The X-Files S10E06: “My Struggle II”

Un Desorden Paranoico

This is the End” rezaba el texto de la intro del capítulo de esta semana: final de temporada, final de un ciclo, final de la serie (¿quizás?), final del mundo. El Final. Con mayúsculas. Un momento supuestamente importante, monumental, casi trascendental.

Sin embargo, la presente temporada de The X-Files no termina con ese estruendo que algunos esperaban – aunque tampoco, por otro lado, termina con un susurro. Es más una pequeña explosión, un temblorcito perceptible pero que no alcanza ni siquiera a botar la loza desde los muebles.
Y es que “My Struggle II” se termina cayendo por su propio peso, aquejada de forma casi insalvable por la escasa duración de la temporada y, al mismo tiempo, por la cantidad de ideas que Chris Carter tuvo en mente y decidió dar a conocer. Es un capítulo ambicioso, sí, pero de una ejecución muy dudosa que incluso pone en tela de juicio la efectividad de la temporada en sí: con capítulos así, ¿valió la pena revivir la serie?

La respuesta no es tan certera o tan fuerte como se quisiera, porque la temporada en sí fue inconsistente. Esto, que a priori no sería un problema por ser algo común en gran parte de las series, se vuelve un obstáculo crucial en esta temporada de The X-Files debido a la ya mencionada corta duración; la estructura típica de una temporada de la serie en su televisación original estaba basada en una mayoría de capítulos “monster of the week” con uno que otro relativo a la mitología de la serie (en especial, su inicio y su final). Esto, que funcionó bien -aún si eso requería cierta credulidad por parte del espectador para “obviar” las diferencias tonales entre los capítulos de mitología y los MOTW y presumir una cierta lejanía temporal entre ellos- aquí no alcanza a convencer, precisamente porque no hay “espacio” para que el espectador se olvide de la laberíntica paranoia adrenalínica que presuponen los capítulos mitológicos, ni para darle a éstos sin que terminen convirtiéndose en una exposición de información (o “infodump”) constante. En otras palabras, la inconsistencia esperable en una temporada de The X-Files es más sobrellevable cuando son 22 capítulos en vez de 6.

Pero vayamos al capítulo en sí: “My Struggle II” es paranoico, obtuso (al punto de ser, en ciertos puntos, casi impenetrable para quienes no poseemos grado alguno de conocimiento científico avanzado) y caótico, lleno de diálogos rígidos y una estructura que parece conducir a un clímax realmente importante durante sus últimos minutos, pero que sin embargo termina con un cliffhanger que nos deja con la sensación de que nada ha sido efectivamente resuelto sino meramente pospuesto. Es, a todas luces, un desastre. Y sin embargo, tiene momentos lo suficientemente efectivos, gérmenes de calidad que hacen que uno le pueda hasta perdonar cualquier debilidad porque ver más capítulos con Mulder y Scully es algo bueno y deseable en el 2016.
En cuanto a la trama en sí, trataré de ser breve: la fase final del plan de la Conspiración es gatillada y la gente en EEUU comienza, de forma súbita, a enfermarse en masa. Jeff Winger… perdón, Tad O’Malley reaparece y en su programa conspiranoico aparentemente se nos revela lo que está sucediendo: la aparente introducción de ADN alienígena a cada ciudadano de EEUU (obviamente sin el consentimiento de las víctima) lo que compromete el sistema inmunológico de cada infectado, volviéndolos vulnerables a cualquier enfermedad común – un “SIDA sin VIH” como lo expresa O’Malley. Mientras tanto, Mulder se encuentra desaparecido e inubicable, aumentando la sensación de paranoia en Scully. Reaparecen, por su parte, los agentes Miller y Einstein: el primero, para buscar a Mulder; la segunda, para ayudar (haciendo de escéptica extrema) a Scully a encontrar la verdad sobre la pandemia.
Cuando por fin encontramos a Mulder, es en un estado bastante deplorable: ensangrentado, ojo en tinta, ojeras monumentales. Conduce a alguna parte que desconocemos, e ignora las llamadas de Skinner y Scully. El hombre, al parecer, tiene su misión propia.

