Game of Thrones S05E03: “High Sparrow”

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 Familia e identidad, dos temas importantes que se toman el más reciente capítulo de Game of Thrones, el cual posa el reflector en Arya, Jon y Sansa.

Venir a descubrir a estas alturas la importancia que tiene el concepto de “familia” para Game of Thrones -así como para la saga de “A Song of Ice and Fire”-, sería casi como tratar de reinventar la rueda. La serie que comentamos ha remarcado muchas veces la importancia de dicho concepto, no sólo desde el nivel más básico -y que ha servido para promocionar la serie y formar bandos entre sus fans en torno a las casas nobles de Westeros-, pero además mostrándonos los extremos hasta los cuales los personajes son capaces de llegar, con tal de preservar o fortalecer a sus respectivas familias, así como para poder llevarlas a la cima del poder.

Bajo este contexto “High Sparrow” fue un capítulo muy relevante, porque después de mucho tiempo volvió a elevar en importancia a los Starks restantes (y que no se encuentran ausentes esta temporada -los miro a uds. Bran y Rickon-). Al mismo tiempo, los hizo cuestionarse de forma profunda no sólo la relevancia de su familia en el gran esquema de las cosas, sino que sus propias identidades y el cómo se deben o no reconocer o definir como tales, no sólo en el marco de sus respectivos predicamentos -Jon como el nuevo Lord Comandante de la Guardia de la Noche, Sansa siguiendo los planes de Littlefinger y enterándose de su compromiso con Ramsay Bolton, y Arya enfrentada a los dilemas que la Casa de Blanco y Negro le entrega-.

Lo anterior realmente es importante, porque independiente de los obvios paralelos que siempre han existido entre Arya y Jon, el sumar a Sansa -en la, hasta ahora, gran historia original de la serie-, no hace más que reforzar no sólo las similitudes entre todos los que llevan la sangre Stark, pero además crear la sensación de que esta familia, azotada por tanta tragedia y por la que todos siempre hemos sentido afecto y simpatía, por fin comienza a recuperarse. Por su parte, se les presentan encrucijadas en torno a los ya mencionados temas de “familia” e “identidad” los cuales, de cierta forma, no distan mucho de las decisiones que Bran tomara durante la tercera y cuarta temporadas.

El tema de la “identidad” resurge en los momentos modulares del capítulo para los 3 personajes centrales de éste, a la vez que deben enfrentarse con la sensación de tratar de descubrir qué significa ser un “Stark” en este mundo que ha cambiado tanto desde el inicio de la serie, pero además si acaso ese es el paso correcto a seguir. Para el caso de Jon, obviamente no es un elemento sencillo de sopesar -al menos en apariencia-, mal que mal, la oferta de Stannis de oficialmente convertirlo en “Jon Stark” perfectamente le podría haber caído como anillo al dedo, de paso convirtiéndolo en lo que más había deseado durante toda su vida. Y sin embargo la determinación del personaje de Kit Harington claramente está con su familia, pero no necesariamente con la de sangre, sino con sus “hermanos” de la Guardia de la Noche, derechamente rechazando el honor que le ofrecía Stannis, a cambio de quedarse en el Muro, pese a las advertencias del “rey verdadero” en torno a los enemigos que tenía entre sus propios hombres.

Al respecto, la reacción de Jon -tras la conversación con Davos- es muestra clara de su determinación, principalmente luego de que el imbancable Janos Slynt se opusiera a él abiertamente, ante lo cual Jon actúa de la forma en que aprendiera del “oso” Mormont -y como buen comandante de la Guardia de la Noche-, castigando la insubordinación con muerte. Ésta no llegaría de cualquier forma, sino que tomando una página del libro de Ned y demostrando su conexión con la idea de ser un “Stark”, pese a rechazar la oferta de Stannis, es el propio Jon quien ejecuta la sentencia, de paso ganándose no sólo el respeto del rey que enarbola la bandera del venado y el corazón ardiente, sino que también la de sus propios hombres (incluyendo, aparentemente, la de Alliser Thorne).

