Game of Thrones S06E03: “Oathbreaker”

Los juramentos rotos

Un juramento posee más poder del que se piensa. Puede determinar, hasta cierto punto, la verosimilitud de un acto o de un evento. Puede encauzar una vida. Puede definir el destino de esa vida. Puede significar un vínculo indisoluble, o puede ser tomado como simples palabras en el viento. “Oathbreaker” se centra, a través del incontrolable mar espaciotemporal, en sujetos que de una u otra manera han quebrantado sus juramentos, han abandonado sus puestos, han realizado aquéllo que juraron no realizar.

El capítulo se inicia tan solo momentos después del final que dio qué hablar por una semana, esa escena que puso fin a meses enteros de especulaciones y teorías desbocadas: la resurrección de [nuestro señor] Jon Snow. En esta ocasión, sin embargo, nos alejamos un poco desde la interioridad del Bastardo en sí, y nos centramos en la reacción de la gente de su entorno respecto a su viaje más allá de los velos de la muerte: el rostro impávido de Ser Davos es, a mayor abundamiento, el inicio del capítulo en sí. Una expresión de reverencia mezclada con incredulidad, una solemne manifestación de no-sé-qué-está-pasando-y-honestamente-no-quiero-saberlo-pero-al-menos-es-algo-bueno en el rostro del Caballero de la Cebolla, que luego llama a Melisandre para hablar con el renacido.
La perspectiva de Melisandre es, a su vez, distinta a la de Davos, considerando la crisis de fe que sufrió con las muertes de Stannis y de Jon – sus preguntas buscan validar sus propias creencias, está buscando desesperadamente encontrarle el sentido una vez más a su propia vida (definida, por tanto tiempo, en su devoción al Señor de la Luz), preguntando si hay “algo más” allá de la muerte para ver si su fe no estaba puesta en algo inexistente, para ver si su misión en la vida no era un completo fracaso. La respuesta de Jon quizás no ayude a aliviar sus temores, pero el hecho mismo de que Jon Snow haya vuelto a la vida sí. El propósito está. La misión no está terminada. “The Lord let you come back for a reason. Stannis was not the Prince that was Promised… but someone has to be.”

El título del capítulo se refiere, en este caso, tanto a Jon como a sus Hermanos de la Guardia que conspiraron contra él – algo que resulta evidente. La aparente traición de Jon a su propio juramento y a la “misión” de la Guardia cuando decidió traer a los Salvajes al sur del Muro, junto a la evidente traición de los conspiradores al apuñalar hasta la muerte a su Lord Comandante (haya sido por un bien superior o no) salen a flote aquí, sumándose a la situación especial provocada por su resurrección: si su Guardia no termina hasta su muerte, y Jon efectivamente murió – ¿qué sucede ahora con su juramento, una vez que vuelve desde el más allá? La respuesta nos la da el final mismo del capítulo. Volveremos a ello más adelante.

Más al sur, las cosas toman un color completamente distinto. El hecho de que el capítulo fuese emitido durante el Día de la Madre e incluyese las escenas acontecidas al pie de la Torre de la Alegría (algo que sabíamos desde los avances de la semana pasada) dio pie para que muchos fans especularan con que por fin, durante este capítulo, sabríamos la verdad sobre los padres de Jon.
Y, por supuesto, no fue tan así.
Utilizando a Bran y al Cuervo de Tres Ojos como puntos de vista, en su calidad de “instrumentos narrativos de flashbacks”, somos testigos de los eventos que enfrentaron a los jóvenes Ned Stark y Howland Reed contra miembros de la Guardia Real como Ser Arthur Dayne. Los sucesos acontecidos en la Torre de la Alegría han sido desde hace mucho tiempo favoritos de los fans del libro, en primer lugar por el lenguaje evocativo y melancólico que utiliza George R.R. Martin para describir lo sucedido, y -de forma más relevante para el resto del mundo- porque su ubicación dentro de la narrativa de los libros (un sueño/visión de Ned Stark poco antes de morir ejecutado, mientras se lamenta no poder volver a ver a Jon) y el rastro de migajas que contiene forman parte de una de las teorías más conocidas y difundidas que circunda el fenómeno de A Song of Ice and Fire: estamos hablando, por supuesto, de aquélla que se resume en “R+L=J”. Desafortunadamente para el espectador (en especial aquél que estaba 100% seguro de que vería la confirmación explícita la teoría en pantalla), el Cuervo de Tres Ojos decide que lo sucedido dentro de la torre es cuestión para otra ocasión, y el flashback se termina sin esa confirmación explícita. Es comprensible, sin embargo: una revelación de esa magnitud debe contener cierta importancia no solo para el espectador, sino que también importa el contexto en el que se posiciona, la conexión emocional que tiene el receptor con la información recibida, la “utilidad” de dicha revelación… la escena habría sido más una forma de calmar las ansias de los fans y validar sus creencias más que aportar en algo a la trama dentro del contexto – si algo así termina siendo revelado, más que seguro que sus consecuencias excederán un simple flashback.
Lo anterior no quita que el habernos privado de la conclusión del flashback haya sido una movida cruel, Benioff y Weiss. Nos quedamos con las ganas.

