Game of Thrones S06E06: “Blood of My Blood”

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Forjando Lazos y Rompiendo Expectativas

Luego del golpe emocional que significó el final del capítulo anterior de Game of Thrones (good night sweet Hodor, and flights of angels sing thee to thy rest!), esta semana la serie nos trae un capítulo eminentemente de transición, con un par de revelaciones bien posicionadas que sirven no tanto para cambiar por completo el panorama de Westeros, sino más bien para ofrecernos un pequeño vistazo a las cosas por venir.
En primer lugar, la reaparición de un viejo conocido: Benjen “Marco Antonio Solís” Stark, quien cumple (ligeramente) el rol que llevó a cabo el misterioso Coldhands en el 3° libro de la saga hace ya mucho tiempo atrás.  Acá debemos considerar (y recordar, hasta cierto punto) que los libros no son la serie y viceversa: con la innumerable cantidad de modificaciones, supresiones, atenuaciones y demases que se han realizado -algunas con más justificación que otras- sobre el material original es difícil pensar que una revelación en la serie será lo mismo que sucederá en The Winds of Winter. Lo anterior se ve reforzado con el hecho de que George R.R. Martin derribó la teoría de que Benjen era Coldhands en una nota hacia su editora en el manuscrito de A Dance with Dragons; ahora bien, siempre está la posibilidad que Martin haya cambiado su parecer desde el 2011 a la fecha o que esté siendo estrictamente literalista solo para desviar la atención (“Coldhands no es exactamente Benjen de la misma manera en que LSH no es exactamente Catelyn”) pero ¿con su editora, una persona de su exclusiva confianza? Nos parece algo exagerado.
Sea como sea, la reaparición de Benjen en un momento crucial dice mucho del enfoque que Benioff y Weiss están tomando con la temporada, atando cabos sueltos -desde hace harto tiempo– con miras a dejar las cosas listas para lo que será el acto final de la temporada y, obviamente, de la serie (recordar que solo faltan 4 capítulos para el fin de temporada, y de ahí en adelante solo 13 capítulos más divididos en dos temporadas), con un pequeño infodump sobre lo que le pasó después de su desaparición durante los primeros capítulos de la serie y, más notoriamente, la importancia del vidriagón u obsidiana: el material resultó crucial para la creación de los Caminantes Blancos y es crucial también para su destrucción, pero además cumple una función casi como de “vacuna”, deteniendo el avance de la magia de éstos en el cuerpo inerte; de esta manera ahora sabemos que existe una posibilidad (remota y difícil de llevar a cabo a gran escala, eso sí) de evitar que el ejército de los muertos obtenga nuevos integrantes para sus filas.

Más allá de lo de Benjen, eso sí, las escenas con Bran en el Norte también nos ofrecen otros diamantes en bruto: los flashes de Bran mientras utiliza sus poderes parecen estar imbuidos de relevancia futura, prometiendo -al menos- una mirada privilegiada a eventos cruciales del pasado de Westeros y, en el mejor (para el espectador) de los casos, influencia directa sobre ellos. Nos referimos, en particular, a la teoría que tal como lo hizo con Hodor durante el capítulo pasado, Bran habría sido el responsable de la locura de Aerys. Es una teoría que tiene sentido, aún si termina convirtiendo -para bien o para mal- en el sujeto causante de diversos sucesos en la historia del mundo. Esta teoría se ve reforzada con los flashes a Aerys que divisamos por un par de segundos durante este capítulo, por lo que sin duda los últimos momentos del Rey Loco y su muerte a manos de Jaime Lannister serán escenas que reaparecerán en los capítulos siguientes. Del mismo modo, la imagen de una mano ensangrentada justo después del “Where’s My Sister?” del Ned Stark joven nos promete la segunda parte de los eventos de la Torre de la Alegría en un futuro cercano. “Promise me, Ned.

