Vinyl S01E01: “Pilot”

El debut de la esperada apuesta de HBO sobre los excesos de la industria del rock and roll durante los años 70, de la mano de Mick Jagger y Martin Scorsese (dos que algo saben de los 70…y de los excesos) no pasó inadvertido. Mucho se especuló en la previa al estreno, expectativas alimentadas principalmente por el tremendo equipo tras el show, en donde además del tandem de monstruos ya señalados en la producción, participan Terence Winter (guionista de Los Soprano, Boardwalk Empire y The Wolf of Wall Street) y los concursos estelares de Bobby Cannavale y Olivia Wilde en los protagónicos. Todos estos elementos, sumados a una banda sonora de lujo  prometían un resultado al menos interesante. Veamos entonces que nos dejó el debut de Vinilo en su primer episodio.

Esta es la historia de Richie Finestra, avezado productor musical durante los 60, devenido en magnate de la industria y dueño de American Century Records. A pesar de haber tocado la cima del negocio Richie se enfrenta a la peor crisis de su vida. Sentado en su automovil, botella de whisky en mano, lineas de coca en su nariz, y la tarjeta de un detective, da cuenta de su atribulada situación solo con un par de señales. Rápidamente, el hombre se encuentra en las calles de New York, a las afueras de un bar sucio, en medio de una muchedumbre enardecida, mientras el fuego de los New York Dolls reventaban (literalmente) el local.

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Pero retrocedamos un par de semanas. Richie busca desesperadamente salvar su casa discográfica, la cual a partir de malas decisiones y los excesos propios del rock and roll estaba al borde de la quiebra. La salvación venía del otro lado del Atlántico: por un lado el contrato de distribución de Led Zeppelin en América, y por otro, la compra de American Century por parte del conglomerado tulipán-germano PolyGram. Y a pesar de tener casi amarrado el contrato con Zeppelin, la discográfica aun veía con sospecha su incursión en el “nuevo mundo” a través de la desmejorada compañía de Richie, quien además trabaja codo a codo con Zak Yankovich (Ray Romano) y Skip Fontaine (J.C. Mackenzie), sus hombres de confianza dentro del sello.

Presentado el conflicto del protagonistas, aparece el otro ángulo desarrollado en este capítulo: Jamie Vine y los Nasty Bits. La blonda muchacha además de proveer drogas varias al personal de Richie, se encarga de recibir demos de nuevos proyectos musicales.  A su encuentro llega Kip Stevens (Jame Jagger, hijo de Mick) lider de los Nasty Bits, una prometedora banda de rock sucio y directo que buscaba su oportunidad en las ligas mayores. Jamie, curiosa por la apariencia y arrogancia del muchacho, se compromete a mover la cinta e ir a ver a la banda en vivo, y es que también dicho grupo representaba una oportunidad para poder ascender dentro de la compañía en la medida que fuesen un buen descubrimiento.

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Volviendo a nuestro protagonista, las cosas comienzan a ponerse oscuras. El trato con Zeppelin pende de un hilo al descubrir la banda, en especial Robert Plant, que Richie y el sello intentaban estafarlos con el porcentaje de ganancia por derechos de autor (práctica muy usual de las compañías discográficas). Por otro lado el manager de la banda no veía con buenos ojos relacionarse con los nazis (!?) de PolyGram. Y para rematar, Frank “Buck” Rogers, dueño de una cadena de radioemisoras y por tanto, motor principal de la payola radial (antiguo sistema con el cual los sellos lograban posicionar sus éxitos en las radios, a cambio de cuantiosas sumas de dinero), le declara la guerra a Richie y American Century por conflictos con una de sus estrellas.  A pesar de mantenerse lejos de la vida libertina que practicó alguna vez, volcando su atención en su mujer, Devon (Olivia Wilde), y sus hijos, las presiones del día a día lo seducen a volver al pecado.

Aquí se suma otro plot, que toma el pasado de Richie como manager y productor de un incipiente blusero. La historia de Lester Grimes, el tercer ángulo de este capítulo, es un punto de inflección en la vida de Richie, ya que de fanático apasionado y auténtico del buen blues se transforma en una sangijuela del mercado de la música, que utiliza al artista solamente para lograr sus propios objetivos. Es así como las buenas intenciones iniciales de Richie para con Lester terminan desapareciendo ante la posibilidad de iniciar su propio camino, con un sello propio, entregando el talento del blusero al servicio de la mafia italiana de New York. La gran lección que Richie obtiene en estas escenas es que en este negocio no se puede ser amigo del artista.