Afortunadamente, el resto del flashback no afloja y nos regala un combate bastante épico entre Ser Arthur Dayne y un Ned Stark – y si bien la escala está reducida respecto al libro (menos combatientes) y Dayne no está blandiendo una sola espada (el legendario mandoble Albor) sino que dos, la escena funciona igual. Quizás el actor que hace de Ned Stark no se parece mucho a nuestro querido spoiler caminante Sean Bean, y su expresión parece no cambiar con facilidad, pero funciona igual: es brutal, es significativa, es claramente trágica, y es hasta tensa porque, a pesar de que sabemos que Ned vive (hasta los eventos de la primera temporada), no sabemos cómo termina específicamente. Al menos ahora se nos revela que Ned le mintió a sus hijos – no fue él quien acabó con la vida de la Espada de la Mañana, sino que fue su amigo Howland Reed, apuñalando al más condecorado de los Guardias Reales por la espalda.
Antes de que el flashback termine, eso sí, nos ofrece dos momentos de particular importancia: los gemidos desde el interior de la Torre (¿por qué tenían que cortar el flashback allí?) y la leve interacción a través del tiempo (!) entre Bran y su padre. Es un pequeño detalle con suficiente ambigüedad como para no darle la razón ni a Bran ni al Cuervo de Tres Ojos. Funciona.

Vale decir también que aquí ambos bandos cumplen el rol del “oathbreaker”, al menos uno respecto del otro: los rebeldes, por traicionar a su Rey (por muy despreciable que fuese); la Guardia Real, por no estar en la batalla principal del conflicto defendiendo a Su Majestad (aún cuando tuviesen órdenes precisas de resguardar la Torre). Cuestión de perspectivas, pero que además ayuda a profundizar el tono trágico del flashback en general: las muertes no fueron nacidas ni de malicia ni de capricho, sino que ambos estaban simplemente cumpliendo con el deber que los llamaba.

GOT Oathbreaker B

En distintos lados del planeta, eso sí, las cosas se vuelven un tanto más inconexas. En Meereen, por ejemplo, encontramos una escena que a todas luces es relleno pero que es elevada, en primer lugar, por las grandes aptitudes comédicas de Peter Dinklage y, luego, cuando Varys regresa trayendo la información sobre quiénes realmente financian a los Hijos de la Arpía: la revelación de que prácticamente todas las cúpulas de todas las ciudades de la zona están financiando la sedición contra Daenerys no es tan sorprendente, pero sí los pone en una situación precaria. Con pocos soldados, sin flota, una ciudad al borde de la anarquía y rodeados de enemigos poderosos, es cuestión de tiempo que sean superados; al mismo tiempo, salir a atacarlos directamente es suicida y absurdo, corriendo el riesgo de perder todas las tropas en combate y dejar la ciudad desprotegida y lista para ser tomada una vez más más por los esclavistas. Entre la espada y la pared, el “concejo” de Daenerys no tiene otra salida que negociar.
En Braavos, Arya Stark (o “nadie”) continúa con su entrenamiento bajo los Hombres sin Rostro. Lo que sería una secuencia tediosa y repetitiva (en sus términos más básicos, cumpliría casi el mismo rol que sus escenas en capítulos anteriores) es rescatada por un ingenioso montaje de entrenamiento en paralelo con su progresiva pérdida de identidad; esto último sería completamente siniestro (estamos hablando de literalmente despojarse de su identidad) si no fuera tan entretenido verlo. Al menos recupera su vista luego de declarar que de verdad es “nadie”, así que de aquí en adelante dejaremos de verla como niña ciega entrenando con un bastón. Ya no es Matt Murdock.

Mientras tanto, en Vaes Dothrak, Daenerys se da cuenta que su destino en la ciudad de los Dothraki es peor de lo que esperaba: lo positivo para ella sería quedarse “para siempre” entre las viudas de los Khals, pero eso dependerá de qué decidan los Khals en su gran reunión. Aquí Daenerys cumple (hasta cierto punto) el rol de “oathbreaker” puesto que no cumplió, no tanto con un juramento, sino más bien con una tradición que no tenía por qué saber: después de la muerte de Drogo, debía dirigirse inmediatamente hacia Vaes Dothrak. Ella, en cambio, decidió forjar su propio destino – es esa independencia (tan necesaria) lo que ahora la pone en jaque. Es básicamente un cautiverio, sea cual sea el resultado.

