Mad Men S07E14: “Person to Person” (Series Finale)

El inminente fin de una era ya llegó. Revisemos lo que fue (es y será) el último capítulo de Mad Men.

Hasta que sucedió. Tras ocho años de sólidas temporadas, inolvidables momentos y queridos personajes, la historia de Don Draper llegó a su fin, desplegando un ya acostumbrado elegante estilo al momento de decir adiós a cada personaje y a cada historia.

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Don Draper lleva más de la mitad de su vida escapando de si mismo, de Dick Whitman, sin embargo, no sabemos con exactitud cuanto tiempo ha llevado recorriendo Estados Unidos, escapando de lo que fue su antigua vida en las calles de Nueva York. Un hombre de más de cuarenta años, negándose a volver y relacionándose con jóvenes que, perfectamente, podrían ser sus hijos; pero un golpe traerá de regreso a la realidad a Don, cuando en una de sus múltiples llamadas con su hija mayor, Sally le informa la situación de Betty. Don quiere volver, quiere hacerse cargo de lo que supuestamente es suyo, pero Betty tiene otros planes que no lo incluyen, donde los pequeños Bobby y Gene irían a vivir con la familia de su hermano. Esta llamada es una de las mayores pruebas de madurez que Sally nos ha demostrado, al frenar los impulsos de regreso de su padre al decirle que ella ha pensado sobre el tema mucho más que él, diciéndole que debe pensar en lo que es mejor para sus hermanos pequeños, más que para él. Hablamos de un hombre que lleva (suponemos) un par de semanas desaparecido, sin ver a sus hijos y cuyo único contacto y cable a tierra con su vida anterior son las llamadas con Sally; por supuesto que ella lo ha pensado mucho más que su padre y es hora, como ella misma lo demanda, de que alguna vez se la tome en serio.

Pero el teléfono no se colgará ahí y seguirá sonando. Otra llamada “persona a persona”. Esta vez en la residencia de la familia Francis, donde el cáncer de pulmón tiene a Betty menoscabada física y emocionalmente, mas no lo suficiente como para hacerle frente a Don en su decisión. Los niños necesitan una figura familiar estable y eso es algo que Don jamás podrá otorgar a sus hijos menores, quienes deben sentirlo más como una anécdota de fin de semana que como la figura paterna a la que él aspira a ser. Betty, una mujer que pasó toda su vida relegada a la figura de esposa trofeo, casi de exhibición, donde sus opiniones poco y nada importaban, es capaz de tener y reafirmar su última palabra con respecto al destino de sus hijos. Quizás sus últimos meses se oscurecerán cada vez más por culpa del cáncer, pero eso no quiere decir que Betty vivirá a la sombra de la decisión de alguien más; esta vez, aunque sea la última, la decisión la tiene ella. Don, a pesar de sus reparos, termina por comprender la situación: “No dejes que tu orgullo se interponga a mis deseos”, es lo que quiere Betty y es lo único que Don necesita saber.

Hace un par de capítulos, Ted Chaough le comenta a Don que todo hombre tiene tres mujeres en su vida. Para Don, las conquistas que pasarán por su cama pueden ir y venir como el plazca, pero son tres mujeres las que lo mantendrán atado a la vida de la que se encuentra huyendo: Betty -la madre de sus hijos-, Sally -su hija mayor y única real conexión con la familia que alguna vez formó- y Peggy -su principal protegida y aprendiz-; acá vemos su última interacción con dos de aquellas importantes mujeres que se mantienen en la vida de Don y aunque, en un par de meses Betty ya no sea una de aquellas una vez que el cáncer termine por invadirla, el vínculo no podrá desaparecer. Dos llamadas llenas de emoción y de la mejor calidad que Jon Hamm, January Jones y Kiernan Shipka nos han podido entregar.

