Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. S03E18: “The Singularity”

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“Singularidad” es, como muchas otras palabras, polisémica: posee una diversidad de significados, cada uno con un contexto a cuestas. Es, por un lado, la característica de aquéllo que es singular, poco usual, único, distinto al resto. Es, también, un punto donde todas las líneas convergen, un punto donde una variable cuantificable alcanza valor incuantificable o infinito, y un punto o región en el espacio-tiempo en donde la densidad de la materia y la gravedad se vuelven infinitas por lo que las leyes de la física como las conocemos no pueden aplicarse allí.
En términos tecnológicos-futuristas, por su parte, es incluso más difícil de definir con precisión, existiendo diversas acepciones que a veces pueden resultar compatibles y a veces, completamente opuestas – aunque apuntan (en teoría) a un momento en el que el desarrollo tecnológico alcanzará un nivel superior al humano, una suerte de punto de inflexión en el que nuestro entendimiento, nuestra forma de ver y experimentar el mundo, se verá completamente sobrepasado, se volverá -por decirlo de alguna manera- obsoleto. Será imposible de comprender para las mentes humanas.

En su gran mayoría coinciden no solo en la idea de la convergencia – sino también en aquélla en la de un punto después del cual lo predecible se vuelve impredecible, lo cuantificable se vuelve incuantificble, lo mundano se vuelve absolutamente desconocido. No es casualidad, entonces, que “The Singularity” sea un capítulo cuyo título sea, en menor o mayor medida, temáticamente relevante en distintos planos.

The Singularity” se inicia con una acabada pero poco agitada secuencia de una sola toma, en la que May y Mack discuten la situación inmediatamente posterior a la fuga de Daisy (bajo el control de Hive) que cerró el capítulo anterior. Es una simpática manera de disfrazar un info-dump, pero no pasa más allá de eso – al menos hasta que May demuestra una vez más sus dotes como piloto y logra sacar el Zephyr One de la base incluso con las puertas del hangar a medio abrir.
Después de eso, nos vamos “dividiendo” en diversos grupos pequeños a medida que avanza la trama: por un lado, Coulson, May y Lincoln intentando evitar que Hive “reclute” a más Inhumans a su causa; por otro lado, Hive y Daisy ejecutando de a poco los planes del primero; y, por último, Fitz-Simmons (y Mack) siguiendo la pista de un científico que podría -o no- tener la llave para liberar a los Inhumans del control de Hive.

Como bien podría seguirse del título del episodio, estas distintas historias eventualmente convergen, y evidentemente las cosas no terminan bien para nuestros héroes.

En cuanto a Coulson respecta, su misión fracasa por completo cuando descubrimos que Alisha ya está siendo controlada por Hive. Aquí lo relevante es menos el desarrollo particular de la trama y más la cuestión emocional: Coulson, al momento de llevar a cabo la misión, está dispuesto a literalmente sacrificar a Lincoln si éste llegara a caer bajo el control de Hive, forzándolo a llevar puesto un murder-vest y ordenándole a May a activarlo si lo peor llegara a suceder. De las cosas cuestionables que ha hecho Coulson, ésta es una de las más reprochables – particularmente porque momentos antes había recalcado la importancia de mantener viva a Daisy porque “todavía era parte del equipo” y “solo estaba siendo controlada por Hive”, una hipocresía que May furiosamente se la saca en cara. Va a cumplir la orden, si surgiera la necesidad, pero será Coulson el que tendrá que lidiar con la sangre en sus manos.
Al mismo tiempo, llega directamente al origen de la discrepancia, de esa insoslayable hipocresía en su estrategia: Lincoln es un don nadie ante sus ojos, pero Daisy es “lo más cercano que tiene a una hija”. Es quizás un lazo un tanto exagerado pero tiene sentido si observamos la evolución de la otrora hacker y su vacío existencial por su infancia en orfandad, encontrando lazos familiares en sus compañeros de S.H.I.E.L.D. y luego encontrando efectivamente a sus padres biológicos; claramente Coulson formó un vínculo emocional con una joven que ha ayudado a crecer en términos emocionales y a hacerse, literalmente, más poderosa y que, a su vez, haya ayudado a éste a recobrar parte de su humanidad luego de lo relacionado con TAHITI, por lo que no es tan descabellado pensar que efectivamente la considere casi como una hija.

