Better Call Saul S02E03: “Amarillo”

BCS Amarillo A

Al Filo de lo Legal

Como ya hemos mencionado con anterioridad, la tragedia de los dos co-protagonistas de Better Call Saul es que sabemos qué les depara el futuro a ambos, y no es nada bueno: destruidos (en más de un sentido) tanto por sus propias decisiones, como por haberse cruzado en el camino de un monstruo con un ego exorbitante. Jimmy, en particular, termina sucumbiendo ante sus tendencias más oscuras y le da la razón a su (desagradable) hermano Chuck, volviéndose ese entrañable pero criminal abogado conocido como Saul Goodman – y aún, con unos años de relativo éxito en el inframundo criminal de Nuevo México, por esos avatares del destino se ve forzado a huir de Albuquerque y condenado a vivir como fugitivo bajo una identidad completamente nueva. Para un hombre carismático que se ha reinventado varias veces, quizás el tema de la identidad nueva no sea tan complicado… pero sí lo es el hecho de que debe evitar llamar la atención hacia su persona, que debe evitar ser carismático, evitar usar ese don que ha sido su sello prácticamente toda su vida. Gene de Nebraska es una prisión precisamente porque es todo lo que Slippin’ Jimmy McGill nunca quiso ser, con su falta de presencia y su trabajo rutinario y su aparente falta de ambición.

Pero lo que es una evidente tragedia para los personajes que habitan en este universo, no lo es necesariamente para los espectadores: en un episodio que algunos han tildado de “lento” (incluso para un serie como Better Call Saul, que está lejos de conservar el ritmo vertiginoso de las últimas temporadas de su predecesora), BCS se encarga de contar su historia de forma muy efectiva, con una precisión casi de relojería, eliminando los caminos aparentemente laberínticos y/o excesivamente obtusos que otras series coetáneas parecen favorecer para demostrar una cara de complejidad. Better Call Saul, así como lo fue Breaking Bad, es una serie sencilla de seguir, pero su simpleza tiene una cierta elegancia – porque no es una simpleza de contenidos, sino una simpleza en su ejecución.
Amarillo”, por tanto, coloca a nuestros protagonistas en situaciones simbólicamente análogas, habiendo tomado cada uno decisiones que los acercan (sin que ellos lo sepan), a su ineludible final. La efectividad de la serie -y del capítulo- depende en gran parte con el juego que realiza con nuestras expectativas – no siempre subvirtiéndolas, pero sí intentando seducirnos, sabiendo que el punto final es inamovible y que ni los personajes ni el espectador pueden cambiar el curso de las cosas. Cada momento que pasa es el potencial momento en el que el futuro de Jimmy y de Mike se define y se encauza en un rumbo con mal final, cada decisión puede ser aquélla que termine por sellar su destino, por lo que la tensión es palpable aún cuando el riesgo sea relativamente bajo dentro del gran esquema de las cosas; es tan solo el bienestar de un personaje (ficticio) al que hemos aprendido a apreciar con el paso del tiempo.

BCS Amarillo B

La primera escena del capítulo es una muestra perfecta del talento de Jimmy McGill y de Bob Odenkirk (¿queda alguna duda de que actor y personaje son el uno para el otro?), con una capacidad de persuasión incomparable – lo que le termina valiendo una gran cantidad de nuevos clientes. Algo carismático, divertido, memorable, pero ilegal: La reacción del resto de sus colegas es cauta pero positiva, lo que le da a Jimmy la impresión de que puede seguir torciendo las reglas a su modo siempre que el resultado sea exitoso.
La excepción es, obviamente, Chuck. Si Jimmy McGill tiene un talón de Aquiles, una kriptonita, es sin duda su hermano mayor; incluso si el primer capítulo de la temporada dejó en claro que sus intentos de adhesión al camino correcto son más para no decepcionar a Kim que otra cosa, la verdad es que es la mera presencia de de Chuck la que motiva a Jimmy a una suerte de rebeldía controlada, como un intento de vencer a su hermano y a sus reglas pero jugando a su manera. Y son las reticencias de Chuck respecto a su método para conseguir clientes (reticencias bien fundadas, hay que decirlo, más allá de lo desagradable que pueda resultar Chuck y su tono de superioridad moral) las que hacen que el menor de los McGill deba ingeniárselas con otra forma para convencer a los ancianos residentes de las diversas sucursales de Sandpiper.

Aquí regresan los estudiantes de cine que ayudaron a Jimmy en su maniobra con el cartel gigante (“Hero”) y la anciana que dio el punto de partida para el caso de Sandpiper (“Alpine Shepherd Boy”), uniéndose a la genialidad de Jimmy para crear un comercial dirigido a las potenciales víctimas del hogar de ancianos en Colorado Springs. Otra vez encontramos a Jimmy en su elemento, con una visión para el comercial mucho más efectiva que el soporífero aviso televisivo que Davis & Main había realizado previamente para otro caso; su visión es cursi y manipuladora, pero es precisamente eso lo que se necesita para ganarse el apoyo de los ancianos. Sumémosle a eso la inspirada idea de utilizar la silla salvaescaleras como un “dolly” improvisado para mover la cámara, y el primer plano (¡con lágrima incluida!) de la Sra. Strauss y el comercial resultante es una verdadera maravilla.
Motivado por esta calidad -y la certeza de Jimmy de que el comercial atraerá a los clientes- Jimmy toma una decisión fatídica: enviar el comercial a una estación de TV en Colorado sin mostrarlo antes (ni consultarlo) con los socios del Estudio. Aquí lo que mencionamos del inicio del capítulo encuentra su reflejo, y Jimmy sigue creyendo que puede torcer las reglas siempre que tenga éxito. Sin embargo, la llamada que recibe luego de una tierna jornada de películas con Kim no puede estar más lejos de lo esperado.