Volviendo a Westeros, nos encontramos a Sam y Gilly viajando hacia el sur. No precisamente hacia Antigua, eso sí: primero van a pasar a Horn Hill, el sitial de la Casa Tarly, en donde Gilly y el pequeño Sam podrán vivir -esperamos- en paz. Sam es otro “oathbreaker”, habiendo tenido un hijo con Gilly en primer lugar (contradiciendo su juramento de la Guardia) y luego mintiéndole a la Salvaje sobre su paradero (aunque haya sido con buenas intenciones e igual haya terminado diciendo la verdad). Es una escena casi de relleno, aunque al menos nos enteramos del leve cambio de planes de Sam.

En la capital de los Siete Reinos, por su parte, las cosas no mejoran para Cersei y Jaime. Su tío Kevan (actualmente Mano del Rey) no tiene ninguna intención de considerarlos para discutir cuestiones relevantes junto con el Consejo Privado, la (gran) Lady Olenna ha vuelto a la Capital y Tommen, de a poco, se muestra más cercano a las ideas del Gorrión Supremo. Esto último se aprecia en una muy bien lograda escena en la que el personaje de Jonathan Pryce es absolutamente convincente en su discurso – hay tintes de manipulación, claro, pero es casi imposible no reconocer el valor que tienen sus palabras sobre el amor maternal. Ahí está el guiño de Benioff y Weiss al día de emisión del capítulo. “Her love for you is more real than anything else in this world… because it doesn’t come from this world.
Lo único positivo para los Lannisters en esta ocasión es que Qyburn planea utilizar a los “pajaritos” de Varys a su favor, como su propia red de espías, y que Zombie-Gregor será (obviamente) el defensor de Cersei en un eventual Juicio por Combate – ¿quién sería el defensor de la Fe Militante? Hay una potente teoría al respecto, pero no diremos nada todavía.

GOT Oathbreaker C

Llegamos al punto más controvertido -a nuestro juicio- de este capítulo: las escenas en Winterfell. Sin el ánimo de ser un purista snob de los libros, debemos mencionar que la “adaptación” de dicha trama desde el material original a la serie ha dejado harto qué desear, particularmente por la incomprensible lealtad del resto de las Casas del Norte hacia Ramsay sin mayor resistencia (y, como contrapartida, la incomprensible conversión del personaje del Bastardo de Bolton en un “intocable” a quien nada le sale mal). La aparición de uno de los hijos del Gran Jon Umber (personaje que murió fuera de pantalla) con un “regalo” para Ramsay no hace más que profundizar en ello. El matrimonio con Sansa era -hasta la temporada pasada- la única manera de legitimar la pretensión de los Bolton en el Norte. ¿No funcionó? Aquí aparece otro joven Señor de una Casa previamente leal a los Starks dispuesto a apoyar dicha pretensión. Conveniente. Al menos, en este caso, el joven Umber es un tanto más atrevido e irrespetuoso, rehusándose de lleno a jurar (ja) lealtad hacia los Bolton, dispensando con la tradición y los rituales, no callando sus opiniones bastante certeras.
¿El “regalo”? Osha, Rickon Stark (como un metro más alto que la última vez que lo vimos) y la cabeza del fiel huargo “Peludo”. Ahora solo quedarían vivos 3 de los huargos (el de Jon, el de Bran y la de Arya, aunque ésta anda perdida por allí en alguna parte de Westeros), lo que se siente como una evidente medida de abaratar costos por parte de la producción, sumado al hecho de que casi nunca los muestran junto a los Starks que deberían proteger constantemente.

Más allá de lo conveniente para Ramsay del “regalo”, existe una posibilidad de que exista efectivamente una variación del complot de los libros por parte de la Casa Manderly (hasta ahora solo mencionada en la serie, pero nadie perteneciente a ella ha hecho aparición), aparentemente fiel a los Bolton y los Frey pero secretamente planeando contra ellos. Sería más que interesante que así fuese el caso en la serie, salvando a la trama del Norte de esa tormenta de clichés y elementos predecibles en la que se ha convertido y, de paso, evitando que sigan cayendo miserias sobre los Stark. Puede que sea solo una teoría basada en lo conveniente de la aparición de este joven Umber, y en lo discordante del tamaño de la cabeza del animal presentada a Ramsay en comparación al tamaño real de un huargo, puede que sea poco más que un deseo de fans que lo único que quieren es ver algo más allá… pero la esperanza es lo último que se pierde.

