Game of Thrones S06E07: “The Broken Man”

GOT the broken man A

El Monstruo de la Guerra

El hecho que un capítulo de Game of Thrones comience con un cold open en vez de la usual épica y pegajosa secuencia de créditos ya eleva las expectativas, cambiando el contexto en el que se desarrollará la escena. La última vez que vimos algo así fue en la apertura de la cuarta temporada, en la que “Hielo”, el mandoble ancestral de la Casa Stark, fue fundido y su Acero Valyrio utilizado para forjar dos nuevas espadas – claramente denotando la caída de la poderosa Casa del Norte luego de una brutal tercera temporada.
El hecho, además, que dicho cold open se lleve a cabo en un paisaje de un verde tan vibrante, acompañado de una música delicada y mostrando una situación abiertamente pacífica, claramente significa que algo especial está sucediendo. ¿Una escena pastoral en Game of Thrones? ¡Quién lo diría!

Así, un grupo de hombres y mujeres construyen en paz un humilde septo de madera en un hermoso paisaje todavía no mancillado por los horrores de la guerra, guiados afablemente por el guerrero-vuelto-septon Ray (interpretado por el gran Ian McShane). La escena no solo sirve como una suerte de guiño irónico a la aparentemente persistente oscuridad y opresión de Game of Thrones en sí, algo así como una subversión de cualquier escena estereotípica de la serie – también es, como veremos más adelante, una manifestación de la temática (o al menos una de ellas) del capítulo en cuestión, parte fundamental de uno de sus mensajes… y, por supuesto, sirve para (re)introducir a uno de los personajes que habíamos dado por muertos hace ya bastante tiempo.

Sandor Clegane vive todavía.

A pesar de que en la columna de la semana pasada mencionamos “la serie no son los libros” (algo que de todas maneras mantenemos) para referirnos a la reaparición de Benjen como una figura semejante a la de “Coldhands”, en esta semana debemos decir que lo de Sandor es hacerse cargo de una longeva teoría respecto a la misteriosa identidad de un sepulturero en los libros, o –al menos– un guiño a dicha teoría. No podemos afirmar con certeza que será algo similar en el material original una vez que Martin publique The Winds of Winter, pero al menos las semillas para una revelación así están bien plantadas desde hace tiempo. Sea como sea, Sandor Clegane vive en Game of Thrones y aunque su entorno parece estar en paz, él no lo está; es difícil acostumbrarse a una vida alejada de la violencia cuando en gran parte de tu vida ha sido la única constante.
Sus interacciones con Ray se encargan de reafirmar ese punto, desde el prometedor inicio hasta el amargo (e inevitable) final.

Pero la poco ortodoxa introducción de “The Broken Man” y el impacto de su revelación quizás funcionaron demasiado bien para un capítulo encargado más de realizar conexiones temáticas y de seguir moviendo piezas para el tercio final (clímax y resolución) de la temporada, por lo que inevitablemente algunos se sentirán frustrados que el capítulo “no avance la trama significativamente”. Hasta cierto punto, tienen razón si consideramos que tan solo faltan tres capítulos para que la sexta temporada llegue a su fin – pero también debemos hacer hincapié en que un constante ritmo apresurado conlleva el efecto secundario (las más de las veces) de volver superficial todo aquéllo que no sea lo que se encuentra en movimiento. En otras palabras, a veces es necesario -para la trama, para el mundo que se está construyendo en la narrativa, para el espectador- uno que otro momento de relajo, donde los personajes se puedan expandir más allá de simples motores de la trama. “The Broken Man” cumple bien esa función en su mayoría; salvo ciertos detalles puntuales que mencionaremos más adelante, el capítulo se siente temáticamente rico y bien logrado.

Eso sí, hay que mencionar que a pesar de la consistencia del capítulo en cuanto a temática, se siente un tanto desordenado en cuanto al ritmo; bueno, no todo puede ser perfecto.