Los Nasty Bits por su parte comienzan a dar que hablar, por su mal sonido y conducta desafiante ante el rechazo del público. Tremenda gresca pone fin a la tocata y Jamie queda fascinada con la apuesta descarnada y provocativa de los desaliñados jóvenes. El punk comenzaba a nacer. Y también la buena suerte de Jamie y Kip, quienes comienzan a relacionarse profesionalmente (y algo mas). De la conversación post sexo, Jamie le pregunta sobre la imagen de la banda a Kip; cuales son sus motivos, sus creencias. La respuesta que en principio representa una negación a las intenciones de la descubridora de talentos, se trasforma justamente en el disfraz perfecto del grupo y su infame lider: “yo no creo en nada”. El slogan perfecto para vender al por mayor.

De aquí en adelante todo gira en torno a las dificultades de Richie para cerrar sus tratos y poner en orden su vida. Ante la perdida definitiva del contrato con Led Zeppelin, y la inminente caída del trato con Polygram, decide ir en búsqueda de su gran escollo, Frank Rogers. Junto con el promotor Joe Corso, tratan de conversar con el productor radial a fin de que pase los singles de American Century, a pesar de las desavenencias. Sin embargo el sujeto se encuentra mas preocupado de  darse la vida de rockstar que de atender los problemas del atribulado Richie.

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Durante el cumpleaños de Richie, organizado por su esposa en la mansión familiar, es llamado por Corso, a fin de que se traslade a la casa de Rogers, quien quiere hablar con él después de dos días de fiesta dura y pareja al compás de la coca. Después de intercambios sin sentido (repito, dos días de cocaína) se produce una pelea entre los involucrados que termina con Rogers muerto a causa de sendos golpes en la cabeza por parte de Corso, reventándole literalmente el cráneo. Los autores deciden esconder el cuerpo y olvidar el asunto. A Richie, sin embargo, lo carcome la culpa. Es por ello que ahoga todos sus miedos y culpas (acumulados ya hace varias semanas) en el alcohol, lo que da pie a una discusión con Devon quien ve como su marido no se logra conformar con la vida familiar.

A pesar de los últimos eventos, una noticia buena aparece en el horizonte de Richie y su compañía, al aprobarse la compra por parte de la discográfica europea, lo que en principio salvaría el futuro próximo del sello de Richie. Sin embargo, y ante la búsqueda que hace un detective de su persona, decide caer nuevamente en las manos de la cocaína para encontrar el valor perdido o bien encender el fuego interior apagado por la rutina y el miedo.

Nuevamente volvemos al comienzo. Los New Yorks Dolls sonando fuerte mientras Richie se funde en la explosión sónica de este nuevo sonido, en una suerte de catarsis ante la tormenta de problemas que lo aquejan. Por unos instantes nada importa, solo el beat incesante y el desenfreno colectivo. Ante tal explosión humana, el local no aguanta y el edificio que lo alberga se derrumba tan rápido como la vida del productor musical. Con Richie herido, pero sin mayores daños, termina el primer episodio larga duración de “Vinyl”.

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En lineas generales nos encontramos ante una producción de estelares que tratan de aunar fuerzas para contar una historia que de buenas a primeras parece disparar en muchos sentidos distintos. El atractivo se deja notar en cada detalle, desde la impecable ambientación de la época como en la elección precisa de los temas que componen la gran banda sonora de la serie. En ese sentido la mano de HBO se nota, y las ilustres asesorías de Jagger y Scorsese dan en el clavo. Cabe destacar que el director de “Raging Bull” dirige esta primera entrega, dando muestras del desenfreno y locura mostrada en films recientes de su extensa carrera como “The Departed” y “The Wolf of Wall Street”.

Sin perjuicio de los altos de este primer episodio, uno de sus peros viene dado por su duración que vuelve a ratos cansino el relato, algo intrascendente al lado del vértigo que pretende instaurar la narración. Por otro lado, al disparar en muchos sentidos, cuesta agarrarle el hilo a la historia, la cual en una primera impresión tampoco envuelve del todo. Sin embargo los atractivos de Richie como personaje ofrecen al menos la oportunidad de mejoría en este punto, toda vez que estamos en presencia del piloto de la serie. Destacable en este punto la actuación de Bobby Cannavale, asumiendo la responsabilidad de cargar con el peso dramático de la serie, sobre todo matizando en los momentos que el drama debe intervenir ante tanta cocaína dando vuelta. De los demás personajes poco se puede decir por ahora, a la espera de mayor desarrollo de la historia.

En resumen, un buen punta pie inicial para “Vinyl”, que si bien adolece de algunos baches narrativos aprueba a punta de estímulos importantes que evocan la fuerza y arrojo de una época revolucionaria en cuanto a la forma de ver el negocio de la música y la creación artística de masas.

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