Better Call Saul S02E07: “Inflatable”

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La Pieza Que Nunca Encaja

Si la tragedia de Better Call Saul es que el destino de los personajes está predeterminado por eventos fuera de su (y nuestro) control, entonces la tragedia de Jimmy McGill es estar destinado a ser, por siempre, la pieza que nunca encaja. El hijo embaucador de un padre que solo ve el bien en los demás; el “chimpancé con metralleta” (y licenciado en derecho) que tuerce las leyes para salirse con la suya aún intentando hacer el bien; incluso el abogado criminal con comerciales para TV que pocos toman en serio: James McGill, sea bajo su propio nombre o bajo un apodo, es el extraño estrafalario que apuntan con el dedo, al que miran de reojo, al que subestiman de presencia. Como buena tragedia, se rebela contra ese destino solo para terminar cayendo inapelablemente en sus fauces; más aún cuando el oráculo que el vaticina su caída es quien le da el empujón (contento en su burbuja santurrona) definitivo hacia el abismo.
Podría decirse, incluso, que la trayectoria de Jimmy desde ese fatídico momento en “Pimento”, al final de la temporada anterior, ha sido inapelablemente descendente; seguro, ha tenido momentos buenos -o, al menos, de cierta tranquilidad- en los que al parecer las cosas van saliendo relativamente bien: su relación con Kim pasó (aunque no lo hayan dicho explícitamente) al siguiente nivel, consiguió un trabajo codiciado y estable en David & Main para poder seguir estando relacionado con el complejo caso de Sandpiper (caso que él construyó, hay que recordar), tiene un escritorio, un auto y una casa lujosa pagadas por el estudio jurídico y, aunque sigue en términos merecidamente gélidos con su hermano Chuck, parece haberse ganado el respeto del resto de sus colegas por su labor en el caso. No todo está tan mal, ¿cierto?

Pero nuestra visión no es la visión de Jimmy McGill. Nuestra perspectiva, nuestras experiencias, nuestra vida no es la de Jimmy McGill y todo eso que nosotros consideraríamos como bueno, deseable o fuente de estabilidad y tranquilidad es lo que lo mantiene despierto por las noches, constantemente inquieto, permanentemente frustrado. Se siente, citando (y sacando un poco de contexto) a Radiohead, como “a pig, in a cage, on antibiotics.”
Lo peor es que está consciente de ello: el haber aceptado el trabajo en Davis & Main fue solo para no decepcionar a Kim. Si no fuera por ella, Jimmy hace rato habría abandonado el camino recto y se habría entregado a los vicios que el anillo de su fallecido amigo Marco le insinúan. Kimberly Wexler, el último bastión de rectitud moral en la vida de Jimmy, su única compañera.

Y ni siquiera ella se salva de las recaídas del más joven de los McGill, como su innecesariamente prolongada democión a revisión de documentos lo comprueba. Incluso a Kim le cuesta mantener la confianza en Jimmy.

Por eso es que el enfoque de los últimos capítulos en Kim resulta tan necesario para comprender las ramificaciones de la “libertad” que Jimmy tanto ansía, además de expandir el universo de la serie y sacarla del terreno estrictamente supeditado a la serie que le dio origen; Kim Wexler es un personaje valioso que no habría encajado en el mundo criminal de Walter y Jesse, sirviendo además como un punto de contraste para Jimmy respecto a la rectitud moral que desea utilizar como ancla (Kim/Chuck) y, al mismo tiempo, otro factor potencial en relación a su inevitable transformación.
Y, claro está, ser una de las mejores adiciones per se al universo Albuquerque de Gilligan y compañía, no en menor medida gracias al gran trabajo de Rhea Seehorn.

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Luego de la seguidilla de capítulos dedicados a Kim y Mike, el foco vuelve a posarse sobre Jimmy – y si bien el movimiento de la “trama principal” de la serie no ha sido demasiado durante estas últimas semanas (decir que Better Call Saul es una serie “lenta” no es algo falso), al punto de que nuestro protagonista se encuentra casi en el mismo lugar emocional/profesional que hace 3 capítulos atrás, resulta interesante que todos estos desvíos terminen otorgándole una tonalidad distinta a un evento que perfectamente podría haber sido tratado de una manera muy reductiva, dejando a Kim como un personaje plano que se opone a Jimmy por razones en ciertos momentos, y lo apoya en otros. Lo que obtuvimos a cambio fue una exploración razonable de los sentimientos encontrados en una relación, de las consecuencias reales que se derivan de una decisión intempestiva realizada en un contexto laboral, de la dificultad en escalar la “escalera corporativa”, de lo doloroso que es sentirse decepcionado de alguien querido y sin embargo seguir queriendo a pesar de la decepción, de enfrentar la noción del “white knight” que viene a salvar a una damisela en peligro y esforzarse al máximo para salvarse uno mismo. Quizás el “desvío” de la historia de Jimmy haya sido excesivamente extenso para algunos, pero sin él las escenas entre Kim y Jimmy durante este capítulo no habrían sido tan efectivas.