Las cosas empeoran respecto a la pandemia, la Agente Einstein sigue mostrándose escéptica (quizás de forma razonable dentro de la narrativa, no tanto así para el espectador) respecto a la teoría conspirativa expresada por O’Malley y replicada por Scully, esta última sigue sin poder localizar a Mulder pero es contactada por alguien de su pasado: la ex-Agente Monica Reyes (Annabeth Gish). ¿Se acuerdan de ella? Bueno, salió en esas temporadas que a poca gente le gustaron así que si no la recuerdan no los juzgaremos.
Lamentablemente para Reyes, decidieron convertirla en una cobarde y nos enteramos que se “vendió” al CSM (Cigarette Smoking Man, aunque si ud. es chileno o chilena puede también aplicar el otro sentido a dicha abreviación) a cambio de inmunidad para ella una vez que el plan de aniquilación se complete; al mismo tiempo, nos enteramos que el ADN alienígena es, en verdad, la clave para salvarse de la pandemia en vez del causante (por lo que Scully es inmune) y también nos enteramos que el CSM sobrevivió apenas de recibir unos cuantos misiles en el rostro (véase “The Truth”, final de la 9° temporada), quedando severamente desfigurado al punto de requerir una reconstrucción casi total de su rostro.

Aquí nos permitimos un pequeño paréntesis: las escenas con William B. Davis son de lo mejor del capítulo, más allá de lo poco natural del diálogo o de lo medio absurdo que pueda resultar su plan. Simplemente le otorga una prestancia, una potencia, un poder al personaje que resalta incluso en un estado de casi completa debilidad – algo que no es sencillo lograr y que, sin embargo, Davis consigue. Se nota su calidad, y se comprende (hasta cierto punto) por qué el personaje simplemente se niega a morir a pesar de los incontables atentados en su contra. Más resistente que una cucaracha el señor C.G.B. Spender. Ah, y también kudos para el departamento de maquillaje y/o de efectos especiales para el momento en el que el CSM se saca una parte de su rostro, revelando que era una prótesis. Una escena perturbadora, pero que le viene como anillo al dedo al mejor villano de la serie.

Volviendo a la trama, el CSM le revela a Mulder la extensión de su plan: la extinción de gran parte de la raza humana, dejando a salvo tan solo a unos pocos (elegidos por él) para “empezar de nuevo”. Una suerte de extremista con buenas intenciones. Mulder obviamente no cree en estas supuestas buenas intenciones y rechaza el ofrecimiento de su padre biológico para salvarse de su inminente destrucción. Bien por David Duchovny aquí, que logra transmitir algo más que indiferencia pura (como se le criticó en el primer capítulo) en momentos considerados “cruciales”.
Luego se viene una sucesión de escenas que aparentemente llevan al clímax de la historia: Mulder empeora pero es rescatado en el momento preciso por su sustituto más joven (el Agente Miller); la situación con los infectados también empeora pero Scully y Einstein deciden intentar encontrar una cura con el poder de la jerigonza científica y luego de desanimarse, pensando que Scully no tenía en verdad ADN alienígena, se dan cuenta que fue un falso negativo por un error de muestra y deciden conseguir una muestra más grande, amplificar la secuencia de ADN de Scully y crear un antídoto a partir de ello.

