Game of Thrones S05E06: “Unbowed, Unbent, Unbroken”

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Quebrantamientos y Mentiras

Resulta oscuramente irónico que un capítulo que lleva por título “Unbowed, Unbent, Unbroken” (el lema de la Casa Martell, traducido al español como “Nunca Doblegado, Nunca Roto”) termine doblegando y rompiendo de una manera tan directa y cruel a un personaje que -seamos sinceros- ha sufrido bastante más que varios otros. La escena de la segunda noche de bodas de Sansa funciona, en cierto sentido, como contrapunto de la primera: su matrimonio con Tyrion nunca se consumó, mezcla de la repulsión física y emocional que ella sentía por su marido, y del respeto que Tyrion siempre tuvo para con la joven. Sansa se negó, en su momento, a consumarlo. Su rechazo (quizás infundado o quizás no) fue una decisión consciente.
Este matrimonio, en cambio, se consuma de forma directa, brutal y terrorífica.

Sansa ha perdido por completo su agencia y es reducida, una vez más, al papel de víctima constante de abuso.

Hablar del tema es caminar por camino pedregoso e irregular; no hablar de ello, sin embargo, es ignorar al elefante en la habitación. Incluso más allá del debate puro sobre la fidelidad de la adaptación (que ya hemos discutido hasta el cansancio), sí resulta una herramienta eficaz para abordar el tema: la pregunta es menos “¿por qué la serie no es igual a los libros?” y más “¿por qué cambiar este elemento?”. Está lejos de ser la primera vez en que Benioff y Weiss utilizan el recurso de la violación en la serie: en el piloto, Drogo viola a Daenerys en su primera noche juntos. En la cuarta temporada, Jaime viola a Cersei en el Gran Septo de Baelor, junto al cadáver de Joffrey. A primera vista, dichas escenas son prácticamente calcos de aquéllo que sucedió en el material original.
El problema está, por supuesto, es que en ambas ocasiones las relaciones originales fueron consensuales. El contexto dentro del cual aparecen, y las consecuencias de dichos momentos aclaran la cuestión: no es tan difícil comprender por qué Daenerys termina enamorándose de Drogo, quien fue el único que tomó en serio su opinión en un momento en el que estaba siendo tratada como mercancía tanto por su hermano Viserys como por Ilyrio. Por su parte, la escena en el Septo nos muestra la (pérfida) devoción de Jaime por su hermana, pero también funciona como el elemento final de dicha unión: es la última vez en que los vemos unidos tan íntimamente. Es un cierre perturbador para una historia perturbadora.
¿En la serie, en cambio? El contexto “ayuda” a borrar más las líneas y nos lleva a implicancias peligrosas precisamente porque parece ser tratado más como elemento de shock que otra cosa: Daenerys se termina enamorando de Drogo a pesar (o, incluso en una interpretación más oscura, gracias a dicha situación, como un caso brutal de Síndrome de Estocolmo) de haber sido violada en su primera noche, no teniendo mayor relevancia práctica; la relación de Cersei y Jaime no parece haber cambiado mucho desde ese momento: ella sigue manipulando las emociones de su hermano, y él sigue con el sentimiento de culpa por haberle fallado a su hijo (y haberla abandonado). ¿Cuál es el punto, entonces? La serie hasta ahora ha usado a la violación como una suerte de golpe dramático, pero parece vaciarla de contenido, obviando lo deshumanizante, lo grotesco, lo profundamente dañino del acto. Ahora, claro, pareciera ser que la violación de Sansa por Ramsay será la oportunidad de dotarla de la importancia que debiera tener; sin embargo, se siente como un recurso fácil, simplón y cliché. Mujer siendo violada, elemento casi ubicuo para quitarle por completo su poder y su agencia, dejándola reducida a nada.
Todo lo anterior se vuelve incluso más sádico cuando consideramos la historia misma de Sansa y de cómo, desde la muerte de Ned, ha pasado de persona a persona como una pieza dentro de un juego macabro, un muñeco vudú donde los personajes con mayor poder parecen clavarle no alfileres sino espadas. De ser víctima del abuso de Joffrey, a ser víctima de las maquinaciones de Littlefinger, a ser víctima de Ramsay: ¿cuál es su arco narrativo, entonces? ¿Ser víctima? En escenas anteriores (e incluso al cerrar su participación en  la cuarta temporada), todo parecía indicar que Sansa por fin estaba recuperando la agencia que alguna vez tuvo en las primeras temporadas: la intención de jugar el Juego aprendiendo de Littlefinger, respondiendo con algo de coraje a las amenazas (tanto sutiles como francas) de los Bolton y de Myranda. Todo eso se derrumba, una vez más, en la escena final.

