Mr. Robot S02E01/E02: eps2.0_unm4sk-pt1.tc/eps2.0_unm4sk-pt2.tc

Mr robot unmask A

La Ilusión del Control

¿Dónde está Tyrell Wellick?

Una de las tantas preguntas que nos hicimos el año pasado, al iniciar la revisión del final de temporada, fue esa: ¿Dónde está Tyrell Wellick? La serie fue arriesgada al dispensar con el apego a ciertas estructuras clásicas o estándar de desarrollo de la narrativa (a las que estamos acostumbrados o incluso condicionados), rompiendo ella misma con las expectativas del espectador que había cumplido hasta cierto punto: la revelación sobre la verdadera naturaleza/identidad de Mr. Robot no resultaba tan sorprendente para el espectador que tuviera un mínimo de conocimiento de cultura pop de los últimos 20 años; la apuesta arriesgada, sin embargo, fue reafirmar que dicha revelación era más relevante para el personaje de Elliot que para el espectador en sí, que la serie -o al menos su primera temporada- era una cuestión principalmente de búsqueda de identidad y que (por ende) el tema de la cyberseguridad, el anticapitalismo y los hackeos de la Fsociety se encontraban en un plano secundario respecto a la precaria psiquis de Elliot Alderson y su identidad fracturada. Dicha apuesta arriesgada termina concretándose en una decisión controvertida: el gran clímax de la guerra entre la Fsociety y el monolítico congolmerado conocido como “Evil” Corp ocurrió fuera de pantalla, y el espectador solo es testigo de sus desordenadas consecuencias. El espectador, sujeto a la perspectiva del poco fiable Elliot por cuestiones narrativas, está tan a la deriva como él. Hay horas perdidas, vacíos en la historia que necesitamos llenar y simplemente las respuestas no llegan o son esquivas. Y tal como Elliot, naufragamos en un mar de gente indiferente, dando manotazos de ahogado porque queremos saber más y al mundo parece no importarle en absoluto. El mundo sigue girando, incluso ad portas del caos provocado por el mismo Elliot. Las cosas siguen su rumbo, y esas horas siguen perdidas.

Fuera de la narrativa en sí, por supuesto, la expectativa respecto a la segunda temporada de la serie era altísima: no solo por la gran calidad de su primer ciclo (que se tradujo en aclamación crítica y online pero no en ratings demasiado potentes) y la posibilidad de que solo fuera un éxito transitorio, un producto de las circunstancias, una cuestión de casualidad, de haber sido la temporada precisa en el momento preciso pero nada más. Las dudas incluso aumentaron en algunos sectores cuando se anunció que Sam Esmail, el creador de la serie y su showrunner, sería también el único director de todos los capítulos de esta temporada – algo muy poco común en el mundo de la televisión y cuyos ejemplos más recientes serían Cary Joji Fukunaga en la primera temporada de True Detective y Steven Soderbergh en ambas temporadas de The Knick; a diferencia de Esmail, sin embargo, ninguno de ellos era el principal guionista de la serie (y Soderbergh era tan solo uno de los showrunners junto a Jack Amiel y Michael Begler), por lo que la reticencia estaba en si Esmail iba a ser capaz de soportar tanta carga al mismo tiempo. Responsabilidades distintas y perspectivas (en teoría) distintas, reunidas en la mente de un solo hombre. Apuesta arriesgada, una vez más. ¿Funcionó?

Quizás sea muy temprano para declararlo fehacientemente, pero si ambas partes de “Unmask” son tan solo aperitivos del plato principal por venir, entonces no es descabellado pensar que la apuesta rindió frutos. Si bien la estética (en general) de la serie se mantiene casi incólume, con una intencionalmente incómoda puesta en escena, ciertos toques estéticos que se habían convertido en el sello de la serie se encuentran de forma un poco más esporádica en este par de capítulos, utilizados de una manera más recatada o reservada, para poner énfasis en ciertos momentos específicos donde las cosas parecen salirse de control. Así, por ejemplo, la ya característica toma “desenfocada” de la serie, en la que los personajes ocupan tan solo parte de uno de los cuadrantes inferiores de la toma en vez de estar en el centro de ella, aparece recién en su máximo esplendor durante la segunda hora del capítulo. La utilización de “nuevos” trucos amplía el lenguaje fílmico de la serie, agregándole aún más valor a una obra cuyo apartado visual ya era de gran calidad, por lo que la particular visión de Esmail se agradece, aún con sus homenajes a directores y películas clásicas. La cuestión está en saber utilizar dichos métodos y técnicas de una manera en que rinda este homenaje pero también se sostenga por sí misma – y eso es algo que lo logra.