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Es hora de que nosotros, al contrario de Don, regresemos por unos minutos a Nueva York. Los ex empleados de SC & Partners parecen, por fin, adaptarse al nuevo ritmo de trabajo que se les ha impuesto al tener que partir a las oficinas de McCann Erikson, pero no todos correrán la misma suerte. En medio de los arreglos pertinentes para irse a vivir junto a Marie Calvet, Roger Sterling debe dejar partir a la entrañable Meredith: el regreso de Don ya no es una circunstancia que se vea muy cercana y ya no puede seguir engañando a la administración con el hecho de “necesitar dos secretarias”, sentenciando la hora de partir de Meredith, en una nota de optimismo poco común en la serie. Asimismo, Peggy y Stan viven momentos de tensión con respecto a una de las cuentas en las que están trabajando y se deben hacer respetar como creativos el agresivo ambiente de las nuevas oficinas. Para este momento, ya todos agradecíamos que aquella entrada triunfal a McCann Erikson no fue lo último que vimos de Peggy.

Es hora de continuar con los últimos encuentros. Luego de un accidentado comienzo en su relación a principios de los años 60, con un embarazo oculto y un hijo dado en adopción mediante, Peggy y Pete han llegado a un punto de madurez en su relación, una de las más honestas en toda la serie. Pete, de ser aquel joven, arrogante e insoportable personaje, se ha convertido en un adulto maduro, con una familia reunida y un gran éxito laboral. Ambos se despiden antes de que Pete parta rumbo a Wichita junto a Trudy y Tammy, en un encuentro que solo refleja la estima, cariño y respeto que ambos sienten por el otro, además de las altas expectativas que Pete siente por el trabajo de Peggy, dándole y dándonos a entender la admiración y respeto que Pete siente por el trabajo y talento de la creativa.

Tampoco hemos visto lo último de Joan, quien tras dar por perdida la batalla con sus ex-empleadores y llevarse bajo el brazo su rolodex lleno de contactos, se encuentra viviendo en un estado de vacaciones permanentes junto a Richard, su nueva pareja. En California, ambos se están dando la gran vida, llena de nuevas experiencias y riesgos, los que incluyen a Joan probando la cocaína: definitivamente, estamos en los años 70. Pero ese mundo de locuras debe quedar atrás una vez que Joan vuelve a casa, con Kevin y su madre, además de mostrarnos su último encuentro con Roger. A pesar de su pasado de infidelidades y de tener un hijo en común, Roger y Joan han sabido mantener una relajada relación, convirtiéndose en verdaderos amigos; en el espíritu de aquella amistad, Roger confiesa a Joan sus nuevos planes de matrimonio con Marie Calvet, la madre de Megan. Joan ríe, pero en el fondo, sabemos que se siente satisfecha de que el padre de su hijo al fin ha encontrado el destino que necesitaba. Al mismo tiempo, Joan recibe una sorpresa, pues con los nuevos planes de matrimonio y con Margaret, su única hija (reconocida), perdida en un culto, su testamento será repartido entre Ellery, su nieto, y el pequeño Kevin.

tumblr_noj7o8VXRl1s2lsy2o2_640Joan también regresa a los negocios luego que Ken Cosgrove la contactara para ofrecerle un trabajo en un film industrial. Necesita contactos y Joan y su rolodex los tienen; necesitan escritores y Joan piensa en Peggy. El reencuentro de las mujeres fuertes de SC & Partners nos deja con de buen ánimo: Joan invita a Peggy a formar su propio negocio como productoras, “Harris-Olson”. A pesar de que cada logro lo ha conseguido con su propio esfuerzo, Peggy mantiene la inocencia de sus tiempos de secretaria y se mantiene incrédula ante el tamaño y la importancia de la proposición de Joan. El comienzo de este nuevo proyecto tendrá inesperadas consecuencias para cada una: por su parte, Joan termina separada de Richard, luego de que este “hombre del mundo” se viera amenazado por el nuevo trabajo que Joan ha decidido comenzar, puesto que este demandará mucho de su tiempo, tiempo que no está dispuesto a tranzar ni mucho menos a compartir. Así, decimos adiós a un extraño personaje, que si bien intentó complementar la trabajólica y solitaria vida de nuestra pelirroja favorita, no consiguió complementar sus metas y proyecciones futuras, inmediatamente huyendo al momento en que las cosas no funcionaron al pie de la letra. A pesar de quedar sin una pareja con la que compartir, Joan ahora es libre de hacer y deshacer con su vida y su dinero en una nueva productora.