Una pequeña detención antes de continuar con el resto del capítulo: las escenas que rodean a la esta decisión crucial demuestran tanto el talento de Bob Odenkirk como la confianza de la serie en él – en especial porque dichas escenas son, en su mayoría, silentes. Si bien hemos alabado con anterioridad en esta misma reseña, los momentos en los que Jimmy (y, por extensión, Bob) da rienda suelta a su histrionismo, no es menos cierto que la gran sorpresa de la primera temporada estuvo dada por la versatilidad de Odenkirk, otorgándole al personaje una dimensión que no pudimos divisar en Breaking Bad; así, por ejemplo, la escena en la que se revela la verdad sobre Chuck resulta un ejemplo brillante de lo potente de la actuación no-verbal de Odenkirk, quien con la pura mirada nos transmite lo absolutamente devastador que fue enterarse de la odiosidad del hermano mayor que tanto admiraba. Ahora, las secuencias en “Amarillo” son de una intensidad emocional muchísimo menor que este clímax recién mencionado, pero no por ello son menos efectivas: el nerviosismo con la cinta del comercial sobre el escritorio, la caminata dubitativa hacia la oficina de Clifford, el regreso apresurado hacia su propia oficina, el momento mismo de arriesgarse y enviar la cinta, y luego la tensa espera por las llamadas telefónicas (incluyendo la vieja cábala de tirarle “vibras positivas” al teléfono que vimos en la primera temporada); todo ello descansando en los hombros de Odenkirk, quien no defrauda. Es más, apoyamos a Jimmy en sus emprendimientos a pesar de que sean, en el mejor de los casos, reñidos con la moral (y, en el peor de los casos, derechamente ilegales), y eso se debe precisamente a la actuación de Odenkirk.

Esta misma narrativa lacónica tiene su equivalente en la historia de Mike, un hombre que se caracteriza por hacer más que por decir (y cuya expresión de hastío es insuperable). El capítulo es levemente ambiguo respecto a si su nuera está intencionalmente intentando engañar a Mike con el objetivo de cambiarse de casa, o si efectivamente está sufriendo de algún tipo de estrés post-traumático derivado de la muerte de su esposo. En lo personal, nos decantamos por la segunda opción (la mala fe de las personas debe probarse), pero el resultado práctico es el mismo: a pesar de que Mike sabe que los supuestos disparos no existieron, no puede dejar que su pequeña nieta Kaylee viva en un lugar donde su madre se sienta insegura.
Y así como Jimmy toma una decisión fatídica motivado por ese insoslayable vínculo sanguíneo con Chuck, Mike también vuelve al ruedo aceptando un potencial trabajo altamente peligroso: Nacho Varga desea “hacerse cargo” de alguien.

Todavía hay tiempo para arrepentirse, para cambiar de opinión, para evitar cometer errores que significarán su propia perdición. Pero en esta ocasión, como en pocas, podemos hacer de profetas, y ya sabemos que su futuro está -literalmente- escrito.

Observaciones varias:

  • Las referencias cinematográficas del capítulo son numerosas, incluyendo el hecho de que Jimmy y Kim están viendo Ice Station Zebra (película de Rock Hudson) mientras Jimmy la compara con The Thing (John Carpenter); Jimmy nombrando a Welles, Fellini y Bergman para convencer a los estudiantes de cine para filmar el comercial; y, por supuesto, la Sra. Strauss parafraseando la línea final de Sunset Boulevard en su memorable aparición en este episodio: “I’m ready for my close-up, Mr. McGill”.
  • Siguiendo con Ice Station Zebra, en el futuro Saul ocupará dicho nombre para crear una empresa de papel con el objetivo de evadir impuestos con dicho nombre.
  • Los puntos finales de ambas historias en este capítulo son maravillosos: por el lado de Jimmy, la airada llamada de Clifford que nos deja con la misma tensión que el personaje respecto a qué sucederá al día siguiente en la reunión. Por el lado de Mike, toda la secuencia antes de revelar la identidad de Nacho manipuló nuestras expectativas, haciéndonos pensar que quizás sería Gus Fring. No, a seguir esperando.
  • Does anybody like you?” le pregunta Jimmy a uno de los estudiantes de cine. Es una pregunta que debo usar más en la vida real.
  • El cerdo de peluche que Mike le arregló a Kaylee es el mismo que utilizará en un futuro para distraer a uno de los matones que irá en su contra.
  • Anything blow up yet?”. Todavía no, Jimmy – pero lamentablemente creemos que falta poco para ello.

BCS Amarillo C

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