Game of Thrones S06E09: “Battle of the Bastards”

GOT battle of the bastards A

Batallas, Brutalidad y Bastardos

Wow.

No se puede empezar de una manera más sucinta y más precisa la reseña de un capítulo como “Battle of the Bastards”. Un monosílabo, una expresión, una onomatopeia que resume muy bien la sensación imperante luego de que la pantalla se va a negro y los créditos de cierre aparecen. Wow. Así de simple.

Sin embargo, obviamente no podríamos dejar allí la reseña. Que el capítulo haya sido un ejercicio (muy bien logrado) de narrativa concentrada no significa que podamos darnos el lujo de prácticamente no reseñarlo bajo el pretexto de su relativa simpleza. No, hay que desmenuzarlo en la medida de lo posible, hay trabajo por hacer.

El capítulo se inicia con la profundización y resolución del Daenerys-Ex-Machina que introdujeron en el capítulo anterior. Al menos la reaparición súbita de Daenerys en Meereen durante el asedio a su ciudad nos dio la oportunidad de presenciar una escena más entre la Madre de los Dragones y el Enano, en la que éste aprovecha de recordarle a su reina lo escalofriantemente similar que puede llegar a ser ella a su padre, el Rey Loco. La escena funciona porque el espectro de Aerys siempre ha permanecido amenazante allí en cada acción que la joven Reina, como un recordatorio cruel de lo que fue y de lo que podría llegar a ser; incluso considerando las buenas intenciones de Daenerys, las buenas intenciones no son suficientes para liderar un Reino – mucho menos siete.
Es gracias a este recordatorio e insistencia de Tyrion que la Madre de los Dragones decide utilizar otra estrategia contra los Amos en vez de su plan original de “quemar y arrasar completamente sus ciudades y crucificarlos” – al parecer se tomó eso de “Sangre y Fuego” de forma demasiado literal. El nuevo plan, en todo caso, es casi igual de sangriento, aunque tiene la ventaja de no dañar a nadie excepto a los soldados de los Amos que asedian la ciudad. Igual corre Sangre e igual brota Fuego, pero un poco más concentrado todo.

Y funciona.

Una gran demostración de efectos especiales (probablemente la mayoría del presupuesto de la temporada acabó en este episodio) que significa el ataque de tres dragones a una flota entera de barcos; salvo pequeños momentos que fácilmente podrían ignorarse, el resto de la secuencia estuvo a la altura, tanto en la calidad de los efectos mismos como en su composición con el resto de los elementos de la secuencia. Muy, muy bien.
La guinda de la torta está dada, por supuesto, por una conversación más reducida, más humana; el espectáculo visual solo sirve para complementar, aquí lo importante es que Daenerys logra destruir por completo la alianza de los Amos, incluso a un nivel más allá de lo meramente logístico-militar: al oír que uno de ellos deberá morir como castigo por haber roto la tregua, los otros dos restantes no dudan ni un segundo en traicionar al “distinto”. Ahí se acabó la alianza, se acabó la unión, y la victoria de Daenerys es completa; afortunadamente para el “traicionado”, son los otros dos sujetos los que terminan muertos a manos de Gusano Gris – él vivirá para contar la historia de lo que sucedió cuando se intentaron sublevar contra Daenerys Targaryen y sus tres Dragones. Un pequeño adelanto de dicha historia: no termina bien para los agitadores.

