SPECTRE (2015)

 SPECTRE

1$_V?_Job NamePaís: Reino Unido
Año: 2015
Director: Sam Mendes
Género: Acción-espionaje
Duración: 148 minutos
Elenco: Daniel Craig, Christoph Waltz, Ralph Fiennes, Ben Whishaw,
Monica Bellucci, Léa Seydoux, Dave Bautista, Naomie Harris

Luego de Skyfall (2012), James Bond vuelve a la pantalla grande. Con casi el mismo equipo de su predecesora (se repiten Sam Mendes en la silla de director; John Logan, Neal Purvis y Robert Wade como guionistas; Thomas Newman componiendo la banda sonora y, obviamente, Daniel Craig como James Bond), ¿logra SPECTRE alcanzar la buena recepción por parte de la crítica que tuvo Skyfall? Lo discutimos a continuación.

¿Qué se puede decir de la saga de James Bond que no se haya dicho antes? Viajes alrededor del mundo, autos lujosos, mujeres bellas, gadgets fantásticos, villanos memorables y el ideal de la masculinidad que varios quisieran llegar a ser pero que se encuentra totalmente fuera de nuestro alcance – ésos son los elementos comunes, el ADN de las películas de James Bond y que, en menor o mayor medida, las encontramos en prácticamente todas. El elemento de ruptura -para bien o para mal- lo encontramos en Casino Royale (2006), una suerte de precuela/reboot de toda la saga y que significó el debut de Craig en el rol titular. El impacto de Casino Royale fue tal que cambió la forma en que el público veía a la figura de James Bond: mayormente apartada de sus elementos definitorios, con una vulnerabilidad y aspereza pocas veces vista, parecía ser que Bond por fin había llegado al Siglo XXI. De esta manera, cada película sucesiva de la era Craig es medida con la (altísima) vara que dejó su debut: una comparación que es, solo a veces, un tanto injusta.

SPECTRE, por lo tanto, debe lidiar tanto con el peso que supone la mochila de Casino Royale, pero también la de la favorablemente criticada Skyfall, cinta que revivió gran parte de los elementos clásicos que Casino Royale había abandonado. Si bien, en ese entonces, el reflote de los “clichés” de Bond se sintió como un comprensible gesto en honor a los 50 años de la franquicia en el cine (iniciándose con el estreno de Dr. No en 1962), SPECTRE comparte mucho del estilo de su inmediata predecesora, tomándose en serio pero no tan en serio como para dejar de lado los one-liners típicos del personaje.
Esta similitud con los Bonds más antiguos le juega en contra a la película, especialmente ante quienes esperaban un relato más serio y (relativamente) realista – una expectativa quizás un tanto ilusoria.

La película se inicia en México, en plena celebración del Día de los Muertos. La escena inicial (y, aún más, el epígrafe “THE DEAD ARE ALIVE” que aparece antes de la primera toma) es ciertamente una declaración de principios, una manifestación simbólica de la temática que cruzará toda la película -no, no se refiere a zombies- pero también sirve como una suerte de meta-comentario a la longevidad de la saga y la constante crítica que James Bond, como personaje e ícono, está pasado de moda. Muerto culturalmente hablando.
El tema de la mortandad es uno de los hilos conductores, y la cinematografía así lo refleja. Reemplazando al gran Roger Deakins -un maestro que dejó la vara altísima en Skyfall– es Hoyte van Hoytema (Interstellar, Her) el encargado del apartado visual en esta cinta; y aunque si bien no alcanza las alturas de su predecesora, su paleta de colores dota de la adecuada atmósfera espectral al relato. Los tonos blanquecinos, pálidos, opacos y secos abundan: desde los primeros momentos en México, en medio de un festival (que es y debiera ser una explosión de color), notamos que todo parece estar recubierto de una insoslayable mortaja. Los muertos viven, y nos acompañan desde México a los sepulcros ancestrales de Roma, la gélida palidez de las montañas austríacas a los desiertos del norte de África, donde nada crece y los hombres solo acuden a morir.

