Game of Thrones S05E05: “Kill The Boy”

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Velorios, alianzas imposibles, dilemas existenciales, dragones hambrientos, hombres de piedra y mucho más en un nuevo capítulo de Game of Thrones.

“Kill The Boy”, el episodio que comentamos esta semana, es el punto medio de la temporada. Por lo mismo, y además de recordarnos el inexorable y veloz paso del tiempo, debe cargar con la misión de no sólo llevar adelante las tramas que hemos explorado hasta ahora, pero además el de lanzar nuevos acontecimientos para lo que será la segunda mitad del actual ciclo, convirtiéndolo así en un capítulo de transición.

Ahora bien, pese a su calidad de “enlace”, éste episodio adopta la inteligente decisión de enfocarse en un número reducido -para lo usual- de tramas, lo que sirve no sólo para centrar la atención de la audiencia en un grupo menor de personajes, pero además para adoptar un paso menos frenético que el de capítulos anteriores, permitiéndole de esta forma “respirar” a la serie de forma más adecuada, otorgando interesante desarrollo de personajes y moviendo a la gran mayoría de ellos a conclusiones temporales que se sienten adecuadas para lo que hemos presenciado en los capítulos anteriores. Por lo mismo, no es exageración decir que “Kill The Boy” es el mejor capítulo de lo que va de temporada.

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Quizás la mayor “trampa” del capítulo es aquella que reside en su tan ominoso título, lo que en una serie donde el infanticidio no es lo menos impactante que hemos visto hasta ahora, ciertamente nos puede conducir -apresuradamente- a pensar en la muerte potencial de algún integrante del elenco. Y si bien existe una instancia en el capítulo que se puede interpretar como un teaser de lo que a futuro puede ser el asesinato de un niño (no pienses que no lo notamos Ramsay!); la muerte titular es una relegada al terreno de las metáforas, enunciada por el siempre bien ponderado Maestre Aemon, haciendo referencia al espíritu juvenil de Jon, luego de que éste hiciera acto de presencia ante el personaje de Peter Vaughan en búsqueda de consejo.

Dicha escena es la más importante del capítulo porque marca la pauta en cuanto a los temas relevantes que son analizados esta semana. Mediante el foco en la responsabilidad y madurez al momento de tomar decisiones (el “matar al niño” que vemos en Jon, e incluso en Dany), el capítulo avanza hacia territorios poblados por el deber de convivencia y a los sacrificios que se deben hacer en pos de ésta, lo cual se refleja no sólo en la decisión de Jon de llevar al “Pueblo Libre” hacia el lado seguro del muro, pero además en el matrimonio de Sansa y su vida rodeada por los Bolton, y en Daenerys y el golpe de timón luego del atentado que le costara la vida a Ser Barristan. Incluso, si estiramos un poco el chicle, podemos hacer calzar la decisión de Jorah de compartir con Tyrion durante el viaje hacia Meereen.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad” le decía icónicamente el tío Ben a Peter Parker antes de su trágica muerte, y de cierta forma las palabras de Aemon Targaryen (también moribundo, según dijera él mismo) se posan sobre los hombros de Jon de igual forma que los cuervos lo hicieran sobre los de su predecesor, el “oso” Mormont. La posición de Lord Comandante conlleva esa clase de responsabilidad, y una decisión tan controversial y peligrosa como lo es una posible alianza con los salvajes -Tormund mediante-, no sólo es decidora al respecto, pero además se alza como una prueba de fuego para Jon, quien deberá navegar -literal y figurativamente- tanto por las heladas aguas del norte de Westeros, como por el mar de desconfianza que reina en la Guardia de la Noche luego de su poco ortodoxa decisión.

En este sentido, su intercambio con el pequeño Olly funciona como un fiel reflejo en un microcosmos personal de lo que es el tema que ronda sobre cada hermano de la Guardia de la Noche, donde hasta las relaciones más cercanas son puestas a prueba tras una decisión así. Jon opta por quemar puentes con varios de sus más próximos colaboradores -destruir el pasado, “matar al niño”-, porque al momento de cotejar opciones, resulta mucho más atrayente que la posibilidad de tener que quemar -literalmente- cuerpos en un futuro, si se permite que el ejército de los muertos aumente exponencialmente sus filas con el Pueblo Libre, lo que sin lugar a dudas pondría fin no sólo a toda la Guardia de la Noche, sino que probablemente a todo Westeros.

