Better Call Saul S02E10: “Klick” (Season Finale)

Hermanos

¿Cómo te sentirías si te has dedicado toda tu vida a ser el hijo modelo, a hacer lo imposible por honrar a tus padres, a caminar siempre por el camino correcto, a esforzarte hasta convertirte en un referente en tu área, y cuando tu madre se encuentra en su lecho de muerte, sus últimas palabras están dirigidas no a ti, sino a tu hermano?  El criminal, estafador, ladrón, oveja negra descarriada de tu hermano menor, el que termina destruyendo las vidas de todos quienes lo rodean, el que fue capaz de robarle dinero a su propio padre. Ese hermano. El que, de alguna manera, con un carisma que no posees, logra que todos le tomen cariño a pesar de sus repetidas transgresiones. El que parece ganar y ganar, a pesar de ir perdiendo. Ese hermano.

¿Cuánto resentimiento estarías dispuesto a guardar contra él? ¿Hasta qué punto estarías dispuesto a cargar con esa cruz?

Klick”, el final de la tremenda segunda temporada de Better Call Saul, realiza un sutil cambio de perspectiva durante gran parte de su duración. El capítulo en sí vuelve a centrarse, por sobre todo, en el conflicto principal de la serie (la guerra fratricida entre los hermanos McGill) dejando de forma prácticamente inconclusa las restantes historias desarrolladas, pero -y aquí está lo crucial- la perspectiva parece ser no la de Jimmy, sino la de Chuck.
Esta pequeña alteración se puede apreciar en la aterradora escena en la que el mayor de los McGill es atendido por los paramédicos y enfermeros en su llegada al hospital: nuestro foco de atención está puesto en su rostro, en sus expresiones, en su reacción (cada vez más exasperada) ante una situación que escapa completamente a su control. Es una secuencia impactante – nunca habíamos visto tan desencajado a Chuck (ni siquiera al final del capítulo anterior), perdiendo completamente cualquier semblanza de moderación y es reducido a una suerte de animal jadeante.

Lo anterior no quiere decir que “Klick” esté completamente anclado a Chuck, claro está: Jimmy sigue siendo el protagonista de su serie y en este capítulo lo vemos en una de sus facetas más halagadoras, preocupado completamente por la salud de su hermano. El contrapunto entre el flashback que da inicio al capítulo (en donde Jimmy se pierde las últimas palabras de su madre por irse de su lado para comprar almuerzo) y las escenas en las que cuida de su hermano hospitalizado es notorio y es intencional – no solo para demostrar el cambio/evolución (o, al menos, los intentos) en Jimmy, sino también porque es el elemento que utiliza Chuck para cambiar la marea a su favor cuando el capítulo llegue a su fin. A estas alturas, sin embargo, Jimmy solo planea enmendar algunos errores quedándose al lado de su hermano. Quizás sea muy tarde para efectivamente reconstruir los puentes que entre ambos quemaron, pero considerando que él fue (en gran parte) responsable de su precaria situación, al menos intentará hacer las cosas bien esta vez. Solo esta vez.
En ese sentido, Jimmy lidia todo el capítulo una batalla interna respecto a su culpa, más todavía cuando racionaliza su actuar delictivo (y su alteración de documentos es, sin ambages, un delito) como algo hecho no para ganancia propia, sino para la ganancia de un tercero, para Kim. Es esa cuestión lo que hace que la situación en general, esa suerte de tira-y-afloja entre los hermanos, sea más compleja y más trágica que lo que podría ser: Kim Wexler es una víctima más de una guerra que no le atañe, y cuando Jimmy ataca a su hermano lo que hace en verdad es poner en peligro a la persona que dice amar.

Un par de palabras respecto de las tramas secundarias en este episodio, antes de entrar de lleno con la parte final.