Ahora bien, toda esta estética podría ser simplemente vacía si no hubiese una trama detrás que la sostuviera. Afortunadamente para el espectador, “Unmask” despeja las dudas que podrían haberse albergado respecto a la calidad de la serie; a pesar de haber pasado 10 meses desde la emisión del final de temporada anterior, se siente como si no hubiese pasado tiempo alguno: el lenguaje de la serie continúa siendo esquizofrénico, críptico, claustrofóbico, la demostración de la soledad en lo contemporáneo. La ya mencionada apuesta arriesgada del final de temporada encuentra nuevamente su refuerzo aquí: en vez de “corregir” el vacío, insiste en ello, pero lo profundiza. Si bien “Zero Day” no dejó satisfechos a todos (es difícil no sentir algún dejo de decepción cuando uno comprueba que no es el clímax esperado, sino tan solo un caótico presagio de cosas por venir), al menos “Unmask” viene a complementar dicho capítulo. No llena el vacío, pero comienza a darle una forma y pule sus bordes.
La pregunta sigue siendo: “¿dónde está Tyrell Wellick?” y el capítulo juega con ello. Alardea con su paradero desconocido, y utiliza la información como carnada. Una vez más, necesitamos saberlo – y, una vez más, no estamos solos en ello: la pregunta es el conflicto central del episodio. No precisamente por una investigación policial (que la hay) respecto a la aparente responsabilidad de Tyrell en el hackeo a Evil Corp, sino porque es una manifestación de la tensión existente entre Elliot y Mr. Robot.
Luego de la “revelación” sobre quién y qué era Mr. Robot al final de la temporada anterior, la relación entre éste y Elliot adquiere un carácter mucho más confrontacional. Lejos de ser una suerte de “Ángel de la Guarda” utilizando la forma de su padre, lejos de presagiar un emotivo reencuentro entre padre e hijo o una sanación emocional/espiritual del trauma que lo ha acompañado toda su vida, la verdadera naturaleza de Mr. Robot solo profundiza el conflicto entre ambos, fracturando incluso más la delicada mentalidad de Elliot Anderson. Encontramos al joven hacker viviendo en un estricto loop de rutina diseñado, según él, para intentar controlar a Mr. Robot: un retorno a la casa de su madre, un alejamiento de todo lo digital, una rutina repetitiva y segmentada por horas, comidas con su nuevo “amigo” Leon (Joey Bada$$), un joven que recién está descubriendo Seinfeld, y visitas a un grupo de autoayuda en una Iglesia, además de registrarlo todo en un diario de vida. Todo lo anterior suena -en teoría- bien, como un intento honesto de salir del agujero existencial en el que parecía estar sumergido: pero Mr.  Robot, el “eso” de la mente de Elliot, no está dispuesto a desaparecer tan fácilmente. Aquí es crucial comprender que tanto Elliot como Mr. Robot son tan solo partes de un mismo ser, segmentos de un todo, y cada uno cree que su perspectiva (fragmentada, parcial, incompleta) es la correcta: la repetición y estabilidad de Elliot, alejado prácticamente de cualquier interacción social, vs. la retórica afiebrada de Mr. Robot, su desapego por la normativa y la autoridad, la rebeldía como caos, la promesa de la revolución. La verdadera naturaleza de Mr. Robot permite que las escenas de Elliot con otros estén dotadas de una tensión inexistente (o al menos, ignorada) durante la temporada pasada: ¿en qué momento saldrá definitivamente a flote esa parte de la personalidad de Elliot? ¿Quién está “en control” de ese cuerpo de ojos grandes y saltones? Para Mr. Robot el control es una ilusión, y Elliot intenta reafirmar lo contrario escribiéndolo una y otra vez en su diario de vida: “I am in control. I am in control. I am in control.

