Mad Men S07E12: “Lost Horizon”

Con un final cada día más cerca, nos adentramos en el horizonte perdido de Don Draper y compañía, mientras comentamos el antepenúltimo capítulo de la serie.

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I’m Don Draper, from McCann Erickson.” Jovial, feliz y lleno de energía como en los mejores días de Sterling Cooper a principios de los años 50, así se le ve a Don Draper en los primeros momentos dentro de la nueva empresa a la que pertence; ya no más SC&P. Haciendo gala de una sorprendente eficiencia, Meredith guía a Don por los opacos pasillos de McCann Erickson, evitando que volviera a perderse en las nuevas oficinas que hoy albergan al destacado creativo, como dándonos a entender lo perdido que se siente en todos los planos de su vida, incluso en el trabajo, aquel contexto donde siempre ha sido el más destacado.

Mientras tanto, las oficinas de SC&P hoy parecen un solitario y destruido campo de batalla, donde cada soldado se ha retirado a luchar una nueva batalla, ya sea con McCann Erickson o en un nuevo horizonte, lejos de la publicidad. Allí se encuentra Roger Sterling, quien cual capitán de barco, no puede dejar su nave en pleno naufragio; en un ácido intercambio de palabras, vemos las dos caras de la absorción de la compañía, por una parte, los viejos estandartes, la old school de la compañía, sintiendo nostalgia pura y cierta decepción ante la desaparición de su nombre y legado y por otro, Harry Crane, quien con una despreciable ambición vela por sus intereses propios.

MMLH8Listo para su primera reunión con los creativos de McCann Erickson, Don se sorprende al encontrarse en una sala repleta de talentosos hombres de publicidad. No está acostumbrado, se siente como un pez fuera del agua, o más bien como un pez pequeño dentro de un gran océano de talento: en SC&P él pez grande, la gran estrella siempre fue él, los ojos de los clientes siempre se dirigieron hacia él y ahora ha de compartir aquella atención con más de 20 hombres, igual de talentosos que él, igual de buenos creativos que él. Don Draper pasó a ser uno más dentro de un montón (un montón lleno de talento, pero que no deja de ser un montón); junto a él se encuentra Ted Chaough, quien parece encajar cómodamente con sus nuevos colegas, mientras Don se distrae en medio de la introducción al nuevo producto que deben promocionar: una versión light de cerveza Miller. En su distracción, el hombre que encabeza la mesa comienza a contar una historia, sorprendentemente parecida y con el mismo encanto y convicción con las que Don nos solía conquistar en cada pitch. Don no está poniendo atención, Don se visualiza en otro lugar mientras observa como un avión se pasea por el cielo neoyorkino y, sin palabras ni excusas mediante, Draper se levanta de la mesa y se retira sin un destino aparente. Ted sonríe, ¿será que comprende algo que nosotros no?

Pero el destino de Don es prontamente conocido, pues se dirige a los suburbios, para buscar y llevar a Sally de vuelta a la escuela. Lamentablemente, la hija mayor de los Draper ya ha partido y Don solo se encuentra con Betty en la cocina, mientras está estudiando para sus cursos de psicología, donde dedica su lectura a “Dora: An Analysis Of A Case Of Hysteria” de Freud. Los ex-esposos comparten un agradable momento, de aquellos que hace mucho no veíamos entre ambos, los vemos sonreír, los vemos -de cierta forma- redimirse al compartir un momento de paz; al no tener más que hacer en el lugar, Don deja a Betty con sus estudios: “Knock ‘em dead, Birdie“, le dice Don a Betty.

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De vuelta a la oficina de McCann Erickson, los problemas los está teniendo Joan, a quien se le imponen desagradables compañeros para compartir y administrar sus cuentas y clientes. La única socia de SC&P está siendo, obviamente, mirada en menos dentro de la nueva compañía, y es minimizada a un mero pedazo de carne por Ferg, el nuevo compañero que comienza a trabajar con ella; el hombre no pierde el tiempo en hacer incómodas insinuaciones a Joan, quien considera que la opción más sensata es discutirlo con el mandamás de McCann Erickson. Sin embargo, nada hacía presagiar el infierno que Joan estaría a punto de desatar para si misma, cuando descubrimos que su estatus de socia y que su presencia en la nueva compañía causar cero interés para los peces gordos dueño de la empresa. Joan decide sacar la artillería pesada y amenaza con irse ella y su medio millón de dólares además de llamar a organizaciones para la defensa de la mujer en el trabajo, en pleno auge del movimiento feminista, a lo que recibe una indignante y humillante respuesta, pues, en caso de irse, no se le ofrecerá más allá de la mitad de su dinero.

En otras oficinas, las de SC&P, el ambiente sigue silencioso y desierto, de no ser por la presencia de Peggy. Por un error comentido en McCann Erickson, el nombre de Peggy Olson ha sido confundido y se ha creído que es una secretaria, por lo que aún no cuenta con una oficina donde instalarse. Vagando en su antiguo lugar de trabajo, Peggy encuentra a Roger tocando un órgano, quien no ha querido abandonar el lugar. Ambos son los últimos tripulantes de un barco que sucumbió ante un repentino naufragio y que ha visto a toda su tripulación salvarse como mejor pueda; así como Harry Crane y Roger al comienzo del capítulo, Peggy y Roger también representan dos caras de la misma moneda: Roger, nostálgico por dejar atrás todo lo que ha sido su vida y Peggy, ansiosa por todos y cada uno de los desafíos que la esperan, igualmente con ambición, pero no ambición para demostrar algo a los demás -como Crane-, sino ambición para demostrar lo mejor de si misma para si misma, como ha sido toda la carrera de Peggy Olson.

