Stand (2014)

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Stand.
Año: 2014.
Director: Jonathan Taieb.
Guión: Constance Fischbach, Frederic Jean-Jacques.
Elenco: Renat Shuteev, Andrey Kurganov, Andrey Koshman.
País: Feancia, Rusia, Ucrania.
Duración: 87 minutos.
Género: Drama.

¿Qué harías si de vuelta de un evento social, vez una golpiza de un grupo de personas a otro indefenso? ¿En qué cambiaría tu acción si entiendes que es un ataque homofóbico, y tu eres homosexual? ¿Detendrías tu auto para defender a quien perfectamente podrías ser tú? ¿O seguirías tu viaje? Este es precisamente el dilema que sufren Anton (Renat Shuteev) y Vlad (Andrey Kurganov), una pareja de homosexuales que vive en Rusia, donde se está viviendo una escalada de violencia como consecuencia de una ley que prohíbe manifestaciones de aprecio homosexual frente a menores. Los hechos son de suma gravedad, tal como el ataque que Anton y Vlad están observando. Mientras el primero exige que se detenga el auto, el segundo lo único que quiere es asegurarse y partir. Sólo un día después, en otro evento social, Anton y Vlad se enterarán que el chico golpeado -llamado Nikolay- está gravemente internado en un hospital (fallecería a causa de las lesiones a la jornada siguiente). Su cuerpo da cuenta de la violencia irracional ejercida en su contra, y del contenido fascista del ataque. ¿A alguien le recuerda el caso de Daniel Zamudio hace unos años en nuestro país? No es casualidad, claramente, que esta haya sido una de las películas elegidas por LGBT+ para partir su jornada de proyecciones abiertas al público.

Al ser un crimen contra una persona de minorías sexuales, la investigación rápidamente se archiva. Anton, deseoso de justicia, comenzará su investigación en paralelo, con la idea de buscar al verdadero responsable de los hechos. Como verdadero periodista, logrará reconstruir de a poco la historia del fallecido, todo bajo la escéptica mirada de su pareja Vlad, quien prefiere mantenerse lo más alejado de los hechos como sea posible. Anton vive en un mundo donde las barreras vienen entonces desde su núcleo cercano, pero también desde su mundo exterior. Trabajando como cuidador de una anciana enferma, debe soportar día a día los reproches de una retrógrada sociedad rusa, donde las minorías sexuales tienen todavía más que luchar que en nuestro país (¡cómo si fuera poco!). En la medida que la investigación avance, a su propio ritmo, Anton se expondrá más y más a esta mundo violento en el que se ha criado, entendiendo, a veces tarde, que el fallecido pudo ser perfectamente él, Vlad, o un amigo.

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El relato en “Stand” es muy honesto y se agradece. Los dos personajes principales tienen distintas formas de abordar el problema. Uno más pasivo, el otro más activo, lo curioso es que el espectador puede empatizar con los dos. No se sorprendan si les pasa. Descubrirse en el afán de justicia de Anton, o mantenerse en la calma complacencia de Vlad, son alternativas absolutamente razonables. Y lo son porque aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, la complejidad del trato al mundo gay en Rusia parece llegar a niveles difíciles de imaginar. La sociedad nacional ha manifestado un total repudio a casos como la brutal muerte de Daniel, pero no parece pasar lo mismo en la sociedad rusa. Como dijimos, la televisión lo esconde, y las antiguas generaciones son verdaderamente una piedra de tope en cualquier avance social, situación que se agrava cuando, al menos desde la perspectiva de Anton, encuentras piedras de tope incluso dentro de tu propio grupo -alerta de spoiler- (reprocharle a Vlad el asesinato de Nikolay es algo que pocos podíamos imaginar). ¿Cuántos de nosotros hemos sido cómplices pasivos de estos casos de violencia? ¿Cuántos no hemos puesto freno a situaciones donde la homofobia se esconde tras una absurda muestra de humor? ¿Cuántos de nosotros detendrían su auto para defender a alguien que está siendo absurdamente atacado por su orientación sexual? He aquí la gran conclusión de la película. Nuestros patrones morales no se definen por nuestros testimonios, por nuestras frases al aire, o por nuestros gritos a través de redes sociales. Se definen, en cambio, por acciones. Y Anton está dispuesto a todo para luchar por lo que cree justo.

En lo visual, también, “Stand” es muy interesante. Con una simpleza notable, peculiarmente interesantes se vuelven las escenas donde en situaciones de urgencia, la cámara se transporta a la perspectiva del personaje. Sucede en momentos de mucha tensión, donde el espectador ve inminente una agresión a Anton o Vlad, lo que vuelve aún más humana su desesperación. Fundamental en ello es la forma de presentar el frío invierno ruso (aún cuando la película se gravó en Ucrania), en un claro contrasto a lo física que es la violencia contra los homosexuales en Rusia. Una gran película de apertura del Festival Internacional de Cine Amor LGBT+, que pudimos ver en Sala Radicales. Los dejamos invitados a revisar toda nuestra cobertura.

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