Marvel’s Jessica Jones – Season 1 Review (Tercera Parte)

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Tras la última revisión nos quedamos con un cliffhanger de aquellos, luego de que el plan de Jessica por poner término al reino de terror de Kilgrave se le escapara como tiro por la culata, cortesía de Jeri. De esta forma, con un Kilgrave suelto y con ánimo de venganza, y una Jessica confundida por la situación, pero esperanzada por el descubrimiento de que ya no era susceptible a los poderes del “hombre púrpura”, retomamos el análisis de la temporada.

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Y partimos esta última revisión con “AKA 1000 Cuts”, un episodio que si bien se hace cargo del cliffhanger, no lo hace de la mejor manera.

De hecho, no es exageración decir que el décimo episodio de la temporada es, por lejos, el peor de la serie, lo que de cierta forma sorprende considerando a la altura en que viene a aparecer un episodio así. Parte de ésto se explica por el hecho de que, tal como lo hiciera ya al empezar su segundo “arco”, la serie opta por tomar la decisión de “limpiar la mesa”, tratando de resolver la mayor cantidad de tramas posibles y de la forma más impactante que se pueda encontrar, de cara a enfocarse en su tramo final en la gran confrontación entre antiheroína y villano.

El problema surge principalmente porque, en el loable intento de depurar la narrativa, la serie adopta la mala idea de tratar de armar un popurrí de tramas, básicamente invitando a todos los personajes que hemos visto a aparecer en un solo capítulo, de manera de poder resolver y avanzar de la forma más rápida. Obviamente al intentar hacer tantas cosas a la vez, el episodio pierde toda sensación de foco producto de la dispersión narrativa. Si a lo anterior le sumamos el hecho de que muchas de estas tramas derechamente no son interesantes o no aportan mucho a la narrativa general -en gran medida debido al hecho de que fueron presentadas ocasionalmente a lo largo de diversos capítulos sin un hilo conductor-; nos encontramos ante una mala situación para una serie que intentó abarcar demasiado en un episodio pivotal, quedándose finalmente “sin pan ni pedazo”.

 El otro gran inconveniente del capítulo guarda relación con la decisión de abandonar toda sutileza (una nota característica de la serie hasta ahora), en favor de llevar el factor shock “over 9000”. Así, debemos presenciar la muerte del detective Clemons, de Hope, de Wendy -la esposa de Jeri-, sumado a los cortes recibidos por la abogada y al plan de Kilgrave que casi le cuesta la vida a Malcolm, Robyn y a los 2 sujetos del grupo de apoyo. El problema no está en lo visceral per se de la violencia en la serie, sino el hecho de prácticamente convertir un episodio -a la postre tan importante- en uno reducido a ser casi una película “slasher” sin justificación alguna, a la vez que la serie vuelve a caer en el mismo error que cometió Daredevil al decidir eliminar inceremoniosamente a ciertos personajes que, si bien eran menores, aportaban mucho a la trama y que a todas luces no merecían convertirse en carne de cañón por el solo hecho de querer impactar a la audiencia y subir las apuestas de cara al final de temporada. Hay mejores formas de hacerlo sin tener que recurrir a algo tan gratuito e innecesario.

Finalmente, entre todo lo anterior se pierden ciertas tramas que pueden resultar mucho más importantes, como el hecho que el -ahora secuestrado- padre de Kilgrave es capaz de desarrollar una vacuna contra los poderes de su hijo (esto debido a que, como se nos explica, el personaje de David Tennant no tiene habilidades psíquicas, sino que en verdad emite un virus que es lo que afecta a todos con quien interactúa). Lamentablemente los atajos creativos para salir al paso de problemas narrativos en los que la misma producción se metió le juegan en contra a un episodio que podría haber sido mucho más y que si bien no logra empañar todo lo bueno que tiene la serie en sus demás capítulos, sí deja un mal sabor justo de cara a iniciar el arco final.