No es tanto el destino, a veces también importa el viaje.

Pero considerando toda la discusión sobre lo trágica que resulta la historia de Better Call Saul en términos narrativos, no significa que la serie en sí sea un asunto eminentemente serio o falto de humor. Nada más lejos de la verdad, para ser honestos – y este capítulo lo prueba con creces, gracias a uno de los mejores montajes de toda la serie. Entre la “migraña óptica” de los trajes y camisas coloridas de Jimmy, los constantes cortes al muñeco inflable de brazos locos, la música funky que parece sacada de una película típica de Blaxploitation (“Scorpio” de Dennis Coffey), el ruido de la juguera y el incidente del jugo, el español más pronunciado, el no tirar la cadena del baño y tocar (mal) la gaita, nunca había sido tan divertido ver a alguien intencionalmente hacer todo lo posible para ser despedido. “For what it’s worth, I think you’re a good guy,” le dice Jimmy a Clifford luego de ser cesado de sus funciones; “for what it’s worth, I think you’re an asshole,” le responde de vuelta. No puedes hacer un omelette sin quebrar algunos huevos.

Hay que mencionar, eso sí, que la razón por la cual Jimmy se hizo despedir pareciera, a primera vista, bastante egoísta/ambiciosa: renunciar al trabajo significaba renunciar también a un cuantioso bono; las únicas opciones para conservarlo eran o continuar trabajando allí hasta cumplir o un año, o ser despedido… y obviamente Jimmy McGill, animal encerrado de una jaula de formalidad y rutina, no iba a poder aguantar un año más en un ambiente opuesto.a su filosofía de vida. La cuestión es que la intención detrás de conservar dicho bono era bastante más altruista que lo que Cliff pudiera haber razonablemente imaginado: crear un estudio jurídico nuevo junto a Kim, ofreciéndole pagar la deuda que acarrea desde sus estudios universitarios.

Gran parte de la magia de Better Call Saul está en los pequeños momentos, en detalles, en conversaciones, gestos y silencios – algo que se nota con creces considerando que es una serie de “low stakes”: aquí no está en juego una ciudad completa, ni la vida de rehenes, ni una línea de tiempo, nuestro planeta o los hilos que mueven nuestro universo. A lo más, un par de trabajos y el compás moral de un par de personas. Pero el hecho de que el riesgo sea bajo, no le quita tensión ni le quita potencia: basta con ver la escena en la que Jimmy le presenta la oferta a Kim para formar Wexler-McGill para darnos cuenta de lo anterior. La forma en la que Jimmy, lleno de esperanza, le ofrece una puerta de salida a su situación actual. El momento de duda en Kim, un pequeño instante en el que parece convencerse de lo que Jimmy ofrece. ¿Por qué no irse a Schweikart & Cokely si es un estudio sólido y le ofrecen la posibilidad de volverse socia? “You deserve more than just a lateral move… he’s just Howard Hamlin by a different name.”
Las cosas tambalean cuando Kim hace la pregunta clave: “what kind of lawyer are you gonna be?” Jimmy lanza una respuesta risible sobre mantenerse en el camino recto, pero no dura mucho. Ya no da más. Ha vivido los últimos años de su vida bajo el yugo de las expectativas que la sociedad tiene respecto de él, y de alguna manera termina arruinándolo todo igual; si va a salirse de Davis & Main, va a jugar a su manera.

Ahí es cuando Kim comienza a alejarse del sueño de Jimmy. Incluso la pregunta siguiente (“Why do you need me for this?”) es una suerte de enmascaramiento del golpe que significa saber que, a pesar de cualquier intento, Jimmy seguirá siendo Slippin’ Jimmy con un grado académico y un trabajo estable. Lo que sigue es prácticamente una declaración de amor vestida de ofrecimiento laboral: “I don’t need you. I want you.
Pero ya es demasiado tarde, el sueño se acaba (tal como se acabó la temporada pasada, cuando rechazó las oficinas grandes y lujosas del potencial edificio en el que Jimmy pretendía ubicar su estudio) y el espectro del “you don’t save me. I save me” sigue rondando en la cabeza de Kim. “You’ve got me… just not as a law partner.”

