Alex Ebert – A Most Violent Year (2014)

Afiche

El 2015 ha sido un año muy lento en lo que a bandas sonoras se refiere.  Con un par de grandes títulos estrenados en el primer cuatrimestre del año, lo cierto es que ninguna banda sonora ha logrado trascender comenzando mayo como sí lo hiciera el año pasado “The Grand Hotel Budapest”, decisión comercial que alabamos en extenso a la hora de analizar los candidatos a los Óscars. La película que rompe esta tendencia es “A Most Violent Year”. Si bien fue estrenada el 31 de diciembre de 2014 en Estados Unidos, lo cierto es que es totalmente un título del año 2015. Aún sin fecha de estreno en Chile, pueden encontrarla circulando en internet hace unos meses. Una carta obligada para quienes estén buscando buenos títulos para ver en el comienzo del invierno, en especial por tratarse también de la película que más he recomendado en el último tiempo.

En enero de 2014, el músico Alex Ebert sorprendió a muchos críticos adjudicándose el Golden Globe a la mejor banda sonora con “All Is Lost”. Si bien Alex Ebert era una figura conocida en el círculo musical, en especial por ser el frontman de Edward Sharpe & The Magnetic Zeros, su faceta como compositor de bandas sonoras era desconocida. Premio a la maniobra del director J.C. Chandor que se terminó arriesgando con Ebert en un proyecto donde la música era fundamental, en especial por la ausencia de diálogos. El resultado, si bien no ha trascendido con el tiempo, fue un experimento con éxito bastante razonable. Tanto, que “obligó” a que J.C. Chandor invitase a Ebert a participar de su nuevo proyecto, el que hablamos hoy, “A Most Violent Year”. Sin dudas un proyecto mucho más logrado que el anterior, podemos estar hablando del mejor soundtrack del 2015.

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Ambientada en la ciudad de New York, “A Most Violent Year” gira en torno a Abel Morales (Oscar Isaac), un empresario de petróleo, de raíz latina, que vive su mejor momento de expansión comercial con un aumento significativo en la violencia en las calles (de ahí el nombre). Abel parece escapar de todo. Mientras recorre la ciudad con “Inner City Blues”, de Marvin Gaye, nuestro personaje parece estar ajeno al decaimiento comercial que se refleja en las zonas industriales abandonadas de la ciudad. La solvencia de su creciente imperio se lo permite. Acompañado de su mujer Anna (la estupenda Jessica Chastain), la mujer de la cuentas, ha logrado convertirse en el principal agente comercial en lo que a petróleo se refiere. Su estilo es arriesgado. Por lo mismo, ha decido dar el gran salto, comprando un nuevo terreno a costados del rio Hudson, lo que le permitirá ampliar sus horizontes comerciales al resto de Estados Unidos y el mundo. Mientras suena “Underneath”, una canción a mi juicio claramente inspirada en la banda sonora de Edward Artemiev en “Solaris” (basta para ello escuchar el primer minuto), vemos como Abel cierra un negocio que un grupo de judíos ortodoxos en términos bastante favorables pero que implica un desembolso económico difícil de asumir en un plazo aún más restrictivo.

Pocos minutos bastan para conocer a Abel. Mucho misterio no ronda a su figura, pues ha crecido desde repartidor de petróleo hasta propietario de una planta en base a su trabajo. Musicalmente, es el único personaje con un tema dedicado. Se trata de “Abel’s Theme”, canción, que a mi juicio, rescata su lado más humano. Ese lado tranquilo que muestra pese a ser un empresario de maniobras riesgosas. Se trata de un hombre que conoce hasta el último detalle de su negocio, a cada miembro de su personal, como muestra cuando visita a Julián (Elyes Gabel), el último de sus conductores asaltados. Como contábamos, New York está siendo víctima de un alza en la ola de crímenes, y Abel ha sido víctima principal de ello. Sus camiones cargados de petróleo desaparecen día a día, lo que ha complicado su posición económica. Abel, pese a todo, se mantiene al margen de sensacionalismos. Es poseedor de un estricto código moral. Mientras todos creen vivir una verdadera guerra social, Abel pone a prueba su paciencia buscando no dramatizar con los robos. Sólo puede abrir los ojos cuando el golpe económico es muy fuerte y cuando la guerra ha llegado (literalmente) desde las puertas de su negocio a las puertas de su casa (con el tema “Close Haircut”, que aparecerá una y otra vez debido a su extensión). Cuando todo parece empezar a caer en picada como un edificio colapsando, recibe otro golpe. La Fiscalía realiza una investigación a su contabilidad por corrupción, colusión, evasión de impuestos, entre muchos otros cargos.

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Esta es sin duda la gran pregunta en “A Most Violent Year”. ¿Cuántos frentes puede enfrentar un hombre? ¿Cuánta presión puede manejar y con cuántas batallas lidiar de la forma correcta? Con distintas gravedades, todos sus problemas necesitan solución. Abel jugará la carta de solucionar todos y de primera mano. Los resultados están por verse, pero es claro que es una estrategia que musicalmente favorece mucho a Ebert, quien es capaz de entregar gran parte de su música en base a estas complicaciones, como analizaremos a continuación.