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Dejando de lado el mal episodio anterior, la serie retorna a la forma con “AKA I’ve Got The Blues”, un episodio que le permite ganar tiempo a la trama principal mediante la adopción de una perspectiva más minimalista, optando por enfocarse mayoritariamente en la trama de Simpson, así como al mostrarnos una ventana al pasado y a la infancia de Jessica y Trish luego del accidente que acabara con la familia de la primera.

Como se nos había contado anteriormente, la amistad entre los personajes de Krysten Ritter y Rachael Taylor viene desde su niñez. Pues bien, ahora sabemos que fue la nefasta Dorothy -madre de “Patsy”- quien decidió adoptar a Jessica como parte de un golpe publicitario para la carrera de Trish, quien era una famosa estrella de sitcoms para preadolescentes, Disney Channel Style. Obviamente es lo horrible madre y persona de Dorothy lo que termina motivando a las chicas a hacer la pases y desarrollar ese extraño acuerdo en una amistad, al punto de la hermandad, todo debido a la unión que significa para ambas el tener que enfrentarse a este adversario común que es la madre de Trish, quien no tiene escrúpulos en abusar de su hija e inferirle daño con tal de mantener los privilegios que el éxito y la fama llevan aparejados.

Hemos mencionado -y alabado- en variadas oportunidades el foco que la serie pone en la relación de Trish y Jessica, no sólo porque es parte instrumental de las credenciales feministas del show, sino además por la peculiar dinámica entre ambas, quienes no tienen problema en sacarse en cara verdades con toda honestidad o en discutir de forma -mayormente- madura entre sí; y de la misma forma, mantienen una fuerte relación que las lleva a ambas a arriesgar todo con tal de ayudar a la otra, sin importar el tamaño de la misión o el objetivo (o si se trate de vigilar morgues, o de sanar clandestinamente heridas producto de un atropello).

El otro gran foco de este capítulo se relaciona con la presencia de Simpson y el momento en que finalmente su mente termina su giro de ser un un interés romántico -muy tenebroso- de Trish, para pasar a ser derechamente un villano, no sólo siguiendo su identidad de los comics, pero además capitalizando todo aquel subtexto que el personaje demostró a lo largo de la serie. El punto culmine llega con la decisión del ex-soldado de tratar de asesinar a Jessica, como parte de su plan para poner un final al reino de terror de Kilgrave, lo que se materializa en el gran combate donde Simpson se enfrenta tanto a Jessica como a Trish. Ahora, seamos honestos, si no es por las heridas de Jessica, el soldado no hubiera tenido ninguna oportunidad, pero como de alguna forma había que equiparar el campo de juego, se tomó dicha decisión. De todas maneras ver a “Patsy” anticipando su posible destino heroico en la serie fue un gran detalle, todo en un episodio donde Rachael Taylor fue la MVP, confirmando todo lo que aporta al show en su rol.

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La escena final del capítulo 11 termina con Jessica presenciando la explosión del bar de Luke, y con el hombre de la piel indestructible saliendo sin sufrir daños de la situación, la cual claramente fue por obra y gracia de Kilgrave.

“AKA Take a Bloody Number”, el duodécimo capítulo, retoma la acción inmediatamente después, al demostrarnos que fue el personaje de David Tennant quien ordenó a Luke que quemara el bar. Ante la situación de, finalmente, poder ponerse en el lugar de Jessica luego de sentir la frustración y el daño que significa ser controlado por el hombre de púrpura, Luke comienza a sanar las heridas en su relación con nuestra antiheroína, a la vez que ambos intentan dar con el paradero de Kilgrave y finalmente acabar con todo el terror causado por el villano.

O al menos eso es lo que Jessica -y por extensión, nosotros- entendemos durante gran parte del capítulo, engañados, era que no, por Kilgrave, quien mantuvo durante todo el capítulo a Luke bajo su control como parte de la amplificación de sus poderes que ha experimentado luego de que secuestrara a su padre hace un par de episodios, todo con el fin de volver a controlar a Jessica. Y si bien su objetivo primordial resulta un rotundo fracaso, lo cierto es que Kilgrave es más peligroso que nunca, ya que ahora tiene la capacidad de controlar a un mayor número de personas, por más tiempo y en una superficie más amplia.

