Better Call Saul S02E09: “Nailed”

Cruzando el Rubicón

Chuck McGill, en toda su pomposidad y su exacerbado sentido de su superioridad moral, en todo su ego y su inseguridad camuflada, vive en una tragedia constante: es, utilizando una figura clásica, prácticamente una Cassandra, condenado a ver claramente el futuro y que nadie le crea. Aunque en este caso no es precisamente el futuro, sino más bien el comportamiento de Jimmy, el turbio, carismático pero corrupto Slippin’ Jimmy, el embaucador, falsificador de documentos, ex-convicto y oveja negra de la familia James McGill. Algo tan claro, tan evidente, tan obvio, que solo un ciego (o alguien tan corrupto como Jimmy) podría no verlo. ¿Por qué nadie lo ve, entonces? ¿Por qué sus palabras parecen retumbar en una cámara silente? ¿Acaso se han vuelto todos locos?

En ese caso, es razonable suponer que el mundo se caerá a pedazos. O uno mismo.

En cierto sentido “Nailed” viene a destrozar las críticas de aquéllos que suelen decir que en Better Call Saul nunca pasa nada. En el otro sentido, termina dándoles (hasta cierto punto) la razón: si ha pasado “algo”, es recién en el penúltimo capítulo de la temporada. ¿No tuvimos que soportar todos los anteriores?
Pero aquí es donde, a nuestro juicio, subyace la potencia de la obra de Gilligan, Gould y compañía: en vez de tomar atajos narrativos para facilitar la digestión de aquéllos con menos paciencia, nos hace experimentar el arduo y tortuoso camino hacia abajo junto con los personajes. En vez de decirnos simplemente “aquí es cuando las cosas comienzan a empeorar para los protagonistas”, busca que logremos una empatía, una conexión, con los personajes a lo largo de 10 capítulos. Que sus triunfos sean nuestros triunfos, sus derrotas nuestras derrotas, que compartamos o repudiemos sus silencios, sus engaños, sus gestos de bondad o de egoísmo. Si una de las técnicas de escritura más bienvenidas tiende a ser “show, don’t tell”, en Better Call Saul no nos dicen ni nos muestran simplemente: lo crucial es que uno lo experimente. De otra manera, escenas como la confrontación de Chuck con Kim y Jimmy, o la conversación entre Nacho y Mike cerca del final del capítulo, no tendrían la mitad de la fuerza que poseen; sí, el trabajo actoral de quienes participan (en particular de Rhea Seehorn, que comentaremos más adelante) es parte importante de la calidad de dichas escenas, y por supuesto la impecable labor de la cinematografía, dirección y edición completan el cuadro, pero tan solo serían imágenes bonitas y bien actuadas si no existiese un contexto detrás – un contexto que conozcamos, que hayamos podido percibir, que nos haya permitido formar un vínculo con los partícipes.
Es más, toda la estructura de “Nailed” se basa en ser consecuencias de hechos que hemos visto a lo largo de la temporada. Acción y reacción. Hechos y consecuencias. Una marea en constante movimiento. Jimmy alterando los documentos relativos a Mesa Verde no es sino un mero eslabón en una interminable cadena que se extiende hasta incluso antes del inicio de la serie, más allá de nuestro limitado conocimiento. De esta manera, decir que “no pasa nada” en Better Call Saul es prácticamente faltarle el respeto a una producción tan meticulosa; no es que sea densa, obtusa o particularmente compleja – en comparación a algo como Game of Thrones, por ejemplo, con sus múltiples tramas paralelas, enormidad de elenco y diversidad geográfica, Better Call Saul es algo bastante más modesto y (a priori) digerible. Pero el espectáculo épico de GOT está lejos de ser parte del ADN de BCS (¡sobrecarga de acrónimos!), con apuestas mucho más bajas y payoffs más reducidos.