BCS Klick B

En primer lugar, Kim no tiene mucho qué hacer durante este capítulo y en general se siente que su arco argumentativo de la temporada se ha cerrado: gracias a Jimmy fue profesionalmente humillada, pero también gracias a Jimmy se dio cuenta que tanto su trabajo en HHM como una potencial movida hacia Schweikert & Cokely no iban a llevarla muy lejos así que decide romper las cadenas del trabajo dependiente y forma su propio estudio jurídico. Pasa, además, de ser una suerte-de-amiga-pero-nada-más a ser lisa y llanamente la pareja de Jimmy (aún cuando ninguno de los dos lo diga con claridad y en voz alta), y -tomando en cuenta su gran escena del capítulo anterior- una suerte de cómplice, a sabiendas de lo turbio que puede llegar a ser el comportamiento de Jimmy pero resignada a no denunciarlo. Para su infortunio las maniobras de Jimmy McGill terminaron por involucrarla a ella, en menor o mayor medida, en algo que podría hundirlos a ambos si saliera a la luz.
Lo anterior no quita que Rhea Seehorn tenga una escena en la que demuestre por qué es la MVP de esta temporada: aquélla en la que por fin ve el comercial de TV de Jimmy, con una sonrisa genuina de oreja a oreja y ojos humedecidos que dicen mucho más que cualquier palabra. Solo eso basta.

Por otro lado, Mike Ehrmantraut y su misión de terminar con la amenaza de Hector Salamanca de una vez por todas. Su historia es la más cercana a Breaking Bad de todas y, dependiendo de lo que uno busque de esta serie, eso va a determinar cuánto disfruta dicha narrativa: si a usted le interesa Better Call Saul más como precuela de Breaking Bad que como una serie en sí misma, entonces es muy probable que por similitudes tonales y por los cameos que han aparecido, los segmentos de Mike sean sus favoritos de la serie. A juicio de quien escribe, sin embargo, dicha trama se siente extrañamente divorciada de las restantes en múltiples sentidos, aún cuando sabemos que existe como premonición del mundo al que Jimmy McGill entrará una vez que renazca bajo su nueva identidad. Quizás ni siquiera sea la diferencia de tonalidad entre las historias lo que, a nuestro juicio, sea lo que termine por convertir la de Mike en el eslabón más débil (relativamente) de la temporada – sino más bien la verdadera falta de progresión en ella. En columnas anteriores hemos hablado de la aparente “lentitud” de la serie y de cómo dicha noción es un tanto equívoca – sin embargo en los segmentos de Mike algo de razón tiene cuando, a grandes rasgos, las cosas no han cambiado mucho en las últimas semanas. Ahora bien, esto tampoco es tan absoluto cuando, debido a su responsabilidad en causar la muerte de una persona inocente (otra vez hincapié en las narrativas paralelas), Mike decide por fin cortar por lo sano y hacer lo que debió haber hecho -en su mente- hace rato: eliminar de raíz a los Salamanca.
La tensión de esos momentos en este episodio no está dada tanto por la efectividad del plan de Mike (es más, sabemos que tanto Héctor como los gemelos seguirán vivos hasta el tiempo de Breaking Bad), sino por los pequeños detalles que ignoramos; mucho se había especulado durante las semanas anteriores sobre la participación de Mike en el derrame cerebral que terminaría confinando a Hector Salamanca a una silla de ruedas y quitándole su capacidad de hablar, por lo que la pregunta perfectamente podría haber estado en la mente de los espectadores mientras Mike apuntaba silenciosamente desde la lejanía hacia Héctor (y Nacho interponiéndose): ¿sería un disparo el causante de todo? ¿Se arriesgaría a disparar incluso a través de Nacho Varga?
Pero Mike duda. Su sentido del honor parece dominar todavía a su lado más frío y más pragmático. Su decisión de no apretar el gatillo se cimienta cuando escucha un bocinazo constante, proveniente desde su auto. Lo que sucede a continuación es un vil teaser, nada más: una nota en el parabrisas del auto. DON’T. La especulación sobre quién dejó la nota comienza y ya hay un candidato serio: nuestro compatriota Gustavo Fring, especulación claramente apoyada por el hecho de que las iniciales de cada capítulo de la temporada dan como resultado el mensaje “FRINGS BACK” una vez reorganizadas – un mensaje cuya intencionalidad fue confirmada por Vince Gilligan una vez transmitido el capítulo. Siempre está la posibilidad de que sea un bien trabajado engaño (“misdirection”, como dirían en inglés) pero dudamos que Gilligan, Gould y compañía tengan tan poco respeto por el espectador que sencillamente se hayan rebajado a levantar expectativas por nada.