En la vereda contraria, lo de Hive y Daisy resulta un simpático contrapunto a la misión fracasada de Coulson & compañía: mientras éstos piensan que Hive está intentando crear un ejército de Inhumans bajo su control, el verdadero plan es un tanto más sutil, más insidioso – los ejércitos existen para combatir, pero ¿para qué combatir si todos comparten una misma idea y un mismo fin? La idea es menos crear un ejército y más “unirlos a todos en un solo ente”, lo que resulta mucho más escalofriante.
Al mismo tiempo, las interacciones entre Hive y Daisy (y, durante la última parte del capítulo, Simmons) revelan que hay mucho más que una simple dominación mental, por un lado, y que la mera “ocupación” de un cuerpo inerte, por otro: los parásitos de Hive actúan como una droga muy potente sobre los diversos “sectores del placer” del cerebro Inhuman, provocando una adicción que, si bien deja intacto el libre albedrío de la víctima, sí la impulsa a acatar las órdenes de Hive para seguir sintiéndose bien; y desde la perspectiva opuesta, los parásitos no solo “reaniman” el cuerpo que le sirve de huésped sino que conservan los recuerdos de la persona que fue y parte de sus sentimientos. Esta “dualidad” se presta para situaciones bastante interesantes como Daisy reconociendo que la infección de Hive la hace sentir que ha “llenado el vacío” de su eterna búsqueda por tener lazos familiares (doblemente significativo porque, gracias a la infección, Hive es parte de ella y ella es parte de Hive) y sentir conexión genuina con el resto de la gente, reiterando dicho punto mientras disuade -de forma dolorosa- a Fitz de intentar rescatarla, o Will “hablando a través de Hive” con Jemma.
Esto último resulta doblemente interesante, porque genera un par de preguntas complementarias: si Hive “absorbe” los recuerdos y sentimientos de cada huésped, ¿tiene una identidad propia o es solo la suma de diversas vidas? Si todos los recuerdos y vivencias del huésped son traspasadas a Hive, ¿es factible decir que siguen “viviendo” incluso después de muertos? ¿Es ese cúmulo de memorias y sentimientos la identidad de una persona, o hay algo más que las hace únicas, que las hace ser ellas? Son, tal vez, preguntas que no obtengan una respuesta clara en Agents of S.H.I.E.L.D. y cuyo ámbito de discusión excede por completo la temática de una serie con aliens, superhéroes y cultos ancestrales, pero al menos hacen bien por robustecer una narrativa que muchas veces peca de simplista.

Las escenas entre Fitz y Simmons en los últimos capítulos han sido, definitivamente, un regalo para todos quienes le tenemos (en menor o mayor medida) cariño a la pareja de científicos británicos, y este capítulo no es la excepción. Su misión particular, junto a Mack como backup, en búsqueda del Dr. Holden Radcliffe (el gran John Hannah, quien fue Batiatus en Spartacus y Jonathan en las películas de The Mummy con Brendan Fraser) nos introduce a una potencial nueva facción dentro del universo Marvel – o al menos, esperamos que así sea: los transhumanistas, movimiento que pretende que la especie humana trascienda sus propias limitaciones a través de la tecnología. Una pizca de cyberpunk en Agents of S.H.I.E.L.D. siempre es bienvenida, y en una serie con alto contenido de ciencia-ficción, no se siente tan discordante. La tensión en los momentos antes de encontrar al Dr. Radcliffe es alta, particularmente porque el espectador ignora cuál será la reacción de los transhumanistas, llegando a su punto máximo cuando a Fitz-Simmons se les solicita realizar una cirugía para reemplazar el ojo de un paciente por el ojo biónico que traían para convencer a Radcliffe – una escena un poquito incómoda para aquéllos que tengan alguna fobia a las agujas.

