Tangerines (2013)

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Tangerines.

Título en idioma original: Mandariinid. 
Año: 2013.
Director: Zaza Urushadze.
Elenco: Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Elmo Nüganen, Mikheil Meskhi.
Música: Niaz Diasamidze.
Duración: 83 minutos.
País: Estonia y Georgia.


Estrenada comercialmente el 2015, llego el momento de comentar “Mandarinas”, la increíble coproducción de Estonia y Georgia dirigida por Zaza Urushadze, que recorrió el mundo entero con su emotivo mensaje dentro de un mundo bélico, y que le llevó a ser nominada a los Globos de Oro y Academy Awards dentro de la categoría de mejor película en idioma extranjero (a.k.a. mejor película extranjera).

Un poblado abandonado del estado separatista de Abjasia es el escenario de nuestro relato. En él quedan 2 residentes de cientos que han migrado a Estonia durante la Guerra de 1992. Se trata de Ivo (Lembit Ulfsak) y Margus (Elmo Núganen), quienes tratan de vivir su vida de la forma más natural posible. En pleno invierno se acerca la fecha de cosecha de mandarinas y, contra el tiempo, Ivo debe ser capaz de construir cientos de cajas para poder vender las frutas, mientras que Margus se enfrenta a la dificultosa tarea de recolectar las mandarinas. Su tranquilidad, bastante relativa dicho sea de paso, se ve interrumpida por la visita de 2 mercenarios chechenos. Decimos relativa pues mas que tranquilidad, lo que presenciamos es abandono. Las generaciones jóvenes han partido a zonas más seguras, por lo tanto, los que quedan, son quienes se sienten más amarrados a un pasado que a un futuro. Casi ajenos al conflicto, 2 soldados chechenos, entre ellos Ahmed (Giorgi Nakashidze), visitan a Ivo. Abusando de su poder de facto (¿quien se enfrentaría a los mercenarios armados?), exigen comida a Ivo, quien sorprendentemente los acoge evadiendo toda belicosidad. Abriendo las casas de su casa, les invita el poco pan y vodka que les queda, tratándolos como verdaderos amigos.

Sólo un par de días después, en una nueva “visita” por provisiones, los soldados chechenos son enfrentados por un grupo de jóvenes soldados de Georgia, resultando en la muerte de 3 personas. Aunque gravemente heridos, logra sobrevivir un soldado por bando: Ahmed y Nika (Mikheil Meskhi), quienes son atendidos en la casa de Ivo. En la medida que Ahmed comienza a recuperarse, a viva voz promete tomar venganza y matar al georgiano sobreviviente. Tratando de darle una verdadera lección de vida, la segunda luego de invitarlo a compartir comida, Ivo logrará que Ahmed prometa no asesinar a Nika. Al menos durante estén en el mismo techo.

Tangerines

De esta manera, “Tangerines” se vuelve una película de diálogos y enseñanzas. El resultado es obvio para cualquier espectador, pues es evidente que, dejando todo problema atrás, tarde o temprano los 2 enemigos terminarán acercándose. La pregunta entonces es cuál es el final triste, porque debe haberlo en casi todo drama bélico, que afectará tarde o temprano a Ivo, Margus, Ahmed o Nika. Corresponde a ustedes descubrirlo, pues no es la intención de esta reseña comentar el excelentemente logrado desenlace y climax del film.

Lo potente del mensaje es, a nuestro juicio, mostrar el absurdo que siempre radica esencialmente en cada conflicto bélico y ver cómo, reconociendo al ser humano en el bando contrario, podemos advertir que se trata de personas buenas que creen estar luchando por lo que creen correcto, al igual que uno. Personas que dejaron a sus familias, que lloran sus bajas, y que con rencor ven como enemigo a todos quienes no enarbolen su bandera. Lentamente Ahmed y Nika comienzan a convivir incluso fuera del techo de Ivo, ese espacio de tregua de paz, formando un emocionante grupo junto a Margus, quien también formará a ser una víctima más de la guerra cuando su casa sea destruida por un misil extraviado.

La tarea del espectador es difícil en un comienzo, tratando de entender las partes en conflicto. Chechenos, rusos y abjasios se enfrentan a los georgianos, en un conflicto europeo localizado pero que significó muchas víctimas civiles. Un odio similar al de los países sobrevivientes de la antigua Yugoslavia, pero en zonas donde las cámaras y los medios de comunicación están menos presentes. Pero no sólo existe esta evidente guerra. Hay una guerra interna, con la vida, que encarna siempre Ivo. La primera de sus luchas es con la edad, contrastada siempre con la joven y bella imagen de su nieta. ¿Qué vida tiene Ivo? ¿A quién piensan vender sus mandarinas? Ya lo hemos comentado. ¿Está entregado porque su vida mira más hacia el pasado que al futuro? Margus al menos tiene una ventaja económica eventual quedándose, ¿pero Ivo? ¿Qué espera de su vida? Su segunda lucha es interna también, pero la proyecta al exterior. Su madurez le obliga a lograr que Ahmed y Nika acerquen posturas, aceptando incluso las religiones de uno y otro. Esta es y será siempre una victoria. Un llamado humano a conocer(nos).

“Tangerines” no sólo debe ser alabada por su historia y mensaje pacifista ya expuesto, sino también por su estética. Capaz de captar la belleza de la zona y la humanidad del relato, Zaza Urushadze impresiona con su lente. La música de Niaz Diasamidze, aunque consista en una simple partitura con pequeñas variaciones, aporta mucho en el relato. Todos elementos que nos obligan a recomendar ver esta excelente producción de un pequeño país en lo que al mundo del cine se refiere, sobre una pequeña guerra de un pequeño sector en lo que a mundo se refiere. No por ello, las vidas valen menos.

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