GOT the broken man B

En el Norte, Jon, Sansa y Davos comienzan a amasar (lo mejor que pueden) el ejército que los ayudará a retomar Winterfell – con resultados obviamente dispares. Las cosas comienzan bien cuando logran convencer, con la ayuda de Tormund, a las tribus salvajes que cruzaron el Muro de unirse a la batalla. La razón es sencilla: recuperar Winterfell y derrotar a los Bolton es el primer paso en unificar al Norte contra el verdadero enemigo; eso es, por supuesto, crucial para la supervivencia de los Salvajes en sí. Posteriormente se trasladan hacia la Isla del Oso, localizada en la costa oeste de Westeros y bajo el dominio de la Casa Mormont. Aquí encontramos a uno de los mejores personajes de lo que va de temporada (y probablemente, de la serie): Lady Lyanna Mormont, interpretada por Bella Ramsey, quien con tan solo 10 años de edad se ve forzada a sobrellevar el peso de una Casa y sus súbditos a cuestas. Si bien Lyanna tan solo aparece en un par de escenas en todo el episodio -esperando que siga apareciendo- es todo lo que le basta para convertirse casi de inmediato en uno de los personajes favoritos del espectador. Con una actitud franca, sensata e impaciente, pero no al punto de lo irracional, la pequeña Lyanna parece tener más años de los que aparenta, y no está dispuesta a perder el tiempo que perfectamente podría invertir en ayudar a su gente a aguantar el Invierno que se viene.
Resulta gracioso ver cómo Jon y Sansa intentan conseguir una conexión emocional con ella y convencerla de demostrar su lealtad a la Casa Stark, y fracasar completamente en el intento. Ni las cortesías y halagos dignos de una dama, ni el recuerdo de la honorabilidad de su tío (Jeor “Oso” Mormont), hacen que Lyanna dé su brazo a torcer. Es más, incluso le saca en cara a Sansa que no es una Stark, sino una Bolton o una Lannister (“I’ve heard conflicting reports…” golpe bajo, Lyanna) y no es sino hasta que Ser Davos alza la voz que las cosas comienzan a cambiar para el bien de Jon y Sansa. En otra muestra más de su grandeza interior, Davos triunfa porque no apunta a la “nobleza” de Lyanna sino a su humanidad en sí, comprendiendo que tanto él, contrabandista ascendido a noble e hijo de un cangrejero, como ella, una niña ascendida a la cabeza de su Casa por fuerza mayor, están en situaciones que jamás imaginaron – y que, hasta cierto punto, eso es común para todo el continente: la Guerra que se viene es contra un Enemigo que muchos creen completamente imaginario, pero es absoluta y terroríficamente real. Una vez que Davos logra, con su tono de voz conciliador y su sabiduría, desarticular la defensa de Lyanna, convencerla de unirse al Ejército Libertador de Winterfell (?) ya no es tan difícil. Lamentablemente para ellos, los Mormont tan solo pueden aportar 62 soldados… pero peor es nada, ¿no? Más si, como dice Lyanna, los hombres de Isla del Oso valen por 10 del continente.
La pequeña Lyanna, por su edad, sirve como punto de contraste respecto de diversos personajes infantiles a lo largo de la serie: tanto con Joffrey como con Thommen, debiendo tener que llevar el destino de incontables súbditos a cuestas, pero no es ni tan inocente al punto de la estupidez como Thommen, ni tan cruel al punto de la monstruosidad sociopática como Joffrey; con Shireen, aunque Lyanna ha cambiado la dulzura por franqueza, y es responsable de mucho más que de simplemente ser la hija de un potencial Rey; incluso con Robin Arryn, aunque Lyanna sea mucho más fuerte de carácter y más aterrizada en sus preocupaciones. Sin embargo, la más cercana a la pequeña Mormont en cuanto a personalidad es, claramente, Arya – aún cuando Lyanna, en su única aparición, se haya mostrado más cauta y más hábil en los caminos de la política que la indomable e irascible Arya. Más allá de estas salvedades, ambas están unidas a la figura de Lyanna Stark: Arya en carácter y parecido físico, Lyanna Mormont en carácter y (obvio) nombre. Como diría George Lucas: “it’s like poetry, it rhymes”.

La siguiente detención en la campaña “Un Ejército Para Juanito Nieve” es Deepwood Motte, la fortaleza ancestral de la Casa Glover y recientemente recuperada por éstos. Aquí las cosas definitivamente no salen bien para los protagonistas, y deben retirarse no solo con las manos vacías sino que absolutamente destruidos emocionalmente: no solo los Glover se niegan tajantemente a combatir al lado de los Salvajes, sino que además se sienten traicionados por los Stark por no haber acudido en su ayuda cuando perdieron Deepwood Motte a manos de los Hombres del Hierro. “And where was “King” Robb when the ironborn attacked this castle? When they threw my wife and children in prison and brutalized and killed our subjects? Taking up with a foreign whore. Getting himself, and those who followed him, killed. I served House Stark once… but House Stark is dead.” Ouch. Por muy brutal que sea, no deja de tener algo de razón.

