True Detective S02E06: “Church in Ruins”

 

Por segunda vez en la temporada, True Detective nos sorprendió con un interesantísimo episodio. Quizás es porque era realmente bueno o quizás porque simplemente pasaba algo (lo que probablemente no pueden decir los primeros 4 del año), lo cierto es que finalmente esta temporada comenzó a tomar forma. Tomándose del interesante cliffhanger del episodio pasado (la visita de Velcoro a la nueva casa de Semyon), Miguel Sapochnik (Repo Men) debuta dirigiendo en este ciclo con una notable escena. El nivel de los guiones de Pizzolatto brilla con luz propia por primera vez esta temporada, con una serie de diálogos que recuerdan lo mejor de Rust Cohle.

Velcoro y Semyon se intimidan mutuamente, con una mano en una tasa de café (black, por favor), y otra en la pistola. Algo notable en este sentido, es que el encuentro es el primero de ambos fuera del tradicional bar que vimos los primeros 5 episodios. Prueba, además, del distanciamiento entre ambos. La verdad cuesta rescatar frases en específico, pero lo cierto es que las confianzas entre ambos (si hubo alguna vez), se han quebrado. Por lo mismo, voy a rescatar una frase de cada uno, que demuestra a mi juicio, lo mejor de la escena. Lo mejor de Velcoro, es el “yo habría sido diferente” si Semyon no le daba el nombre. Como recordarán en base a pequeños flash backs, Velcoro era un policía honesto por entonces. Sea haber asesinado a una persona, se haberse aliado con la mafia, sea no saberse el padre de su hijo, lo cierto es que nuestro Detective no es el mismo desde entonces. Por ello culpa a Semyon, aún más luego de asumir que vendió su alma por nada. Esta es, sin embargo, la mentira más repetitiva que conoce el mundo. Cada uno es vícitima de sus propias decisiones, y como bien le reprocha Semyon, él sólo le dio un nombre. Respecto de este último, su frase más notable debe ser, sin dudas, la despedida a Velcoro. “Si vienes con el arma otra vez, no quiero verlo”. Frank empieza a asumir que alguien de su grupo cercano, tarde o temprano, le quitará la vida. Nosotros seguimos poniendo nuestros ojos en Jordan (cada episodio más guapa).

velcorosemyon

La tensión termina en una negociación. Velcoro le dice que Blake (Christopher James Baker) le dio la espalda, y tiene algo con el hijo de Chessani. Le informa de las fiestas y las personas que asisten, tal como se informo en la tortura de Pitlor el episodio pasado. A cambio del disco duro que estamos extrañando desde el segundo capítulo, Semyon promete a Velcoro el nombre de la persona que le habría dado, supuestamente, el nombre errado del autor de la violación de su mujer. “Te entregaré al tipo que te jodió la vida”, con un descaro total.

Pero lo mejor de Velcoro viene en lo individual. Obligado por el juez a estar acompañado por una asistente social, vemos la grotesca escena donde trata de construir “algo” (difícilmente podemos hablar de una relación) con su hijo. Es fácil darse cuenta de los gustos distintos que tienen. ¿En verdad te gusta Friends, “hijo? Parece preguntarse. Parece que cada elemento que se incorpora en su relación para regar la semilla de la duda respecto de su paternidad. No obstante, estas dudas no pueden mostrarse hacia afuera. O al menos no ante su hijo. Por eso le dice, un poco advirtiendo lo que viene, que cualquier cosa que oiga, él es su hijo. Siempre lo será y lo amará siempre. Pero si usted creía que Velcoro era un desastre hasta este episodio, no ha visto nada. Anoche Velcoro tocó fondo, y mal. En la tranquilidad de su casa, lejos de todos los problemas, recae en sus adicciones y vicios. Todos nuestros prejuicios son errados, pese a esto, pues cuando toca más hondo es cuando sale lo mejor de él. En una emotiva llamada a su mujer, se inmola, y cede custodia a cambio de que su hijo nunca sepa que puede ser el eventual hijo de un violador. Pizzolatto ya logró que nos identifiquemos con el que a todas luces era el malo el primer episodio. La “hermosa” amenaza al verdadero autor del crimen de su mujer, es la coronación de una transformación increíble. Es para verla otra vez.

