del programa Tolerancia Cero acá). Su visita sucedía apenas días después que la Iglesia condenará, tras una extensa y negligente investigación, al padre Fernando Karadima, por abuso sexual de menores y quebrantar la reserva de la confesión. Se trata de un caso del cual todo un país habló tras la investigación de Informe Especial “Los Pecados de Fernando Karadima” del equipo de la periodista Paulina de Allende-Salazar (a quien un guiño se le hace en la película), y que copó portadas en los medios nacionales, principales impulsores que este caso en particular no se perdiera en la impunidad como tantos otros.

Mas de 3 años han pasado desde entonces y ya tenemos el primer largometraje basado en estos hechos. Matías Lira, Elisa Elias (“Aquí estoy aquí no”) y Álvaro Díaz construyen un guión basado en 2 investigaciones principalmente. Hablamos de los libros “Karadima: El Señor de los Infiernos” de María Olivia Monckeberg, y “Los Secretos del Imperio Karadima” de Juan Andrés Guzmán, Gustavo Villarrubia y Mónica González, todos de CIPER. Ambos best seller narraban la historia de abusos que vivieron José Andrés Murillo, James Hamilton, Juan Carlos Cruz y Fernando Batlle, todos integrantes de la Acción Católica, por parte del sacerdote Fernando Karadima en la Iglesia del Bosque. Precisamente a la parroquia debemos el nombre del largometraje. “El Bosque de Karadima” hace alusión directa al centro de operaciones de este degenerado personaje, pero a la vez, busca hacer un llamado a derribar espejismos. Como bien advierte el personaje principal, todo bosque tiene una cuota seductora y tranquilizadora, pero por lo general al mismo tiempo esconden un gran secreto. Un secreto que perduró casi 30 años en la ciudad de Santiago, y que fue difícil de sacar a la luz, derribando a una de las figuras más potentes de la Iglesia).

La película es protagonizada por Thomas Leyton, interpretado en su edad adulta por Benjamín Vicuña. Si bien el comentario inmediato invita a identificar a Thomas con James Hamilton, lo cierto es que es un personaje que recoge además elementos de otros de los abusados, en especial de Juan Andrés Murillo. Con todo, podríamos decir, fácilmente, que los hechos que vive Thomas son comparables en un 90% con los de Hamilton. Como esto es un review de la película, hablaremos desde la perspectiva de Thomas, dejando para el final una breve analogía con la forma que dichos hechos se asemejan o no a los reales. Mediando la década de los 90’s, un aproblemado Thomas (con dudas de fe y con la reciente muerte de su padre, quien mató al novio de su madre), acude a la Iglesia de uno de los curas más famosos del momento. Se trata del padre Fernando Karadima (Luis Gnecco, magistral y con un parecido notable), famoso por las vocaciones que despertaba y su popularidad entre los feligreses. Karadima inmediatamente centrará su atención en Leyton, invitándolo a formar parte de la Acción Católica, asignándole un espacio fundamental en su organización, el de secretario personal. En un abrir y cerrar de ojos, la vida de Leyton volvía a brillar y su alma gozaba como no lo hacía en mucho tiempo.

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Pero la luz dura poco. El rápido ascenso de Leyton tenía un motivo. El padre Karadima no sólo miraba en Leyton un joven con una potencial vocación. También veía en él una víctima para sus sordidos planes. Todo comenzará en una confesión, en la cual el sacerdote realizará una breve tocación genital que satisface, por un lado, sus complicados deseos, mientras que por el otro sirve de puerta de entrada y anuncio de tolerancia por parte de una potencial víctima. La cercanía del padre sufre desde entonces un incremento sostenido. A falta de freno, pocos minutos en la trama bastan para que el sacerdote masturbe a Leyton o le practique sexo oral. Esto permite construir una historia de abuso que escapaba de lo sexual, y que era quizás más fuerte en lo psicológico. Con precisión y maldad, Karadima escogió a la víctima perfecta. Sumisa, poco desafiante, atractiva, silenciosa, y con un margen de tolerancia muy laxo. Una verdadera cacería de un hombre lleno de excentricidades y con gustos refinados (y caros) no dignos del rol social que cumple.

En este sentido, la película de Lira está muy bien lograda. Logra mostrar, de forma clara para quien conoce la historia, pero sutil para quien no, el modus operandi de Karadima. Un modus operandi muy similar al de Marcial Maciel. Las similitudes son espeluznantes y hablan de 2 mentes que comparten una enfermedad. Sus herramientas son claras. La manipulación con la cantidad de sacerdotes que enviaba a Seminario era una de ellas. Parece que la Iglesia Chilena hace propia esa frase que se achaca tanto a Juan Pablo II: “Traíganme las vocaciones que me trae Marcial Maciel (Fernando Karadima) y yo investigaré entonces las denuncias”. Potente en ese sentido es la visita del Vaticano donde se le asegura a Karadima que no estará sólo. Mientras tanto, podrá seguir abusando. Lira, de gran manera, muestra de forma perfecta la construcción de esquemas de silencios y mentiras al interior de El Bosque que potenciaban los abusos, esquema que se perpetúa en el tiempo en base a un círculo de protección y que hoy tiene a 4 obispos en el país, obispos que al menos vieron todos los abusos (es clara la presencia de personajes que representan a Arteaga y Barros en el guión). El personaje de Gnecco construye una telaraña perfecta en la cual Leyton cae como la más ingenua de las presas.