GOT the broken man C

En la capital de los Siete Reinos, a su vez, Margaery sigue con su aparente conversión a la Fe Militante, recitando pasajes de las Escrituras y conversando cándidamente con el Gorrión Supremo. Si el capítulo anterior dejó algo ambigua la situación de Margaery y la Fe, “The Broken Man” termina por disipar cualquier duda: la Reina está manipulando completamente a los Gorriones a su favor. El dibujo de una rosa (emblema de la Casa Tyrell) entregado secretamente a Lady Olenna es prueba fehaciente de que su lealtad sigue con los su familia. Pero incluso con sus declaraciones abiertas de fe, el Gorrión Supremo no confía al 100% en ella – la utilización de la Septa Unella como “chaperón” de la Reina lo deja en evidencia.
Dejando a un lado la clarificación anterior, el episodio nos regala otra escena maravillosa cortesía (cómo no) de Diana Rigg: la conversación de despedida entre Cersei y Olenna. Si es la última escena de la temporada de esta última, entonces se fue de la mejor manera posible: disparando veneno a través de sus palabras, como solo ella sabe hacerlo. No por nada es la Reina de Espinas. De partida, desecha la supuesta ofrenda de paz y arrepentimiento de Cersei de aliarse para defender a ambas Casas (“I wonder if you’re the worst person I’ve ever met. At a certain age, it’s hard to recall”). Incluso si Cersei es sincera -y considerando la expresión de ese momento, no tenemos dudas que lo es- Olenna no tiene ningún interés en aliarse con la principal culpable del momento horroroso que están viviendo los Tyrell y los Lannister; aprovecha, además, de recordarle el escaso apoyo de la gente y de su familia en estas circunstancias y remata con una frase que es capaz de destruir almas por completo: “You’ve lost, Cersei. That’s the only joy I can find in all this misery.” Ojalá no sea la última vez que Diana Rigg aparezca en la serie; necesitamos más de la Reina de Espinas.

Por su parte, Jaime Lannister (¡con Bronn incluido!) va a cumplir su misión de terminar con el asedio de Riverrun de una vez por todas. Que el asedio esté horriblemente manejado no es sorpresa alguna, considerando que quienes están a cargo son dos incompetentes hijos de Walder Frey, pero si Jaime piensa que vencer al Blackfish en su tierra natal será cuestión de minutos está completamente equivocado: el tío de Catelyn y Edmure es un veterano de varias batallas, endurecido por la guerra, capaz de determinar casi de inmediato si sus enemigos están bluffeando o no, y no se va a dar por vencido – menos ante alguien como Jaime Lannister. La escena que sigue es muy similar a lo que sucede en los libros (simplificada, por supuesto) y termina con un parlamento infructuoso entre ambas partes: las fuerzas Tully tienen suficientes provisiones para soportar un asedio de dos años – las fuerzas Lannister no tienen suficiente tiempo. La principal razón de Brynden Tully para bajar a dialogar con Jaime, sin embargo, era para poder determinar su valía como hombre: “aye, now I have… I’m disappointed.” Claramente los Lannister no han salido muy bien parados en este episodio.

Al otro lado del Mar Angosto, en alguna ciudad de la Bahía de los Esclavos, Yara, Theon y sus Hombres de Hierro están disfrutando un poco de la oferta de un burdel antes de continuar con su viaje a Meereen – el objetivo es, por supuesto, llegar hasta Daenerys y unir fuerzas. La escena, por la naturaleza de su ubicación, se siente como la típica “escena de desnudos de HBO”, pero al menos posee un par de cualidades que la elevan de ese potencial status superficial: nos deja claro el plan de Yara, por lo que al menos ya tiene algo de utilidad, pero además -y esto es un tanto más importante- sirve para desarrollar más a los personajes. Así, por ejemplo, nos enteramos de la orientación sexual de Yara sin que sea su único elemento definitorio como personaje (cofcofLorascofcof) y Theon, por su parte, continúa en la senda de redescubrimiento y redención en la que se encaminó al final de la temporada pasada. Las interacciones de Yara con su hermano están llenas de rudeza y una suerte de bullying – pero de igual manera deja entrever lo mucho que necesita que Theon se recupere mentalmente… para el bien de ella, para el bien de Theon mismo, y para el bien de su misión.