Las escenas en el Muro son los bookends del capítulo: la resurrección de Jon y la reacción de terceros, las consecuencias de su regreso. La misma reacción que tuvo Davos cuando lo vio levantarse del mesón en el que yacía su cuerpo inerte es la que se ve replicada en los rostros de la gente de la Guardia cuando sale del cuarto. Mandíbulas caídas. Miradas de incredulidad. No estarán frente a un dios, pero sí ante alguien que definitivamente no debería estar allí pero lo está, con heridas y todo, vencido por las cuchillas de los hombres pero habiendo conquistado la muerte. ¿Imaginería mesiánica? Sin duda intencional.
Lo que cierra el capítulo es esperable: la ejecución para quienes fueron parte crucial de la traición en su contra. Quizás el Jon Snow antes de morir habría sido más piadoso, quizás no. Quizás la muerte era la única forma de pagar el precio de semejante decisión. Al menos Alliser Thorne se fue de una gran manera: no arrepintiéndose de nada, con la convicción de haber hecho lo correcto, pero resignado. Admitiendo su propia derrota en un combate mucho más grande que simplemente él o Jon, y aceptando la muerte como el único escenario posible. Dentro de todo, considerando lo despreciable que podía llegar a ser su personaje, se le echará de menos.

No podríamos decir lo mismo de Olly. Adiós Olly. Ojalá no vuelvas ni siquiera con los ojos azules.

Por supuesto, el punch final está dado por la declaración de Jon después de ejecutar a los traidores. El gesto de dejar al mando a Edd, el pesimista pero siempre leal Edd, a cargo de la Guardia, despojándose de las vestiduras que simbolizan su puesto. Cuatro palabras: “My Watch is ended”. Solo eso basta. Ya cumplió su juramento. Es primera vez en mucho tiempo que toma una decisión estrictamente personal. Se debe haber sentido bien.

Oathbreaker” podrá ser un capítulo más pausado que los anteriores, pero al menos tiene los suficientes elementos como para que uno pueda ver que la trama está avanzando (sea al paso que sea) en vez de quedarse atascada. Sin puntos excesivamente altos ni excesivamente bajos, se siente como un capítulo instrumental, una parte del viaje más que una parada significativa. Hasta ahora, seguimos a bordo.

Observaciones varias:

  • Game of Thrones es una de esas pocas series en las que el espectador celebra la muerte brutal de menores de edad. Primero Joffrey, ahora Olly. Piensen en ello.
  • Es increíble cómo Tommen no es su hermano. Aunque intente sonar firme y quiera mostrarse como un rey asertivo, su cara de bonachón y su naturaleza gentil salen a flote en esos momentos. El Gorrión Supremo no tuvo ni que esforzarse para desbaratar sus defensas.
  • I’m not a god.”; “I know that. I saw your pecker. What kind of god would have a pecker that small?” Tormund apuntando directamente al punto más débil. Amigo fiel, en las buenas y en las malas.
  • El pedo de Pycelle en la escena del Consejo Privado era claramente innecesario.
  • Siempre es bueno ver más a Lady Olenna. Sus observaciones son impagables. Ejemplo preciso: “You are not the queen, because you are not married to the king. I do appreciate these things can get a bit confusing in your family.
  • No salió Dorne en este capítulo, eso siempre es bueno.
  • Por otro lado, sí mencionaron a Dorne en este capítulo, diciendo que estaba “bajo el control de las Serpientes de Arena”. Facepalm.
  • Notable trabajo de edición para la transición entre las escenas de Varys y Qyburn.
  • En ese sentido, es tan siniestro como admirable ver a Varys “trabajar” convenciendo a alguien a que suelte información útil. Un verdadero profesional.
  • De nuevo, alabanzas para Peter Dinklage en la escena con Missandei y Gusano Gris. Algo que perfectamente podría haber sido desechable, lo vuelve entretenido.
  • No hace falta que mencionemos a quién se aplica el apelativo “oathbreaker” en la escena de Winterfell. Para qué.
  • Una preocupación a futuro: es muy probable que (a menos que la serie se pegue un salto temporal antes de que termine) la misión de Sam de convertirse en Maestre para “ayudar a Jon” no sea concretada dentro de la serie. O termina descubriendo información relevante que hace que abandone sus estudios, o termina desapareciendo de la serie en irrelevancia, pero es prácticamente imposible que cumpla con esa misión específica dentro de los parámetros constrictores de tiempo de la serie.
  • Independientemente del personaje, adiós Owen Teale: su Alliser Thorne siempre estuvo allí, entre lo honorable y lo insoportable – por algo es un personaje tan memorable.

GOT Oathbreaker D

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