Game of Thrones S05E09: “The Dance of Dragons”

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Sacrificios

Lo han hecho de nuevo.

Después de la controversia generada por el final de Unbowed, Unbent, Unbroken, aplacada hasta cierto punto por el tétrico pero emocionante espectáculo de Hardhome, los showrunners vuelven al centro de la polémica con una de las escenas más terribles de la serie hasta ahora, provocando una miríada de reacciones que van desde la repulsión hasta el respeto por atreverse a romper los límites que nos ofrece el entretenimiento televisivo; un límite muy fino entre lo rupturista-pero-aún-tolerable y lo meramente snuff. The Dance of Dragons” está allí, en ese límite, quizás compartiendo elementos con ambos lados. Quizás sea una muestra más de la brutalidad de una serie brutal ambientada en un mundo brutal. Quizás sea loable y digno de respeto hasta cierto punto. Es, también, intencionalmente horroroso y chocante, una burda manipulación emocional diseñada para sacar una reacción visceral del espectador.

Sometimes, a person has to choose. Sometimes, the world forces his hand. If a man knows what he is and remains true to himself, his choice is no choice at all. He must fulfill his destiny and become what he is meant to be, however much he may hate it.

La frase anterior, pronunciada por Stannis, contiene la idea que sirve como elemento común a las diversas historias de esta semana: dirigir, gobernar, liderar requiere -en momentos críticos- la realización de acciones difíciles (y a veces hasta impensadas) con el objetivo de un bien mayor. Un líder debe estar dispuesto a realizar concesiones y hacer sacrificios personales en pos del beneficio común.
Jon Snow lo hizo, convenciendo a decenas de salvajes de abandonar las tierras más allá del Muro y relocalizarse en el sur, formando una débil pero crucial alianza en contra de las numerosas huestes de los Caminantes Blancos – una alianza que no es para nada bien recibida por la mayoría de sus hermanos (y subordinados) en la Guardia de la Noche. “You have a good heart, Jon Snow. It’ll get us all killed,” brama Alliser Thorne mientras observa a los salvajes marchar por el patio del Castillo Negro. Mientra Sam reconoce el éxito relativo de la misión (argumentando que cada vida salvada es un soldado menos para los Caminantes Blancos), Jon lo toma -incluso sin decir palabra- como un fracaso: cientos más cayeron, y aún el hecho de haber rescatado a un número no menor no compensa las numerosas pérdidas. Además, sigue siendo una medida marcadamente impopular, haya regresado con pocos o muchos salvajes a cuestas. La mirada que le dirige Olly a Jon ejemplifica muy bien ese malestar generalizado: es una pérdida de confianza profunda, una decepción importante.

También lo ha hecho Doran Martell, a su manera – más allá de sus sentimientos personales y el deseo de venganza que pueda sentir respecto a la muerte de su hermano Oberyn, como gobernante de su pueblo está dispuesto a hacer concesiones para mantener la paz. Una nueva guerra no beneficia a nadie, mucho menos a la gente común que vive en Dorne. Por ello, aunque se gane el desprecio de las Serpientes de Arena y hasta de Ellaria, decide mantener en pie la alianza con la capital – Myrcella seguirá prometida a Trystane, éste tomará el lugar de Oberyn en el Consejo Privado, y Jaime podrá regresar de vuelta a la capital junto a su sobrina.
El problema es que la trama de Dorne ha sido, lamentablemente, la parte más baja de toda la temporada: un filler (relleno) de discreta calidad, al parecer nacido de la intención de mantener en pantalla a personajes como Jaime y Bronn, pero también capitalizar en el éxito que tuvo Oberyn Martell como personaje (todavía seguimos extrañando al gran Pedro Pascal). La trama se ha mostrado, a ratos, extrañamente apresurada, a ratos sin sentido claro, e incluso hasta superflua. El tandem de Jaime y Bronn no ha brillado lo suficiente (siendo opacado desde el otro lado del mundo por Tyrion/Varys y luego Tyrion/Jorah) ni tampoco se ha aprovechado bien a un actor de la calidad de Alexander Siddig, a lo que debemos sumar la escasa relevancia de las Serpientes de Arena. Podría haber sido mucho más, pero el balance general de la historia en Dorne es claramente negativo – todavía queda un episodio en el cual pueden enmendar un poco el rumbo, pero es difícil creer que podamos verlo como algo distinto a una gran oportunidad perdida.