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Uno de los hilos conductores del capítulo está dado por los personajes luchando contra (y rebelándose, en ciertos casos) las expectativas que otros han puesto sobre ellos. Bran, por ejemplo, sigue mencionando que no está listo para tomar el lugar del Cuervo de Tres Ojos ya que su entrenamiento no pudo ser completado, aún cuando hemos visto pinceladas de su verdadero poder. Mucho más al sur, en los terrenos de la Casa Tarly, Sam debe lidiar con la mirada gélida y desaprobadora de su padre, Randyll (James Faulkner). Éste, un hombre estricto, cuyo semblante parece dar la impresión que la existencia continuada de su sensible primogénito no solo lo decepciona sino que además le hace odiar la vida misma, es una escalofriante adición al elenco de la serie; Faulkner viene a llenar (hasta cierto punto) el vacío que dejó Tywin Lannister/Charles Dance luego de su muerte en cuanto a “padres severos que pueden desarticular completamente a uno de sus hijos con una pura mirada”, y su escena en el capítulo es un ejemplo perfecto de ello: una cena familiar que le da la pelea a esta maravilla de incomodidad que encontramos en la 5° temporada de Breaking Bad, una suerte de catástrofe en cámara lenta en la que nos mantenemos al borde del asiento esperando que una sola palabra desate la hecatombe y Randyll Tarly desate su ira.
Lo hace, por supuesto, cuando Gilly revela sin querer que es una Salvaje. Aquí no hace falta un estallido, no hace falta que Randyll pierda los estribos de forma histriónica y desenfrenada para infundir temor: basta que pose su mirada llena de ira y comience, lenta pero ininterrumpidamente, a humillar y destrozar por completo al hijo que lo decepcionó y a la Salvaje que provocó que dicho hijo quebrantara su juramento. Es tanta la humillación que incluso la madre de Sam (Samantha Spiro) y su hermana se retiren indignadas de la mesa. Para todos quienes tengan una relación tensa con sus padres (especialmente con aquéllos que son incapaces de apreciar lo que uno hace), la escena quizás pueda llegar a ser demasiado cierta, demasiado hiriente. No es fácil vivir sabiendo que lo que uno hace jamás será suficiente para complacer a una figura distante paterna que preferiría estar en cualquier otro lado excepto frente a uno. Más allá de lo escalofriante de la escena en sí, alabamos la actuación de Faulkner (y felicitamos una vez más al departamento de casting de la serie), porque capturó a la perfección la personalidad del detestable Randyll, y esperamos que no sea su última aparición en la serie – necesitamos a más gente para odiar más allá del caricaturesco Ramsay.
Con todo, la guinda de la torta de la escena (y la conexión con el hilo temático ya mencionado) pasa por la reacción de Sam: en un principio, completamente superado y desarmado, petrificado de vergüenza y mudo ante el odio sin fin de su padre; luego decide vengarse a su manera, en vez de levantar la voz. Su decisión de irse con Gilly y el pequeño Sam, llevándose consigo la Espada Heartsbane (que es de Acero Valyrio y que, por lo tanto, es posible que cumpla un rol crucial en las guerras por venir) es el perfecto take that a un padre que nunca ha sabido apreciarlo… aunque estamos expectantes a ver cómo reacciona Randyll cuando se entere. Sospechamos que no se lo tomará para nada bien.