¿Lo está?

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Es la aparición de un nuevo personaje, Ray (interpretado por Craig Robinson), la que termina por desestabilizar las cosas. Elliot cree que con su rutina evita las apariciones de su alter ego, que lo puede tener bajo control. Pero ese control, que  puede o no ser una ilusión, no está siempre presente – y el momento en el que se da cuenta que Mr. Robot reaparece cada vez que se va a dormir es suficiente para hacerlo entrar en pánico. La escena que sigue es realmente sobresaliente, porque una vez más juega con las expectativas del espectador (como gran parte de las cosas de esta serie). En vez de sucumbir ante la aparente revelación de que Mr. Robot tiene un as bajo la manga, Elliot hace lo insospechado: se larga a reír. Su risa es como un extraño sonido gutural, un facsímil de risa verdadera, una cosa torpe que proviene de alguien que claramente no ha reído en mucho tiempo. Es tan ridícula como extrañamente adorable, como si fuera una descarga emocional imparable expresada de una manera muy poco adecuada.
La sorpresa es tanto para el espectador como para Mr. Robot. El “eso” de Elliot no solo ha quedado pasmado, privado de su victoria temporal, privado de su (ilusorio) control sobre el cuerpo, sino que totalmente humillado: “I’m late for my Church group. Peace,” le dice Elliot antes de salir de su espartano dormitorio. Es una frase que destruye cualquier temor reverencial, cualquier atisbo de poder, de dominación.

Pero, por supuesto, Mr. Robot no está completamente derrotado…

Es inevitable, pero al mismo tiempo poco novedoso, hablar de lo preponderante de la perspectiva de Elliot y de cómo el espectador está encadenado a ella en cuanto “amigo imaginario” del protagonista dentro de la narrativa. Sin embargo, la segunda temporada de la serie nos ofrece una sorpresa en esta dinámica: Elliot es, más que nunca, un narrador absolutamente poco fiable. Ha tomado la decisión de ocultar cosas de nosotros como respuesta a nuestro rol en mantener la identidad de Mr. Robot oculta de él – una manifestación de su pérdida de confianza en nosotros. Más que nunca, nuestra relación está trizada; dependemos, hasta cierto punto, de él y su perspectiva, pero no es confiable y se presta para engaños intencionales. Al mismo tiempo, permite que quizás podamos observar eventos a través de otros ojos, a través de un filtro distinto, uno menos deteriorado…
Esta fricción, este deterioro de confianza mutua se presta para (qué sorpresa) otra subversión de expectativas: el monólogo de Elliot, generalmente dirigido hacia nosotros, su “amigo imaginario”, está dirigido esta vez hacia Krista, su psicóloga. Demás está decir que la ejecución fue más que habilidosa, así que otro punto a favor de Sam Esmail en la silla de director.