Y es que, a pesar de lo que uno puede pensar a priori, las cosas suceden: en el capítulo anterior Jimmy altera (en un excelente montaje) los documentos relativos a la expansión de Mesa Verde, y en este capítulo los efectos de dicha manipulación se hacen absolutamente evidentes de manera brutal; en el capítulo anterior, Mike confecciona una trampa puntiaguda (con ayuda de su nieta) y en este capítulo, la utiliza de forma eficiente. La misma Kim no habría pensado en renunciar a su puesto si no hubiese sido por culpa de/gracias a Jimmy. ¿No pasa nada en la serie? Por el contrario, constantemente están pasando cosas, tan solo que su escala es relativamente baja en comparación a otras series; quién hubiera pensado que existe tensión en una escena basada en una audiencia judicial sobre la expansión de un Banco, o en una conversación sobre posible falsificación de documentos – pero la hay, y es una maravilla que Better Call Saul haya logrado que exista.

BCS Nailed C

Como ya mencionamos con anterioridad, la escena entre Chuck, Kim y Jimmy es un obvio highlight no solo del capítulo, sino de la serie en general: con toda el agua que ha pasado bajo el puente, es imposible no palpar el conflicto que se vive en el interior de Kim, una suerte de víctima colateral en el eterno conflicto entre dos hermanos. Y mientras Chuck realiza su furibunda diatriba en contra de su hermano menor, culpándolo directamente de la debacle con Mesa Verde, uno sabe que Kim sabe. La expresión de Rhea Seehorn aquí es decidora a más no poder, llena de dolor y decepción porque sabe que Jimmy fue perfectamente capaz de realizar algo tan descabellado… y sorprende, a cierto nivel, cuando decide enfrentarse a dicha verdad, y salvarle el pellejo al hombre que perfectamente podría arruinar la carrera de ambos. “I know he’s not perfect. And I know he cuts corners. But you’re the one who made him this way.” Kim Wexler, la impecable, esforzada, incólume Kim Wexler ha cruzado una línea que hasta hace un tiempo no tenía pensado cruzar, ha elegido un bando.

I feel sorry for him. And I feel sorry for you.” Wow. Con tan solo un par de palabras, Kim logra destrozar en casi todo sentido a Chuck, quien queda como una temblorosa masa silente luego de una reacción inesperada por parte de la joven abogada. Sin duda Rhea Seehorn ha realizado en un trabajo sobresaliente durante la temporada, transformando a Kim desde un simpático pero relativamente menor personaje (al menos en comparación a Chuck, en la primera temporada) a una parte integral de la serie – no solo como el “ancla” de Jimmy en el área de la legalidad sino como un personaje con agencia propia, con motivos y preocupaciones y decisiones propias… con vida propia. La escena antes mencionada no es sino un botón de muestra de dicho trabajo, desde el dolor de darse cuenta de lo turbio del actuar de Jimmy, a la calma con la que intenta dar vuelta la tortilla ante Chuck, a la firmeza con la cual termina desintegrando el amor propio del mayor de los McGill – Seehorn no flaquea ningún segundo. Si no está nominada a algún premio durante este año, sería una injusticia.
Por otro lado, no debemos restarle méritos a Michael McKean – no se queda atrás en este capítulo en absoluto. McKean sabe interpretar una fragilidad mental/emocional que (afortunadamente) nunca se convierte en caricatura. Chuck McGill es despreciable y egoísta, con una santurronería que transita frenéticamente el límite de la hipocresía y, sin embargo, tiene razón. En prácticamente todo. Chuck McGill conoce tan bien a su hermano que descubre, tan solo con su propio razonamiento, la manipulación completa de Jimmy y el posterior encubrimiento de lo sucedido; lo conoce tan bien que sabe cuál fue la motivación precisa de su hermano menor para realizar tal acto. Lo tiene todo tan claro, es tan evidente, es tan transparente… entonces, ¿por qué nadie ve lo que él ve? La tragedia de Chuck McGill es ser Cassandra, o (en un ejemplo mucho más moderno y de cultura pop), Frank Grimes – el único hombre que se ve a sí mismo como sano en un mundo completamente loco. Es incomprensible para él que alguien tan dañino (para sí mismo y para el resto) como su hermano menor tenga tanto éxito gracias a su comportamiento manifiestamente ilegal; es inconcebible que el sistema, de alguna manera, recompense a quienes lo subviertan. De otra manera el sistema, ese sistema que Chuck tanto proclama defender, se cae a pedazos solo – y si el sistema cae, Chuck no tiene un propósito en la vida. Ergo, en la mente de Chuck, debe haber un castigo para la gente como Jimmy.
Por eso es tan devastador para él que Kim, una brillante abogada joven, decida apoyar a Jimmy a sabiendas de su actuar ilegal. Es algo inconcebible, una falla en el sistema, un corto circuito – y Michael McKean lo captura a la perfección. La mirada que le da a Kim luego de su “I feel sorry for you” es simplemente desgarradora, incluso más allá de la antipatía que uno pueda sentir por Chuck; es la mirada de alguien que no entiende lo que está sucediendo ante sus ojos, y que ha recibido no solo una sino varias estocadas. Es una mirada de un dolor más profundo que muchos otros. De una humillación completa, profesional y personal. De aceptación, horrible pero inevitable, de que ese sistema realmente se cayó a pedazos ante tus propios ojos.