Gran momento no sólo para Jon (que revaloriza su historia y lo que ocurre en el Muro), pero además para Stannis y Davos, que así como ocurre con el “bastardo de Winterfell”, se benefician fuertemente de la interacción con otros personajes que no sean a los que nos tenían acostumbrados en sus respectivas historias.

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Siguiendo con la idea de identidad y de “renunciar” a ser un Stark, la trama de Arya no pasa desapercibida, no sólo por la idea -más que literal- de desear ser “nadie” para poder encajar en la Casa de Blanco y Negro (ubicada en Braavos y no en Macul), sino porque para llegar a aquello y poder continuar de forma adecuada la vida que, inadvertidamente, eligió cuando se embarcó hacia Braavos, debe renunciar a todo lo que significa ser Arya Stark. Tal cual como ocurriera con Jon, Arya también decide abandonar su pasado familiar para abrazar la nueva vida que le “ofrece” Jaqen H’ghar; y pese a lo anterior, tal cual como hiciera su medio hermano, decide conservar algo que la siga identificando como una Stark: “Aguja”, su espada por la cual pasó tantas penurias, y que justamente fuera un regalo de Jon, solidificando el vínculo entre ambos. Corona, además, una gran escena por parte de Maisie Williams, al despojarse no sólo de gran parte de sus posesiones terrenales, pero de casi todos los elementos que la hacían ser quien era.

¿Y Sansa? Aquí es donde obviamente conectamos las historias de los 3 Starks, la serie ocupando la variación inversa: en el caso del personaje de Sophie Turner, su dilema en torno a la identidad no pasa por abandonar su rol como la hija mayor de Ned Stark -convirtiéndola en potencial heredera de Winterfell-, ya que el haber jugado su papel de “Alayne Stone” en los dominios de la casa Arryn había tenido esos efectos; en su lugar, Sansa debe una vez más lidiar ante las maquinaciones de Petyr Baelish, quien había arreglado su compromiso con los Bolton, llevándola a cuestionarse si debe o no asumirse como una Stark.

No bien sorprendió el súbito y repentino retorno de Sansa a Winterfell (terreno inexplorado en los libros), de cierta forma tiene sentido llevarla de vuelta a sus raíces no sólo geográficas, sino además simbólicas: debe revelarse al mundo como la persona que siempre ha sido, y de paso poner en práctica todo lo que ha aprendido de Littlefinger. Ciertamente, el aire de venganza siempre estuvo presente en el discurso de Baelish, y esto le servirá a Sansa si quiere sobrevivir rodeada de los Bolton. Más allá de lo “corteses” que se muestren Roose y Ramsay, están obviamente motivados por la importancia de arreglar un compromiso que les permita dominar a los norteños de una forma más amable que los usuales desollamientos que caracterizan a su Casa.

El retorno de Sansa -y por extensión, de la serie- a Winterfell también importa no sólo por el elemento de familiaridad con el set, sino porque además permitirá comenzar a explorar finalmente los efectos que la “Boda Roja” tuvo en la gente del norte. Hasta ahora habíamos visto señales de eso -como la pequeña Lyanna Mormont negándose a seguir a Stannis, ya que ellos sólo obedecían al “Rey en el Norte” (KING IN THE NORTH, KING IN THE NORTH, KING IN THE NORTH)-; este capítulo, sin embargo, nos llevó directamente a explorar esas consecuencias, no sólo respecto a los pobres lords Cerwyn (desollados por no obedecer a los Bolton), pero además por la presencia de la mujer que recibe a Sansa y la lleva a su habitación, para despedirse de ella con una de esas frases ominosas a las que los fans nos hemos acostumbrado: The North Remembers.

Winterfell también se perfila como un punto de convergencia para la serie, no sólo por la presencia en aquel lugar de los Bolton, Sansa, Littlefinger y TheonHediondo, sino además porque sabemos que Stannis se apronta a marchar contra el castillo para reconquistarlo, y que adicionalmente Brienne y Pod también van encaminados hacia allí (y la nativa de Tarth no sólo busca proteger a Sansa, sino que asesinar a Stannis). Todo parece indicar que la milenaria fortaleza de la casa Stark volverá a ser nuevamente uno de los centros neurálgicos de la temporada.