La toma de larga duración y sin interrupciones que da inicio a la película da paso a una gran escena de acción en la que Bond combate, a través de calles atiborradas de gente y luego dentro de un helicóptero, con el mafioso Marco Sciarra (Alessandro Cremona) y que en verdad es el punto de partida a la trama en general de la película – algo no tan común en la saga Bond, en la que generalmente la escena de apertura es una misión no relacionada con la principal.

spectre 3

La secuencia de títulos (otro habitué de la saga) vuelve a estar a cargo de Daniel Kleinman, quien se ha hecho cargo de ellas desde Goldeneye (1995) con la excepción de Quantum of Solace (2008) y es… decente, pero lejos de sus mejores trabajos. El hecho de estar aparejada con una canción tan soporífera como “Writing’s on the Wall” de Sam Smith le juega un poco en contra, pero más perjudica a la canción en sí: lo importante termina siendo lo visual en desmedro de lo sonoro y no una simbiosis perfecta, como debiera ser. Nos enfocamos en las imágenes de la secuencia de títulos y, lamentablemente, tampoco hay mucho para agasajar la vista en ella; se agradece, eso sí, la bienvenida aparición de ciertos personajes claves de las anteriores películas de la era Craig.

En cuanto a la trama en sí, por un lado tenemos la búsqueda (personal, no-autorizada) de Bond respecto a la una misteriosa organización que podría estar conectada con alguien de su pasado, y por otro lado, la unión de MI6 con MI5, la inminente clausura del programa 00 y la proposición de Max Denbigh (Andrew Scott), alias “C”, de unir los servicios de inteligencia de nueve países alrededor del mundo. La historia no tiene mucha profundidad, más allá del claro tono “personal” de la trama de Bond – siendo más una excusa para que vaya viajando de lugar a lugar, en una misión a primera vista irracional (pero en la que obviamente tiene la razón); por otro lado, la trama de M (Ralph Fiennes) y MI6 en general es un meta-comentario tanto a la longevidad de la saga de Bond, como a la reciente utilización indiscriminada de ataques con drones en zonas militares y a la violación de privacidad masiva en nombre de la “seguridad nacional”. Es contingente, pero no termina de convencer si el mensaje puede ser resumido en “era mejor en la Guerra Fría cuando mandábamos a espías a matar gente en vez de ahora, que mandan robots a matar gente”.

SPECTRE es la cuarta película de Daniel Craig como James Bond, la última que está obligado (contractualmente) a realizar, ya que solo tiene la opción de encarnar al agente por una quinta vez si así lo desea. Sinceramente, tiene sentido si -sumado a la especulación sobre lo harto que está Craig del papel- ésta termina siendo la película que cierra su era: llena de guiños a la saga entera y también con un plot twist que termina “uniendo” las narrativas dispares de Casino Royale/Quantum of Solace y Skyfall. Se siente como el fin de un ciclo, una suerte de reboot extendido de la saga en el que hemos visto, a lo largo de 4 películas, el inicio del “mito” de James Bond, el hombre antes del ícono: de una herramienta bruta que se enamoró perdidamente de la mujer menos indicada, al agente mujeriego que armó una coraza alrededor de su vida privada. Daniel Craig quizás no brilla como Bond en SPECTRE, pero sí lleva la película a sus espaldas; el resto de los personajes (salvo una excepción), en cambio, se sienten como poco más que relleno – incluso los encargados de la trama paralela son utilizados menos de lo que deberían. El personaje de Andrew Scott es como su Moriarty de Sherlock pero menos memorable, menos vital. Simplemente es y está.

