True Detective S02E08: “Omega Station”

Después de 8 episodios, podemos concluir con certeza que la segunda temporada de True Detective fue todo lo que no fue la primera. Para bien o para mal. Pues luego de entregarnos unos primeros capítulos donde el drama de Velcoro, Bezzerides, Semyon y Woodrugh no atrapaba como debía (todo lo que no pasó con el interesante guión del primer ciclo), el episodio final terminó con toda la gloria que la seria merecía (todo lo que no pasó con el tímidamente correcto final de la primera temporada). Anoche en “Omega Station” murieron los personajes que debieron morir, provocando tristeza en unos seguidores que se sorprendieron atrapados por un ciclo que un comienzo renegaron. El final que esperábamos, que justificara todas y cada una de las tensas esperas del año.

Peso pasemos primero a lo que pasó en el octavo capítulo. Finalmente el guión de corrupción no era tanto como sospechábamos. Es cierto que este mal aqueja las mismas entrañas de Vinci, pero la muerte de Caspere, que justifica los hechos de esta temporada, es mucho más simple de lo que pensábamos. Durante los disturbios del año 1992 que comentábamos, un grupo de policías corruptos liderados por Holloway, Dixon y compañía, robaron una joyería, asesinando a sus dueños. El motín beneficio a Caspere y al ahora alcalde Chessani. Sin embargo, un cabo siempre quedó suelto. Los 2 hijos de los dueños, niños por entonces de menos de 10 años, presenciaron el crimen. Ahora, casi 15 años después, comenzaron su venganza. Caspere murió a manos de quien menos pensábamos. No en manos de Osip y compañía, no en manos de Semyon, ni de la policía corrupta de la cual usufructuaba. No. Su muerte fue mucho más silenciosa. A manos de una víctima anónima que lo esperó por muchos años. Una víctima que producto del robo de 1992, vio a sus padres morir, a su hermana prostituirse, y a sus victimarios triunfar.

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El episodio comenzó con una notable conversación entre Bezzerides y Velcoro luego de su romance con el cual cerramos el episodio pasado. La conversación fue notable porque ambos reconocen lo que más los avergüenza. De Velcoro ya lo sabíamos. Haber asesinado a una persona creyendo que era la persona que violó a su pareja (lo que de por sí ya lo atormentaba), para luego saber que había tomado la vida de la persona equivocada. La sorpresa viene del monólogo de Bezzerides. Ya sabíamos de la violación que había sido víctima, al estilo Twin Peaks, dentro de la “secta” de su padre. Lo que no sabíamos era que había sido intensamente consentida. Con dolor, reconoce haber sentido placer con ello, y haberlo, de cierta forma, buscado. En este estado de total honestidad, Velcoro y Bezzerides se enteran de la muerte de Woodrugh, quien, no habíamos dimensionado, cayó directamente por una bala del teniente Kevin Burris (James Frain),

Con el caso ya cerrado, Velcoro y Bezzerides se dirigen a la casa de Len, el hombre enmascarado que buscamos tanto tiempo. Llegan minutos tarde, pero encuentran a su hermana, quien intentó convencer a su hermano de no terminar con su plan. El último paso de su venganza consiste en asesinar al Jefe de Policía Holloway (Afemo Omilami) en una concurrida estación de Vinci (de ahí el “Omega Station”). Velcoro interviene el plan con un claro objetivo. La única forma de salir con vida de esto es delatando, con grabaciones, a los verdaderos corruptos. Quitar vidas ya no de sirve de nada, en especial desde que se ha desarrollado un montaje televisivo donde Velcoro ha sido denunciado como el asesino de Woodrugh, culpándolo además de otras muertes. Velcoro encuentra a Len, y lo convence de llevar las cosas a su manera. Sin embargo, Len no es capaz de aguantar su rabia, y apuñala a Holloway. Un tiroteo entre Bezzerides y Burris nos convencerá definitivamente que no hay salida limpia del caso Caspere.

