Hunger (2008)

 HUNGER

País: Reino Unido / Irlanda del Norte
Año: 2008
Director: Steve McQueen
Género: Drama
Duración: 96 minutos
Elenco: Michael Fassbender, Liam Cunnigham,
Liam McMahon.
Música: David Holmes

El primer filme de Steve McQueen, que marcaría el inicio de la duradera colaboración entre el director británico y Michael Fassbender, nos sitúa en la otrora Her Majesty’s Prison Maze de Irlanda del Norte, en medio del conflicto llamado “The Troubles” y la “no wash protest” de los miembros del Provisional Ireland Republican Army una vez que estos perdieron la calidad de “prisioneros políticos” por parte del Reino Unido, siendo calificados unilateralmente por el gobierno central como una organización terrorista.

Con guión del director y de Enda Walsh, y ayudados por el brillante trabajo en la dirección de fotografía de Sean Bobbitt, el filme está cargado de imágenes bastante chocantes tanto de la vida de los reclusos en la prisión como la violencia a la que fueron sometidos. Es interesante que McQueen tanto en “Shame” como en “12 Years a Slave” exhibe su formación como artista plástico al captar de forma brillante los detalles de los abusos cometidos por sus personajes. Por otro lado, argumentativamente no es tanto lo que ofrece su debut direccional, lo que no quita que sea potente cinematográficamente.

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La película es interesante en cuanto a su estructura. El primer acto prescinde completamente del protagonista, mostrando en un recluso llamado Gerry Campbell (Liam McMahon) las calamidades por las que pasaban los disidentes irlandeses. Tanto las sucias protestas de parte del grupo (que involucraba usar excremento en las paredes de las celdas, como orina en el pasillo que las conectaba), como el contexto en el que vivían esa dualidad de tener que ser prisionero y persona, cuyos derechos sólo se respetaban los días de visita. El momento en que vemos por primera vez a Michael Fassbender es genial, por lo tanto es prudente evitarlo en esta reseña. Desde su aparición, la película es todo Bobby Sands, el líder de los XXX, y la interpretación de Fassbender de este crucial personaje en The Troubles.

Argumentativamente la película se concentra en una escena, en la que comparten 15 minutos de diálogo Fassbender y Liam Cunningham (Ser Davos en Game of Thrones). Es en esa conversación entre Bobby Sands y el prelado Dominic Moran en que conocemos verdaderamente al protagonista, cuyo perfil como líder va más allá de las conveniencias personales. Esta escena lo retrata al menos en la mirada de McQueen, como un sujeto con perspectiva del efecto posterior tras sus acciones, y en la trascendencia de su figura. La reunión entre los personajes la motiva la decisión de los reclusos de dar un paso más allá en sus protestas, esta vez con una organizada huelga de hambre progresiva, en la que cada dos semanas se sumará un nuevo recluso, por lo que la muerte de uno de los participantes hará que otro prisionero “lo reemplace”. El religioso lo cuestiona, diciéndole que la finalidad de su estrategia es el suicidio, algo imposible que sea apoyado por estamento católico que representaba. Por otro lado, también cuestiona que Sands quiera más que lograr algo concreto, trascender como personaje social, vivir como figura de lucha. Sands no niega esa afirmación, pero con la intención de crear una sociedad menos manipulable por parte de Thatcher, algo que logró con su muerte.

En ese sentido, tras dicha escena, la película se concentra en la performance de Fassbender y el ver morir de forma terrible a su personaje en medio del hambre, el pedido de su familia y amigos por dejar la huelga, el abuso de los gendarmes aún en sus últimos minutos, y las alucinaciones que le recordaban su infancia.

Captura de pantalla 2015-06-13 a la(s) 7.12.22

Hay que decir que la película también mira el otro lado del conflicto cuando sigue a uno de los gendarmes por una buena porción del metraje, en la que Raymond Lohan (Stuart Graham) protagoniza los golpes contra los prisioneros, y su puño es protagonista de las tomas de la cámara, tras agredir a los disidentes sucios y desnudos. Su final también es crítica, en cuanto al poder de la organización paramilitar del grupo liderado por Bobby Sands.

De todas formas es un poderoso debut, en la que quizás sea la primera gran performance de Michael Fassbender (no es que no contemos Inglourious Basterds, pero aquí él es gran parte de la película), y en la que el director dejó sus credenciales a la vista: poder ver belleza en la miseria humana, potenciando la visceralidad de las imágenes, creando personajes complejos incluso prescindiendo del diálogo.

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