Game of Thrones S05E04: “Sons of the Harpy”

GOT harpy 1

Padres, Hijos y Sangre

Game of Thrones es una serie muy propensa a ofrecernos paralelos entre personajes, situaciones, historias, perspectivas. En más de una ocasión hemos encontrado conexiones temáticas y ecos a lo largo y ancho de Westeros y Essos, historias unidas por un hilo oculto a los ojos de quienes forman parte de ellas. Este episodio ciertamente no es la excepción.

El paralelo más evidente es aquél entre el grupo que le otorga su nombre al capítulo (los “Hijos de la Arpía”) y los “Gorriones”, quienes han vuelto a ser la Fe Militante gracias a las acciones de Cersei. Es una conexión clara entre dos agrupaciones que simbolizan cuestiones en común: tanto la dificultad para gobernar en ciudades que siempre han estado al borde del caos, como el (re)surgimiento de un peligroso tradicionalismo que encuentra su más brutal expresión en la violencia desatada. En otras palabras, tanto los Hijos de la Arpía como la Fe Militante son la manifestación de contrarrevoluciones sangrientas, dispuestas a devolver -sin importar cuánta sangre corra de por medio- la sociedad a la que pertenecen a un tiempo pretérito, una supuesta época dorada.
La diferencia, por supuesto, está en los detalles: el restablecimiento de la Fe Militante y la consecuente asunción al poder de los Gorriones son producto de una (poco previsora) maniobra política de Cersei. La paranoia de la Reina Madre (o Reina Viuda), en particular respecto a la creciente influencia de Margaery Tyrell sobre Tommen, da paso a una serie de maquinaciones poco prudentes tendientes a contrarrestar dicha influencia. Así, por ejemplo, envía a Mace Tyrell a Braavos para renegociar los términos de la deuda de la Corona con el Banco de Hierro – una misión respecto de la cual no tiene ninguna expectativa de éxito, pero que sirve para separar física y geográficamente a la Casa Tyrell. La decisión de dotar a los Gorriones del poder para actuar como ejército religioso persigue arrestar a Loras con razón de su “comportamiento pervertido” y así tener un as bajo la manga en contra de los Tyrell; termina derramando la sangre de su pueblo solo para poder llevar a cabo su venganza.
Por su parte, el alzamiento de los Hijos de la Arpía responde a temas similares pero la serie invierte simbólicamente a los participantes: allí donde los Gorriones pertenecen, en su mayoría, a las clases más bajas de la sociedad, los Hijos de la Arpía son representantes de la élite de Meereen; mientras los Gorriones realizan sus actos de violencia motivados por una fe ciega hacia los Dioses, viéndose a sí mismos tan solo como instrumentos de la voluntad divina, los Hijos de la Arpía actúan para devolver a la ciudad a un orden en el que ellos sean la especie dominante (o sea, prácticamente dioses); si el retorno de la Fe Militante fue consecuencia de las maniobras planeadas por Cersei, la aparición y masificación de los Hijos de la Arpía se debe -no en menor medida- a la inacción de Daenerys como gobernante. El resultado, sin embargo, en ambos casos es el mismo: sangre fluyendo por las calles de la ciudad.

Paralelos y perspectivas. Tanto los Gorriones como los Hijos de la Arpía creen estar haciendo lo correcto bajo su miópica perspectiva, sirviendo ya sea a un interés superior o a su propio interés; para nosotros, sus actos son repulsivos y execrables. Para Cersei, sus maquinaciones son justificables en cuanto desea proteger a como dé lugar a sus hijos, procurando evitar que sufran el mismo destino que Joffrey; para nosotros, por otro lado, son la manifestación del comportamiento cada vez más irracional de la Reina Madre. Ellaria y las Serpientes de Arena (las hijas bastardas de Oberyn) creen estar vengando a Oberyn -y de paso a Elia- al decidir atacar a Myrcella; para los ojos de otros, sin embargo, esto no sería más que un ataque cobarde contra una niña indefensa. Dos historias sobre Rhaegar Targaryen y dos perspectivas distintas.
Petyr Baelish le cuenta a Sansa la historia del Torneo en Harrenhal y de cómo Rhaegar, estando ya casado con Elia Martell, coronó a Lyanna Stark (quien, a su vez, ya se encontraba prometida a Robert Baratheon) como la mujer más bella del torneo – evento que terminó siendo uno de los factores que desencadenó la Rebelión de Robert y, por ende, del fin del reinado de los Targaryen en Westeros. “How many tens of thousands had to die because Rhaegar chose your aunt?” le pregunta retóricamente Littlefinger a Sansa, a lo que ella agrega que si bien Rhaegar eligió a Lyanna, terminó secuestrándola y violándola. Ser Barristan, por su parte, le cuenta a Daenerys cómo Rhaegar pasaba tiempo entre los juglares y prefería cantar por sobre matar a otros; es difícil imaginar al Rhaegar de las historias de Sansa y de Robert Baratheon siendo un alma gentil más dada al canto que al combate, como al mismo tiempo es difícil imaginar al Rhaegar que Barristan conoció secuestrando y violando a alguien. Quizás la verdad esté en el medio de ambos puntos y Rhaegar no haya sido ni tan santo ni tan cruel, sino más bien un sujeto complejo lleno de luces y de sombras.