Al otro lado del mar angosto, la temática general del capítulo se ve reflejada (aunque no en su totalidad) en la historia de Arya; si bien no es una líder, también se ve enfrentada con una decisión importante: o seguir en con su entrenamiento al pie de la letra, camino a convertirse en “nadie”, o acabar con la vida del nefasto Meryn Trant y así poder tachar un nombre más en su lista de venganza. Las escenas en Braavos se han sentido extrañamente inconexas con el resto de la trama en general esta temporada -algo comprensible- por lo que siempre es bueno ver cómo estos elementos dispares se unen de una u otra manera, otorgándoles un sentido un poco más profundo a la simple conjunción de éstos. También se agradece la reaparición en escena de Mace Tyrell: el personaje hábilmente interpretado por Roger Ashton-Griffiths no será el noble más inteligente de los Siete Reinos, pero sí sabe cantar. Gracias por tanto.
Quizás el único elemento discutible en Braavos sea la introducción de un elemento casi cliché para hacer aún más horrible a Meryn Trant: aparte de todos sus desagradables actos, además tiene tendencias pedofílicas. Al menos esto le da la oportunidad a Arya de poder acercarse a él (incluso, tal vez, usando una “cara” distinta) y así poder por fin cobrarse venganza.

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Uno de los momentos cruciales del capítulo se vive en Meereen. La reapertura de la Fosa de Daznak, la Arena más importante de la ciudad, es el (más reciente) sacrificio que realiza Daenerys para lograr la paz. Después de su matrimonio políticamente conveniente con Hizdahr, las tensiones entre los ex-amos y los ex-esclavos en la ciudad parecían haberse calmado; la legalización de los combates y la subsiguiente reapertura de las Arenas son concesiones por parte de Daenerys: males que está obligada a soportar si es que quiere evitar que la ciudad se tiña de sangre una vez más, por muy moralmente repugnante que le parezca la actividad.
La escena cobra vida gracias a la tensa convivencia entre Daenerys, Hizdahr, Daario y Tyrion, este último sirviendo como representante de la audiencia ante tanta palabrería soberbia por parte del marido y del amante de Daenerys. Las cosas se complican cuando reaparece Jorah, combatiendo “por el honor y la gloria” de su Reina, despechado pero sin otro lugar a dónde ir.

Si bien la coreografía de combate no es la mejor que se ha visto en la serie (la lentitud de Iain Glen es comprensible), de igual manera el espectáculo sirve, hasta cierto punto, para atrapar al espectador y borrar por un instante las líneas entre el relato y el destinatario.
Solo toma un instante para que todo se vuelva caótico: Jorah arroja una lanza hacia el palco real… salvando a Daenerys en el momento preciso antes de convertirse en una víctima de uno de los Hijos de la Arpía. Un instante. Contienen la respiración, miran a su alrededor, se avecina la tormenta. Los Hijos de la Arpía han regresado, y se alzan como una marea furiosa, destruyendo todo a su paso.

Lo que sigue es el caos: cuchillos ensangrentados, gritos, intentos de escape fallidos, un pequeño momento de reconciliación entre un caballero caído en desgracia y una reina incapaz de mantener la paz, más cuchillos, muertes, cacofonía. Un torbellino de colores, una arena hirviendo, Daenerys y su grupo en medio de todo, rodeados, sin escapatoria.
Un ruido inhumano, el batir de unas alas y la salvación que llega a sangre y fuego. El retorno de Drogon es la reaparición de una parte de Daenerys que se encontraba sepultada entre capas de rutina y compromisos; es la faceta de Daenerys conquistadora, Daenerys la Madre de Dragones, en vez de Daenerys la Reina de Meereen, la esposa de Hizdahr, la gobernante. Monta en Drogon y vuela, por fin, lejos de la ciudad que tanto tiempo la ha cobijado pero nunca completamente aceptado. Lejos de Meereen y sus luchas internas, de los amos y los esclavos, las pirámides y las arpías. Simplemente lejos.

¿Qué sucederá con Tyrion, Jorah, Daario, Missandei y los otros dos dragones que se encuentran encadenados?

Así llegamos, inevitablemente, a la escena más controvertida del capítulo. La reacción visceral de quien escribe fue, honestamente, de un rechazo absoluto. No solo por el hecho de introducir un cambio un tanto drástico (y no presente en el material original) respecto al comportamiento de Stannis Baratheon, ni porque signifique que el personaje en cuestión, en caso de llegar al Trono de Hierro, se quede sin herederos con los cuales continuar su linaje…
No, fue una reacción visceral de rechazo porque involucró quemar viva a una niña cuyo único pecado fue ser la hija de dos fanáticos religiosos.

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No pretendo ser malinterpretado: Stephen Dillane y Tara Fitzgerald se mandan actuaciones notables en las escenas en cuestión; él, como el hombre inflexible que se ve forzado a tomar una decisión terrible aún cuando le pese en el alma por el resto de sus días, y ella como la fanática religiosa que se quiebra completamente cuando ya es demasiado tarde.
Pero la estrella es, sin duda, Kerry Ingram. Un pequeño homenaje a una a actriz que pudo tomar un personaje bastante nimio en los libros y dotarle de una calidez, ternura e inocencia que solo hicieron aún más desgarrador su inoportuno fin. Creo que los gritos desesperados de Shireen serán difíciles de eliminar de mi memoria y me acompañarán, lamentablemente, por más tiempo del que quisiera.