Ahora bien, Elliot es -por supuesto- el punto central de toda esta narrativa – pero no es el único. Su batalla interna domina la pantalla (y la interpretación de Rami Malek sigue siendo esencial para el éxito de la serie), pero “Unmask” tiene el tiempo y el espacio suficiente para dedicarle a los otros personajes que habitan en este mundo, y para lidiar con las consecuencias del acto perpetrado por Elliot/Mr. Robot. La serie tiende a mostrar la oscuridad que se encuentra detrás y alrededor de los interminables pasillos y cubículos en donde se desarrolla la mayor parte de nuestra vida contemporánea, ese escenario frío y clínico donde todo parece estar en orden; nuestra introducción a esa perspectiva en esta temporada no es sino Angela, inmersa casi por completo en su trabajo de Relaciones Públicas para Evil Corp. El cambio en la personalidad de Angela es notorio (y es algo que, a su vez, advertimos al final de la temporada anterior luego de su intención de “cambiar la cultura de Evil desde dentro”), sacando a relucir su lado más competitivo, más determinado. La forma en cómo logró “neutralizar” a su envidiosa colega demuestra tanto su capacidad y tenacidad en su trabajo, como también un dejo de venganza; su conversación con la abogada del caso que lleva contra la compañía, en cambio, deja en evidencia su lado más desagradable, amplificado por el mundo corporativo y su ethos de “devora o sé devorado”. La respuesta de la abogada, eso sí, fue un golpe bajo: prácticamente la trató de prostituta… y Angela decide, hasta cierto punto, tomar esas palabras hirientes y transformarlas en algo distinto, yéndose a su casa con un extraño que conoció en el bar.
Aquí, en un pequeño momento de fragilidad, observamos a la “verdadera” Angela, sin la máscara de la ejecutiva competitiva: una joven que observa videos de “autoayuda” para convencerse de estar en el camino correcto, de encontrar valía en su propia persona, de sentirse exitosa. La repetición de los mantras es un eco irónico del “I am in control” que Elliot escribe en su diario una y otra vez: un intento desesperado de reafirmar un control que puede ser ilusorio. No porque lo digas se hace más cierto.

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La guerra entre Evil Corp y la Fsociety continúa, claro está, y en el bando del conglomerado tenemos a un nuevo personaje: Susan Jacobs (interpretada por Sandrine Holt), la Directora Jurídica de la compañía y cuyo apodo es el agradable y para nada ominoso “Madame Executioner”. Jacobs se suma a Phillip Price (Michael Cristofer) y Scott Knowles (Brian Stokes Mitchell) como los rostros visibles del escalafón más alto de Evil, y son ellos los que deben lidiar, en sus respectivas dimensiones, con las consecuencias del hackeo y posterior colapso.
En lo que a Price respecta, las cosas no parecen ir muy bien cuando va a Washington DC a solicitar del Gobierno otro préstamo más como “rescate” para la compañía; aquí es cuando su aparente control (tema recurrente del capítulo) parece flaquear y tambalearse, su tono de voz volviéndose más y más agitado, sus manos temblando sutilmente ante la respuesta negativa de los tres sujetos gubernamentales. Sin embargo, Price es mucho más fuerte y habilidoso de lo que aparenta, y logra dar vuelta la situación con un preciso discurso sobre la verdadera naturaleza del mundo financiero y su relación con el ser humano común y corriente: “we all know a con doesn’t work without the confidence”. Muy buen trabajo de Michael Cristofer allí, como expresión máxima del capitalismo sin alcanzar niveles de maldad caricaturescos: más bien una fría exposición de hechos ante los cuales uno no tiene respuesta alguna.
Scott Knowles, por su parte, tiene la peor tarea de todas: como reemplazante de Tyrell Wellick (¿dónde está?) como Chief Technological Officer, es el principal responsable que la estructura informática de la compañía se reponga lo más pronto posible, lo que claramente empeora una vez que Evil es atacada por un ransomware (entiéndase, un archivo maligno que encripta todos los datos del equipo/servidor/la red completa, y pide el pago de dinero a cambio para desencriptar dichos archivos) cortesía de la FSociety, pidiendo 5.9 millones de dólares para evitar que la red computacional de Evil colapse una vez más. No solo Knowles es superado en su trabajo por el hecho mismo de la infección por parte de dicho ransomware, sino que es obligado por la Fsociety a quemar públicamente el dinero, usando la máscara típica de la agrupación de hackers, so pena de que los archivos se pierdan para siempre. Humillado dos veces en tan poco tiempo – claramente no son buenos días para el hombre que se burló de Tyrell Wellick y su desesperación por conseguir su puesto.
Jacobs, en cambio, tiene un rol un tanto menor durante el capítulo, aunque su introducción en sí es interesante: primero, la extensa toma introductoria, con ella haciendo ejercicio por las calles de Nueva York – y cómo dicha cuestión entronca con la siguiente escena, en su “Smart Home”. El hecho de que Susan Jacobs tenga un smartwatch hace que no parezca tan descabellado que el resto de su casa también sea smart: controla la alarma, la proyección de la TV, la temperatura del agua en la ducha y de la casa en sí desde un mismo hub. ¿No es acaso conveniente? ¿No es el futuro? Y sin embargo, la serie no escatima en recursos al mostrarnos que la dependencia a tal nivel de un solo servicio concentrado para diversas actividades no hace más que volvernos más vulnerables: solo basta con atacar una sola cosa para derribar el castillo de naipes. O para hacer que la residencia en una smart home se vuelva absolutamente intolerable. Tener el control de tantas cosas reunidas en una sola… hace que dicho control sea paradójicamente precario.