En la desierta oficina y acompañados de una, ahora, vacía botella de alcohol, Roger Sterling y Peggy Olson se despiden de las ruinas de SC&P, en medio de una agridulce tonada tocada en el órgano por Roger y con los ágiles movimientos de Peggy arriba de unos patines. El canto del cisne para lo que fue una de las más destacadas agencias de publicidad, el lugar donde todos fueron grandes alguna vez.

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En medio de la noche, después de siete horas manejando, Don Draper está cansado. Como es común, el destino n es claro, hasta que en medio del desvarío y las pocas horas de sueño, la radio comienza a transmitir con la voz del fallecido Bert Cooper, alucinación que culmina con mismísimo Bert sentado en el asiento del copiloto. Don se dirige a la ciudad de Racine, de donde proviene Diana, la mesera de los primeros capítulos de la temporada y que, a todas luces, es la versión femenina de Don Draper. Cooper, como un ignorado inconsciente, insiste en lo mala idea que es viajar hasta la ciudad de Racine, pero todo se resume a que Don le gusta jugar al extraño, como dice Bert: “You like to play the stranger.”

Una vez en Racine, Don da con la dirección original de Diana, pero sin obtener lo que buscaba: algún dato sobre su paradero. En el interior del hogar se encuentra a la nueva mujer del ex-esposo de la mesera y a la hija que alguna vez abandonó; poco tiempo tarda el ex-esposo de Diana en darse cuenta de que Don es uno de los tantos hombres que han ido en su búsqueda, por lo que no pierde el tiempo en pedirle que abandone su casa y no vuelva más. Según él, Diana es “como un tornado, dejando un rastro de cadáveres tras ella“. Nos suena parecido a lo que Don suele hacer con su entorno. Y de Don no volvemos a saber, hasta los últimos minutos del capítulo.

´µ:ný”’á6MyCþùŠ&<C„½=SÿRegresando a Nueva York, las cabezas de McCann Erickson se encuentran exasperadas con sus nuevos empleados. Nadie parece estar trabajando realmente, Roger acaba de aparecer en la oficina, Don desapareció en medio de una reunión y no se sabe de él desde el día miércoles y el problema con Joan los han hecho creer que absorber a SC&P ha sido el robo del siglo. Sterling es el responsable de lidiar con los problemas a su alcance y termina por convencer a Joan de aceptar los 250 mil dólares, no sin antes verla irse con la mitad de su dinero, sin un trabajo y la foto de Kevin junto al rolodex lleno de sus contactos comerciales.

Pero otra mujer llega a reivindicar SC&P y esa es Peggy. Luego de una ebria jornada con Roger el día anterior, Peggy Olson hace su triunfal entrada a McCann Erickson: cigarro colgando de la boca y el cuadro del “pulpo dándole placer a una mujer” que Roger le cedió, listo para ser colgado en la oficina de una nueva Peggy Olson, hecha una mujer completamente lista para brillar con su propia luz y lista para todos desafíos que están por venir para uno de los personajes con mejor evolución de la televisión.

Y a lo que Don respecta, el regreso a Nueva York no parece ser una de sus prioridades, pues luego de que un hippie le pidiera un aventón en plena carretera hacia la ciudad de St. Paul en Minnesota, Don Draper accede. Así comienza el camino al oeste, en una ruta que no podría alejarse más de las calles de Nueva York, y dirigiéndose al más perdido de sus horizontes.

MMLH1Observaciones finales:

  •  La intimidad es uno de los hilos conductores de Mad Men. Una intimidad que usualmente se construye a partir de la confianza y el respeto, en Mad Men se constituye a partir de los secretos, las relaciones y los lugares. En este capítulo, dicha intimidad se logra a través de los momentos de redención que tiene Don con ciertos personajes, especialmente con las mujeres: con Joan en el ascensor -lugar común de encuentro- vuelve a existir esa suerte de complicidad que alguna vez vimos entre ellos y que se perdió una vez que Joan vio afectada su calidad de socia con el comportamiento de Don.
  • Aquel magistral momento en que la nueva (no diremos “empoderada” porque odiamos esa palabra) Peggy entra a su nuevo trabajo, está musicalizado con “Lipstick”. ¿La curiosidad? “Lipstick” es la misma pieza que suena cuando, en la primera temporada, las secretarias de Sterling Cooper son reunidas para testear los labiales Belle Jolie; exactamente el momento que lanzó la carrera de Peggy.
  • Knock ‘em dead, Birdie“. Don vuelve a usar el antiguo apodo que le otorgó a Betty en su época de casados; si bien amor no queda, si han conseguido el respeto, la estima y el cariño suficiente como para lograr momentos de redención como la pequeña escena de la cocina de este capítulo.
  • It’s an octopus pleasuring a lady“. El cuadro que alguna vez colgó de una de las paredes de la oficina de Bert Cooper -amante de la cultura oriental- y que Roger cede a Peggy, corresponde a “The Dream of the Fisherman’s Wife” del pintor Katsushika Hokusai.
  • La cita de Bert Cooper mientras Don maneja por la carretera es “Whither goest thou, America, in thy shiny car in the night?” y pertenece a “On the Road”, de Jack Kerouac.
  • “Lost Horizon” es el capítulo número 90 de Mad Men.
  • La decisión de no regresar a Nueva York y seguir su camino hacia el oeste es sellada con “Space Oddity” de David Bowie, clara señal de que los 70 han llegado para quedarse. Al menos, por los dos capítulos que nos restan.
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