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Mientras Jon debe “destruir” el pasado para preservar el futuro, Sansa debe reconectarse con sus raíces norteñas para efectos no sólo de sobrevivir su resistida alianza con los Bolton, pero además para pensar en un futuro donde los Stark recuperen el sitial que les pertenece.

Nada es más evidente que el forzar al personaje de Sophie Turner a reencontrarse con TheonHediondo (que rima con Lirondo), como una forma bastante “in your face” de enfrentarse con el pasado, cortesía de Myranda -la “amiga” de Ramsay-, motivada por los celos que la hija mayor de Eddard Stark le generan, luego de que por su culpa ya no pudiera contraer matrimonio con el otrora bastardo de Roose Bolton. Y si bien no tenemos dudas que el reencuentro de Sansa y Hediondo entregará material en el futuro, su mayor utilidad durante el capítulo fue mostrarnos la sensación de inseguridad que aún gobierna a Ramsay, quien de pronto ve todos sus planes amenazados ante el anuncio hecho por su padre y su esposa: la espera de un hijo varón, lo que de pronto pone en riesgo las expectativas de poder que albergaba el personaje de Iwan Rheon.

Ramsay es un personaje particularmente interesante no sólo por la caracterización que realiza el actor que le da vida, sino además porque en un universo donde tanto héroes como villanos transitan por una zona de moralidad “gris”, él es uno de los pocos personajes que se define por una tendencia moral clara: una tendencia hacia el mal, explicándose en parte debido al rigor de las circunstancias que rodearon su nacimiento, como bien le cuenta Roose Bolton en este capítulo, tanto para reafirmar su convicción en el presente como para “torturarlo” psicológicamente con cuentos de su pasado, de la misma forma en que Ramsay lo hiciera con Sansa y Hediondo.

Los Bolton funcionan en base a técnicas de intimidación, y no bien éstas sean físicas -el clásico desollar- o psicológicas, pronto seguramente necesitarán sacarlas a relucir más efectivamente, considerando que el Team Stannis (aka, los mejores), van camino a retomar Winterfell como primera escala de Stannis hacia el Trono de Hierro.

Emilia Clarke as Daenerys Targaryen

Mientras en el norte de Westeros se vive la tensa calma antes de la tormenta -literal y metafórica-, al otro lado del Mar Angosto las cosas hace tiempo que se calentaron -dragon pun intended-. Junto a la triste confirmación de que Ser Barristan Selmy efectivamente ha muerto (mal ahí GoT), Daenerys debe pronto tomar una decisión sobre cómo lidiar con la incesante escalada de violencia que los Hijos de la Harpía producen en su afán por restaurar la esclavitud en Meereen. Y si bien la primera decisión de Dany fue una mucho más visceral, implementando una retribución sustentada por Viserion y Rhaegal para enviar una inequívoca señal a las familias más poderosas de la otrora ciudad esclavista; posteriormente -Missandei mediante- Dany llega a la conclusión de que la única forma de llegar a una solución “pacífica” a su actual predicamento es dejar actuar a sus instintos, alimentados por el sustrato que sus consejeros le han otorgado a lo largo del tiempo.

¿El resultado? Dany decide “matar a la niña”, y ante la desesperación para obtener un resultado que asegure la paz, opta por no sólo reabrir las famosas arenas de combate de Meereen -limitadas ahora a hombres libres-, pero además contraer matrimonio con un representante de las familias tradicionales de la ciudad, en este caso el mojigato Hizdahr zo Loraq, con tal de cimentar la alianza y caucionar la paz. Tiempos desesperados necesitan medidas desesperadas, y si bien no sabemos -al menos en la serie- en qué irá a terminar todo esto, ciertamente se agradece ver, después de mucho tiempo, a una Daenerys determinada al tomar una decisión, dejando atrás la pasividad que la había gobernado los últimos episodios.

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Y a propósito de futuros inciertos, llegamos a la última trama del capítulo, la de Tyrion y Jorah Mormont, aún navegando camino a Meereen, lo que los llevará a pasar cerca de las ruinas de la antigua Valyria, el antiguo imperio destruido hace miles de años y que llevó a los Targaryen, los únicos sobrevivientes de la oligarquía gobernante, a reinstalarse en Westeros.

