The Walk (2015)

 The Walk

País: USA
Año: 2015
Director: Robert Zemeckis
Género: Drama, thriller, biopic
Duración: 123 minutos
Elenco: Joseph Gordon-Levitt, Ben Kingsley,
Charlotte Le Bon, James Badge Dale
Música: Harry Gregson-Williams

Philippe Petit (Joseph Gordon-Levitt) nos invita a vivir junto a él su loco sueño: cruzar con su cuerda las Torres Gemelas del World Trade Center. Desde sus humildes orígenes, pasando por la forma en que descubrió su pasión, hasta cómo reclutó a su equipo con el que llegaría a New York en búsqueda de completar su misión, entre los que se encontraba su pareja Annie (Charlotte Le Bon).

Dirigida, co-escrita y producida por Robert Zemeckis, y basada en la verdadera historia de Petit que plasmó en su libro “To reach de Clouds”, The Walk es todo lo que queremos cuando hablamos del uso inteligente de los efectos especiales. La película, salvo un detalle que involucra a un animal en medio de la película, se ve preciosa. El uso argumentativo de los colores que rompen con la porción en blanco y negro de la película, que narra la juventud de Petit, desarrolla al personaje en cuanto a qué es lo que en verdad le importa a este avasallador joven que terminaría llevando su oficio al nivel más extremo, meses antes de la apertura total de los rascacielos en 1974.

Donde la película escala en cuanto al uso de los efectos especiales es en el diseño de las Torres Gemelas, pues es prácticamente incuestionable el resultado que obtuvo y lo armónico que resulta para los personajes utilizar la locación digital principalmente durante el tercer acto de la película.

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El otro apartado brillante del uso de la tecnología es en el 3D. Habitualmente es una materia de la cual los espectadores pueden prescindir, porque el aporte a la experiencia cinematográfica es poco, o nulo. En este caso es esencial. Hay momentos en que la tensión que logra la película es estremecedora, armada de una correcta banda sonora, una muy buena dirección, y un excelente uso de los recursos que la tercera dimensión ofrecen. Varias partes reaccionamos ante algún objeto digital amenazándonos en nuestro asiento, y no hay que temer a las alturas para sentir miedo por la vida de Petit: de hecho es sonoro el alivio cuando, después de alguna vacilación, Petit sigue caminando por su cable en las alturas.

No todo es efectos especiales en The Walk: la historia de Petit es interesante, porque el hombre camina en esa delgada línea entre la pasión y la obsesión. Es indiscutible que el peligro tras su misión altera su modo de enfrentar sus relaciones personales, que son pocas y basadas esencialmente en la confianza, pues su equipo es imprescindible para completar su misión. Sabríamos que dichas relaciones también estarían en juego cuando Petit diera el primer paso entre ambas torres.

La búsqueda por la trascendencia de Petit está enfocada en algo personal: en vivir algo inigualable, en explotar su talento al máximo, siempre en un disfrute particular. Ahí es donde tendrá mucho que decir su mentor, Papa Rudy (Ben Kingsley), quien le revelará el otro ámbito del artista, que es caminar de la mano con su público, y la instancia en que reconocerá dicha enseñanza será la que menos esperará Philippe.

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Joseph Gordon-Levitt tiene que cruzar otra delgada línea, y es entre la caracterización y la caricatura, y consigue triunfar. Su acento francés no distrae, su carisma habitual ayuda a tener simpatía por un personaje que a veces es tan violento en sus métodos que no siempre es el héroe que esperaríamos. También triunfa con un peligroso recurso: la narración. Sabemos que muchas veces puede jugar en contra de una película, pero en este caso la forma en que eligieron para narrar la película sirvió para explicar lo que un personaje introvertido sentía o creía sentir en medio de las etapas que quemó para llegar a New York.

Donde la película cae, me parece que es buscado. Los personajes secundarios están muy poco desarrollados y es difícil encontrar sus motivaciones para unirse a Philippe. Por otro lado, creo que al ser una película narrada desde el punto de vista del protagonista, su poco desarrollo es importante porque es a él al que no le interesa la vida ni motivaciones de sus ayudantes, y de hecho al final de la película vemos las consecuencias de eso.

Zemeckis logra, como habitualmente, armarse de una buena historia para conseguir una película entretenida, prácticamente universal y de la que es fácil comprometerse. Si bien la primera parte es algo más lenta, la segunda parte toma ritmo alto y no decae hasta su final. Recomendamos encarecidamente verla en IMAX 3D, porque vale la pena.

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