The Martian (2015)

 Misión Rescate (The Martian)martian2015

País: USA
Año: 2015
Director: Ridley Scott
Género: Ciencia-ficción
Duración: 141 minutos
Elenco: Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, 
Jeff Daniels, Kristen Wiig, Mackenzie Davis, Sean Bean
Música: Harry Gregson-Williams

The Martian (traída a estas latitudes como “Misión Rescate”) no pierde tiempo en establecer los elementos más básicos de la trama: el astronauta Mark Watney (Matt Damon), parte de la misión Ares 3, es dado por muerto por sus compañeros de nave luego de que una fuerte tormenta en la superficie de Marte los obligara a abortar la misión y volver a la Tierra. El mismo accidente que lo separa del resto de los astronautas y que hace que lo den por muerto es el que le salva (casi) milagrosamente la vida.

Así comienza el periplo de Watney sobreviviendo solitario en la superficie rojiza de Marte, y los esfuerzos en nuestro planeta por rescatarlo sano y salvo.

The Martian es la nueva película de Ridley Scott, un retorno a la ciencia-ficción luego de pasos por el drama (The Counselor) y la épica histórica (Exodus: Gods and Kings) y, para ser honesto, es su mejor trabajo en muchos años. Eso quizás no diga mucho, considerando el discreto nivel reciente del legendario director, pero sí es una suerte de bocanada de aire fresco. Una película dinámica, relativamente liviana, con harto humor y vistas impresionantes, que se toma en serio lo suficiente para presentar su conflicto principal como materia de importancia, pero no tan en serio como para excluir completamente el humor de su ADN. El problema parece ser en que “dinámica y liviana” puede ser algo negativo si uno espera algo un tanto más sustancial de la combinación “Ridley Scott + ciencia-ficción”; dejémoslo claro, no es Alien ni Blade Runner. No es una idea completamente original, como la primera, ni una adaptación visionaria y cerebral (pero bastante liberal) de una obra de uno de los autores más reconocidos de la ciencia-ficción: es, simplemente, una adaptación bien fiel de un best-seller. Y no hay nada de malo per se en ello.

Aquí hago una advertencia: no he leído el libro de Andy Weir que sirve de base a la película, por lo que no sé con exactitud qué tan fiel es la adaptación. Sí sé, sin embargo, gracias a otros que sí lo hicieron, que gran parte del material original sobrevivió el traslado de la página a la pantalla grande – por lo que es probable que mis mayores problemas con The Martian tengan su raíz en el libro.

The Martian descansa, mayormente, sobre los hombros de Matt Damon. La efectividad del tono de la película depende casi exclusivamente del carisma de Damon y de si uno, como espectador, es receptivo a él o no. Mark Watney es un nerd que en vez de entregarse por completo a la desesperación en su situación, prefiere tomárselo con humor y con ciencia; y, en lo personal, funciona. No será la actuación más rutilante de Matt Damon, pero le otorga una cercanía y naturalidad que es difícil no sentirse en cierto sentido reflejado en él. Una suerte de “hombre común” cuando en verdad, no lo es (un botánico astronauta, en medio de una misión a Marte, está lejos de ser común).
Eso tiene como lamentable contraparte que el resto de los personajes de la película no tengan mayor profundidad. Es tan obvio el foco en Damon/Watney (por las vicisitudes de la trama), que el resto de los personajes palidece casi por necesidad; a esto se le suma el hecho de que gran parte de ellos son interpretados por grandes actores, lo que hace que la situación se sienta como una oportunidad perdida (o bien, desde un punto de vista cínico, un efectivo pero vacío golpe de marketing). Los que salen mejor parados son Vincent Kapoor, interpretado por el gran Chiwetel Ejiofor, y la Comandante Melissa Lewis (Jessica Chastain). El resto varía entre “cameo glorificado” y “simple plot device” – aunque, debo admitir, uno de mis momentos favoritos de la película es una broma sobre El Señor de los Anillos que se vuelve aún mejor cuando uno se da cuenta que está Sean Bean (Boromir en LOTR) presente en dicha escena.