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Esta magnífica escena (bravo, Seehorn y Odenkirk) encuentra su eco perfecto en las escenas que cierran “Inflatable”: la reunión de Kim con los socios de Schweikert & Cokely en la que todo parece ir bien y nos enteramos de un par de detalles de su pasado no termina de la mejor manera. No precisamente porque ella lo arruine, sino porque empieza a darse cuenta de lo cierto de las palabras de Jimmy: es una movida lateral en vez de ascendente en su carrera. Ese pequeño (pero bien logrado) momento en el que Kim llama “Howard” a Rich Schweikert (“…he’s just Howard Hamlin by a different name”) no parece tener demasiada importancia a los ojos del aludido, pero para uno que ha visto todo lo anterior es un instante revelatorio. Es el momento en el que la ampolleta comienza a encenderse, y la luz solo llega a destino una vez que Kim medita sus opciones en el estacionamiento, mirando hacia el horizonte, rompiendo la tarjeta de presentación de Wexler-McGill. Inspiración. Wexler de un lado, McGill del otro.

El capítulo cierra con un cliffhanger tan pequeño en alcance pero crucial en importancia: compartir un mismo techo pero con estudios separados. Wexler de un lado, McGill del otro. Si hay una friendzone (usando latamente el término) profesional, es esto. Una suerte de limitar cualquier eventual responsabilidad de Jimmy debido a sus… extravagantes decisiones. Juntos pero no revueltos.

Eso es ser, una vez más, esa pieza que no encaja.

Observaciones varias:

  • Respecto al pasado de Kim, hay mucho por discutir. No sabemos a ciencia cierta si tendrá alguna “relevancia” (en cuanto a revelaciones importantes) en los capítulos siguientes, pero sí informa mucho de su carácter. Es fácil comprender su ambición (en un buen sentido) y su perseverancia considerando que nació en un pueblo que con suerte sale en un mapa, en la frontera entre Kansas y Nebraska, y que el único futuro que tenía quedándose en ese lugar era ser cajera de una tienda. Por otro lado, el tono de su voz, un cierto titubeo y las respuestas relativamente vagas en dicha escena han dado pie a que algunos teoricen que el pasado de Kim no es tan “limpio” como se puede pensar y que, por lo mismo, serviría de contraste a Jimmy: cómo de situaciones similares, se pueden transitar dos senderos opuestos. Habrá que esperar a ver.
  • Dicho sea de paso, Hinky Dinky era una cadena real de supermercados en el área de Nebraska/Kansas que había cesado de funcionar bajo ese nombre en el año 2000 (tan solo un par de años antes que el año en el que se desarrolla la serie). Muy bien ahí, producción.
  • Siguiendo con el pasado de Kim, curiosamente hay un pequeño pueblo cerca del límite entre Kansas y Nebraska llamado… Hamlin.
  • La historia de Mike no es el foco en esta semana, pero igual merece un comentario: al parecer la actitud de Stacey durante este episodio confirma la sospecha de que estaba aprovechándose de Mike con el objetivo de conseguir una mejor casa. Difícil no pensar así cuando no cuestiona cómo es que Mike podrá financiarla sabiendo que solo trabaja en un estacionamiento. Sea como sea, Mike se sacrifica menos por ella y más por Kaylee – aunque, lamentablemente, mientras más desciende en el inframundo criminal, más pone en peligro a Stacey y Kaylee.
  • Sí, la casa que Stacey escogió es la misma donde vive en Breaking Bad, y la corredora de propiedades es la misma que atendió a Marie cuando ésta se robó unas cucharas de la casa que estaba visitando en ese momento (¿se acuerdan de la cleptomanía de Marie? Mala trama)
  • La escena del inicio, con un pequeño Jimmy McGill y el embaucador que hizo tonto a su padre, termina siendo quizás la más influyente de su vida. Lobos y ovejas.
  • Omar es el mejor. Good Guy Omar: ayuda a transportar un escritorio desde Santa Fe a Albuquerque a pesar de tener esposa e hijos. Te queremos, Omar.
  • That optical migraine you call a business suit.” Tenemos la impresión de que a Clifford Davis no le gustará el vestuario recurrente del futuro Saul Goodman.
  • Maybe it fell from a passing bird’s beak.
  • La mejor respuesta al horrible pero maravilloso spanglish de Jimmy: “dude, I’m from Michigan.
  • Pequeñas vistas visuales que atan a Kim y Jimmy a situaciones similares, pero con resultados opuestos. Mientras Kim se esfuerza por conseguir más trabajo, Jimmy se encarga de destruir el único que tiene.

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