Lamentablemente para el espectador, la otra trama ocurrida en Essos, la de Arya, es quizás el elemento más bajo del capítulo. Si bien parte de forma prometedora, con Arya convenciendo a su manera a un marino mercante de llevarla de vuelta a Westeros, las cosas empeoran cuando es atacada por la Niña Abandonada bajo una identidad falsa. La naturaleza del ataque, la dejadez de Arya (especialmente después de todo este tiempo entrenando bajo los Hombres Sin Rostro) y la escasa tensión respecto a la fatalidad de sus heridas hace que la secuencia se sienta como mero relleno. Lo que sí, resulta curioso/gracioso ver cómo Arya aguanta sin mayor problema semejante cantidad de puñaladas – casi al nivel de la Boda Roja, ah. Y sigue viva.

Pero bueno, llegamos al plato fuerte del capítulo: la historia de Sandor Clegane y la temática que rodea a “The Broken Man”. La elección del paisaje, la construcción del septo, la cinematografía en sí de las escenas – todo ello es claramente intencional, elegido para crear una reacción emocional de sorpresa en el espectador e inevitablemente contrastarla con la sensación creciente de caos que se comienza a palpar en el resto del continente. Es una utopía en tanto como “utopos” o “lugar imposible de encontrar” en cuanto a su indefinición geográfica explícita, como “eutopos” o “buen lugar” – inalcanzable e idealizado al mismo tiempo. Un pequeño paraíso en medio de la Guerra. Y el mensaje del capítulo, de forma explícita y hasta brutal, es que la Guerra es un monstruo voraz que crece y crece, llegando a consumirlo todo a su paso. Aquí encontramos una conexión con la trama del Norte: la Isla del Oso se encontraba en un aislacionismo intencional, bajo la creencia de que si se mantenían ajenos a participar de cualquier conflicto armado, dichos conflictos no llegarían a sus puertas. Lamentablemente para ellos, las cosas no funcionan así – y el ejército del Rey de la Noche no va a discriminar en absoluto mientras continúe su marcha hacia el sur. La Guerra, una vez iniciada, es inevitable.
La ambientación claramente pastoral se ve reforzada con el personaje de Ray. Quién más que él, un soldado devenido en septon, para traer a colación a sus fieles (y en especial a Sandor) los horrores de la Guerra y la necesidad de terminar con el ciclo de violencia; un ciclo que se perpetúa a sí mismo cada vez que a la violencia se le responde con violencia: “violence is a disease. You don’t cure a disease by spreading it to more people.”  Aquí nos detenemos un momento para alabar la actuación de Ian McShane – un actor con el talento y la presencia escénica más que suficiente para dotar, incluso en una participación pequeña, a su personaje de la humanidad suficiente para llegar al núcleo emocional de Sandor Clegane, pero también con una mirada cansada (la mirada de un hombre que ha visto muchas más cosas que las que quisiera haber visto) y el semblante de alguien que ha alcanzado la paz luego de años en guerra. Lamentablemente su destino al final del capítulo nos impide que veamos más de McShane en Game of Thrones, por lo que se siente como una oportunidad desperdiciada – alguien con un talento así claramente podría haber aportado mucho más a la serie. También nos perdimos la oportunidad de escuchar a McShane recitar el discurso del Septon Meribald, su equivalente en los libros – dicho discurso es uno de los fragmentos más alabados de A Song of Ice and Fire (y en particular del libro en el que aparece), demostrando tanto la visión verdadera de George R.R. Martin como un objetor de conciencia respecto a la Guerra (las guerras, cualquier guerra) y derribando por completo las imágenes idealizadas en la ficción sobre lo que significa de verdad un conflicto bélico. Es un pasaje extenso, pero muy efectivo – y si bien no encuentra una adaptación literal en el capítulo en cuestión, su espíritu sí está presente en él.
Ray, además de servir como vocero del mensaje anti-bélico en sí, también sirve como punto de contraste con otro prominente “hombre religioso” de la serie: el Gorrión Supremo. Mientras éste es un fanático que no tiene ningún empacho en manipular a otros para su conveniencia, siempre y cuando pueda esconder esta manipulación bajo capas de palabrería religiosa (y racionalizar su actuar acudiendo al actuar divino), Ray ofrece piedad, sinceridad y una segunda oportunidad. La aparente humildad del Gorrión Supremo se ve ofuscada por su dejo de soberbia y santurronería; la humildad de Ray sale a la luz sola a través de sus palabras.