Con posterioridad, observamos que han llegado dos huéspedes a la presencia de Daenerys: Yara y Theon Greyjoy, haciendo amplio uso de la relatividad del tiempo en Game of Thrones, se demoraron tan solo un par de capítulos en moverse de las Islas de Hierro a Meereen – algo que bien nos habría venido durante la temporada pasada. Más allá del sarcasmo, el resultado es interesante desde un inicio: Tyrion abiertamente antagonizando a Theon por su comportamiento insoportable en Winterfell (como que ha pasado una eternidad desde esos días, ¿no?), la posible tensión sexual entre Yara y Daenerys, la concreción de una nueva alianza. Todo muy bien. Destacamos, además, que incluso esta tensión sexual, este flirteo, no se siente gratuito: va bien con el personaje de Yara (cuya orientación sexual descubrimos esta temporada) y, además, explica en parte la falta de resistencia por parte de ésta cuando Daenerys insiste en que los Hombres de Hierro tendrán que cambiar su estilo de vida si quieren aliarse. Todo eso y el poder femenino también, ah. Es bueno que la serie tenga buenos personajes femeninos – no necesariamente que el personaje tenga “fuerza”, sino que sea fuerte como personaje.
Aquí nos detendremos unos instantes para hacernos cargo de las afirmaciones de Daenerys sobre sus padres, el mundo que dejaron, y el rol que tienen ellos a futuro. Tiene razón al decir que la generación anterior (o las generaciones anteriores, si queremos ser más inclusivos) son las responsables del penoso estado actual de Westeros – con sus rencillas políticas, traiciones, adherencia irracional a tradiciones, etc. Es una crítica que, al mismo tiempo, resulta un meta-comentario respecto de la generación “Baby Boomer” y su responsabilidad en las crisis económicas de las últimas décadas, entre varias otras cosas. Recibimos una herencia mermada, y somos nosotros los responsables de hacerla crecer una vez más. Suena bien, sí, hasta que nos damos cuenta que Daenerys es -o ha demostrado ser- una ineficiente gobernante: Meereen siempre ha sido, tanto en los libros como en la serie, una ciudad instrumental, una suerte de plot device para demostrar la capacidad de Daenerys no como conquistadora, sino como gobernante – y tanto en los libros como en la serie, fracasa en ello. Las buenas intenciones no son suficientes para liderar una ciudad, un reino, Siete Reinos. La expectativa del espectador (y/o del lector) de Daenerys desembarcando en Westeros está dada tanto por avanzar la trama en sí, uniendo sus diferentes extremos, como por descubrir cuál será la reacción de los Siete Reinos ante el retorno de la hija ignorada del insano y peligroso monarca previo – ¿cuántos de ellos van a arrodillarse ante la Madre de los Dragones? ¿Cuántos de ellos se rebelarán? ¿Daenerys llegará como Conquistadora o como Gobernante? El capítulo (o la serie, en verdad) parece a ratos olvidar ese punto, olvidar la instrumentalidad de Meereen y la fallida experiencia de Daenerys cada vez que le da a ésta una oportunidad para pronunciar un discurso épico.
La relativamente acelerada resolución de la trama de Meereen se agradece -aún cuando se sienta algo extraña- porque, una vez más, su carácter meramente instrumental es contraproducente a una larga duración; a estas alturas tanto los personajes como el espectador están, sinceramente, hartos de la ciudad y sus problemas. Momento preciso para que Daenerys, por fin, comience a girar su vista hacia las tierras que según ella le pertenecen por derecho.

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Al otro lado del Mar Angosto se desarrolla la batalla que le da el nombre al capítulo. El plato de fondo, podríamos decir. La atracción principal.

Sin duda que Game of Thrones se encarga, cada temporada, de promocionar con creces ciertos capítulos “eventos” (que en su mayoría coinciden con el noveno -penúltimo- de cada ciclo) como gran punto de atracción, la principal razón para que el espectador vea los capítulos anteriores: ¿qué sucederá en el penúltimo capítulo? ¿Quién morirá esta vez? ¿Cómo superarán lo de la temporada pasada? Con las excepciones de la primera temporada (por un presupuesto mucho más reducido y la incertidumbre sobre el potencial éxito de la serie) y la quinta (cuyo capítulo “evento” fue el octavo, y tan solo una parte del noveno cumplió con dicho rol), en cada temporada de la serie se busca una setpiece que supere a la anterior: primero fue la Batalla del Aguasnegras, luego la Boda Roja (menos épica pero muchísimo más desgarradora emocionalmente), después vino la Batalla del Muro y el año pasado tuvimos los escalofriantes eventos de “Hardhome”; la sensación imperante siempre fue de superar lo ya visto, hacerlo más grande, más imponente, más impactante, más.