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Hemos hablado mucho sobre como la serie -y particularmente esta temporada- se ha desviado del material de origen que la inspira. Con independencia de las ronchas que esto saca en algunos (apresurados a juzgar la temporada no por méritos propios, sino por las expectativas que tenían en cuanto a la adherencia a las fuentes o no), lo cierto es que, en general, muchos de estos cambios han servido para reordenar y agilizar varias de las tramas que en los libros, o bien no tenían para cuando tener una resolución, o habían sido prolongadas -a veces de forma innecesaria-, no sólo en atención al formato, pero también en función de la trama general. Vimos mucho de aquellos en este capítulo, alrededor de lo ya dicho a propósito de Sansa y su retorno a Winterfell, pero también se hizo presente a ambos lados del Mar Angosto, tanto en King’s Landing como en Volantis, todo centrado, era que no, en los hermanos Lannister (de nuevo, el concepto de familia, aun cuando tanto Cersei como Tyrion no quieran ser recordados de aquel hecho).

Quizás la trama de Tyrion es la que más se beneficia al tomar una ruta más expedita para eventualmente llegar al destino que le anunciara Varys al comienzo de la temporada: el encuentro con Daenerys. Sin ahondar mucho en los detalles de los libros (para agilizar la discusión pertinente), lo cierto es que con independencia de la incertidumbre que rodea la presencia o no en la serie de ciertos personajes que Tyrion encontraba en su camino, su trama sí se ve beneficiada al ser depurada, particularmente en torno a su motivación (de la cual menos se diga, mejor). En lugar de eso, la pronta llegada a Volantis, el sermón de la sacerdotisa roja (Rila Fukushima, habitual para los fans de Arrow), y el de la prostituta en el burdel sirven no sólo como elementos útiles para que Tyrion realice algo de exposición, pero también para presentar dos elementos importantes en su trama: la sacerdotisa para hablarnos un poco de la psoriagris (enfermedad que ya había salido a la palestra la semana pasada gracias a la tierna Shireen Baratheon); y la prostituta para reflexionar en torno al estado físico, mental y emocional de Tyrion, producto del trauma causado por haber dado muerte tanto a su amada Shae como a su padre. Resulta también interesante las diferencias interpretativas entre la sacerdotisa roja de este capítulo si se la compara con Melisandre, ya que pese a ser ambas integrantes de la misma fe, claramente difieren en torno a las personas a las cuales le otorgan el rol de salvador (Daenerys en un caso, Stannis en el otro). Incluso podemos ir más allá y recordar al buen Thoros de Myr, quien ponía sus fichas sobre la figura de Beric Dondarrion, reforzando las divergencias en la fe del dios Rojo.

Como ya dijimos, lo anterior agiliza la trama de Tyrion, algo importantísimo para un show de TV (si no, es cosa de mirar el estanco de la trama de Daenerys, cada vez más similar al de los libros), y que nos deja esa sensación de convergencia a la que ha apuntado la serie durante toda la temporada, uniendo personajes y tramas previamente aisladas: caso en cuestión, la aparición de Ser Jorah y su secuestro de Tyrion para llevarlo ante “la reina” (tratándose de Jorah, y a pesar de lo ambiguo de la frase, es muy probable que se refiera a Dany y no a Cersei).

A propósito del personaje de Lena Headey, sus escenas -breves pero importantes-, también sirvieron en gran medida, no sólo para reforzar esa sensación de paranoia que en los libros la carcomía constantemente, proveyendo un sustento basado en las acciones y palabras de la nueva reina de Westeros. Además, al agregar escenas y diálogos para Margaery y Tommen (particularmente en su noche de bodas), se nos permite apreciar de mejor manera las transformaciones en las cúpulas del poder en King’s Landing, especialmente tras la muerte de Tywin.