Parte de la manipulación que el episodio -y su villano- realizan, tienen que ver con la forma en que la serie juega con las expectativas que nosotros como audiencia tenemos en la serie. Todos queremos que Jessica pueda tener un break de tanto problema y que pueda encontrar un poco de felicidad entre tanta mierda; por lo mismo, utilizar a Luke de la forma en que lo hace Kilgrave, programándolo para decir justo lo que Jessica y nosotros queríamos oír es una jugada maestra que le permite a la serie subvertir las expectativas y la motivación del capítulo. Para qué decir del hecho mismo de la peligrosidad que significa Luke como arma bajo control de Kilgrave.

Los otros elementos que ayudan a que éste episodio sea uno de los mejores de la serie son, en primer lugar, la decisión de centrarse en momentos íntimos y centrados en personajes; y en segundo lugar, el retorno en gloria y majestad de los elementos film noir, todo lo que ayuda con la experiencia de perdón y traición ya descrita. Si a lo anterior sumamos buen desarrollo en las tramas secundarias (Malcolm y la detestable Robyn, o Trish y la igualmente delesnable Dorothy), y otro buen cliffhanger; todo contribuye para que “Take a Bloody Number” sea uno de los mejores capítulos de la serie y un gran adelanto de cara al final de temporada.

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Cuando hablamos de “AKA Smile”, el gran final de “Jessica Jones”, debemos partir hablando necesariamente de la forma en que éste capítulo -como corolario de toda la serie- viene a destruir todas las convenciones del género que, a priori, algunos podrían esperar del show. Esto debido a que tanto esta serie como el comic que la inspira vienen a ser un reflejo de una época narrativa contemporánea donde abundan los personajes con moralidades más grises, y donde las fronteras entre personajes puramente buenos y malos no existen.

“Jessica Jones” siguió una estructura narrativa similar a la de “Daredevil” -lo que quizás sea una señal en torno a la “escuela” que marcarán las series de Netflix y Marvel-, en cuanto a la particular forma en que presentaron los diversos “viajes” de cada héroe. Porque sí, al final del día (y de esta temporada), Jessica termina convertida en una heroína, lo quiera o no, y sin importar si su personalidad o métodos resultan cuestionables para algunos; aunque claro, Jessica nunca quiso ser una superhéroe, ni tampoco termina aceptándolo, como queda claro con la forma en que se ve sobrepasada en la última escena con la cantidad de pedidos de ayuda que recibe. El personaje de Krysten Ritter alcanza su destino heroico porque su meta final, lo supiera o no, estaba en la reconciliación consigo misma. Es mediante la destrucción de sus demonios -personificados en Kilgrave- que Jessica por fin logra volver a estar en paz, porque sabe que la amenaza de un hombre capaz de controlar a todos quienes lo rodean ya no existe.

Escrito por la showrunner Melissa Rosenberg, y siguiendo muy de cerca el desenlace mismo de “Alias” -el comic protagonizado por Jessica-, “AKA Smile” es un gran capítulo que corona de gran manera una excelente temporada, a la vez que nos entrega un más que adecuado desenlace para el conflicto entre Jessica y un Kilgrave cada día más poderoso (y volviéndose, verdaderamente, un hombre púrpura), a la vez que su ya perverso concepto de la realidad se ha visto trastornado aún más, justamente porque sin importar cuanto aumenten sus poderes, sabe que no podrá controlar a la mujer que profesa amar.

