Mr. Robot S02E03: eps2.1_k3rnel-pan1c.ksd

Falla Interna Fatal

Empieza y termina en un galpón de Coney Island, a mal traer y aparentemente abandonado. Empieza y termina allí mismo, como una serpiente devorando su propia cola, como una oscura profecía autocumplida, como la más manifestación de la existencia de una supuesta maldición o el siguiente paso de un universo en caos, en donde una sola persona puede alterar por completo el destino de muchas otras sin siquiera darse cuenta. Solo basta una persona, un momento de decisión, y las consecuencias serán como olas chocando contra las rocas de innumerables costas.

Kernel Panic”, el tercer episodio de esta temporada de Mr. Robot, es un episodio difícil de digerir: experimentando tanto con forma y fondo, le dedica más tiempo a una examinación introspectiva de Elliot que a avanzar “la trama” de la serie. Rayando en la autoindulgencia y la pretensión, Sam Esmail utiliza una miríada de recursos audiovisuales para transmitir el inexistente balance en la mente de Elliot Alderson, ese vaivén entre la presencia omnívora de Mr. Robot y su neurótica ausencia automedicada. La narrativa es desordenada, es confusa, es caótica, y es intencionalmente así, como si la serie en sí estuviera regocijándose de conducir al espectador a callejones sin salida, a cuartos claustrofóbicos y al abismo de una existencia fragmentada, haciéndolos partícipes de lo que Elliot siente pero no lo que sabe; estamos a merced de los caprichos de Sam Esmail, tal como Elliot siente que está -por momentos- a merced de los caprichos de su id reprimida.

Y, tal como Elliot, el espectador puede rebelarse ante ello. Es lícito hacerlo, y las consecuencias para uno son menos devastadoras que para el joven Alderson: tan solo basta dejar de ver la serie y listo. Quizás un dejo de arrepentimiento, un par de dudas sobre si tal vez sea mejor seguir, o incluso estar pendiente a las opiniones de terceros sobre si vale la pena.
Para Elliot, en cambio, cuanto más lucha contra Mr. Robot, más brutalmente se da cuenta del escaso control que verdaderamente posee. Y no nos equivoquemos, es un recordatorio brutal, incluyendo una alucinación completa involucrando su tortura a manos de misteriosos hombres de traje. Es una escena difícil de ver, que se vuelve incluso más perturbadora cuando Elliot decide declarar su independencia consumiendo una vez más las pastillas de Adderall que Mr. Robot le hizo regurgitar. “I will not be owned.”
Lo curioso es que Mr. Robot está actuando de manera cada vez más desinhibida y peligrosa precisamente porque Elliot intenta deshacerse de él. Nunca fue “propiedad” de Mr. Robot hasta que intentó negarlo.