En la trinchera opuesta de la Fsociety, las cosas son mucho más opacas de lo que parece. Atrás quedó la euforia después del hackeo a Evil Corp – y aunque un segmento de la (expandida) FSociety todavía quiera simplemente “disfrutar la victoria”, Darlene parece luchar con un profundo sentido de desesperanza. Una breve escena basta para darnos cuenta de lo difícil que es para ella lidiar con todo esto, y el efecto es aún más profundo cuando se considera lo intencionalmente contrapuesto del monólogo de Elliot en ese mismo momento: conservar la esperanza cuando alguien parece haberla perdido. Su reacción posterior es una máscara, y el episodio tampoco trata de ocultarlo: su encendida retórica para encauzar a los miembros de la Fsociety es comparada con los discursos de George W. Bush durante la Guerra de Iraq. Por muy exagerada que parezca la comparación, hasta cierto punto es real: lo que hay detrás de ambos es una simple manipulación, nada más – pero sirve para encender los ánimos de las tropas que combatirán en el frente. Como dirían en The Wire: “if it’s a lie, then we fight on that lie.”
La comparación con GWB no termina allí, claro: una un poco más sutil está dada porque una de las imágenes infames de su mandato, una que trascendió por completo (como muestra de su ineptitud y su nefastez), fue la de “Mission Accomplished”, un extraño ejercicio de propaganda (o, al menos, de desafortunadas coincidencias) declarando que la misión de las tropas norteamericanas en Iraq estaba acabada… muchos años antes de que el conflicto llegase a su fin formal. En ese sentido, las fiestas de la Fsociety post-hackeo de Evil Corp son su “Mission Accomplished”: una celebración anticipada cuando, en verdad, lo peor está por venir.

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Y lo peor está por venir, no cabe duda. Si bien la sociedad parece estar relativamente estable para lo que sería el (aparente) colapso de la mayor institución financiera del país, sí hay focos de descontento, pequeñas muestras del caos que parece estar por venir. La escena de la mujer reclamando ante Evil Corp demuestra cómo el conglomerado es capaz de dar vuelta una situación inicialmente desfavorable y convertirla en estratégica-y-convenientemente favorable: obviamente no van a tener forma de corroborar que los clientes pagaron todas las cuotas. Qué conveniente.
Pero el eco sombrío de lo anterior está dado, sin duda, por el destino del pobre Gideon Goddard: el único personaje de la serie cuya brújula moral no está dañada más allá de cualquier posibilidad de reparo, el único personaje respecto del cual podríamos decir que es un hombre bueno, termina recibiendo un balazo en el cuello por parte de un enajenado que decide usarlo como símbolo para enviar un mensaje. Este sujeto sabe que Goddard está siendo utilizado como chivo expiatorio por parte del FBI dentro de la investigación criminal, y por ende actúa valiéndose de dicha condición de chivo expiatorio. Gideon es un hombre inocente, pero puede que sea culpable ante los ojos del público. Eso basta. El “gran responsable” de la crisis cae, se ha hecho justicia. Y un hombre cuyo único error fue confiar en Elliot Alderson muere desangrado en el piso de un bar.