Hemos mencionado en nuestros comentarios anteriores la forma en que Kilgrave funciona como analogía (y si se quiere, como última fantasía) de aquellos sujetos controladores y abusivos que no son capaces de aceptar un no por respuesta en ningún contexto, y que se sienten con derecho sobre el cuerpo y la agencia de una mujer mediante el intento de comprar afecto con cosas materiales. La evolución de Kilgrave, a medida que pierde control sobre Jessica, es justamente producto de la frustración que siente por no poder perpetuar su siniestramente retorcido concepto de “amor”: es por eso que el personaje de David Tennant se transforma en una fuerza casi imparable de odio en los últimos capítulos, porque se trata de un abusador que ya no tiene poder sobre su víctima, por lo cual transporta su interés hacia el odio.

Y es justamente por lo anterior que Jessica logra derrotar a su némesis: porque sabiendo que ya estaba libre del control del hombre de púrpura, se aprovecha de la situación para hacer creer a Kilgrave que éste nuevamente estaba bajo control. Porque el villano entiende su concepto de amor como el dominio irrestricto sobre el cuerpo y alma de una persona, por lo cual no extraña que su odio súbitamente mute en esperanza de volver a controlar a Jessica, cuando ésta le hace creer que nuevamente estaba bajo su poder -situación ideal para que Kilgrave baje su guardia y Jessica pueda acabar con todo con una certera fractura de cuello-. Bajo este prisma, la sonrisa de Jessica -que le da título al episodio- es nuevamente un elemento subversivo: ya no se trata de cumplir la expectativa y el deseo de Kilgrave de que ella sonría como señal de conformidad; ahora es un elemento para engañarlo y hacerlo bajar la guardia. Al final la misma sonrisa termina siendo real, porque lleva consigo la satisfacción de saber que se acerca el fin del hombre de púrpura.

El viaje de Krysten Ritter a lo largo de la serie siempre fue uno relacionado con la forma en que Jessica debía lidiar con la culpa: bien fuera por la muerte de Reva, por no haberse asegurado de la muerte de Kilgrave, por lo ocurrido con Hope, la lista es larga. Al final del día Jessica logra sobreponerse temporalmente a la culpa y hacer las pases -momentáneamente al menos- con ella misma, pese a no lograr un sentido de cierre a todo lo ocurrido; mal que mal, Luke desapareció y nunca supimos si en verdad pudo perdonar a Jessica o no. A lo anterior se suma el hecho de que nadie podrá reparar todo el daño provocado por Kilgrave, por lo cual queda mucho camino por recorrer antes de alcanzar la salvación.

Otro punto importante de éste último episodio es la aparición de Rosario Dawson en su rol de Claire Temple, en lo que es la única gran conexión con el resto del universo Marvel que hemos visto en la serie -fuera de un par de menciones solapadas o easter eggs-. Claire tiene aparentemente un poder para encontrarse con héroes con complejos de culpa, pero su aparición es relevante, no sólo porque ella logra salvar a Luke luego del escopetazo que le propinara Jessica en el episodio anterior, sino además porque comienzan a plantarse las semillas de lo que algún día serán “The Defenders”, el punto cúlmine del rinconcito que Netflix se ha labrado en el universo fílmico de la “casa de las ideas”.

“Jessica Jones” impactó al mundo no sólo por la gran calidad del producto, sino además por la fresca brisa que trajo al mundo de las adaptaciones de comics, principalmente por la crudeza y honestidad con la que trató temas desde una perspectiva eminentemente feminista, lo que se agradece -y con creces- en un mundo televisivo normalmente dominado por puntos de vista de una cultura eminentemente patriarcal que no ataca como debiera a los “Kilgraves” que abundan por el mundo.

En una época donde las adaptaciones de comics son cada vez más abundantes, series como ésta, sumada a otras como “Agent Carter” y “Supergirl” son importantes no sólo por el factor de diversidad que traen consigo, sino además porque los 3 shows, tan distintos entre sí, abordan temas tan variados como sus protagonistas, pero todos desde una perspectiva feminista que es un balde de agua fresca en un género que no sólo la pide a gritos, pero que es tan reacio a los cambios (para qué mencionar en los comics propiamente tales).