No está exenta de cuestiones destacables, eso sí, más allá de lo profundamente horripilante que resulta el contenido: la iluminación y la ambientación de la escena nos revelan lo frío y oscuro de lo que está por suceder, evocando sutilmente la puesta en escena de la “Boda Roja” en la tercera temporada (otro despreciable evento cortesía de un Bolton), con sombras omnipresentes y luces pálidas, pequeñas y casi ineficientes. La actuación de Iwan Rheon, Sophie Turner y Alfie Allen también es digna de alabanzas; especialmente la de este último, quien nos transmitió el horror de lo sucedido tan solo con su mirada y las expresiones de su rostro, sin ocupar palabra alguna. Alfie demuestra que es un gran, pero injustamente infravalorado, actor.

Con todo, e intentando terminar el enfoque en dicho momento, uno aún puede mantener la esperanza de que -por fin- todo esto lleve a un clímax verdaderamente liberador y emotivo. Que la historia de Sansa, más tarde que temprano, llegue a un punto en el que deje de ser siempre la víctima – no tanto (o no solo) por una cuestión de empatía con un personaje que ya ha sufrido bastante, sino porque dicho sufrimiento se ha vuelto una repetida broma de mal gusto. Cuando el sufrimiento y el dolor son por sí mismos, no tienen ningún valor, ni siquiera narrativo.

Hay que mencionar (sin entrar en detalles) que la trama de Sansa en esta temporada es la trasposición de la trama de otro personaje en los libros, una forma de “eficiencia narrativa” eliminando personajes secundarios y reducir la complejidad para mantenerse dentro del presupuesto y del límite de 10 capítulos por temporada; si la elección de dicha trama fue la correcta, lo dejamos a decisión de usted, estimado lector.

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En (casi todos) los restantes momentos del capítulo, encontramos un hilo conductor relativamente claro: las mentiras, tanto las que nos contamos a nosotros mismos como las que les contamos a los otros. No importa cuántas veces Arya mencione que es “nadie”, la verdad es que ella es y sigue siendo Arya Stark. No está lista para abandonar su identidad y todo lo que verdaderamente la define (algo que incluso Jaqen H’ghar se da cuenta), pero quizás si está lista para agregar una nueva identidad bajo la cual vivir.
Las escenas de Arya en Braavos son uno de los puntos altos del capítulo en cuanto a atmósfera, ambientación y -hasta cierto punto- su temática: las habitaciones oscuras de La Casa de Blanco y Negro se sienten ancestrales, misteriosas, serenas y silenciosas – incluso con las implicaciones un tanto oscuras sobre qué es lo que verdaderamente hacen los Hombres Sin Rostro; es una oscuridad distinta a la de Winterfell bajo el dominio de los Bolton, que es una oscuridad que parece consumir vorazmente todo a su paso.
Arya ha lavado cuidadosamente cadáveres durante el último tiempo (y su escena de esta semana se complementa con la escena de Myranda bañando a Sansa en Winterfell), pero ignora qué es lo que sucede con los cadáveres con posterioridad. Mezcla de curiosidad razonable, muestra del espíritu rebelde innato de Arya y un meta-comentario a la falta de movimiento de la trama, los deseos de Arya se ven frenados por la Niña Abandonada, quien se rehúsa a dejar que investigue por su cuenta lo que hay más allá de la puerta, dando paso a una de las escenas centrales del capítulo: la Niña Abandonada le cuenta su historia a Arya, una triste narrativa habitada por nobles, madrastras malvadas y muerte. Una historia que posee los suficientes elementos comunes con la de Arya como para empatizar con ella.