Qué mejor manera de sustentar lo anterior que introducir al personaje que da nombre al capítulo, el “Gorrión Supremo” (el gran Jonathan Pryce), el designado líder del grupo fundamentalista religioso conocido como los “gorriones”. En este capítulo no sólo se encargaron de ridiculizar de gran forma al Septón Supremo, exponiendo su licenciosa vida (que incluía un notable montaje en torno a la forma en que el líder religioso de Westeros se inspiraba en el “dios de 7 rostros” para tener sexo en el burdel de Littlefinger), sino que además generaron una gran impresión -particularmente su “líder”- en Cersei, quien no sólo les perdonó la vida, sino que decidió enviar al antiguo Septón Supremo a las mazmorras de la Fortaleza Roja. Esto seguramente significa que terminará convertido en sujeto de los experimentos de Qyburn.

Como dijimos a propósito del primer capítulo, esta trama irá cobrando relevancia a lo largo de la temporada, pero nunca está de más decir que el escarmiento público al que los “gorriones” sometieron al Septón Supremo es un gran foreshadowing a una capital escena de más adelante en la temporada.

“High Sparrow” de cierta forma fue un capítulo de transición, aunque dejó importantes conceptos planteados, no solo en torno a los Stark, sino también en torno a las lógicas de poder en Westeros; y si bien no todos los cambios respecto a la fuente original funcionaron tan bien como uno podría querer, lo cierto es que la serie ha continuado distanciándose de manera más que correcta, agilizando la narrativa de formas que permiten centrarse más en el desarrollo y evolución de sus personajes, de cara al constante incremento en sus interacciones, de la mano con la unión de tramas que hasta el año pasado parecían alejadas y dispersas entre sí.

Notas al cierre:

  • Gran escena entre Brienne y Pod mientras acampaban, no sólo por la forma en que limaron asperezas y comenzaron a conectarse, pero además al conocer más de la backstory de Brienne y de dónde proviene su amor hacia el fallecido Renly Baratheon.
  • “He liked men, I’m not an idiot” – Brienne of Tarth, everyone!
  • La cámara se quedó mucho rato con las “amigas” de Ramsay durante la llegada de Sansa a Winterfell, por lo que seguramente alguna fuente de conflicto habrá ahí, mal que mal, no miraban con muy buenos ojos el retorno de la heredera de Ned Stark.
  • Stannis intentará negociar con Tormund, lo que puede o no llevarnos al desenlace que dicha historia tuvo en los libros.
  • Un elemento importante que se hizo sentir en este capítulo es el aire de “vacío de poder” que quedó rondando Westeros luego de la muerte de Tywin Lannister, no sólo por lo dócil de Tommen como monarca, pero ante lo disminuida que se aprecia la influencia de Cersei. De ahí que Sansa no sólo no tuviera problemas en asumirse como Stark públicamente, sino que también el motivo de la alianza entre los Bolton y Littlefinger.
  • Y a propósito de Baelish, queremos saber qué decía el mensaje que le envió Cersei.
  • “This is all I want to do all day, everyday for the rest of my life.” Tommen es el personaje más honesto en esta serie (igual es comprensible, nadie se opondría a una vida así con Natalie Dormer).
  • A propósito de Margaery, su “trash talk” está a otro nivel, si no que lo diga Cersei.
  • A nadie le sorprendió la defensa que Pycelle hiciera de la vida privada del Septón Supremo.
  • Los que leyeron los libros saben perfectamente -o al menos tienen la idea general- de qué es lo que se esconde debajo de la sábana en el laboratorio de Qyburn. Lo que no obsta que fue una gran escena cuando se comenzó a mover, para luego ser calmado tranquilamente por el maestre caído en desgracia. Tranquilo y asertivo.
  • Independiente de la actual crisis existencial de Tyrion -y sus aires de “nada me importa un carajo”-, hasta a nosotros nos pareció exagerado su relajo al hacer menciones solapadas a su identidad y a su herencia como Lannister.
  • Dany estuvo ausente todo el capítulo (sin contar la prostituta vestida como ella en Volantis), y la serie no sufrió mucho por ello.
  • A propósito de esta prostituta, cómo le debe doler a Jorah el verla, no sólo por el simbolismo, pero además como recordatorio constante de su traición y expulsión.
  • La prostituta con la que Tyrion conversó antes de ser abducido por Jorah se llamaba Clea (gracias internet), y era interpretada por Gwyneth Keyworth, por si alguien más quedó con la duda.

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