Al otro lado del mar, Arya debe llevar a cabo su misión de eliminar a Lady Crane si quiere por fin convertirse en “nadie”. Aquí observamos la continuación de la obra de teatro comédica que resume los eventos de las temporadas anteriores de forma bastante absurda (y que, dentro de la narrativa, le sirven a Arya como resumen noticioso de lo sucedido en King’s Landing mientras ella andaba por ahí), mostrando al Tyrion como el malvado titiritero tras la muerte de Joffrey y el asesino de Tywin en una demostración más de su incalculable maldad. La escena de la muerte de “Joffrey” sirve como contraste con lo que verdaderamente ocurrió en dicho momento en cuanto a la reacción de Cersei se refiere, para que Arya compruebe que su intuición sobre la actriz celosa era correcta y, además, para que encuentre -curiosamente- un pequeño punto de unión entre ella y Cersei: la pérdida de sus seres queridos de forma brutal; pero la obra enfocó a Cersei desde una perspectiva pasiva, tan solo sollozando y lamentando la muerte de su hijo. La realidad, en cambio, fue mucho más vertiginosa – la muerte de Joffrey (y luego la de Tywin) catapultó a Cersei a una espiral de paranoia y manipulación que terminó con ella siendo humillada públicamente en las calles de la capital. La reacción de Arya ante la muerte (física) de su familia fue querer tomar venganza y buscar la muerte de todos aquéllos quienes hayan estado involucrados en eso… hasta el punto de llegar a Braavos, a los Hombres sin Rostro, en el umbral de tener que renunciar a todo vínculo que la una a su familia, de tener que dejar atrás todo aquello que la haga una Stark, de disolver su individualidad para volverse efectivamente nadie (muerte simbólica de su familia).
En este punto Arya hace algo inesperado: siente piedad. En vez de cumplir con las expectativas puestas sobre ella, llevando a la muerte a alguien que no lo merece, acercándose a pasos agigantados a la destrucción de sí misma, decide tener piedad con Lady Crane, y advertirle sobre el plan de su colega celosa. Arya Stark, la rebelde, furiosa, existencialmente insatisfecha Arya Stark no nació para ser una sirvienta, ni siquiera de una deidad de múltiples rostros. Su último acto de rebelión significa que está marcada, y los Hombres sin Rostro ahora irán tras ella… algo que la desagradable Niña Abandonada querrá llevar a cabo con gusto.
Este giro en la situación trae por fin un movimiento considerable en la trama de Arya – y aunque algunos pregunten entonces cuál habría sido el punto de Arya en Braavos si termina rechazando a los Hombres Sin Rostro, quizás la respuesta sea precisamente que era necesario que ella descubriera que no puede, simplemente, romper los lazos que la unen a su familia. No puede, para bien o para mal, dejar de ser Arya Stark. Ahora lo sabe.

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En la Capital de los Siete Reinos, por su parte, las cosas están siendo mucho más confusas. Ante la eventual realización de un paseo de expiación para Margaery, Lady Olenna, Mace Tyrell y Jaime Lannister se movilizan para evitar que ello ocurra, dispuestos a utilizar la fuerza si es necesario, exigiendo la liberación de la Reina y de Ser Loras. La escena en sí comienza de forma bastante graciosa, con la pomposidad en exceso de Mace Tyrell y un hermosamente horrible discurso (“madness has had its day!” o el mejor discurso desde Théoden en los Campos del Pelennor en Return of the King) dando paso a la tensión de dos ejércitos frente a frente y la posibilidad de una sangrienta Guerra Civil. Con lo que no contaban ni Jaime, ni Cersei, ni (extrañamente) Olenna, ni (mucho menos) Mace era el As bajo la manga del Gorrión Supremo… o quizás de Margaery: la unión oficial entre la Corona y la Fe. Aquí da para discutir en extenso sobre los motivos de la Reina – conociendo lo que conocemos de Margaery y su personalidad, ¿qué tan verosímil es su “conversión” a la fe? ¿Cuánto de ello es pura y lisa manipulación de ella hacia Tommen? ¿Quién está moviendo los hilos allí: Margaery o el Gorrión Supremo? Incluso si fuese ella la que está manipulando todo, acaba de hacer una apuesta en exceso arriesgada, entregándole las llaves del Reino a un grupo de fanáticos militarizados. Por otro lado, la opción contraria tampoco era muy favorable: una abierta guerra civil entre los Lannisters y Tyrells contra la Fe Militante, un innecesario conflicto bélico que habría sido la perdición en tiempos difíciles. Sea como sea, la cara de satisfacción del Gorrión Supremo lo dice todo (sí, porque a pesar de todo su discurso de humildad, el hombre tiene un aura de petulancia increíble) y Tommen ha sido manipulado, una vez más; el resultado es que Jaime es destituido de la Guardia Real y es enviado a las Tierras de los Ríos, a lidiar con un problemilla que viene agrandándose desde hace rato…