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En paralelo, Semyon demuestra ir por todas. Primero, convence a Jordan, luego de una muy mal actuada discusión, de partir a Venezuela. Él llegará dos semanas después. Se encontrarán en la Plaza del Obelisco, ella vestirá de blanco, y él de traje, el que acompañará de una flor roja. Semyon ha sido capaz de construir un plan perfecto. Escondiéndose en el ya mítico Bar de Vinci, se arma al estilo Matrix, para interumpir en el intercambio de dinero que tendrá Osip y compañía, del cual está informado luego de asesinar a Blake. Su compañero es Velcoro, quien acude luego de asumir que sin dinero, no hay futuro que le espere. Mostrando la frialdad que le caracteriza, Semyon asesina a Osip y su grupo. Huye con el dinero, pero cuando todo parece estar solucionado, es interceptado por los mexicanos que tan infelices intervenciones siempre tienen. Semyon decide entregarles el dinero, sabiendo que en su bolsillo guarda unos diamantes que le aseguran su futuro. Por eso no acepta entregar su traje cuando se lo exigen como última muestra de humillación. Por eso muere apuñalado. La escena de su agonía está excelentemente grabada, y refleja fielmente su vida. Una especie de vía crucis donde asume su dolorosa infancia, se desliga de su grotesco padre, y finalmente se encuentra con el amor de su vida. Con Jordan. Ella espera con su vestido blanco. El camino con una flor roja, pero que en verdad es su sangre. Semyon parte, marcando la primera muerte que nos merecíamos. Esa que no tuvimos la primera temporada. Y aunque totalmente esperable (el episodio claramente apuntaba en ese sentido), fue perfectamente trabajada por Pizzolatto y compañía. El contraste de la sangre con el desierto, y las aves carroñeras a su espalda, son el toque final para alguien que murió, literalmente, con las botas puestas. De pie y digno.

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El destino de Velcoro es similar, pero con un camino totalmente distinto. La mitad del botín le aseguraba a él y Bezzerides (quienes se dieron cuenta que en verdad se atraían), un destino seguro al sur de la frontera. Pero Velcoro comete un error de novato, y decide visitar a Chad. La escena es muy emotiva, pues al ver a su hijo jugar, teniendo a su derecha la placa de policía que fuera de su abuelo, Velcoro ve por primera vez en él a su hijo. Por primera vez lo entiende un Velcoro. Con un sólo gesto, lo manifiesta. Todas las dudas sobre su paternidad se disiparon (siendo totalmente innecesario el resultado del examen de paternidad que aparecerá minutos después). Pero ya es tarde para ser padre. Velcoro se despide de Chad, pues sabe que no podrá sobrevivir nuevamente. Perseguido por Burris y un equipo verdaderamente SWAT, Velcoro graba un audio de despedida para Chad. Alarga su inevitable destino lo máximo que puede para lograr que el mensaje se envíe. Cuando finalmente creemos que lo ha logrado, recibe los disparos letales. De fondo, un iPhone suplicando por reintentar enviar el mensaje, marcan el final menos esperado. Chad nunca sabrá la versión de su padre, y nunca podrá despedirse de él.

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La única que logra sobrevivir es Bezzerides. Escapando a México y luego a Venezuela con la ayuda de Felicia (Yara Martínez), fue condenada en vida a vivir en el anonimato. Con todas las pruebas a su favor, nunca habrá justicia. Los malos ganaron, nuevamente. El inmoral y corrupto hijo de Chessani ahora es alcalde. Velcoro fue expuesto ante los medios de comunicación como el gran culpable de los crímenes de Vinci, y el grupo Catalast finalmente construyó el proyecto ferroviario que prometía ser acceso directo al cielo. Un año después, en una fiesta en Venezuela, Bezzerides tiene la primera oportunidad de contar su verdad. Ante los medios, porque nunca podrá hacerlo ante un Tribunal. Pero con un gran regalo de la vida. Un niño de meses, que es producto de la corta pero intensa relación con Velcoro. Con ella, está Jordan y Nails (Chris Kerson), el único que parece no haberle dado la espalda a Semyon, pues, como éste último, supo que nunca debes dar el gran salto.

El episodo fue dirigido por John Crowley, quien ya dirigiera el siguiente episodio a a la matanza de Vinci, “Other Lives”. La verdad, en lo estético y narrativo fue una pieza excepcional. El trabajo de música de T-Bone Burnett, en cambio, fue lamentable. Su legado será grande, en todo caso, pues la música de Lera Lynn será ampliamente recordada. Esperamos con ansias el disco. Sin embargo, en “Omega Station”, la banda sonora fue un elemento totalmente distractor.  No resta, de ninguna manera, el resultado. Crowley supo llevar perfectamente la nueva apuesta de Pizzolatto. Una apuesta donde los buenos no ganan. Donde no se entrega el final que espera el público. Esta vez no todos fueron felices eternamente. Esta vez, la justicia tampoco llegó. Nuestros detectives verdaderos pagaron con su vida desenmascarar un caso de corrupción sin precedentes, para luego hallarse solos y sin nadie a quien confesarlo. Por eso será recordado este bueísimo season finale. Por hacer lo que nadie espera. Por reírse en nuestra cara de nuestras confabulaciones (como dije, el leitmotiv del crimen de Caspere era bastante más simple que todo lo que especulamos), para luego privarnos, con muertes notables, de los personajes que más quisimos. Esperamos que True Detective tenga un tercer ciclo. Que redima a nuevos actores, como lo hiciera con Vaughn, McAdams y Farrell este año.

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