Aquí consideramos prudente detenemos en lo que es la escena central del episodio, la que le da su nombre y que ejemplifica de mejor manera las ansias de experimentación de Esmail y, lo más laberíntico y críptico para el espectador: la secuencia entera desde que Elliot se “deshace” de Mr. Robot mediante una sobredosis de Adderall hasta que se acaban las pastillas, y el miedo comienza a radicarse una vez más en su mente. La secuencia se sostiene por dos pilares: uno, la soberbia actuación de Rami Malek, y dos, la dirección de Sam Esmail (y el trabajo de edición).
Primero, por el lado de Malek, es envidiable la capacidad que tiene para contorsionar su rostro de manera que hasta una sonrisa pueda verse como una expresión desquiciada. Tal vez sus ojos gigantes ayuden en eso. Sea como sea, sus escenas bajo los efectos del Adderall son de los puntos altos de la serie, exagerando todo hasta el punto del absurdo – pero riéndonos de él y con él, en vez de solo lo primero. La serie no oculta la ironía en la proclamación de “victoria” de Elliot, y festina con su comportamiento neurótico, mostrando cómo la supuesta “normalidad” de la situación es más bien una fantasía narcótica, una fachada absurda; basta con ver a Elliot celebrar un punto en el juego de basketball para darse cuenta de ello. Pero incluso si nos salimos de los estrictos confines de dicha secuencia en particular, la actuación de Malek sigue brillando: su escena en el grupo de apoyo de la Iglesia es magnética, provista de una fuerza terrorífica que hace que uno le preste atención incluso obviando lo repetido del mensaje. Y no nos engañemos: es un mensaje repetido, algo que la serie no oculta (y de hecho, ha hecho lo mismo que con el discurso de Mr. Robot durante el final de temporada anterior) pero que al menos muestra cómo su diatriba contra la religión organizada es tan cierta como burda, casi como una forma de exculpar sus responsabilidades (o intentar bajar a todo el resto del mundo a su deplorable nivel) a pesar de la razón que pueda llegar a tener. Al mismo tiempo, la escena se vuelve incluso más perturbadora y cautivante si consideramos que es Mr. Robot quien está hablando a través de Elliot en ese momento – no es algo que sea explícito, pero la serie da suficientes indicios como para interpretarlo así. Una pequeña pérdida de control, la realización de haber dicho algo en voz alta cuando no se tenía planeado, una retórica encendida que calza perfecto con su lado más anti-autoritario. ¿Será así cómo ve el resto del mundo a Elliot cuando su lado más oscuro adquiere el control?
Por el otro lado está la dirección y la edición. Desde sus inicios, la serie no ha ocultado su utilización liberal de terminología computacional (complementando, por supuesto, la temática de la serie en sí) logrando un grado de verosimilitud incomparable; en ese mismo sentido, la secuencia del kernel panic no es más que una metáfora visual, apropiándose de dicha terminología y plasmándola en imágenes para hacernos partícipes de lo escalofriante y caótica que es esa “bajada” después del (ab)uso de Adderall – particularmente cuando uno la contrasta con lo artificialmente feliz de la secuencia anterior. Una plástica alegría complementada por el uso de efectos computacionales (los múltiples Elliots, el brillo de la loza) que termina convirtiéndose en una pesadilla tecnológica de edición rápida, de pantallazos a negro, de sonido distorsionado, de imágenes pixeleadas y un terror infinito. La claustrofobia de un colapso interno interminable. Realmente uno de los mejores momentos de la serie en cuanto a estilo se refiere.

Mr. Robot - Season 2

El capítulo resulta, hasta cierto punto, algo paradójico: le dedica gran parte de su tiempo a una examinación introspectiva de Elliot y su tétrica caída, pero al mismo tiempo avanza la narrativa de los personajes secundarios. Quizás a un ritmo más cansino que el esperado por el espectador, quizás en un tono mucho más confuso, quizás en una dirección poco clara – pero lo hace. En este punto es que pensamos que dicha confusión es completamente intencional y no un signo de manejo incompetente por parte de Esmail, aunque dicho juicio deberá permanecer pendiente hasta que la segunda mitad de la temporada ya esté en desarrollo. Solo allí podremos saber con certeza si toda esta maraña tiene algún punto de llegada definido o tan solo es la manifestación de la inseguridad de la producción.