Así llegamos a “Battle of the Bastards”, cuyo burdo pero directo título traiciona la complejidad con la que la batalla en sí se llevó a cabo; no tanto en el desarrollo de la narrativa, sino en la producción propiamente tal. La Batalla por Winterfell es, sin lugar a dudas, la puesta en escena de un combate más ambiciosa, épica y bien lograda que haya visto en televisión: no hay nada que se le compare. Lo más cercano está dado por las batallas ya mencionadas de temporadas anteriores, y hasta cierto punto todas ellas palidecen ante el espectáculo visual que “Battle of the Bastards” ofrece. Honestamente, incluso considerando la gran diferencia de presupuesto existente, no tiene mucho qué envidiarle a grandes películas (“blockbusters”) de fantasía, ya sean históricas o no. Así de bien lograda está.
La producción de la serie hizo bien en traer de vuelta a Miguel Sapochnik, quien había dirigido “Hardhome” (considerado ampliamente el mejor capítulo del ciclo anterior, y uno de los mejores de la serie), para filmar la batalla más épica de la serie. Sapochnik cumplió con creces, logrando -junto al director de fotografía y el editor- una narrativa tensa, caótica, a ratos tétricamente claustrofóbica, llena de suciedad (física y emocional), completamente alejada del marco “majestuoso y/o noble” con el que muchas historias utilizan para referirse a los conflictos bélicos: la guerra es un infierno de sudor, de sangre, de estridencias cacofónicas, de barro, de cadáveres malolientes apilados por montones, de potencial desperdiciado, de completa deshumanización. La fotografía del capítulo es espectacular, pasando de la delicada tensión y oscuridad previa a la batalla, al caos mugriento del combate, a la gélida (en más de un sentido) conclusión -a pesar de todo esto, Sapochnik y Fabian Wagner -el director de fotografía del capítulo- encuentran belleza en lo grotesco, una luz en medio de tanta oscuridad y nos regalan tomas como ésta, o esta otra (que sin duda es de nuestras favoritas del capítulo y de la serie), o incluso ésta, demostrando que el lenguaje visual de la serie, si está en manos capaces, no tiene nada qué envidiarle a producciones cinematográficas aún más costosas.

Lo espectacular del apartado visual del capítulo, sin embargo, no obsta a que tenga varias deficiencias en los restantes. Lamentablemente el guión del capítulo no está a la altura, aún cuando no haya en él (a nuestro juicio) momentos realmente insultantes como “bad pussy” la temporada anterior. En ese respecto, ¿por qué debería importarme, como espectador, la muerte de Rickon Stark? Rickon, quien nunca alcanzó a ser personaje sino siempre fue un mero plot device a lo más, murió como vivió: en la irrelevancia. Sí, la muerte tiene sentido dentro de la narrativa, haciendo que Jon -quien ya estaba desconfiando por “algún motivo” de Sansa- caiga redondito en la trampa de Ramsay; pero no tiene impacto per se. A nadie le importa Rickon Stark, lamentablemente. Pobre Art Parkinson, nunca pudimos descubrir qué tan buen (o mal) actor era.
A grandes rasgos, esta “Batalla de los Bastardos” se siente como un revestimiento grandilocuente y épico a la conclusión de un arco narrativo repetitivo y que, además, se encontraba sobre-extendido: la maldad -y aparente invencibilidad- de Ramsay Bolton. Cualquier otra razón diegética es un agregado: la historia necesitaba terminar de una vez por todas con la existencia de Ramsay, y lo hicieron de la manera más “épica” posible – en un enfrentamiento con su equivalente/opuesto. Funciona, al menos desde un punto de vista temático – aún ignorando la actitud previa de Jon, el silencio de Sansa, la irrelevancia de Rickon, etc.