Con todo, la historia de Mike Ehrmantraut queda en una suerte de limbo en donde nada está realmente resuelto y su propio viaje particular (de “half-measures” a “no more half-measures”, por decirlo de alguna manera) se siente un poco apresurado en comparación a los desarrollos de los restantes personajes de la serie. A pesar de esto, igual lo queremos mucho.

Ahora llegamos definitivamente al conflicto principal del capítulo, de la temporada y de la serie. Este conflicto, esta pelea sin tregua librada desde hace décadas (al menos por una de las partes, obrando con alevosía), esta guerra de amargura y decepción sería -en alguna otra serie más épica, más grandilocuente, más rimbombante- una cuestión prácticamente ancestral, con sangre, batallas y maldiciones, quizás nacida de conflictos hereditarios o ansias de poder. Pero acá, en Better Call Saul, es algo mucho más reducido en escala y en alcance: es una simple pelea entre hermanos librada entre papeles con letras, muecas y silencios. Es una bendición, por lo tanto, que la serie logre extraer máxima tensión -y de una manera tan bien lograda- de un conflicto tan pequeño y hasta irrelevante, que nos convierta en partícipes de una pelea motivada más por egos que por el bien de la sociedad en su conjunto, que logremos apoyar emocionalmente y hasta identificarnos con alguien que en otra serie perfectamente podría ser un villano.

Gran parte de la ficción es un truco de perspectivas y, a falta de completa omnisciencia, estamos condenados a permanecer anclados a perspectivas limitadas – y dichas perspectivas informan nuestra percepción de las cosas. En Better Call Saul, para ser concretos, nuestras perspectivas son (en su mayoría) la de Jimmy y la de Mike, y (en su mayoría) las interacciones de ambos con el resto de los personajes son las que nos guían hacia ciertas emociones, ciertas reacciones y, por tanto, a sacar ciertas conclusiones. Caso en concreto: Howard Hamlin durante la primera temporada antes y después de la famosa revelación en el penúltimo capítulo. La utilización de ciertas perspectivas, la retención intencional de información por parte de los creadores – todo se asemeja a un gran truco de magia en el que uno (parafraseando a The Prestige) desea ser engañado. Allí está el truco. Allí está la efectividad. Allí está la gracia.
Por eso toma relevancia, una vez más, el flashback que da inicio al capítulo y las preguntas con las que iniciamos esta reseña: dicho flashback agrega más capas a esa maraña insoportable que es Chuck McGill, esa profundamente insegura masa de ego que le hace la vida imposible a su hermano de forma casi irracional aún teniendo la razón sobre el comportamiento de éste; y, al agregarle más capas, se asegura de demostrar que Chuck es más que un simple villano caricaturesco, alguien a quien odiar simplemente porque sí. En otras palabras, humaniza a Chuck McGill – pero esto claramente no significa que debamos justificar sus acciones. La serie es hábil en ese sentido, logrando que cualquier sentimiento de empatía que surja llegue hasta cierto punto y no más allá.

La cuestión de la perspectiva es esta: perfectamente podría existir una serie en la que Chuck sea el protagonista, un destacado abogado cuya salud mental está progresivamente deteriorándose y que debe lidiar con un hermano menor criminal que ha logrado traer vergüenza y ruina una y otra vez tanto a su familia como a su trabajo, y que no solo contentándose con romper constantemente la ley para beneficio propio, tiene el descaro de culpar a su hermano mayor por todos sus problemas y decisiones equivocadas en su vida. Better Call Saul sería un show bastante distinto si Jimmy no fuese nuestro protagonista y su perspectiva no fuese (casi) siempre la nuestra… pero no es ese show. Y en ese sentido, la manipulación intencional por parte de los creadores es que alentemos a Jimmy y detestemos a Chuck, y ¿por qué no habríamos de hacerlo? Aquí está el quid del asunto: de vez en cuando Gilligan, Gould y compañía rompen las expectativas y se rehúsan a jugar el juego que todos los demás juegan. Chuck McGill no es un villano cualquiera, es un antagonista redondo, con motivaciones propias, con virtudes y defectos, con ansias y sueños y decepciones. Es difícil no ver su punto de vista, aún cuando no lo compartamos, aún cuando no queramos que tenga éxito; comprendemos de dónde viene su resentimiento hacia el protagonista (o sea, no es simplemente “un villano porque sí”) y sabemos que existe más allá de su oposición a él. Los creadores juegan con nosotros, enseñándonos momentos donde Chuck es más vulnerable, más débil, aparentemente más cercano, ni la mitad de la muralla que sabemos puede llegar a ser – pero nunca lo convierten en un personaje entrañable. Es la prueba fehaciente de por qué tener una (supuesta) superioridad moral no te convierte en una buena persona; también de hacer “lo correcto” por razones profundamente equivocadas. Chuck McGill, detestable y deteriorado, celoso por completo de los triunfos (en su mente, inmerecidos) de su hermano, es una constante mezcla de grises cuando todos quieren pensar en blanco y en negro.