 

velcoro

Nuestra investigación del crimen de Caspere, totalmente en segundo plano hasta ahora en “Church in Ruins”, ha tomado dos claves. Seguimos la pista de los diamantes de Caspere que Irina vendió en una casa de empeño, con 2 grupos investigativos. El primero de ellos es Woodrugh, quien descubre que dichos diamantes fueron robados por primera vez en los disturbios de 1992, por personas muy tecnificadas (lo que nos lleva a concluir que no eran parte de las protestas). Acto seguido, se siembra la duda respecto del destino de 2 niños que presenciaron el atraco, dando a entender, a mi juicio, que fueron asesinados (aunque muchos especulan que pueden ser los 2 hijos del Alcalde Chessani). El segundo grupo investigativo es de Semyon, quien tras renegociar con los mejicanos expulsados del Lux, logra que Irina la llame. Ella le cuenta que los diamantes le fueron pasados por un policía alto y blanco (a todas luces Dixon, el policía gordo con un aire a Phillip Seymour Hofman que falleció en la matanza de Vinci), coordinando un encuentro en un basural donde ella identificaría al policía en un set de fotos. Al llegar, Semyon la encuentra muerta, y al grupo de latinos exigiéndoles su regreso al Lux. Si Semyon pensaba que su retorno a las pistas del tráfico sería simple, estaba realmente equivocado.

Semyon, además, sigue tras los pasos de Blake, reconstruyendo de a poco la muerte de Stan. En una increíble conversación con el hijo de quien fuera su socio, Semyon parece narrarnos su propia historia de violencia. Una muerte temprana en su vida, una etapa de dolor como esa, puede ser una herramienta para convertirse en mejor hombre. Le pasó a él, sin ir más lejos. Pero siempre hay una sombra de duda en sus actos. Algunos entienden que es la forma de Semyon de demostrarse a sí mismo que es todavía una buena persona. Yo, en cambio, lo veo un poco como los diálogos de “Lord of War”. Como si quisiera contratar a nuevos jóvenes armados, Semyon parece abrazar al niño sólo bajo el supuesto que el balazo de un niño mata tanto como el de un adulto.

bezzerides

Pero pasemos al climax del episodio. A través de su hermana Athena, Bezzerides logra entrar en las fiestas de Chessani, Caspere y compañía. Nuevos invitados, se destapan además. Hablamos de Osip, el ruso que rompió el acuerdo con Semyon el primer episodio, y la gente del grupo Catalyst, quienes están negociando abiertamente. Una guapísima Rachel McAdams entra en un mundo de lujuria. Un mundo para muchos era un homenaje a Kubrick, justo la noche cuando se celebraban 87 años desde su nacimiento, con una fiesta al estilo “Eyes Wide Shut”. Las mujeres deben asistir sin teléfonos ni carteras. Sólo ellas y sus vestidos, debiendo probar además la “droga de la felicidad”, que hace que estén dóciles a los encuentros con los hombres ricos. Bezzerides alucina al estilo Twin Peaks, la segunda referencia en lo que va la temporada, con un homenaje todavía más evidente con un personaje idéntico al Bob de Leland Palmer. Este “Bob” de True Detective es un fantasma que persigue a Bezzerides del pasado en comunidad con su padre. Esto explica, además, los problemas para concretar relaciones que tiene. Todo parece indicar que ella fue víctima de abusos por uno de los compañeros espirituales de su padre.

Cuando es abordada por un hombre, Bezzerides encuentra lo que buscaba. Vera, la chica latina extraviada, era parte de estas fiestas. Intentando rescatarla, aun sin dominio total de si por las drogas, apuñala a uno de los invitados y da muerte a uno de los guardias. En paralelo, Velcoro y Woodrugh lograron entrar a los despachos del recinto, obteniendo el contrato de Catalyst por el corredor de trenes.  La escena en su conjunto es notable. Primero, por la capacidad de dirección de Sapochnik (quien hace ver muy pobre la edición de la Matanza de Vinci), pero en especial por la edición musical de T-Bone Burnett. El episodio con menos música al estilo True Detective, es el que más ha sorprendido. Todo tiene un desenlace. Todo tiene sentido. Todo es como debió ser. El episodio tiene un cierre hermoso (con Woodrugh pidiéndole a Velcoro que apague las luces del auto, tal como se inició nuestra historia). El nombre del episodio, se explica a sí mismo además. Nuestro grupo tiene un contrato que identifica a toda la gente, con sus firmas, que está tras el caso de corrupción, y una Bezzerides en shock, rescata a Vera pero señala que cree haber matado un hombre. Su intromisión en las fiestas no fue discreta. Para nada. Destruyeron la investigación hasta sus ruinas, pero a cambio obtuvieron todo. ¿Pero pueden usarlo en juicio? ¿Servirá tanto esfuerzo? Eso será lo que veremos en los 2 últimos episodios de la temporada.

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