Pero no es como que Jimmy la haya sacado barata, no es que la victoria haya sido suya y pueda vanagloriarse de haber vencido a su hermano. No, Kim sabe. Otra vez la actuación de Rhea Seehorn es precisa: una serie de golpes en el hombro y un “JUST. DRIVE.” y no hace falta decir más para saber qué está pasando por la mente de Kim.

Por su parte, Mike lleva a cabo su plan contra el Cartel de los Salamanca de forma perfecta. Habiendo estudiado el método de transporte del dinero sucio via el camión del “Regalo Helado”, solo bastaba encontrar el momento y lugar preciso para atacar sin dejar cabos sueltos. Un auto arrendado, una manguera con clavos, un serrucho eléctrico, un pasamontañas y cinta adhesiva es todo lo que bastaba. Simple, ¿no? Descubres el dinero escondido, lo robas, dejas al conductor con vida y esperas que la policía lo descubra – una reacción en cadena, un efecto dominó que llevará a la caída de los Salamanca. Merecido se lo tienen por amenazar la vida de una niña inocente.

El problema está en que a veces los planes no funcionan como uno espera, y a veces terminan siendo la causa de nuestra propia destrucción. “Nailed” es un capítulo tan hábilmente construido que nos ofrece dos tramas que -a priori- no tienen mucho que ver una con la otra y que, sin embargo, terminan siendo reflejos casi perfectos.
Mike, embriagado con el sabor de su aparente victoria sobre los Salamanca, incluso encuentra un momento para alardear (a su manera), pagando por una ronda de tragos completa en un bar y hasta coqueteando levemente con la mesera del comedor. Por unos instantes, pareciera que las cosas -por fin- van a mejorar para el anciano Mike después de tanta oscuridad.
La llamada de Nacho Varga termina por romper con esa precaria fachada, y en una conversación cuya locación es altamente simbólica (no fueron muy sutiles) Mike se da cuenta que por segunda vez consecutiva sus planes tienen consecuencias imprevistas – en esta ocasión causando, por su propia insistencia de “dejar las cosas a medias”, la muerte del “buen samaritano” que ayudó al conductor del camión. Tal vez nunca se le pasó por la cabeza que la gratitud de los Salamanca sería eliminar a cualquier tercero que hubiera podido destapar la operación, pero el hecho de no haber pensado en esa posibilidad significó la muerte de una persona cuyo único error fue haber ayudado a la persona equivocada. Una muerte innecesaria en una conciencia que no soporta más muertes innecesarias. Mike Ehrmantraut todavía no es la persona que le dijo, con una voz desgastada por los años de amarguras y penurias, a Walter White “I chose a half measure, when I should have gone all the way. I’ll never make that mistake again”… pero es posible que sucesos como éstos terminen catapultándolo hacia allá. No more half measures.