Uno de los elementos comunes del episodio está dado por personajes hablando con personas ausentes, ya sean imaginarias o no. Obviamente Elliot Alderson es el ejemplo mayor de lo anterior, el arquetipo de dicha situación – pero también hay otros más en situaciones análogas. Alguien como el misterioso Ray, para ser más precisos. Su primera aparición en este episodio es una conversación con alguien que no está allí, dándonos a entender que tal vez su mente está en un lugar similar a la de Elliot, y sus escenas posteriores solo refuerzan la incomodidad circundante. ¿Quién es este tipo, verdaderamente? ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué sitio web desea levantar y proteger? ¿Por qué se asocia con matones para lograr sus objetivos? En cualquier caso, independiente de nuestra momentánea ignorancia (porque asumimos que todo esto será revelado con el paso de los capítulos), hay que destacar que Craig Robinson supera las expectativas generadas con su casting, mostrando una faceta de actor dramático que muchos ignorábamos si nos guiábamos exclusivamente por su currículum más tendiente a la comedia. Dichas dotes actorales salen a relucir en sus últimas conversaciones con Elliot, en donde comprendemos que -a diferencia del joven- sus “interacciones” con su esposa fallecida son voluntarias, como un ejercicio constante de salir del dolor y el duelo en el que estaba sumido. El cierre del capítulo solo lo precisa aún más: “control is about as real as a one-legged unicorn taking a leak at the end of a double rainbow.” Elliot intentó controlar, reducir, eliminar a como dé lugar a su alter ego, y eso tan solo le trajo más terror, más claustrofobia, más desequilibrio; no es cuestión de “caer y levantarse” – siempre estamos en cayendo, y la única manera de encontrar el camino es trastabillando hasta poder encontrar algo en qué afirmarnos. No hay caso en intentar controlar cuestiones más allá de nuestro alcance – se acepta y se sigue adelante no más.
La otra persona en esta circunstancia análoga es Dom DiPierro, a quien comenzamos a conocer un poco más en este capítulo en contraposición al anterior: es una detective bastante hábil y hasta un tanto perfeccionista en cuanto al desarrollo de su profesión se refiere, pero con una vida personal rayando en lo patético – su únicas interacciones fuera del trabajo (al menos por ahora) son 1) con un desconocido a través de un chat erótico, y B) con Alexa, una app-asistente virtual en un dispositivo llamado Echo (que es de Amazon). En ambos casos, su interlocutor no está presente físicamente con ella: el desconocido del chat solo son letras en la pantalla, y Alexa es una voz que emerge de un parlante. El hecho de que deje de masturbarse para preguntarle a Alexa cuándo será el fin del mundo dice mucho de su estado mental, y el que guarde su placa y celular de trabajo en una caja fuerte parece darnos a entender que prefiere mantener ambos mundos absolutamente separados mientras sea posible.

Pero más allá de lo deprimente que pueda llegar a ser la intimidad de DiPierro, es ella la que termina descubriendo el “escondite” de la Fsociety… y por mera casualidad. Si el FBI no hubiese sido llamado a investigar la muerte de Romero por culpa de una base de datos que había sido hackeada hace ya un tiempo, si DiPierro no hubiese sido la encargada del FBI en el caso, si no hubiese visto su nombre en dicha lista, si no hubiese sabido enrollar pitos de marihuana de una gran manera para ganarse la confianza de la madre de Romero, si no hubiese descubierto allí papeles llenos de detalles de hackeos de la Fsociety y el afiche de la Fiesta post-ataque a Evil Corp… y sin embargo, todo ello sucedió de la manera precisa para que fuese Dominique DiPierro la que se diese cuenta de que a veces es posible esconderse del mundo a plena vista. Ya sea porque el galpón de arcades realmente esté maldito o porque simplemente un individuo tiene el poder para afectar a múltiples otros sin siquiera saberlo, pero quizás éste sea el comienzo del fin para la FSociety.

Respecto a nuestros viejos conocidos, la lamentable muerte de Romero (quien, al menos, tuvo una escena más en flashback) afecta de forma considerable a Mobley, su único amigo real en el grupo; comprensible es, entonces, que su paranoia aumente y comience a dudar tanto de la Dark Army como de Darlene y (especialmente) Elliot. Trenton, por su parte, tiene un pequeño cameo que nos muestra una pincelada de su entorno familiar y Darlene vuelve a sus niveles insoportables de la primera temporada – aunque sentimos que está ocultando algo. Su reacción fría se siente más como un mecanismo de supervivencia que una verdadera falta de empatía, ya que debe cargar con el liderazgo de un grupo cada vez mayor y cada vez más disperso – no puede darse el lujo de hundirse en la pena. Como bien le dice a Trenton y a Mobley: “stop spazzing – and be cool.