Aquí es cuando se me viene a la mente una de las catchphrases de la serie, tan manoseada y trillada pero unida de forma tan indisoluble a lo que es su propio ethos: “I Want to Believe”. Esta frase es más que un instrumento de marketing, claramente. Es más que la simple encarnación del emprendimiento quijotesco de sus protagonistas en búsqueda de respuestas que nunca obtendrán en su totalidad. Es, también, una suerte de predisposición que el espectador debe tener al momento de ver y disfrutar la serie: el querer creer que las cosas allí mencionadas tienen cierto peso, cierta potencia, cierta realidad – y que uno puede obviar sus deficiencias solo por el hecho de creer. Es básicamente, un llamado a suspender la incredulidad: si uno no está dispuesto a creer en la serie, en lo completamente absurdo de ciertos desarrollos, en lo innecesariamente complejo de una mitología que fue armada a pedazos, en lo extraño que resultan los cambios tonales de episodio a episodio… entonces es difícil disfrutarla. Y, como ya dijimos en un principio, sí hay cosas rescatables – por lo que hacer dicho “sacrificio” pudiera ser deseable. El problema está en que uno, a veces, por mucho cariño que se le tenga a una obra, no puede no ser crítico. A veces incluso se es más crítico precisamente por ese cariño que se le tiene: porque uno sabe que puede ser más, mucho más.
Allí es donde “My Struggle II” falla: incluso obviando lo conveniente de algunos de sus elementos (¿cómo van a desarrollar una vacuna masiva para el Virus Espartano en tan poco tiempo?) o la semblanza de verosimilitud científica para disfrazar sus elementos más fantásticos, resulta difícil creer completamente en el relato de Chris Carter y disfrutar sin complejos este pseudo-final. Porque sabemos que The X-Files fue y puede seguir siendo más.

Como ya mencionamos en un principio, el capítulo cierra con un cliffhanger – elemento que, a pesar de la crítica anterior, admitimos que resulta efectivo. Uno de verdad queda con las ganas de saber qué carajo pasa ahora, precisamente porque casi nada de lo planteado se resuelve. Incluso la trama secundaria sobre William, uno de los hilos conductores de la temporada, es mencionada tan solo de pasada instantes antes del final y claramente como elemento a ser retomado en un futuro.
Así las cosas, la décima temporada de la serie termina con la nave desarrollada con tecnología alienígena apareciendo a vista y paciencia de todos, un haz de luz envuelve a Scully y Miller, zoom al ojo de Scully y… ¿fin?

La reacción ante “My Struggle II” ha sido divisiva. Algunos, incluso, han llegado al punto de declarar a Chris Carter como el George Lucas de la televisión: un visionario que hizo posible una de las franquicias más influyentes y queridas de su medio, pero que al retomar las riendas de su creación demuestra que ha perdido de vista aquello que hizo que dicha creación funcionara en un principio. Desde nuestro punto de vista, no está tan lejos de ser cierto: las debilidades de Carter son evidentes (particularmente la rigidez que caracteriza a sus diálogos y sus grandes ideas con dudosa ejecución) pero para ello requiere un buen equipo que lo complemente y pueda pulir sus ideas en bruto. Afortunadamente en esta temporada contó con el apoyo de James Wong, y de Glen y Darin Morgan (todos ellos longevos y estimados colaboradores en la serie) en 3 de los episodios, lo que terminó significando que precisamente los episodios más débiles de los 6 fueron aquellos escritos por Carter.
Con todo, la inconsistencia y la corta duración hacen que la décima temporada de The X-Files se sienta como una suerte de oportunidad perdida: no tanto por la cantidad de espectadores, ya que en ese frente los números no hacen más que prácticamente garantizar el retorno de la serie para una nueva temporada, sino más bien en términos de impacto y de calidad. Es, tal vez, un tanto ingenuo exigirle a una “resurrección” (más de 10 años después de su último capítulo) de una serie que tenga un nivel de calidad igual o superior al que tenía cuando dejó de transmitirse – eso rara vez ocurre. Pero… bueno, queríamos creer. Y ese temblorcito no bastó, porque sabíamos que podía ser un estruendo.

Las respuestas, y la verdad, siguen allá afuera, esperando ser encontradas. Nosotros, también, seguiremos esperando el inevitable retorno de la serie… y, a pesar de todo, seguiremos creyendo.