Asimismo, la conclusión misma de la batalla principal es completamente predecible: la aparición de los caballeros del Valle bajo la conducción de Petyr Baelish es algo que no solo trae a la mente la aparición oportuna de Gandalf con Éomer al final de la Batalla del Abismo de Helm en The Two Towers, sino que es un recurso ya utilizado en dos ocasiones anteriores por la misma serie: a saber, Tywin Lannister junto a los Tyrells para derrotar a las fuerzas de Stannis en “Blackwater”, y Stannis mismo acabando con la Batalla del Muro en “The Children”. A estas alturas ya se vuelve un cliché que las batallas terminen siendo ganadas a último minuto con la aparición repentina de un ejército, por lo que la narrativa se ve afectada por algo tan obvio; tanto así, que era difícil no esperar la aparición de los Caballeros del Valle después de ver los capítulos anteriores.

GOT battle of the bastards B

Naturalmente, la mayor parte del peso dramático recae en los hombros de Kit Harington (después de él vienen Iwan Rheon y Sophie Turner), y afortunadamente no desentona en absoluto. Quizás no sea una actuación digna de premios, pero sí es de lo mejor que ha realizado Harington en la serie – y, ojo, casi sin decir palabras. Con su puro rostro nos muestra la rabia ante la muerte de su hermano, la desesperanza ante haber caído en la trampa de Ramsay, la enajenación en plena batalla, la ferocidad cuando se desquita con el Bastardo de Bolton. Muy bien ahí, demostrando con creces su crecimiento respecto a las primeras temporadas de la serie. Por otro lado, Iwan Rheon no tiene tanta suerte pero no por su culpa, sino porque Ramsay es un personaje tan caricaturesco que es imposible dotarlo de mayor profundidad. Uno sabe a lo que va y uno sabe lo que obtiene a cambio, y Rheon cumple.
Sophie Turner demuestra que también ha mejorado con cada temporada, y la Sansa Stark (¿o es Lannister? ¿O Bolton?) de estos capítulos está muy, muy lejos de ser la niña inocente que pensaba que la vida era un cuento de hadas; su mirada es más opaca, más fiera, pero también más elegante y más templada. Ha madurado, aún si ha sido a la fuerza y azotada una y otra vez por brutalidades indescriptibles – eso es algo que Sophie Turner captura bien.
Eso sí, respecto al silencio de Sansa y la petición de ayuda a Littlefinger: ¿habrá servido de algo mantenerlo todo en secreto? ¿Acaso no apostó la vida de sus dos hermanos con la potencial esperanza de que los refuerzos llegaran a tiempo? ¿Cuántas vidas se habrían salvado si le contaba a Jon con anterioridad, cambiando los planes? ¿O habría sido peor, habría desperdiciado dichos refuerzos, habría condenado a sus fuerzas a una derrota segura? El capítulo es lo suficientemente ambiguo como para dejar ese elemento en el aire, con la duplicidad de interpretaciones igualmente válidas, entre aquéllos que creen que Sansa hizo lo correcto al mantenerlo todo en secreto, y aquéllos que creen que fue una muestra de egoísmo u orgullo.
El resto de los actores con personajes secundarios hacen bien su trabajo, algunos con más escenas que otros. No mucho más que decir al respecto.

Sin embargo, considerando todas las críticas anteriores, es difícil no encontrar profundamente catártico el momento en el que Jon logra molerle el rostro a golpes a Ramsay. Es la feroz liberación de una rabia acumulada por temporadas, más por parte nuestra que por parte de Jon (quien ha tenido que lidiar con cuestiones más preocupantes que un psicópata torturador). Es difícil no emocionarse al ver que el estandarte de la Casa Stark flamea una vez más sobre los torreones de su morada ancestral – incluso si la victoria, para los personajes en sí, no es enteramente dulce.
El final en sí de Ramsay Bolton, por su parte, es extrañamente adecuado, siendo él mismo el artífice de su propia muerte al haber dejado intencionalmente a sus sabuesos sin comer por una semana. Ramsay Bolton encontraba bastante gracioso que sus víctimas murieran descuartizadas por una jauría de perros hambrientos – probablemente no se haya reído para nada en sus últimos momentos de vida.