Resulta curioso, eso sí, que tanta importancia se le haya dado a Rhaegar en un episodio lleno de referencias a figuras paternas (en particular cuando llevaba harto tiempo sin ser mencionado de forma significativa en la serie): Jaime como padre biológico de la niña a la que planea rescatar; Ser Barristan como figura paterna postiza de Daenerys; el vacío que dejó la muerte de Oberyn en la vida de las Serpientes de Arena; Petyr Baelish y su relación extraña con Sansa (ella como recordatorio y substituto de Catelyn ante los ojos de Petyr); la muerte de Tywin como elemento divisorio entre los hermanos Lannister. La mención anterior a Rhaegar, entonces, no es azarosa: el episodio parece entregarnos ciertos elementos mínimos en favor de la teoría “R+L=J” sobre la paternidad de Jon Snow, en especial el comentario de Stannis sobre lo poco plausible que le parece que Ned Stark (el hombre honorable más honorable de todos los hombres honorables de Westeros) haya concebido un hijo con una mujerzuela de taberna; en el mismo sentido, las palabras de Melisandre sobre el “poder interno” de Jon en la escena en que intentó seducirlo. Hasta ahora es solo especulación, pero quizás tenga un poco más de sentido para quienes hemos leído los libros.
En todo caso, la escena que quizás trata más abiertamente el tema de la paternidad que las demás es aquélla entre Stannis y la pequeña Shireen. Después del constante menosprecio por parte de su propia madre, quien la considera “deforme” e “indigna”, Shireen intenta recibir respuesta alguna de su padre; Stannis, quien se ha caracterizado siempre por ser un sujeto de escaso (pero preciso) humor, poco dado al cariño y estricto tanto con cercanos como con extraños, nos muestra su faceta más humana cuando le responde a su hija que a pesar de que varios le aconsejaron dejarla morir o exiliarla hacia las ruinas de Valyria, al otro lado del mundo, para que viviera junto a los “Hombres de Piedra” (los desdichados sujetos que también sufren de psoriagris), él siempre luchó por salvarla. Es una escena dulce y emotiva, con un gran trabajo de Stephen Dillane como Stannis; sintiendo verdadero amor por su hija pero siendo incapaz de demostrarlo normalmente, la forma cómo reacciona al abrazo de Shireen es la guinda de la torta. Muy bien ahí Game of Thrones al humanizar a un personaje que algunos encuentran monótono y/o desagradable.

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La escena que dará qué hablar, sin embargo, es la que cierra el capítulo. Ya hemos mencionado en ocasiones anteriores lo contraproducente que resulta a estas alturas comparar incesantemente la serie con los libros que le sirven de origen; el debate se reanudará incluso con más fuerza debido a las escenas finales, particularmente desde el punto de vista de quienes han leído todos los libros. En la humilde opinión de quien escribe, la escena cumple con el propósito de shockear y demostrar lo peligroso que pueden llegar a ser los Hijos de la Arpía; sin embargo, para esto, se toma varias licencias que perjudican la intención original. Incluso más allá de si el destino de Gusano Gris y Ser Barristan es o no el mismo que en los libros, la escena parece extrañamente anticlimática y carente de lógica: ¿por qué los Hijos de la Arpía atacarían a plena luz del día en vez de aprovechar el manto de la noche? ¿Cómo una fuerza de élite temida en distintas ciudades como los Inmaculados es fácilmente vencida por un montón de aristócratas comunes y corrientes? ¿Todo ocurre en un solo pasillo? No hay duda que algunas de estas interrogantes pueden ser respondidas haciendo referencia al presupuesto limitado del que goza la serie y de su cualidad de adaptación (y no de “calco directo de los libros”); es más, probablemente los comentarios anteriores sean vistos como una queja excesiva e infundada – pero la opinión de quien escribe se mantiene: una idea que sonaba bien en el papel y que su ejecución no estuvo tan a la altura, ni siquiera en cuanto a dirección y coreografía. Lo bueno, por supuesto, es que el debate está abierto.

Es una lástima, eso sí, que uno de los mejores caballeros que haya visto Westeros termine aparentemente superado por aristócratas anónimos, un cuerpo más en una pila sangrienta de cuerpos, una víctima más en una guerra civil. Pero la muerte es la muerte, y le llega tanto a los nobles como a los desposeídos; honorable o indigna, el resultado es el mismo.

Observaciones varias:
-Incluso tomando en cuenta el combate final en Meereen, en la opinión de quien escribe la mejor escena de acción fue la ocurrida en las dunas de Dorne, entre Jaime/Bronn y los soldados dornienses. Particularmente el gran uso de la mano dorada de Jaime.
-Siguiendo con Dorne, éste es nuestro primer vistazo dentro de la serie a las Serpientes de Arena: Tyene (Rosabell Laurenti Sellers) es la de pelo corto, hija de Ellaria; Nymeria (Jessica Henwick) es la que utiliza el látigo; Obara (Keisha Castle-Hughes), la de la lanza.
-Rol menor pero buenas escenas: Tyrion y Jorah camino a Meereen. El enano logra molestar a Jorah dos veces solo hablando, eso requiere talento.
-Si Mace Tyrell va a Braavos acompañado de Meryn Trant, probablemente la lista de Arya se vuelva un nombre más corta…
-No me opongo a más Melisandre pero me cuesta un poco ver el propósito de la escena de seducción de la sacerdotisa roja a Jon en este capítulo. ¿Revelar sutilmente que el joven tiene más poder del que imagina? No nos quejamos pero se siente algo forzado. Eso sí, a pesar de ser rechazada, Melisandre sabe cómo llegar a Jon: “you know nothing, Jon Snow”. De verdad no sabes nada, Juanito.
-Margaery Tyrell tiene un rol un poco más pequeño pero no menos importante en este episodio. Vale mencionar también su astucia en la escena en la que le cuenta a Tommen el encarcelamiento de Loras: primero intenta hablarle como adulto, exasperada; cuando no funciona, comienza a referirse a él en tonos más dulces, como si fuera un niño.
-Bronn lo dijo: “I’ve had an exciting life. I want my death to be boring”.
-Adiós Ser Barristan, lástima que haya terminado de esa manera. Se le extrañará.

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