La breve lección de historia sobre Valyria y su importancia tanto en Westeros como en Essos se ve contextualizada por un elemento que la serie venía reforzando de a poco durante esta temporada: la psoriagris, la temida enfermedad que desemboca en que quienes la sufren terminen convertidos en lo que se conoce como “hombres de piedra”, debido a los cambios -externos e internos- que dicho padecimiento produce en sus víctimas. La enfermedad “nutre” al episodio porque, gracias a Shireen Baratheon, no sólo teníamos una aproximación -leve- a sus efectos, pero además, por medio de su escena con Stannis la semana pasada, sabíamos que la “tradición” a ambos lados del Mar Angosto era enviar a los enfermos de psoriagris a las ruinas de Valyria, donde pudieran “vivir” y posteriormente fallecer sin perturbar ni contagiar a nadie.

Con este conocimiento a la mano, era obvio que tarde o temprano tendríamos que adentrarnos en este mundo, lo que es facilitado por Mormont y Tyrion, quienes se ven forzados a atravesar el “mar humeante” para acortar camino -y evitar piratas- en su ruta a Meereen. El cada vez más ameno viaje y la majestuosidad de vislumbrar a Drogon en toda su gloria se verían interrumpidos, era que no, por los hombres de piedra, tras atacar el frágil velero donde nuestra “pareja dispareja” navegaba. Luego de la gresca que llevó a Tyrion al borde de la muerte, nos encontramos con ambos hombres en un playa, habiendo superado momentáneamente el peligro. O al menos eso cree Tyrion, ya que Jorah Mormont -siguiendo su tema recurrente en torno al secretismo-, le ha ocultado una valiosa pieza de información: uno de los hombres de piedra entró en contacto con él, por lo cual el caballero caído en desgracia suma la psoriagris a la larga lista de desgracias que le ha tocado soportar.

Esta última escena importa no sólo porque sube considerablemente las apuestas en cuanto al contenido emocional y a la conexión de la audiencia con lo ocurrido -en contraste con los libros donde ocurría algo similar con otro personaje con el cual el lector no ha compartido lo suficiente hasta ese punto-, sino además porque vuelve a condensar los temas importantes del capítulo, particularmente el “convivir con el enemigo”, bien fuera gracias a Jorah de a poco compartiendo con Tyrion, o a su contagio de psoriagris (qué más evidente).

El conjugar temas de pasado y presente en un solo episodio además genera utilidad, por cuanto, considerando la ubicación de este capítulo en la temporada, refuerza la calidad de enlace entre no sólo los 4 capítulos anteriores, pero el propio pasado de la serie, de cara a lo que depara un cada vez más incierto futuro en términos narrativos.

Notas al cierre:

  • Esta semana también dijeron presentes Brienne y Pod, pero su presencia sólo fue accesoria a la trama de Sansa, a la vez que mantienen una posición expectante de cara a lo que seguro será su participación en la batalla que se avecina entre las fuerzas de Stannis y las de Roose Bolton.
  • “It takes a man to rule. An Aegon, not an Egg. Kill the boy and let the man be born”. Las anteriores palabras fueron -al menos en los libros- pronunciadas por el maestre Aemon a su hermano Aegon Targaryen cuando éste ascendiera al trono mientras que su hermano, tras rechazar dicho honor, partiera voluntariamente a servir como el maestre de la Guardia de la Noche. Al igual que Jon en el Muro, Aegon enfrentó muchas dificultades en su período en el Trono de Hierro debido a decisiones que muchos consideraban controvertidas (como el aumentar los derechos y protección de la gente común en desmedro de los nobles), haciendo eco así con las vivencias del Lord Comandante de la Guardia de la Noche.
  • La relación entre Gusano Gris y Missandei sigue aportando nada a la serie tal cual en la temporada pasada.
  • Stannis, el “grammar nazi”.
  • No recuerdo si hasta ahora se había mencionado que la “amiga” de Ramsay se llamaba Myranda.
  • Nos habíamos preguntado por qué King’s Landing, Dorne y Braavos habían salido en el opening esta semana, cuando no pasamos tiempo en aquellas locaciones. Afortunadamente en el internet siempre se pueden encontrar respuestas.
  • Se puso mucho énfasis esta semana a la relación entre Sam, Gilly y el Maestre Aemon, así como los deseos del primero de algún día convertirse en Maestre. No sabemos si la serie seguirá la misma ruta que en los libros, pero no cuesta mucho unir los puntos para darse cuenta hacia donde apunta.
  • Hagan sus apuestas, ¿qué va a hacer Ramsay con el hijo que lleva Walda Bolton?
  • “That was getting… very tense”
  • “Thankfully, a suitor is already on his knees”
  • “Long, sullen silences and an occasional punch in the face: The Mormont Way.”

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