Jimmy McGill, por supuesto, también lo es. Allí está el truco. Allí está la efectividad. Allí está la gracia.

La tragedia de Better Call Saul en verdad no es una sola, son múltiples tragedias, a diversa escala y en diversas dimensiones. Es la tragedia de un hombre en caída libre en cuyo descenso hacia la oscuridad decide realizar actos de dudosa moralidad para darle algún sustento a lo que le va quedando de familia (¿Walt? No, es Mike – aunque en este caso, el componente de culpa juega un papel preponderante que no estaba presente en el caso de Heisenberg). Es la tragedia de una mujer talentosa cuyo radiante camino profesional está a punto de conducirla a un acantilado solo por haber cometido el error -insospechado- de haberse involucrado con un abogado criminal (Kim). Es la tragedia de un hombre traicionado por la persona que más admiraba, luchando -sabemos que con resultado infructuoso- contra sus instintos más oscuros, atascado en un conflicto entre hacer el bien, hacer el mal, y hacer el mal aún cuando sus intenciones sean las correctas (Jimmy). Es la tragedia de un hombre que, por un lado, es incapaz de convencer al mundo de lo peligroso que es su hermano a pesar de múltiples advertencias y, por el otro, es incapaz de creer que la gente puede cambiar para mejor si les da apoyo verdadero en vez de una fachada condescendiente (Chuck). Y es, además, la tragedia de dos hermanos que son incapaces de ver lo similares que son a pesar de sus evidentes diferencias, y de cómo ambos son el punto débil del otro, una suerte de kriptonita personificada, y de cómo en ese conflicto ambos terminarán probablemente destruyéndose mutuamente antes de admitir que quizás han llevado las cosas demasiado lejos.

El final del episodio es brutal incluso más allá de la revelación de que Chuck hábilmente (y sin el consentimiento de su hermano, obvio) grabó la confesión de Jimmy de haber manipulado los documentos y que lo hizo para ayudar a Kim. Lo brutal está en que Chuck McGill también ha cruzado una suerte de Rubicón, tal como Kim lo hizo en el capítulo anterior – y al utilizar métodos tan similares a los que podría usar su hermano y de una manera tan efectiva, el espectador se da cuenta que esa línea (que en la mente de Chuck está claramente definida) que divide a los hermanos McGill ha comenzado a difuminarse por completo. Chuck se ha aprovechado -no hay otra forma de decirlo- de la debilidad de su hermano (todos esos sentimientos de culpa que aún lo atan a su familia) para crearse un as bajo la manga. Jugó el mismo juego que Jimmy y, podríamos decirlo, resultó ser incluso más hábil que él. La misma paciencia extrema para empapelar las paredes de su casa con aluminio, la habilidad para presentar su renuncia a HHM sabiendo que Howard sospecharía de Jimmy y que Jimmy iría a hablarlo directamente con él, el talento para actuar de un hombre tan devastado por su propia condición que conmovería a su hermano lo suficiente para extraer una confesión. De verdad fue un trabajo de relojería suiza.
Y Jimmy McGill, Slippin’ Jimmy, el futuro Saul Goodman, el abogado criminal que ha estafado a diversos sujetos a lo largo de su vida, cayó redondito.

No lo culpamos, si con momentos como “It’s this goddamned electricity! It’s wearing me down. It’s wearing down my faculties. My brain! My mind!” es difícil no convencerse. Chuck McGill juega ese juego mejor que su propio hermano.

Cuando, hace varios capítulos ya, Jimmy le dijo a Chuck de forma exasperada “Come on down Chuck, roll around in the dirt with me,” jamás se imaginó que se haría realidad – pero no de la forma que él esperaba, ni que fuera potencialmente tan devastador para él. Chuck McGill se ha rebajado al nivel de su hermano y ahora posee el destino de Jimmy en sus manos. O, para ser más precisos, en una cinta dentro de una grabadora.