Por su parte, Peggy termina peleando con su incondicional amigo y creativo, Stan Rizzo, una vez que ella le comenta sobre la proposición de Joan. Stan no cree que Peggy deba irse, teniendo en cuenta la buena oportunidad que significa para ella estar trabajando en McCann Erikson, además de creer que una productora no es el camino adecuado para ella. En ese momento, Peggy se exaspera y le dice a Stan que está hablando como un perdedor, lo que indigna a Rizzo: “hay más vida que el trabajo”, le dice antes de irse.

¿Qué es de Don -Dick Whitman- Draper? Luego de recibir las devastadoras noticias sobre Betty, Don, siguiendo su estilo, se emborracha y termina pidiéndole a un grupo de jóvenes que lo lleven a California, donde va al encuentro de Stephanie, la sobrina de la fallecida Anna Draper. Ambos viajan a un “retiro espiritual” en una comunidad hippie, un ambiente completamente antagónico al caracter y vida de Don Draper. Aquí, ambos viven momentos de alta vulnerabilidad emocional, incluyendo la frustración de Stephanie al sentirse juzgada tras su decisión de dejar la crianza de su único hijo a su ex pareja, quedando completamente a la deriva de la vida del pequeño. Al día siguiente, Stephanie huye, dejando a Don completamente solo y sin ningún contacto con el que poder regresar a la ciudad.

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“La gente viene y va, sin despedirse”, le reclama de manera hipócrita Don a la recepcionista. El no despedirse ha calado hondo en la vida de Draper, quien en la máxima debilidad, realiza su última llamada “persona a persona”, esta vez, a Peggy. Una llamada con más tintes de confesión a un sacerdote, Don se sincera con una de las mujeres que más conoció y aprendió de él durante más de diez años:

Peggy: What did you ever do that was so bad?

Don: I broke all my vows. I scandalized my child. I took another man’s name and made… nothing of it.

Peggy: That’s not true.

No es cierto y Peggy lo sabe, pues ella es la ferviente prueba de que Don consiguió algo: reconocer el talento de su ex secretaria e intentar darle las herramientas suficientes para conseguir algo de éxito. Pero Don no llama para eso, Don llama pues se ha dado cuenta de que no se despidió de Peggy Olson y le cuesta vivir con aquello. El círculo se ha cerrado y Don se ha despedido de las tres mujeres más importantes de su vida a través de llamadas “persona a persona”, la conexión más personal que logrará conseguir mientras se encuentra atrapado en un mundo que no tiene nada que ver con él.

Tras la llamada de Don a Peggy, uno de los momentos más oscuros del capítulo, hemos de vivir uno de los momentos más reivindicadores (y esperados) del final de la serie. Peggy, nuevamente al teléfono, se comunica con la oficina de Stan, para hacerle saber su preocupación por Don, lo que se torna en una nueva confesión: tras disculparse por su comportamiento anterior y de decirle que no aceptará la proposición de Joan, Stan comienza a abrir su corazón y a declarar su amor a Peggy: “I want to be with you. I’m in love with you. I love you, Peggy”. La sorpresa es mayor para Peggy, quien comienza a balbucear palabras y a darse cuenta de la importancia de Stan en su vida, aquel hombre que la ha acompañado durante años en su trabajo, no importando el donde, el cuando ni el que. Un sentimiento que ha estado implícito entre los dos por fin ha sido confesado y mientras Peggy entre lágrimas y sonrisas se da cuenta que está enamorada de Stan, él corre hacia la oficina de Peggy, donde ambos sellan la confesión con un beso.