Con todo, “Battle of the Bastards” es un capítulo que tropieza pero sale airoso. Es un agasajo visual, una jornada espectacular, visceral, tan sórdida como bombástica, escasamente vista antes en la televisión. Es más que la suma de sus partes individualmente consideradas, a decir verdad, y uno tiende a perdonarle sus deficiencias precisamente porque el producto final está tan bien logrado que las críticas (razonables) que se puedan llegar a tener están al límite de parecer quisquillosas e infundadas. Peligroso límite, pero existe. Es un capítulo que vale la pena ver en alta definición, si es posible, y maravillarse con un espectáculo que hasta hace menos de una década jamás imaginamos que veríamos en algo que no fuera una película. Quién lo diría.

Observaciones varias:

  • Tormund se merece un punto aparte para él solo. Grande Tormund, pensamos que te ibas a morir (y sufrimos mucho en esos momentos) pero luego seguiste pateando traseros y siendo un fiel amigo. Te queremos mucho, Tormund, y ojalá no te mueras nunca.
  • La música de Ramin Djawadi estuvo muy bien durante el episodio, aunque tal vez la escena en la que debería haber sido lo más potente y esplendoroso, terminó siendo un elemento más: la llegada de Littlefinger y sus refuerzos.
  • La escena de Daenerys volando en Drogon se siente como una suerte de “disculpa” por los deficientes efectos especiales de “The Dance of Dragons”, la temporada pasada. Muy superiores en esta ocasión, lo que agradecemos sinceramente.
  • Lyanna Mormont tuvo solo una escena en el capítulo (y no dijo palabra alguna) pero su expresión seria lo dijo todo. Por cosas así la queremos tanto.
  • Game of Thrones es la única serie en la que celebramos la muerte de un niño (Joffrey, Olly) como que alguien sea brutalmente descuartizado por perros (Ramsay).
  • There’s no need for a battle,” dice Jon Snow. Demuestra que no sabe nada: obviamente se requiere una batalla. Es el modus operandi de la serie.
  • La escena de Jon en medio de la avalancha de cuerpos es realmente sofocante. Está excelentemente lograda y, curiosamente, no estaba en el guión sino que fue idea de Sapochnik.
  • Daenerys y Yara no suena como una idea tan mala, ah…
  • ¿Dónde estuvo Ghost durante la batalla? Lo más probable es que el presupuesto del capítulo se haya ido hacia los dragones en Meereen así que el pobre Huargo desapareció sin rastro.
  • En ese sentido, habría sido incluso más maravilloso que Ghost hubiese sido el encargado de terminar con la pérfida existencia de Ramsay.
  • Una de las tomas hermosas del episodio que no se dio durante la batalla en sí fue la de Ser Davos descubriendo los restos de la pira en la que Shireen fue injustamente quemada por su padre. El color del cielo sobre las nubes justo detrás de lo que fue la pira nos sugiere ese fuego que se llevó a su querida niña. Tristeza.
  • La conversación entre Tyrion y Daenerys no solo tiene utilidad temática, sino que además es un horriblemente poco sutil recordatorio de la existencia de grandes cantidades de Fuego Valyrio en diversas localidades de King’s Landing. Al parecer ya sabemos hacia dónde va eso…
  • Rickon Stark murió por no saber correr en zig-zag.
  • Adiós Wun Wun, el último de los Gigantes… derribado por una flecha de Ramsay Bolton. Indigno fin para un gran (ja!) sujeto.
  • Dice mucho que Daenerys haya esperado desde la noche (en la que llega de vuelta a Meereen) a la mañana para hacer algo para salvar su ciudad. Está bien que uno tenga que tomarse su tiempo pero… ¿no será mucho?
  • Una canción de fuego y hielo, una comparación entre Daenerys (3° temporada) y Jon (6° temporada).
  • Oye Ramsay: who let the dogs out?
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6 comentarios

  • – Mi señora hizo el mismo comentario sobre Rickon: textualmente dijo “Se nota que a ese cabro chico nadie le enseñó a correr en zigzag si lo atacan con flechas”. Acompañado de una linda grosería que enmarcaba su estupidez.