Quizás la más difícil de sus batallas, por eso la primero que analizamos, es la que lo enfrenta a Lawrence (David Oyelowo), fiscal del Estado, por los cargos de evasión tributaria. Abel se apoya en esta oportunidad en Anna. Musicalmente, “I am and we are” lo demuestra, por la sintonía con que se cruzan los instrumentos pareciendo formar una canción de los líneas musicales distintas. El título es también ilustrativo. “Yo soy y nosotros somos” muestra como el negocio es un proyecto de ambos. Cada uno cumple su rol. Anna, con las cuentas, labor que ejecuta con naturalidad debido a que, a diferencia de Abel, siempre tuvo recursos. Su fuente, sin embargo, era sucia. Anna es hija de gangster, por lo mismo, no tiene tapujos al enfrentar los problemas desde un enfoque totalmente distinto, donde violencia se responde con violencia, fiscalizaciones con abuso de poder y amenazas con disparos.

El segundo frente de batalla es el robo de los camiones y la inseguridad de su casa. Si bien la presión de su mujer y la del presidente del sindicato de camioneros lo invita a armarse y disparar a matar, Abel tiene un estricto código moral y no solucionará el problema de esa forma. Esta es la gran ambigüedad de Abel. En algunos aspectos de la vida su criterio es fuerte y lejos de lo que dista la moral, en otros no. Quizás sea su raíz latina, donde la familia es lo primero. No sólo busca darles un futuro seguro en lo económico. Ese futuro debe estar limpio. Cada robo en sus propias narices no lo obliga a convertirse en gangster, pues la violencia siempre termina cayendo en un círculo que sólo suma violencia. Lo vemos sin dudas con el segundo asalto del cual es víctima Julián, quien esta vez decide enfrentar a los delincuentes disparando en su defensa en plena vía pública.  La policía lo toma por agresor y debe huir. Con “Close Haircut” de fondo, la fuga de Julián por su vida adquiere una presión increíble con la percusión que utiliza Ebert de una forma bastante poco convencional. “Close Haircut” es, sin dudas, el tema de la violencia.

Íntimamente ligado está el frente número tres, la relación con Julián. Hablamos del típico chico latino aspiracional que ve en Abel todo lo quiere ser. Abel, por su parte, parece llevarlo bajo su protección incentivándolo incluso a hablar inglés de forma constante, apadrinándolo de cierta forma. Lógicamente, al ser una relación más íntima, entra en juego un instrumento con esas características. Cuando Abel entrega a Julian al fiscal (actuando correctamente, en el fondo), suena “Garden Shadows”. Abel sufre su fracaso como propio.  Esta es la primera de las dos versiones de este tema lo que refleja cómo, dos personas con historias tan parecidas, obtiene resultados tan distantes (como lo son una versión donde el piano aparece en exclusiva y otra donde se acompaña de una orquesta).

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La batalla más inmediata (y cuarta en nuestro listado) es la necesidad de Abel de encontrar el dinero para pagar por el sitio. Su banco le ha dado la espalda por primera vez al enterarse de los problemas con la fiscalía y con sus conductores, pero Abel está decidido a correr sus riesgos. Como dice él mismo, “cuando se siente más temor por saltar, ese es el que exacto momento en que debes hacerlo”. Una mentalidad totalmente norteamericana en los negocios, una mentalidad similar a la de su mujer. La unión de ambos en este aspecto hace la fuerza, por eso reaparece “I am we are”. Por eso el último gran frente es el más doloroso. La traición de su mujer y un gremio que le da la espalda.  Abel descubrirá que dos de sus grupos cercanos lo han traicionado. Enfrenta a su gremio en esa notable escena en que Oscar Isaac le dice que paren (¡Stop!) solo para que, un día después, su mujer le dijera que escondía dinero en una cuenta secreta en casos que el negocio fuera mal. En el fondo, mucho de sus problemas de contabilidad responden a que es Anna quien precisamente le está robando. Abel se descubre totalmente solo.

En “A Most Violent Year”, de una forma u otra, Abel juega sus cartas y triunfa. Triunfa de una forma poco limpia, pero lo hace. Con “Abel’s Theme” de fondo mira el panorama de Nueva York luego de cerrar en el negocio. En gran parte del tiempo no cedió en sus valores. No se convirtió, como tenía, en un gangster. Salvo en el final. Cuando Julián decide atentar contra su propia vida, Abel, en vez de preocuparse del cuerpo de su trabajador, se preocupa de tapar la fuga del petróleo. Todos tenemos un precio y ambiciones. Abel es prueba del sueño americano en lo bueno y malo. Por eso en créditos está “America for me”, la única canción con letra del trabajo de Ebert y que, cómo ha reconocido en una entrevista, es una potente crítica a cómo la ambición de Abel pudo más que su empatía. “America for me” es una oda a la tierra donde un mexicano surge y se vuelve un magnate del petróleo, y cómo un hombre de negocios tarde o temprano se termina volviendo un gangster.

Ebert nuevamente nos entrega un disco de apenas 30 minutos. Por eso es un soundtrack muy espectador, con increíbles toques instrumentales y de jazz.  Sus apariciones, muy bien programadas, son lógicas en una película de 2, pues cuando la música de Ebert aparece es de forma notable. “A Most Violent Year” es un gran drama que vale la pena ver. J.C. Chandor hace que dudemos de todos. Dudamos del abogado, dudamos de la competencia, dudamos de los judíos que venden el terreno, dudamos del fiscal. Nadie se salva. Excelentemente actuada por Isaac y Chastain, y con una estética de primer nivel, hablamos de una película que fácilmente pudo ser un clásico de los 80’s sobre bandas de mafia, pero sin caer en la violencia explícita. Una tarea muy difícil.

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