Jimmy, por su parte, “sutilmente” motivado por Kim (quien, al parecer, cruzó definitivamente su Rubicón personal luego de enfrentarse a Chuck) decide atar los cabos sueltos y se dirige a la fotocopiadora en la que realizó la alteración de documentos – pero ya es tarde. La presencia de Ernie en el lugar solo puede significar que Chuck está tras los pasos, a punto de descubrir la evidencia precisa que lo incrimina. Es tiempo de actuar rápido.
En una escena donde las dotes carismáticas de Bob Odenkirk saltan a la superficie, es tal vez el momento más Saul Goodman de la temporada, sobornando a un simple trabajador de fotocopiadora para evitar ser descubierto. Cuesta su buen dinero, eso sí, pero todo sale bien ¿no? Logra comprar su silencio, cambiar su testimonio e incluso la intención de editar la grabación de las cámaras de seguridad del local y así borrar todo ápice de su actuar delictual.
Excepto que en ese momento llega Chuck, cada vez más inestable, y comienza a exigir la verdad. Su verdad.

Es tan obvio que Jimmy manipuló los documentos. Tan claro. Tan transparente. Y sin embargo, no puede probarlo. El mundo se ha vuelto loco y Chuck McGill está cayendo, cayendo, cayendo y en un momento de inesperada brutalidad su cabeza retumba contra uno de los mesones. Un horripilante crunch y luego el silencio.

Call 911… call 911, come on!

La actuación de Bob Odenkirk aquí es más sutil, menos “flashy” que en otras ocasiones – pero no menos potente. Solo bastan esas palabras, una voz quebradiza y una mirada cada vez más humedecida para que nos olvidemos de la guerra fratricida sin cuartel entre los McGill y lo veamos como un simple hermano menor preocupado por la salud de su hermano mayor. Pero si aparece en la fotocopiadora, prácticamente se delata solo. El plan perfecto de James McGill ha cobrado, al parecer, una víctima insospechada.

Observaciones varias:

  • A pesar de lo eminentemente dramático del episodio, también nos regala una maravillosa escena absurda y comédica en la que Jimmy y su team (?) van a grabar un comercial a una escuela primaria. Esperamos ver prontamente el comercial completo, que probablemente sea al más puro estilo Saul Goodman, pero por ahora tendremos que contentarnos con una patriótica toma de Jimmy frente a una flameante bandera estadounidense.
  • Isn’t Rupert Holmes… english?”; “Well… yeah, and that’s some great trivia. But he spent his formative years right here in Albuquerque.” La mirada que le pega Jimmy a la maquilladora en ese instante es para morir.
  • You wanna be a filmmaker? Grow a pair.” Jimmy McGill y un consejo para los cineastas en potencia.
  • Un pequeño pero simpático homenaje a la carátula del gran “Abbey Road” de los Beatles en este episodio.
  • El camionero está escuchando “Mi Cucu” de la Sonora Dinamita. Un clásico bailable. No te metas con mi cucu.
  • You and Mozart, huh… you both started young.”
  • La escena de la humillación profesional de Chuck del inicio es fascinante, tanto desde las perspectivas opuestas de schadenfreude y de empatía. Por un lado, Chuck y su pomposidad se merecían una caída (ouch), particularmente luego de su soberbio “you are mistaken, and with all due respect, you are muddying the waters” hacia Wachtell y Paige, pero por otro lado quizás no tenía que ser tan humillante. O quizás sí. La gracia de Chuck es que tiene la razón, pero sigue siendo despreciable.
  • Hector Salamanca reacciona de muy mala manera cuando recibe las noticias del asalto al camión, requiriendo tomar pastillas para calmarse. ¿Será Mike el causante (directo o indirecto) del derrame que termine por relegar al viejo Salamanca a una silla de ruedas?

BCS Nailed B

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