Resulta curioso, además, cómo en general los personajes en el capítulo se tratan unos a otros a través de apodos. Kingslayer. Blackfish. Queen of Thorns. High Sparrow. El apodo refleja, hasta cierto punto, la identidad del individuo, y en otros casos la oculta tras un velo aparente. En cambio, Ray no utiliza “the Hound” para referirse al renacido: usa su nombre. No es el Sabueso. Es Sandor Clegane. Si hay alguna manera directa de mostrar la eficacia de Ray en llegar al núcleo de las cosas, es a través de ese uso del lenguaje. Sin apodos. Solo el nombre.

Pero -como ya mencionamos antes- la evocación pastoral, bucólica, de la trama es intencional y su final es inevitable. La aparición de una banda de forajidos con un sujeto utilizando una capa amarilla (“Lem Lemoncloak” de los libros), que serían parte de la Hermandad sin Estandartes, termina por destrozar la frágil paz que Ray y sus compañeros tanto se habían esmerado en construir. Los forajidos supuestamente parte de la Hermandad ya no defienden al público que aparentemente dicen proteger, y están más preocupados de imponer su dominio a punta de espadas. Las cosas no terminan bien, y Sandor solo se salva por encontrarse lejos del campamento principal; cuando vuelve, solo encuentra destrucción y cadáveres – incluyendo el de Ray colgando en el medio del septo que quiso construir como símbolo de paz.

Sandor toma el hacha que estaba utilizando para cortar leña, y la aprieta con firmeza. Ya no es una herramienta para ayudar al progreso humano – es un arma lista para usar en batalla. El valle con su verde inmaculado y el septo en construcción se ha vuelto definitivamente una utopía en todo sentido: inexistente e inalcanzable.

La Guerra, ese monstruo voraz que crece y crece, nos vuelve a todos en monstruos.

Observaciones varias:

  • La aparición misma de Sandor Clegane hace que tome fuerza la teoría del “CleganeBowl”, término utilizado por los fans para referirse al enfrentamiento entre Sandor y (Zombie)Gregor que probablemente se produzca con ocasión del Juicio por Combate de Cersei. La pregunta que uno se hace es: ¿por qué Sandor querría ser el Campeón de la Fe en tal caso? Hasta ahora solo podemos especular.
  • En este capítulo no visitamos el Norte del Muro (así que nada de Bran, Meera y Benjen), ni Winterfell (así que otra vez evitamos ver a Ramsay), ni Meereen, ni donde sea que esté el khalasar de Daenerys, ni (afortunadamente) Dorne.
  • Siempre es bueno ver más de Bronn y su lengua sarcástica. Particularmente cuando está al lado de Jaime.
  • La cada vez más constante mención y aparición de la Hermandad sin Estandartes sigue avivando el fuego de la posible aparición de cierto personaje, en particular por la evidente corrupción de los métodos y objetivos de la Hermandad bajo su actual liderazgo.
  • Es primera vez que vemos al Blackfish Brynden Tully desde la tercera temporada, y demuestra que es una gran adición al elenco. Bien ahí Clive Russell.
  • Sansa, luego del fracaso ante los Glover, decide enviar un mensaje via cuervo a alguna parte. Claramente es para conseguir más soldados, pero ¿será para Littlefinger, o se dirigirá directamente a los señores del Valle?
  • Desde ya apoyamos la campaña de que si ambos sobreviven, Rickon Stark debiera casarse con Lyanna Mormont para que ella se convierta en THE QUEEN IN THE NORTH.
  • Muchos “broken men” en el capítulo: aparte de los evidentes Sandor y Ray, tenemos a Jon (declarado traidor por parte de sus hermanos, asesinado y luego resucitado), a Jaime (despojado de su honor, con una mano cercenada), a Theon (humillado, torturado, castrado, intentando recuperar de a poco la autoestima que le fue arrancada) y hasta los mismos miembros de la Hermandad que masacran a los fieles – corrompidos por sus propias ansias de poder, alejados por completo de la misión inicial de la organización. Todos quebrados, de alguna u otra manera.

GOT the broken man D

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2 comentarios

  • Acabo de leer una teoría acerca de Arya que explicaria porque se sinto todo tan “torpe”: no era Arya, era Jaqen y era una prueba para ver si The Waif realmente estaba obedeciendo órdenes.

    Crazy, pero definitivamente quede curioso. Espero no sea como la fallida teoría de Rickon 😦

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