Más allá del avance de la trama en estos segmentos, sin embargo (y están bien logrados, aunque un tanto apresurados y sujetos a coincidencias), se nos agasaja con lo verdaderamente importante entre ambos: su relación. No podía ser de otra manera que Fitz -particularmente él- intente referirse en términos puramente científicos a su situación con Simmons, el más tímido y retraído de los dos; básicamente toda su referencia a la singularidad como concepto -en ambas ocasiones- hace referencia al cambio inevitable que sufrirá su relación tanto humana, profesional y romántica, una vez que tengan sexo (y eso es algo que Simmons captó desde un principio). Y aunque aplicaron el viejo truco de la “interferencia en las comunicaciones” para evitar ser oídos por Mack, éste ya sabía perfectamente qué estaba pasando. Por supuesto, los momentos finales no hacen más que reafirmar que por fin, luego de casi morir en altamar, infiltraciones en HYDRA, secuelas mentales luego de dicho encuentro cercano con la muerte, y una separación interplanetaria debido a un monolito/portal ancestral, por fin Fitz y Simmons dan el siguiente paso en su relación, yendo más allá de ese “punto de no retorno” al cual hace alusión vaga el título. Nosotros nos emocionamos y aplaudimos a la distancia. Bien hecho Fitz, bien hecho Simmons. Ojalá, eso sí, que su felicidad no sea efímera.

Como ya mencionamos antes, los distintos segmentos del episodio convergen en uno solo cuando se nos revela que Hive y sus Inhumans (buen nombre de banda) ya llegaron al club de los transhumanistas para hacerse con el Dr. Radcliffe, haciendo que prácticamente todos nuestros héroes fracasen en sus misiones esta semana (excepto Fitz-Simmons, pero eso es una misión de distinta índole). No lograron impedir que Hive sumara adeptos a su bando, ni lograron conseguir una potencial cura para la infección por parte del Doctor Radcliffe, así que se van con las manos vacías. Afortunadamente para Fitz y Simmons, tanto Hive-Will como Hive-Daisy no tenían intención de matar a nadie; desafortunadamente para Mack, el australiano loco ahora Inhuman (James, más conocido como Hellfire) sí lo prefería. Al menos Mack se salvó.

La cuestión crucial es que el plan de Hive se relaciona, una vez más, con la idea que el título del capítulo parece presentar: a su manera, va a lograr que la raza humana trascienda. Eso implica experimentar a gran escala, replicando el experimento Kree que creó a Hive en primer lugar. Miedo.

Cosas más, cosas menos, “The Singularity” es otro sólido episodio de la serie, incluso si se siente un tanto inconsistente. Agents of S.H.I.E.L.D. funciona mucho mejor cuando la tensión aumenta y las cosas parecen empeorar con cada segundo que pasa, y las consecuencias del clímax de este episodio parecen apuntar a ello. Estamos “en tierra derecha”, como se suele decir, y la cuenta regresiva para el final de temporada ya está en marcha.

Observaciones varias:

  • El australiano loco ahora es Inhuman, y sus poderes son como de una copia discreta de Gambit. No nos quejamos – Axle Whitehead ha sido una divertida incorporación al elenco.
  • Are you drunk?”; “Well, I’m Australian, so… yes.
  • We should consider all variables as we move forward because things are bound to get… complicated”; “You mean once we have sex?” La cara de Fitz en ese momento es impagable.
  • Y así, de la forma más poco ceremoniosa posible, termina la amenaza de HYDRA en la serie: a través de múltiples ataques coordinados por Talbot, y ni siquiera somos testigos presenciales de dicho momento. Tan solo una pantalla y sonidos lejanos. Si se siente anticlimático, es porque de verdad lo es.
  • Lo de Coulson y Lincoln se siente como un meta-comentario a la tépida reacción de los fans a este último: por mucho que a uno le moleste, deshacerse de él de una forma así de brutal sería excesivo, no?
  • Siguiendo con Lincoln – al menos en estos últimos episodios ha mejorado bastante. Será porque tiene material un poco más robusto y variado que simplemente forzar su relación con Daisy.
  • Siempre es bueno ver a John Hannah en la TV. Si no han visto Spartacus (la serie), está completamente recomendada.
  • Fitz-Simmons is love. Fitz-Simmons is life.
  • No podíamos no mencionar el “escudo de energía” que Coulson ocupa para protegerse él y May de la explosión. Como buen fanboy del Capitán América, Coulson debe estar feliz de por fin tener su “escudo” propio. Ah, y “I thought it would be cool if the Director of S.H.I.E.L.D. had a shield.

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