tumblr_noj7o8VXRl1s2lsy2o1_640Donald Draper, abandonado, débil y sin saber que hacer con su vida, es guiado por una de las instructoras a uno de los seminarios, donde personas al azar confiesan sus historias. Cuando llega el turno de Leonard, algo hace clic en Don: Leonard cuenta su historia, su experiencia; un hombre sin amor propio, que no se considera interesante, casi invisible para sus colegas de trabajo y para su propia familia, un hombre que siente que nadie se preocuparía si desaparece -Don levanta la mirada cuando estas palabras son dichas-. Leonard sueña por las noches que se encuentra en una repisa de su refrigerador, donde la gente abre y cierra las puertas del aparato: cada vez que la puerta se abre la gente sonríe al verlo pero no lo escoge, solo para continuar y cerrar la puerta, dejándolo en la completa oscuridad. El llanto desesperado de Leonard con consigue que Don se ponga de pie y vaya a abrazarlo, uniendolos a ambos en un abrazo lleno de emoción y lágrimas. La historia de Leonard conecta con alguien más que Don Draper: le habla a Dick Whitman, aquel hombre olvidado en la guerra, que en realidad jamás se fue, pues sus fantasmas, sus historias y sus traumas siguieron a Don Draper por toda su vida.

Son los últimos minutos y vemos como noviembre del año 1970 está tratando a todos. Pete, Trudy y Tammy disfrutan de los beneficios de su nuevo trabajo, subiendo a su nuevo avión privado. Joan, desde su casa ha establecido la oficina de su nueva productora: Holloway-Harris, consiguiendo su sueño de tener algo propio; Roger y Marie se encuentran ya casados, disfrutando en Canadá. En los suburbios, obligada a madurar antes de tiempo, Sally se encuentra a cargo de las labores domésticas de su hogar, mientras su madre lee el periódico con un cigarrillo en la mano: Betty tomó las riendas de su vida en sus últimos meses y solo ella decide como morirá. Peggy sigue en la oficina, trabajando hasta tarde, pero con la compañía de Stan, probando que siempre fueron el uno para el otro, como compañeros de trabajo, como amigos y hoy, como pareja.

¿Y Don? Continúa en el retiro, en plena meditación, palabras son dichas y Don en serio parece comprometido con este cambio de vida. A ojos cerrados, pies descalzos y diciendo los mantras para comenzar un nuevo día, la cámara se acerca a Don Draper. Una campanilla suena mientras Don sonríe, allí, en la altura de un soleado acantilado, una nueva idea ha nacido:

La sonrisa de Don significan dos finales, dos finales que, de una u otra manera, funcionan para dar un cierre a la altura de la serie que fue Mad Men. En una primera instancia, podemos creer que Don sonríe porque por fin se ha encontrado a si mismo, conectando, después de años de tormentosas historias, con la paz y tranquilidad que tanto lo hemos visto necesitar y, de cierta forma, funciona en el optimismo de esperar siempre lo mejor para los personajes de las series que vemos. El hippie en Don funciona si queremos un final feliz y el comercial de Coca Cola funciona como el recordatorio de lo que nunca consiguió hacer, pero que, a pesar de aquello, logró una nueva vida.

Pero la sonrisa de Don puede significar mucho más. La sonrisa de una idea y una nueva fuente inspiración: cronológicamente, la idea del comercial de Coca Cola fue lanzada en enero de 1971, dos meses después del retiro en que Don se encuentra, lo que nos hace creer que aquella sonrisa no fue más que la idea millonaria para un comercial de la marca que siempre quiso conquistar. Muchas fueron las referencias a la gaseosa a lo largo de la serie, siempre siendo una de las principales metas de SC & Partners y, sobre todo, una de las metas de Don Draper. En nuestras mentes, Don regresó a Nueva York y con lo mejor de su estilo, consiguió presentar la idea de un gran grupo de jóvenes, en lo más alto de un acantilado, cantando por la unión que una bebida les produce.