Was that true or a lie?” Pregunta inmediatamente después. La respuesta a la pregunta parece no ser relevante: en un capítulo lleno de mentiras, lo importante parece estar en contarlas de manera tan convincente que podría ser tan cierta como falsa. Arya parece comprender el mensaje, y lo pone en práctica: un padre, desesperado, llega a la Casa buscando una muerte misericordiosa para su hija enferma; Arya logra convencer a la pequeña de beber el agua de la fuente (que terminará con su vida) contándole una historia tan conmovedora como falsa. ¿Le importó a la niña la veracidad de la historia?
El rol de Arya en esta ocasión también merece una mención en cuanto a inversión de los papeles: Arya había mantenido una lista de personas que, ante sus ojos, merecían la muerte; en esta ocasión, Arya le otorga una muerte misericordiosa a una persona que no la merecía pero la necesitaba.
Su “recompensa” es, por fin, acceder a aquélla parte del templo que tanto deseaba conocer – y la vista es tan impresionante como escalofriante: un salón inmenso soportado por pilares gigantescos adornados con los rostros (verdaderos) de aquéllos que ya no están. Como ya dijimos antes, quizás no esté lista para dejar de ser Arya… pero quizás sí para ser alguien más.

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En otro lado del continente oriental, Tyrion y Jorah continúan sus aventuras hacia Meereen. Su dinámica juntos está a la altura de otros dúos de personalidades distintas que hemos visto a lo largo de la serie (Tyrion/Bronn, Jaime/Bronn, Jaime/Brienne, Brienne/Pod), balanceando bien los elementos emotivos con los hilarantes. Unidos, sin saberlo, por la relación difícil que tenían con sus propios padres, Jorah se entera de la inoportuna muerte de Jeor a manos de sus propios hermanos de la Guardia de la Noche. Jorah carga con la culpa de forma interna: exiliado por su propio padre debido a la deshonra que trajo a su familia por vender esclavos, nunca tuvo la oportunidad de redimirse ante sus ojos mientras estuviera vivo. Quizás ahora pueda empezar a hacerlo, aunque ya sea demasiado tarde.
Es conveniente, entonces, que el próximo encuentro de ambos sea a manos de traficantes de esclavos. Aquí la temática general del capítulo encuentra concreción en la habilidad de Tyrion de salvar el pellejo de ambos: oculta información (sus identidades), exagera la historia (las habilidades de Jorah), aunque da paso a elementos de verdad (Jorah efectivamente mató a Qotho en combate mano a mano). “Was that true or a lie?”. ¿Cuánto importa, si se salvaron de momento?

En la parte sur de Westeros, las cosas llegan a un clímax cuando Jaime y Bronn alcanzan a Myrcella (y su prometido, Trystane) justo al mismo tiempo en que las Serpientes de Arena (Obara, Nymeria y Tyene) se aprestan para atacar. Si bien, como narrativa de ficción (y, en particular, una serie de televisión), se le perdona un poco el uso común de coincidencias y circunstancias convenientes para agilizar la narrativa, en este caso sentimos que se apresura demasiado y se siente… bueno, artificiosamente conveniente. Al menos obtuvimos un sólido combate entre las Serpientes de Arena y Jaime/Bronn, antes de que llegara Areo Hotah a ordenar el asunto. Todos arrestados por orden de Doran Martell, y la interrogante es ¿qué pasará ahora? ¿Cuál será el (asumimos) eventual castigo de Ellaria por prácticamente incitar a una guerra?