Pero lo anterior no basta. No basta con que la escena haya sido técnicamente buena, que haya sido uno de esos golpes emocionales tan típicos de Game of Thrones (como la muerte de Ned Stark, la Boda Roja o la Montaña vs Oberyn) y que haya dejado el tema sobre la mesa para discutirlo incesantemente como “otro de esos momentos de shock”. Al menos a quien escribe esta columna, no le basta. La utilización (fuera de pantalla, más encima) de Ramsay y sus “20 hombres” para destruir todas las provisiones del campamento de Stannis se sintió forzada, artificiosa, demasiado conveniente y mal manejada como para ser verdaderamente efectiva. Lo hacemos extensivo también a la decisión de enviar a Ser Davos de vuelta al Muro: una circunstancia muy “conveniente”. Una de las características de Stannis es, supuestamente, su resistencia – soportó el asedio de Storm’s End por un año (al punto de llegar a comer ratas y perros ante la falta de provisiones) antes de recibir ayuda cortesía de Davos Seaworth y su contrabando de cebollas. ¿Debemos entonces pensar que va a decidir sacrificar tan repentinamente a su única hija y heredera? La situación se vuelve, a nuestro juicio, más problemática considerando el desarrollo de personaje que había tenido Stannis últimamente: seguía siendo inflexible, sí, pero las escenas que compartió con su hija en capítulos anteriores demostraban su lado más humano, su faceta más suave. La decisión, por lo tanto, se siente tan repentina y carente de build-up que sorprende -a priori- por lo chocante. Existen varias columnas, posts en diversos blogs y foros, intentando racionalizar la acción de Stannis: que era esperable, que su particularmente inflexible concepción de justicia era un antecedente a tomar en cuenta, que su creencia en que es tanto el legítimo Rey de Westeros como la reencarnación del Héroe Mitológico lo ciegan en su búsqueda por el poder, que es tan honorable que está dispuesto a sacrificar a su propia hija para el bien de la humanidad, etc. Hay razón en más de alguna. Tocan temas importantes, algunas de forma más que razonable y es bueno leerlas para adquirir un poco más de perspectiva. Lamentablemente, y a título estrictamente personal, lo realizado por Stannis me deja un horrible sabor de boca que tardará en desaparecer – más allá si temáticamente calza con la idea de la carga tremenda que deben sobrellevar los gobernantes (y aún así, el sacrificio ni siquiera fue por una certeza de eliminar a los Bolton, fue para pedir que el clima mejorara lo suficiente como para recién atacar Winterfell, lo que lo hace más increíble), la realización de dicha idea deja harto qué desear. Lo suficiente, al menos, como para que el debate sea fiero y no haya una cierta unanimidad en las posturas. Lo suficiente como para que varios salten en defensa de los showrunners, de George R.R. Martin y del personaje en cuestión como si llamados por un propósito superior. Lo suficiente como para que haya varios de nosotros que nos sintamos dolidos (y no de buena manera) con lo sucedido, que rechacemos hasta cierto punto los intentos de racionalizarlo, de justificarlo o de explicarlo, y nos quedemos pensando -mascando la rabia- en lo inútil e inhumano del sacrificio de una niña que solo quería ayudar a su padre.

Quizás esa sensibilidad sea nuestro punto débil, y quizás termine por matarnos a todos.

Observaciones varias:

  • La idea de quemar a Shireen fue de George R.R. Martin – lo que, dicho sea de paso, no la vuelve una buena idea per se (mal que mal, a GRRM se le ocurrió dedicarle un libro entero a Daenerys en Meereen).
  • Tampoco corresponde ser excesivamente crítico con lo siguiente, considerando que el presupuesto no está al nivel de los grandes “blockbusters” de Hollywood, pero la calidad de la composición de imagen en las tomas de Drogon en la Arena no estuvo a la altura (en otras palabras, se notó mucho el efecto especial). Dicho sea de paso, no debo ser el único al cual dicha escena le recordó a La Historia Sin Fin.
  • La presencia de Areo Hotah se redime con ese certero golpe a la mandíbula de Bronn.
  • La escena de conversación entre Ellaria y Jaime se siente muy extraña. El tono no me calza. Debe haber algo detrás del comportamiento tan cordial de Ellaria – algo que, ojalá, sepamos en el próximo capítulo.
  • ¿Qué hemos aprendido de Dorne? Que al parecer allá el incesto no es mal visto. No mucho más.
  • Las escenas entre Davos y Shireen siempre serán momentos llenos de ternura y cariño. ¿Qué pensará el fiel Caballero de la Cebolla respecto al monstruoso actuar de su Señor cuando se entere?
  • Stannis en este capítulo deja definitivamente de ser “the Mannis”. Ahora somos del #TeamDavos.
  • Jorah toca con su mano descubierta a Daenerys. ¿Se le habrá pasado el detalle de la psoriagris a la producción en ese momento, o habrá sido algo concertado? CONSPIRANOIA.
  • Detalle: el capítulo comienza, tonalmente, donde terminó en el anterior: en el Hielo. Y termina con la demostración del poder de Drogon: Fuego. Todo calza (?)

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