Fundamental en la historia (real como ficción) es el rol de la mujer de Leyton, que en el film se llama Amparo e interpreta Ingrid Isensee. Ella tuvo un rol fundamental en que los hechos salieran a la luz, y bien lo muestra el guión. Aún a riesgo de sacrificar su matrimonio, fue la primera en enfrentar a Karadima por lo que era, un criminal, aunque fuese cortándole una llamada. Muy emotiva, además, es la escena en que Thomas y Amparo se dan cuenta que su historia de amor era una mentira. Mucho cariño existía entre ambos, no hay duda, y ambos guardan hasta el día de hoy la mejor opinión personal del otro. Pero el abuso de Karadima escapaba lo sexual, y trascendía a temas tan vanales como qué ropa usar, y tan fundamentales cómo la forma de construir un matrimonio. Estos rescates hacen que la película de Lira produzca una insesante sensación de angustia en los espectadores, algo que antes pensábamos estaría sólo reservado a las escenas de abuso.

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Si bien no debe perderse la perspectiva que estamos ante una adaptación dramática, siempre es bueno distinguir qué cosas son ciertas y cuáles no en “El Bosque de Karadima”. En este sentido, hablamos en base a los 2 libros ya comentados, los reportajes televisivos, y la autobiografía de Juan Carlos Cruz (“El Fin de la Inocencia”). Ya la primera escena no es correcta. El primer encuentro de Thomas con el padre Karadima no es en su pieza. Esta era una zona totalmente reservada a gente de confianza, y es imposible que hubiese accedido de entrada. Lo cierto es que Karadima se le acercó luego de una misa, de la forma que lo hace el joven sacerdote en el largometraje. Tampoco es cierta la escena de la masturbación. En los hechos reales, la primera vez que Karadima masturbó a Hamilton no fue en un auto a la orilla del mar. Por el contrario, fue en una visita que hicieron al hermano de Karadima. Aprovechando un momento que quedaron a solas en su departamento, Karadima se acercó en el sofá en un “encuentro” similar al reflejado por Lira, pero en un escenario totalmente distinto. Así, los ejemplos vuelven a aparecer. No tengo recuerdos de los eventos que atribuyen a la madre de Hamilton (lo que sí es cierto es que Karadima buscaba que todos se alejasen de ellas), así como tampoco los tengo de los supuestos conflictos sexuales de Hamilton con su mujer ni sus problemas de controlar la masturbación juvenil. En todo el resto, el guión de Lira es un fiel relato de cómo ocurrieron los hechos según las fuentes que más investigaron. Lira es cuidadoso en este sentido, reflejando hasta vestimentas de la acción católica, recreando la Iglesia de El Bosque y la pieza de Karadima, las dinámicas de confesión, o el momento en que finalmente Hamilton hace “click” y se da cuenta de la distorsión ética que vive. Puedo decir, informadamente, que en lo que dista de los hechos tal y como acaecieron, no desperfila el drama de fondo.

En cuanto a las cosas al debe, se extraña una crítica más explícita a las grandes autoridades de la Iglesia, en específico, a Errazuriz y Ezzati. Todo lo atrevida que es en mostrar gráficamente los abusos (lo que la transforma en una película para mayores de 14 años), no lo es en este tema. Por eso, olvida que la Iglesia escondió el asunto por al menos 10 años (algunos hablan hasta de 30 por ciertas denuncias que datan de los 80’s). En este sentido, clímax no hay. Esperábamos, quizás, el momento en que Karadima es condenado. El momento en que otros abusados aparecerían y reprocharían más violentamente el actuar al sacerdote, algo que Thomas no puede hacer. Así, la escena más importante es inicial en la película, el primer abuso que sobrepasó las tocaciones y termina en una masturbación. Nada llega a su altura, Casi nada sorprende después De hecho, no vemos una escena que en la sinopsis se veía fundamental: la violencia con que Karadima se toma el hecho que uno de sus cercanos lo haya traicionado, cual Judas.

Condenado por el Vaticano a una vida de penitencia y oración (¿qué tipo de sanción es esta?) por abusos sexuales y abuso ministerial, el legado del film es claro. 4 hombres valientes enfrentaron a Goliat. Expusieron sus vidas, la de sus seres queridos, su prestigio y su integridad, por derribar a un delincuente acuartelado en un nombre y fama que hacía imposible vislumbrar siquiera una pequeña victoria. Tras años, lo lograron. Con mucho sacrificio de por medio, claro, pero una batalla que a la postre debía ser luchada. Ese es el legado de Murillo, Cruz, Battle y Hamilton. Nadie teme a la Iglesia desde entonces. Cada vez menos temen enfrentar a sus abusadores, y ven que la justicia puede llegar no de manos del sistema judicial, sino de un público con criterio formado y participativo. Este es el principal cambio de una sociedad que camina abierta hacia la transparencia de la información, y que deja en el pasado a una institución que se derrumba cada día como es la Iglesia que hoy lidera Ezatti. Una institución que vive del pasado, tal como el personaje de Gnecco, que al ser encarada por primera vez por su víctima, decide invitarlo, sin empatía alguna, a observar fotografías de viajes que hicieron años atrás, donde todo parecía ser más dulce.

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