Terminamos la revisión semanal en la Capital de los Siete Reinos, con las maquinaciones políticas de Cersei y también del siempre poco confiable Petyr Baelish. “Was that true or a lie?” y la respuesta, en el caso de Littlefinger, es dudosa. Baelish es, tal vez, el más habilidoso “jugador” de Westeros, y sus verdaderas intenciones están siempre ocultas – ante los ojos tanto de cercanos como de extraños. En esta semana, aprendemos de su plan para hacerse con el completo poder del Norte una vez que los ejércitos de Stannis (the Mannis) y los Bolton se masacren mutuamente. ¿Cuánto de eso es verdad, y cuánto de eso es una historia para seguir contando con el favor de Cersei? Difícil decirlo a estas alturas.
Por su parte, Cersei en sí sigue complotando contra los Tyrell, viéndose a sí misma como una hábil pero oculta titiritera. Para el bien del espectador, Lady Olenna vuelve a las pantallas en esta temporada, tan aguda y franca como siempre; lamentablemente para ella, Cersei no se amedrenta ante las amenazas de Olenna: sus muecas de felicidad son la muestra de una persona con la confianza de tener el poder.
El complot de Cersei es evidente para los espectadores – e incluso para algunos personajes. El darle el poder a los Gorriones y restaurar la Fé Militante es una jugada riesgosa pero -hasta ahora- fructífera: los severos e inflexibles son ellos, la Reina Madre no tiene nada que ver con su comportamiento fanático. Esto se ve incluso en el remedo de juicio (o más bien audiencia) en la que se le imputan los cargos a Loras y, con posterioridad, a Margaery. Está a un paso de deshacerse de esa molesta espina (pun intended) en su costado, haciéndolo parecer como la obra de un puñado de fanáticos y no de su autoría. Sin embargo, la maniobra puede dejar el balance de los Siete Reinos en un lugar bastante precario, y la Fé Militante es una espada de doble filo…

Unbowed, Unbent, Unbroken” es un capítulo que está lejos de ser de los mejores de la serie. Frustrante, a veces disperso, con la carga de tener que inventar material nuevo a falta del existente y al mismo tiempo no logrando que ese material esté a la altura. Es temprano todavía para declarar fehacientemente que las decisiones narrativas en este capítulo tendrán un payoff digno, pero uno puede darles (una vez más) el beneficio de la duda a Benioff y Weiss y esperar que, por fin, el dolor y la agonía tengan un sentido.

Observaciones varias:
-Contrapunto del juicio de este capítulo con el de Tyrion de la temporada anterior: a Tyrion se le acusó injustamente de un crimen no cometido; a Loras se le acusa de un crimen que sí cometió, pero aquí las leyes son injustas, y el castigo es (potencialmente) desproporcionado.
-Bronn canta una vez más. Vale la pena recordar que Jerome Flynn tuvo un éxito en el Reino Unido allá a mediados de los 90s.
-Theon vuelve a decir su verdadero nombre durante la ceremonia de matrimonio entre Sansa y Ramsay. ¿Fue una idea concertada de éste último solo para echarle más sal a la herida, o fue una pequeña muestra de que Theon todavía existe en esa caparazón humana apodada “Hediondo”?
-Tyrion sintiéndose ofendido ante la insinuación de los esclavistas de tener un “miembro enano”.
-COCK MERCHANTS
-Uno de los esclavistas era Adewale Akinnuoye-Agbaje, más conocido como “Mr. Eko” de LOST.
-¡Myrcella habla!
-”Oh, you can smell the shit from five miles away.” La extrañábamos, Lady Olenna.
-”Put the pen down, dear. We both know you’re not writing anything.” En serio, la echábamos mucho de menos, Lady Olenna.

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