    – La aparición del ejército de Arryn o “Los Señores del Valle”, si bien era predecible, la celebré como un gol igual. Eso demuestra lo odiado del personaje de Ramsay, al punto de celebrar que apareciera otro hijo de la gran meretriz como Petyr a salvar el día.

    – Adhiero al sentimiento claustrofóbico de la batalla de los bastardos, particularmente fue fuerte la sensación. Cosas que pasan cuando te metes demasiado en una serie.

    – También eché de menos a Fantasma, Justicia para el único Huargo Vivo (a expensas de que aún no sabemos si recuperará la historia a Nymeria en algún momento)

    – Se agradece el absoluto y total abandono de Dorne nuevamente. Ojalá sea para siempre.

    – Sansa fue más estratega que Ramsay y Jon juntos, una niña sin experiencia en guerra les pateó el trasero. El crecimiento del personaje ha sido majestuoso.

    – Mi madre una vez me dijo “Hay que temerle más a una mujer enojada que a un montón de tipos con pistola”. Cuando Sansa dijo “Morirás Mañana, Lord Bolton… Duerme bien” me acorde de esa frase y entendí todo.

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    • Muy cierto lo de Littlefinger vs Ramsay – cómo será de odioso este último que uno celebra la aparición oportuna del primero.

      Y completamente de acuerdo con Dorne. Como dicen por ahí: “let us never speak of this again”.

      Muchas gracias por el comentario! 😀

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  • zootropoanarquista

    De acuerdo con todo. Sabiamos que un stark muere por temporada y el menos valioso era Rickon.
    Mi lado feminista esta furioso con el coqueteo entre Dany y Yhara. No tienen limites en abusar de Emilia Clarke? La hemos visto pilucha, violada y sexualizada en exceso pero claro falta cubrir la sucia fantasia erotica de los hombres de ver a dos minas tirando. Que rabia. Me agrada la idea de parejas gays pero se que la escena sera un puto fetiche para los ñoños califa. Ojala metan un khal Drogo en pelota y ahi equiparen un poco esta desigualdad y abuso de una actriz que no.le tiene miedo al desnudo .

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  • Excelente reseña, Camilo!

    Considero que la forma en que es filmada, coreografiada, musicalizada y ejecutada la batalla de los Bastardos, es superlativa. No recuerdo otra escaramuza que tenga tantos puntos altos, ni siquiera en el cine.

    Hay que destacar el trabajo de postproducción, pues a partir de un montanje correctamente realizado, es posible aumentar esa sensación de realismo, tensión y monumentalidad tan importante para darle credibilidad y suspenso a las escenas. Pienso que el capítulo destaca mucho estéticamente e impresiona de principio a fin en el uso de distintos recursos de filmación: planos abiertos, planos secuencia, primeros planos, etc.

    Respecto al factor “predecibilidad” de la resolución de la batalla, creo que fue la decisión más sensata. Pensemos que no había un gran estratega militar tras el reducido ejercito de Jon, por lo tanto, no se hubiera podido ganar tácticamente la batalla; además, sabemos que no contaban con un ejercito profesional, lo que claramente era una desventaja en relación a su rival; por otro lado, lamentablemente tampoco la causa de los Stark era tan generalizada e importante para todos los integrantes del ejercito, pues si hubiese sido así, quizás habría poder propiciar un desborde de valentía el que, en algunas ocasiones, permiten ganar batallas con desventajas numéricas; finalmente, la solución de una “traición”a los Bolton por una de las ex-casas leales a los Stark, creo que tampoco hubiese sido un aporte para el “juego de tronos”. Por todo lo anterior, pienso que la solución “Meñique”, predecible y todo, pareciese ser la mejor decisión tanto desde el punto de vista táctico/estrategico de la batalla, como de los propósitos ulteriores y movimiento de piezas que se revelaran después.

    Un abrazo!

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  • Nada más que agregar, su señoría.

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  • Pingback: Ramin Djawadi – Game of Thrones Season 6 (2016) | REVIUS

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