¿Dónde está Tyrell Wellick?  La pregunta es común. La hace el espectador, la hace Elliot, la hacen los medios de comunicación. El episodio no da la respuesta, no decide jugar dicha carta aún. Tan solo indicios, pequeñas señales, quizás un poco de empujarnos intencionalmente en la dirección equivocada: el episodio abre con el momento mismo en el que Elliot ejecuta el hackeo a Evil Corp, algo que no vimos durante la temporada pasada, algo que ocultaron de nuestra vista… y vemos cómo Elliot introduce su mano a la máquina de popcorn, allí donde estaba oculta la pistola. Esa pistola. ¿Acaso le habrá disparado fuera de cámara? El episodio no lo dice.
Luego, un misterioso paquete llega a la residencia de los Wellick – y Joanna sabe que hay un celular oculto allí, pero por esas coincidencias del destino no logra alcanzar a escuchar la llamada que dicho celular recibe.

Y, por supuesto, el final: una gran muestra de la calidad de la edición de la serie, con el tiempo perdido de Elliot (tiempo perdido para él y para nosotros) entre un abrir y cerrar de ojos. Del grupo de apoyo de la Iglesia, a estar sosteniendo un teléfono extraño, y escuchar, desde el otro lado de la línea, unas palabras conocidas para todos…

Bonsoir, Elliot.”

Ambos capítulos no defraudan. Quizás se le puede achacar cierta lentitud en el ritmo, cierta oscuridad en lenguaje, cierto exceso de pretensión – pero cuando el producto final es tan atrapante y tan bien logrado, uno puede darse el lujo de perdonarlo. Bienvenido de vuelta, amigo. Bienvenido de vuelta, Mr. Robot.

Observaciones varias:

  • Un detalle musical: el discurso de Price ante los tipos del gobierno estuvo musicalizado por el tema principal de “The Parallax View, un thriller político dirigido por Alan J. Pakula (quien también dirigió las aclamadas “All the President’s Men” y “Sophie’s Choice”).
  • Otro detalle musical: en la escena en la que Knowles quema el dinero públicamente sonó “Take Me Home” de Phil Collins (uno de los artistas favoritos de este humilde reseñador, quien no aceptará ninguna palabra en contrario respecto a dicho tema). Una gran elección musical, considerando que la canción contiene letras como “there’s a fire still burning, right outside my door”, “take me home, ‘cause I don’t remember”. Se aplica a varias situaciones y personajes de la serie, hm…
  • De Joanna no dijimos mucho en la reseña, pero aquí unas pocas palabras: interesante que haya encontrado un “reemplazo” de Tyrell en cuanto a su fetiche se refiere, pero parece ser una relación estrictamente restringida a eso y nada más. Habrá que esperar para ver qué se trae entre manos la Lady Macbeth de la serie durante esta temporada.
  • Las reacciones de Leon respecto a Seinfeld son realmente maravillosas. Ojalá sigan a lo largo de la temporada. “The human condition is a straight-up tragedy, ‘cuz. Word.
  • ¿Seré al único al cual la toma de Darlene antes de empezar su discurso le pareció extrañamente similar a ésta de Price en el final de temporada pasado?
  • Otro de los personajes nuevos, pero que no tuvo mucho tiempo durante el episodio, fue la agente Dominique DiPierro, interpretada por Grace Gummer (quien es hija de Meryl Streep, dueña per saecula saeculorum del Oscar a Mejor Actriz).
  • La mamá de Elliot sigue siendo desagradable.
  • Comenzamos, así, nuestra revisión de la segunda temporada de la serie. Esta vez no va a ser “en diferido”, como el año pasado, sino que seguiremos el estreno en Estados Unidos de la serie. Todos ganamos. Ojalá que las reseñas de este humilde servidor sean de su gusto, y esperamos sus comentarios.

Mr robot unmask E

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2 comentarios

  • Creo que lo que viene en los siguientes capítulos de la serie es si acaso ese loop que está viviendo Elliot fue realmente por decisión propia, o si ha nacido desde el subconsciente ya alterado. Me gustaría saber si Mr. Robot es el prisionero, o Elliot.

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  • Excelente reseña, la esperaba tanto como la nueva temporada, un sólo detalle que me pareció no debe quedar al margen es el nuevo personaje que aparece en la cancha junto a su perra.

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