Observaciones varias:

  • Apareció Monica Reyes pero: ¿dónde estará John Doggett? El personaje de Robert Patrick fue injustamente vilipendiado por algunos fans de la serie en su momento, siendo comparado incesantemente con Mulder pero algunos siempre lo bancamos. Ojalá aparezca en la próxima temporada.
  • Skinner (y su barba) tuvieron tres o cuatro escenas en toda la temporada. Lástima. Quedamos con gusto a poco.
  • Siguiendo con los desaparecidos: ¿dónde diablos está William? Bueno, ya lo sabremos. Solo tendremos que esperar.
  • Considerando el nivel masivo de la infección y la aparición de la nave sobre el puente, sería muy extraño para la serie ignorar un desarrollo de tal magnitud y saltar de forma casi inmediata del opening de la siguiente temporada a un capítulo “monster of the week”.
  • La coreografía de la pelea entre Mulder y el subordinado del CSM estuvo muy bien, igualmente la dirección y la edición. ¿El resultado? Una pelea que se vio y se sintió brutal.
  • Comentario gratuito: dice mucho que The X-Files haya tenido mejor coreografía de pelea en este capítulo que Jessica Jones (Marvel) en varios de los suyos.
  • No deja de ser nefasto que el personaje conspiranoico conservador haya tenido razón en (casi) todo.
  • Siguiendo con lo mismo: ¿un cierto dejo anti-vacunas en el episodio? Ugh.
  • Por otro lado, las palabrotas científicas pronunciadas entre Scully y Einstein escapan por completo a mi conocimiento, pero al parecer algo de verdad había ahí. Hubo un par de científicos asesorando para el guión y se nota que hicieron su trabajo – la gente que trabaja en ello podrá luego comentar si fue más ciencia dura que ciencia ficción, o viceversa.
  • Gran parte de lo efectivo de la serie descansa en la química entre Duchovny y Anderson. Lamentablemente pasan el 99% de este episodio separados. Una vez más, oportunidad perdida.
  • Para la próxima temporada: ojalá Vince Gilligan pueda tener un tiempecito (sin abandonar Better Call Saul, obvio) y colaborar. Ah, y que ojalá la temporada tenga más de 6 episodios: con 10 o 12 estaría bien.

X Files My Struggle 2 C

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2 comentarios

  • Felipe Gonzalez Jara

    Creo que son bastante certeros tus comentarios con respecto a este ultimo capitulo de la decima entrega de x-files.

    Lejos de ser lo que fue en los 90, con un audaz Fox Mulder y una jovial e intrepida Dana Scully, esta temporada de caracteriza por hacer notar realmente el tiempo que ha pasado desde la novena temporada de la serie; naturalmente desarrollando todos los aspectos y matices que aquello conlleva. Claramente no encontramos a la joven pareja del FBI haciendo de las suyas como antaño, pero sin embargo creo que no pierden el perfil perspicaz notablemente invariante y esta sensacion de no querer renunciar a encontrar la verdad.
    Hay muchas cosas aun que faltan por detallar, ojala no en 6 episodios sino en al menos 10 o 12 capitulos, pues las tematicas que aun no quedan resueltas da para eso y mucho mas.
    Con respecto al contenido cientifico en este ultimo capitulo te confirmo que esta todo completamente bien referido y como corresponde al contexto de lo que esta tratando, efectivamente suena y es medio enredado, pero los terminos cientificos generalmente son asi.
    John Doguett? Desaparecido? Tal vez preparando algo o preparandose para algo…quien sabe.
    Agente Spender?? El tambien fue sometido a pruebas utilizando medios extraterrestres… Lo mismo pasa con Marita…historias secundarias a la trama principal, pero no menos interesante de saber como terminan.
    Espero que lo que venga tenga mas dinamismo, en dialogos, en tematica. Tengo harta fe que lo que viene sera mejor!

    Saludos!

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