SPECTRE 2

La excepción antes mencionada es, sin duda, Madeleine Swann – la “chica Bond” interpretada por Léa Seydoux. Probablemente sea la mejor “chica Bond” (y, seamos honestos, es un discreto modo de referirse a varios y distintos personajes) desde la inigualable Vesper Lynd de Eva Green. Swann se siente como un verdadero personaje en vez de un objeto para que Bond conquiste, y eso se agradece. Lamentablemente no podemos decir lo mismo de Lucia Sciarra, interpretada por la bella Monica Bellucci, quien tiene un par de escenas y eso sería todo. Una oportunidad perdida.

Respecto a los guiños anteriormente mencionados, uno de los mejores (que termina convirtiéndose en una de las mejores escenas de la película) está dado por la pelea entre Bond y Hinx (interpretado por Dave Bautista) abordo de un tren, escena que evoca y referencia lo sucedido en From Russia With Love (1963) entre Bond y Red Grant. Una pelea brutal y claustrofóbica pero que no se siente confusa en su dirección y edición, muy bien lograda.

Con todo, SPECTRE es una película entretenida pero no exenta de problemas. El tono serio-pero-no-tan-serio hace que la experiencia sea inconsistente, con escenas brutales (que funcionan) como la pelea en el tren ya mencionada junto a escenas supuestamente siniestras (el encuentro de SPECTRE en Roma) pero cuyo contenido es tan caricaturesco que parece absurdo. Por otro lado, visualmente la película es impecable – los talentos de Mendes y van Hoytema se notan, y la película no decae en ese respecto.
Sí se cae en el guión, lamentablemente. El plot twist y el clímax intentan hacer que el tercer acto se sienta como una batalla íntima entre Bond y el enemigo, pero nunca alcanza el nivel emocional requerido para que el espectador se sienta realmente compenetrado. Aún más, la revelación de los motivos del enemigo termina arruinándolo, provocando el efecto contrario al deseado. Lo discutiremos más adelante en la (opcional) sección de spoilers.
También se cae en el tiempo: 148 minutos de película terminan por sentirse, absolutamente. Llega un punto en el que uno simplemente mira el reloj y se pregunta, “¿todavía queda película?” Los que criticaron la excesiva longitud de Casino Royale probablemente tengan reservas similares sobre ésta.

¿Vale la pena verla? Sí, aunque sea solo para disfrutar un rato. No espere algo similar a la acción emocional de Casino Royale, sino algo más cercano (aunque un poco menos “sofisticado” y “vistoso”) a Skyfall. Una película que termina siendo decente, pero que no impresiona. James Bond volverá, pero después de SPECTRE no sabemos si Craig lo hará.

Advertencia: la sección opcional siguiente contiene una discusión con spoilers muy importantes. Si desea leerlos, siga adelante. Si no ha visto la película aún, puede quedarse con lo antes reseñado.

SPECTRE 4

La película tiene dos plot twists: el primero, más evidente, es que el personaje de Christoph Waltz es Ernst Stavro Blofeld, el némesis clásico de James Bond. El segundo, más inesperado, es que Blofeld (y, por ende, SPECTRE) estuvo detrás de los villanos de las 3 películas anteriores: Le Chiffre, Quantum, Silva. El problema con el plot twist es que, cuando Blofeld empieza a explicar su motivación, termina por dañar aún más la discreta conexión de las narrativas dispares. El hecho de que Blofeld haya decidido volverse criminal simplemente porque su padre trató más como un hijo a James Bond que a él mismo, es como una rabieta de bebé. Cualquier tipo de profundidad que se le intentó dar al personaje se va al tacho cuando lo reduces a “mi papá lo quería más a él que a mí”.
El hecho mismo de que Blofeld estuviera detrás de las películas anteriores es una suerte de “unión” que, si bien funciona en el papel, se cae a pedazos cuando uno la piensa un poco más, y se siente hasta innecesario. Obvio, pero innecesario. No hubo foreshadowing en su momento (obvio, porque la aparición de SPECTRE es una cuestión reciente, derivada de que por fin recuperaron los derechos a dicho nombre/organización luego de una extensísima batalla legal), por lo que la conexión se ve como un intento forzado de hacer que todo calce.

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