Notas al cierre de la temporada:

  • En alabanza de series lentas, que se toman su tiempo para construir un universo que se sienta verosímil consigo mismo, y que derivan su verdadera calidad de una construcción cuidadosa, admito que Better Call Saul no me recuerda tanto a Breaking Bad salvo en cuestiones estilísticas (y, claro está, toda la trama de Mike), sino más bien a Mad Men: otra serie criticada por muchos como “lenta” y en la que “nunca sucede nada”, de low stakes y de trabajada precisión, pero que merece ser vista múltiples veces para apreciar su complejidad. Es como si Mad Men y Breaking Bad hubiesen tenido un retoño. Todos salimos ganando.
  • Gimme Jimmy!” es un gran slogan, que humildemente encontramos mejor que “Better Call Saul!
  • El comercial en sí de Jimmy es una maravilla saulgoodmanesca, desde el el traje blanco con camisa de color, al ensalzamiento cursi a la generación de Baby Boomers, al patriotismo barato. Una joya.
  • Siguiendo con el comercial, es tristemente irónico que culmine con “a lawyer you can trust” y que, sin embargo, Jimmy sepa en ese momento que su traición a la confianza terminó con su hermano hospitalizado. Eso sí, el toque preciso de humor de ese momento está en un pequeño detalle: el comercial que sigue al de Jimmy es el de “Weasel”, término que coloquialmente se utiliza para las personas manipuladoras y de escasa fiabilidad. O sea, calza perfecto para Jimmy.
  • Amamos a Kim Wexler, amamos a Rhea Seehorn y esperamos que la próxima temporada tenga aún más material con el cual brillar. Gran adición a la serie..
  • I want coffee but I do not want cream”. Maravilloso momento.
  • Otro momento conflictivo respecto a Chuck (que no justificamos en absoluto pero entendemos de dónde proviene): la decisión de mentirle a Jimmy sobre las últimas palabras en vida de su madre. Puede construirse como una decisión casi altruista por parte de Chuck, evitando que Jimmy se torture constantemente con el conocimiento de que su madre lo llamó en sus últimos momentos y que él no estuvo allí solo por tener hambre… pero, por otro lado, puede verse como una decisión estrictamente motivada por el resentimiento y los celos de un hermano a otro. La interpretación se las dejamos a ustedes.
  • Hay una posibilidad de que Jimmy aún así pueda salvarse de la destrucción, e involucra desvirtuar la grabación de su confesión, argumentando que fue una mentira para evitar deteriorar aún más el estado mental de su hermano. ¿Veremos esto en la siguiente temporada, o la resolución de este conflicto irá por otras vías? Tenemos casi un año de espera para averiguarlo.
  • Como dato curioso, aunque Chuck se rebajó (moralmente) al nivel de Jimmy, demostrando que su hermandad va más allá de la simple genética, su grabación sin consentimiento de la confesión de Jimmy no es ilegal en Nuevo México: las leyes de grabación allá lo permiten con el consentimiento de una de las partes (v.gr. Chuck).
  • La confesión de Jimmy es particularmente emotiva no tanto por la honestidad de la confesión en sí, sino porque está prácticamente sacrificándose para “salvar” a su hermano. Sí, la alteración de documentos es un delito y confesarlo no es en sí un gesto heroico, pero la circunstancia de hacerlo pensando que es la única manera en que tu hermano no deje de lado lo único que le otorga sentido a su vida, pensando en que es la única manera de que no deje de ser quién es (a pesar de todo lo odioso que puede llegar a ser)… eso sí es noble.
  • Ernesto es un grande. Junto con Omar, son verdaderos amigos.
  • Dentro de todo consideramos que la segunda temporada ha sido más consistente que la primera – quizás con menos puntos sobresalientes (como la confesión de Mike sobre su hijo, o la revelación de Chuck) pero con un tono casi definido y menos dudas sobre sí misma. Tenemos la fe que la tercera temporada será aún mejor.
  • Gracias a todos/as por leer nuestras reseñas y comentarlas. Lo hacemos por ustedes, y su feedback siempre nos motiva a mejorarnos.

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