Un par de viejos conocidos (además de Benjen Stark, ya mencionado) reaparecen en este capítulo: el odioso y longevo Walder Frey, sus hijos, y su rehén, Edmure Tully. La escena es particularmente útil, porque sirve para recordarnos lo detestable del traidor Frey, lo sucedido en la Boda Roja, la existencia del Blackfish Tully (el tío de Catelyn y Edmure, y uno de los pocos sobrevivientes de dicha masacre) y de la Hermandad sin Estandartes, e introducir el conflicto en Riverrun que reunirá a varios personajes en los capítulos siguientes. No es una escena sutil, claro, pero funciona – incluso si se siente más artificiosa que en los libros. Aquí, una pequeña detención (sin ánimos de comparar incesantemente el material original con la serie): la situación mental/emocional de Jaime antes de partir al asedio de Riverrun en los libros era absolutamente distinta a lo que pasa en la serie. De hecho, podríamos decir que era la opuesta: mientras el Jaime de la serie se encuentra prácticamente igual que en la primera temporada, devoto por Cersei y dispuesto a hacer cualquier cosa por ella, el Jaime de los libros a estas alturas estaba alejándose cada vez más de ella, encontrando un lugar en el mundo lejos de la paranoia tóxica de su hermana. Es un poco lamentable que Nikolaj Coster-Waldau se pierda en un personaje que, a pesar de todo lo que le ha pasado, siga tropezando con las mismas piedras… es de esperar que pueda cambiar un poco más de aquí en adelante.

Con todo, Blood of My Blood es -como ya mencionamos- un episodio claramente de transición, pero que realiza muy bien su trabajo. Incluso considerando la diversidad de regiones y personajes que visitamos durante la hora, se siente un poco más conciso y bien aceitado que otras entregas – algo que debemos agradecerle a Bryan Cogman (guionista y uno de los verdaderos expertos de la serie respecto al material original) y Jack Bender (director). No porque sea de transición y porque no hayan muertes significa que sea un capítulo malo; en absoluto, Blood of My Blood cuenta de buen ritmo, grandes momentos y deja al espectador ansioso por ver qué se viene ahora. Considerando el bajo nivel de la temporada anterior, capítulos así son prácticamente un regalo del Señor de la Luz.

Observaciones varias:

  • En este semana no visitamos ni el Muro, Winterfell, Meereen, las Islas de Hierro, ni Dorne (¡afortunadamente!)
  • Lo de Daenerys fue tan poco y tan anticlimático que escasamente merece una mención: su “trama” fue poco más que un discurso épico que al parecer promete lo que hace rato varios vienen pidiendo – que se deje de perder el tiempo en Essos y llegue a Westeros.
  • Una interpretación particular, eso sí, de las escenas de Daenerys (su conversación con Daario y su discurso final), nos hace replantearnos su rol: hasta ahora Daenerys es vista como del bando “de los buenos”, una princesa-heroína dispuesta a liberar a los subyugados y a recuperar el Trono que le pertenece. La conversación con Daario y el discurso, sin embargo, nos plantean una dimensión distinta: si Daenerys (luego de lo sucedido en Meereen) sirve más como conquistadora que como Reina, ¿qué se viene una vez que llegue a Westeros? Llegar con ejércitos de mercenarios, una horda de salvajes nómades y tres dragones a invadir no se ve como algo que los Reinos acepten de muy buena manera.
  • Homenaje, una vez más, a Mace Tyrell, su armadura y su discurso (mejor que el de Daenerys… ¿no?)
  • Es posible que la mención de la Hermandad Sin Estandartes de paso a que cierto personaje de los libros por fin aparezca en la serie. A menos que hagan que el Blackfish sea el líder de la Hermandad en reemplazo de dicho personaje. Veremos.
  • Al parecer el Juicio por Combate es inevitable en lo que respecta a Cersei. Sabemos que el Zombie-Gregor será su campeón, pero representando a la Fe Militante, hm…
  • ¿Cómo será el reencuentro entre Jaime y Brienne en Riverrun? Ojalá no termine mal para ninguno de los dos.

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Un comentario

  • zootropoanarquista

    Solo mencionar lo chocante que es sentir que la pareja mas apasionada y romantica del episodio es incestuosa. Me da tanta pero tanta repulsion y a la vez tanta pena sentir su loco amor .

    Me gusta

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