La confirmación de una nueva temporada para la serie no hace más que entusiasmarnos de cara a lo que traerá el futuro, tanto para Jessica, como para el proyecto de Marvel y Netflix. Por mientras, agradecemos que nos acompañaran en esta cobertura (así como la paciencia con la misma), y nos veremos cuando la segunda temporada de Daredevil se estrene en marzo de este año.

Notas al cierre:

  • RIP Clemons, we hardly knew ya.
  • A propósito de Clemons, hay un trope más repetido para saber que un policía va a morir que el hecho que nos diga que le falta poco para jubilar?
  • Sabíamos que las conspiraciones y la desesperación le iban a terminar jugando en contra a Jeri más temprano que tarde, pero la resolución de su trama fue decepcionante para lo bien que se había movido durante la serie, pese a que como dijimos no fuera instrumental para los desarrollos principales.
  • En los comics, la explicación detrás de los poderes de Kilgrave es similar, sólo que ahí se debe a la emisión de feromonas, no de un virus.
  • La muerte de Hope fue nefasta, no sólo porque genera la misma sensación de “no sabíamos qué hacer con el personaje” que nos dejó el fallecimiento de Ben Urich en Daredevil, sino además porque la serie abandona toda la sutileza respecto al simbolismo que cada uno de estos personajes cumplía en su respectiva serie. Todos sabíamos que Hope era una personificación de los traumas y el daño de Jessica por culpa de Kilgrave, por lo mismo, no era necesario que nos lo dijeran textualmente en la serie.
  • La pelea entre Jessica y Luke es por lejos la mejor escena de acción de toda la serie.
  • Ahora que sabemos que la serie fue renovada para una segunda temporada, damos por hecho que el misterio en torno al origen de los poderes de Jessica va a formar parte de su trama, luego de ser presentado de forma tan evidente en los últimos 2 capítulos. Y claro, obviamente Simpson va a volver, la conexión está ahí, gracias a la misteriosa organización IGH.
  • No sabríamos decir si la evolución final de Malcolm fue adecuada o no, considerando que terminó con la mala costumbre de proyectar toda su frustración en el mundo y con una tendencia bastante egoísta de hacer que todo fuera “sobre él”; pero de todas formas es un aporte interesante a la trama, y pone buenas cuotas de humor y diversidad.
  • El hecho que el conflicto central de la serie estuviera en la forma de probar la existencia de un individuo con poderes específicos en un mundo que ya fue atacado por alienígenas -2 veces- e inteligencias artificiales puede parecer algo extraño para algunos, pero si consideramos la escala de la Batalla de New York o de incidente de Sokovia, y las comparamos con el bajo perfil de Kilgrave, de pronto tiene sentido que la policía o los abogados tengan problemas en acreditar algo como un hombre con posibles poderes psíquicos (con independencia que estos derivaran de un concepto biológico).
  • Quizás no se menciona mucho, pero la banda sonora cargada al jazz de la serie es otro de tantos aciertos en este show.
  • La muerte del padre de Kilgrave fue realmente impactante -más por el susto al despertar una última vez-, pero funciona mucho mejor que todas las muertes del décimo episodio, justamente porque se siente adecuado para una serie noir el encontrar una situación así, dejando a la imaginación del espectador la forma en que los hechos se desenvolvieron.
  • Con todo lo nefasto que era Kilgrave como individuo, no podemos sino alabar constantemente la interpretación de David Tennant en el rol. Esperamos que de alguna forma se las ingenien para que vuelva a estar en la próxima temporada -mediante flashbacks seguramente-, porque será muy difícil lograr encontrar a un antagonista con el carisma y gravitas que Tennant aportaba a la serie.
  • E10: “I have Hope. The person, not the feeling. Well, the feeling, too! I’m a hopeful man!”
  • E11: “It’s a morgue. It’s not a photo shoot.”
  • E11: “Purple’s his favorite color and he didn’t even get to give it to me. That’s what they call irony.”
  • E12: Trish: “He was a good guy.” Jessica: “No, he wasn’t.”
  • E12: “Goodbye, Ruben. I hope they have free express shipping in heaven.”

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