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Por la naturaleza de la película, las comparaciones con otras recientes son casi ineludibles. Fuera de la obra de Ridley Scott, tanto Gravity de Cuarón e Interstellar de Nolan van a ser las “varas” con las cuales The Martian será (justa o injustamente) medida; mientras que dentro de la filmografía de Scott, Prometheus es lo más cercano en cuanto a género y proximidad temporal.
Las comparaciones, lamentablemente, son odiosas. The Martian no pretende ser una película cerebral, con intenciones de revelar lo profundo de la naturaleza humana (o bien llevar la física teórica de lo abstracto de los papers al cine) como Interstelllar, ni un asalto a los sentidos, un espectáculo tenso que sirve también como bautismo de fuego simbólico para su protagonista (como Gravity); tampoco intenta clarificar (con el resultado de confundir más las cosas) la oscura mitología de una franquicia longeva, sirviendo como punto de partida para otra franquicia distinta como Prometheus. The Martian muestra un evento que es perfectamente dramático desde una perspectiva distinta, alejada de lo esencialmente traumático del relato de Robinson Crusoe o del Náufrago de Zemeckis (narrativas con las cuales posee similitudes temáticas) y más cercana, curiosamente, a lo que sería McGyver y su ingenio interminable: la dinámica es menos “lo devastador que es quedarse solo en un ambiente absolutamente inhóspito” y más “¿cómo podrá resolver Mark Watney el siguiente problema?”

Y, en cierto sentido, eso es uno de los mensajes más destacables (y bonitos) de The Martian: es una película sobre lo resistente e indomable del espíritu humano incluso en las circunstancias más desalentadoras, pero también es una gran oda a las ciencias y a su aplicación. Es una carta de amor a los científicos. Un canto a la racionalidad. Si algún niño o adolescente se siente inspirado luego de ver cómo Watney o los científicos e ingenieros de la NASA en la Tierra se sobreponen (a base de ingenio y conocimiento científico) a los obstáculos que cada vez van apareciendo, y decide seguir una carrera en el ámbito de las ciencias, entonces algo muy bueno habrá salido de todo esto; particularmente en tiempos como los actuales, en los que la NASA libra batallas para conseguir mayor financiamiento, y diversas disciplinas científicas se encuentran bajo el ataque injustificado de la irracionalidad.

Otros puntos destacables del filme son, por supuesto, lo visual y lo sonoro. En el primer ámbito, el trabajo de Scott y Dariusz Wolski (el director de fotografía de la película) hacen que Marte se vea desoladoramente hermoso e impresionante. Por su parte, tanto el uso de música dentro de la película es un acierto (el amor por la música disco de la Comandante Lewis es una broma constante) y se complementa bien con el trabajo en sintetizadores (!) del prolífico Harry Gregson-Williams, quien ya había trabajado anteriormente con Scott: las canciones disco nos muestran lo humano del filme, mientras que las composiciones sintéticas de Gregson-Williams evocan tanto la tecnología omnipresente, como la soledad abrumadora de Marte.

Con todo The Martian es una película que, si bien no es esencial (ni representa un gran paso adelante en lo que es la ciencia-ficción), resulta atractiva, digna de ser vista para pasar el rato. En cierto sentido, representa el polo opuesto de la decepcionante Prometheus: en vez de caer bajo el peso de su propia pomposidad (y un guión laberíntico que estaba lleno de atajos irracionales), The Martian flota con ligereza, simpatía y corazón. No pretende ser más de lo que realmente es… y termina siendo, como ya mencionamos, lo mejor que ha hecho Scott en harto tiempo, para bien o para mal.

The Martian se estrenó ayer jueves 1 de Octubre en salas nacionales.

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