mr robot kernel panic 3

Dicho consejo se curiosamente replicado por Philip Price. Su relación con Angela es algo difícil de descifrar (como tantas cosas en esta serie): ¿cuánto de admiración y cuánto de atracción hay desde ella hacia la figura de Price? ¿Se sentirá atraída por su poder en sí, o por su apariencia de confianza? Dicha (peligrosa) atracción se manifiesta en lo que sucede después de recibir la invitación a cenar por parte de Price, eligiendo un vestido mucho más revelador que lo que normalmente usa -y que uno asumiría como “adecuado” para una cena estrictamente de negocios-, contrastando con su reacción una vez que se da cuenta que la cena no era solo con Price. Y esa incomodidad se magnifica incluso más cuando Price revela, al final de la velada, que los dos acompañantes también eran responsables (junto a Terry Colby) del desastre que terminó quitándole la vida a los padres de Angela y de Elliot; la escena -y en particular, la actuación de Michael Cristofer- es notable, una situación tensa y escalofriante cuando uno se da cuenta de la manipulación psicológica de Price y la difícil decisión que deja en las manos de Angela: o decide hacer “lo correcto” y denunciar a los ejecutivos por cometer tráfico de información privilegiada – pero ello conllevaría, inevitablemente, afectar de forma directa a los familiares de los involucrados, familiares que poco o nada tienen que ver con los delitos cometidos. Un individuo con el poder para cambiar el destino de muchos otros.
The minute you remove emotion from this… you’ll do just fine,” le dice Price a Angela, y con eso cimienta su rol de mentor. Si la relación entre ambos es confusa desde la perspectiva de ella, desde el otro lado es algo más claro: Price parece interesado en “moldear” a Angela a su manera, como un escultor le da forma al material que luego se convertirá en su estatua. Es siniestro, sin duda, y la actuación de Michael Cristofer no hace más que cimentar el hecho de que es la voz del capitalismo en sí la que habla a través de Philip Price.

Con todo, “Kernel Panic” es un capítulo que puede tanto encantar como repeler. Su foco puesto sobre la exploración interna podría exasperar con facilidad a alguien más interesado en el lado estrictamente computacional de la serie, mientras que la ausencia de una trama principal (más allá de ciertos destellos que se vislumbran, difusos, uno tras otro) le da un toque más desordenado y laberíntico a esta segunda temporada. Por otro lado, la visión de Sam Esmail lo dota de un estilo particular, brillante pero no gratuito o innecesario, sino que siempre complementando y al servicio de la obra. Una conjunción perfecta y precisa de elementos que eleva el material.
Aquí estamos, esperando al borde del abismo, preguntándonos qué tan profundo es el agujero al cual nos sentimos extrañamente atraídos… y si, en nuestra caída, seremos capaces de tambalear hasta encontrar el camino adecuado.

Observaciones varias:

  • Siguiendo con la temática del individuo con poder para cambiar el destino, Price tiene la portada enmarcada del diario que reporteó la muerte del Archiduque Francisco Fernando a manos de Gavrilo Princip, hecho que contribuyó al inicio de la Primera Guerra Mundial.
  • El restaurante de la cena entre Price y Angela es Fidelio’s. Aparte de ser el nombre de una ópera de Beethoven, “Fidelio” también era la contraseña para acceder a la fiesta oculta en Eyes Wide Shut.
  • Dom DiPierro se ve mejor con esos lentes grandes. Oh sí.
  • Nota musical 1: la canción de los títulos del capítulo es You Don’t Have to Say You Love Me” de Dusty Springfield.
  • Nota musical 2: la composición que suena cuando Elliot vuelve a consumir las pastillas regurgitadas es la de los títulos principales de “Mishima”, compuesta por Philip Glass.
  • Nota musical 3: la canción que suena en el montaje de Elliot bajo los efectos del Adderall es Lovely Allen” de Holy Fuck.
  • