Doctor Who: “The Husbands of River Song”

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Hablar de los episodios navideños de Doctor Who es, en general, hablar de capítulos bastante divisivos. Y es que ésta clase de especiales de fin de año nos han entregado de todo a lo largo de los años, con diversos resultados.

En ese variado espectro, “The Husbands of River Song” puede encontrarse en el medio, principalmente debido a su marcado y disímil tono: por un lado, es un capítulo divertido, dinámico y derechamente ridículo -en cuanto a su tono humorístico respecta-; por otra parte, es un episodio que pasada su mitad cambia radicalmente de tono, convirtiéndose en un capítulo altamente emocional y que saca a relucir las mejores credenciales dramáticas, tanto de Peter Capaldi y Alex Kingston, como del mismo Steven Moffat -quien escribió el especial-.

Gran parte del gancho promocional del capítulo justamente estaba radicado en el retorno de Alex Kingston como River Song, no sólo porque las circunstancias de su última aparición no daban mucho espacio para que la esposa del Doctor pudiera volver a la serie; sino además porque éste especial navideño vendría a entregar una esperada pieza central para uno de los arcos más emotivos de la serie y que se encontraba aún rodeado de cierta incertidumbre para los fans, esto debido a que “The Husbands of River Song” marca el punto medio para el personaje de Alex Kingston en el arco que se “inicia” con “The Angels Take Manhattan”, y que “concluye” con “Silence in the Library/Forest of the Dead” (como siempre, todo muy wibbly wobbly timey wimey).

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Siguiendo la escala y alcance narrativo más “amplio” usualmente desplegado en los especiales navideños (en atención a las circunstancias de las fiestas de fin de año), éste episodio se vale de un gran arsenal comédico en su primera parte, el cual se ve ayudado por 3 elementos importantes: en primer lugar, el trabajo impecable -como siempre- de Peter Capaldi y su gran timing para la comedia (recordar que durante años, Capaldi se desempeñó en series de éste corte en Inglaterra); en segundo lugar, la química existente entre el ya mencionado Doctor y River Song, lo que importa no sólo por el carisma innato de cada uno -y cuánto carisma que tiene Alex Kingston!-, sino porque es primera vez que ambos trabajan juntos; y en tercer lugar, la banda sonora de Murray Gold, que si bien es un tanto más evidente y fuerte que en otras oportunidades, de alguna forma colabora con el tono general del capítulo, mucho más liviano que el material al que estamos acostumbrados -de todas maneras, podemos entender que la elección musical no sea del agrado de todos, considerando lo “in your face” (o ears) que resulta la pista de fondo en esta oportunidad-.

Lamentablemente no todo funciona tan bien, y en esta ocasión se siente un poco desaprovechada la oportunidad de contar la serie con estrellas invitadas expertos en comedia de la talla de Greg Davies y Matt Lucas, valuartes del humor inglés de los últimos años, y que no son utilizados tanto como uno quisiera, a la vez que se ven opacados por el trabajo de Capaldi y Kingston.

Otro problema notorio radica, sobre todo en la primera parte, con la trama. No es que estemos siendo sobreexigentes con un capítulo más relajado como lo es un especial navideño, pero nos hubiera gustado ver un poco más de originalidad como en años anteriores. Considerando el nivel superlativo de la última temporada de la serie (tan así que llegó a nuestro listado de las mejores series del año), la repetición de algunas ideas -¿cuantos villanos que se sacan/rompen la cabeza puede utilizar Moffat por año?- y la falta de un tema transversal atingente a las fechas como otros años ciertamente afectan tanto la calidad como el tono del episodio, especialmente en su primera fracción, la cual termina resultando predominante en cuanto al espíritu del capítulo en general (no bien la segunda parte es ampliamente superior).

Y es ciertamente esta última -y más breve- fracción la cual termina levantando el especial, elevándolo de un episodio bienintencionado y decente pero que no terminaba por cuajar, a un capítulo imperdible y un microcosmos emocional que presenta a la perfección las múltiples fortalezas de Peter Capaldi en el rol del Doctor.

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Y es que no se trata sólo de ver el extraño deleite que el Doctor tiene a ratos por no ser reconocido -o el paralelo con el enojo cuando no entiende cómo es posible que River no lo reconozca-, o aprender un poco de cómo es la vida de River sin la presencia (consciente) del Doctor; sino más bien, al final del día, se trata de una exploración en torno a la extraña relación entre ambos personajes, la forma en que se complementan sin importar qué rostro esté portando el Time Lord de Gallifrey y, en la revelación más importante del capítulo, el demostrar de una vez por todas el hecho de que el Doctor siempre ha amado a River, incluyendo ésta versión actual tan poco dada a la comprensión y demostración de expresiones de cariño.

Bastó una mirada de complicidad y un “hey sweetie” no sólo para que ambos se reconectaran, sino para nosotros como audiencia darnos cuenta del sentimiento mutuo y el poder que este conlleva, lo que se ve reflejado en la forma espectacular en que el Doctor y River solucionan básicamente todos los conflictos del capítulo en poco más de 10 minutos.

Una vez resuelta la trama principal, todavía nos quedaba el maravillosamente melancólico y emocional epílogo, mismo que lleva a ambos personajes a las fatídicas Torres Cantantes de Darillium, aquel accidente geográfico del cual escucháramos durante la época del Décimo Doctor (“Forest of the Dead”) y de dónde muchos recordarán que se nos había adelantado que sería el lugar donde ambos personajes pasarían una última noche juntos, antes de la muerte de la arqueóloga -confirmando de paso la teoría en torno a la duración del diario que el Doctor le obsequiara-.

Así como tantas locaciones que fueran mencionadas durante tanto tiempo en la serie con carácter profético -siendo Trenzalore quizás la más célebre-, la visita a Darillium que ambos hacen termina por unificar varios detalles de la trama que durante años permanecieron inconclusos, como el ya mencionado diario, o la explicación en torno al por qué River tenía su propio destornillador sónico. El corolario: una última noche romántica en un planeta donde éste ciclo del día dura el equivalente a 24 años terrestres, un último “regalo” de parte del Doctor para su esposa, antes de que ésta se embarque en lo que, a la postre, sería su aventura final. En esta ocasión no hay -al menos aparentemente- loopholes ni salidas de última hora que puedan, al menos de forma satisfactoria, prestarle más tiempo a River que aquel ya invertido, o los 24 años de epílogo prometidos por el Doctor, el cual incidentalmente ocurre en una noche de navidad.

Una particular forma de “vivir felices para siempre” que cierra con un agridulce broche de oro un irregular especial navideño que, afortunadamente, supo regalarlos una última sorpresa y un final digno para coronar una espectacular temporada de la serie insignia de la BBC.

Notas al cierre:

  • Si bien ignoramos si alguna vez volveremos a ver a Alex Kingston en la serie -estamos hablando de Doctor Who, así que la probabilidad siempre está-, nunca está de más recomendar los recientes audiolibros protagonizados por River Song, los cuales fueron lanzados bajo el título “The Diary of River Song”. En ellos, la arqueóloga comparte nuevamente con el Doctor, pero esta vez se trata de su octava encarnación, y cuenta con las voces tanto de Kingston como de Paul McGann.
  • Gran detalle el hecho de que River tuviera fotos de todas las encarnaciones del Doctor previas a Capaldi, desde William Hartnell hasta Matt Smith, incluyendo al War Doctor de John Hurt.
  • ¿Otro gran detalle? La escena donde River y el Doctor se “sacan en cara” los diversos esposos que han tenido, principalmente porque entre los nombres mencionados aparece el del actor Stephen Fry.
  • A propósito de Fry, es uno de los pocos célebres actores ingleses que nunca ha participado en la serie, no bien prestó su voz para una historia fuera de canon del Séptimo Doctor, además de haber escrito el guión para un episodio en la época de Russell T. Davies, el cual nunca fue producido por conflictos de agenda y problemas creativos.

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