En la primera temporada, vimos a Don ignorando toda advertencia y estudios de salud para poder vender los cigarrillos de Luck Strike y, diez años después, Don consiguió aprovecharse de aquella contracultura que lo acogió como uno más de los suyos para poder vender bebidas carbonatadas. Pasamos desde “It’s toasted” a “It’s the real thing“. Don no cambió y su sonrisa nos lo está diciendo.

ptpUno que otro sitio ha estado hablando de “la traición de Peggy Olson”, a partir del final que su historia, algo que no podría estar más alejado de la realidad. Sabemos que Peggy encarnó una especie de ícono: una mujer que partió desde cero y que a través de sus propios méritos y talentos consiguió el reconocimiento profesional que se merecía en una década donde las mujeres eran miradas como un mero adorno. Aunque pareciera, el final entre Peggy y Stan no es para nada forzado ni exagerado: fueron años en que estos dos personajes vivieron muchas experiencias juntos, campaña tras campaña, cliente tras cliente; conocían lo mejor y lo peor de cada uno y la incondicionalidad entre ambos estaba a la orden del día, era algo completamente implícito que necesitaba un pequeño empujoncito para concretar una relación de la que sospechamos desde el capítulo en que Peggy y Stan comparten una habitación de hotel sin ropa mientras trabajan en una nueva campaña. Además, conseguir éxito en su vida amorosa siempre fue un tema sensible para Peggy, como no olvidar aquel capítulo en que Peggy regresa a su hogar, vacío y sin nadie para recibirla y termina estallando en lágrimas, todo mientras su vida laboral mejoraba cada día más. Peggy quería tenerlo todo, y su personaje lo merecía tenerlo todo y quien mejor que Stan Rizzo para lograr comprenderla y complementarla. Te queremos, Peggy.

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La séptima y última temporada fue promocionada con bombos y platillos como “el fin de una era”. Una era para Don Draper, los años sesenta y, también, para la televisión como actualmente la hemos conocido. En una industria donde plataformas online como Netflix, Amazon y Hulu están teniendo cada vez más peso y están produciendo cada año más programas, la televisión hecha de manera tradicional está viviendo un complicado momento; al igual que de Sterling Cooper se reinventaron a Sterling Cooper Draper Price y luego a SC & Partners, la televisión está viviendo un momento en que se debe reinventar.

Fueron ocho años en los que Mad Men se apoderó de nuestras pantallas, un producto que, como muchas de las campañas que llevaron a escena, se supo vender de la mejor manera y por si mismo. No por nada varias temporadas acapararon varios premios Emmys seguidos: Mad Men jamás anduvo con pequeñeces, porque, incluso en los detalles más pequeños, siempre había algo más grande que esperar de aquello. Tantas miradas, tantas palabras y tantos movimientos que significaban tanto, todo resumido en un último gesto, la (hipócrita, pero real) sonrisa de Don Draper. It’s the real thing.

Observaciones finales:

  • ¿Qué otra prueba necesitamos de que Mad Men y las décadas son tomadas bien en serio? La primera canción que escuchamos en el taller de automóviles es “Hello, I Love You”, el exitoso single de The Doors.
  • Las llamadas “persona a persona” son la forma que Don encuentra para despedirse de su entorno, especialmente, de las tres mujeres que han sido parte importante de su vida y lo vieron desarrollarse como esposo, padre y mentor: Betty, Sally y Peggy. Por eso, no es casualidad que en gran parte de las imágenes de este post, los personajes sostengan un teléfono.
  • Bye, bye Birdie.
  • Los hijos menores de los Draper jamás tuvieron tanto protagonismo ni pantalla como Sally, este último capítulo debió ser el único en el que el pequeño Gene dijo alguna palabra.
  • La escena entre Sally y Bobby, donde el pequeño confiesa saber lo que ocurre con su madre, además de su fallido intento de cocinar la cena son demasiado tristes.
  • Una vez más, agradecemos que el mundo haya conocido el talento de Kiernan Shipka en el rol de Sally Draper.
  • ¿Y qué será de los domingos sin Mad Men? Intenten rellenar ese triste vacío con nuestras reseñas de Game of Thrones.
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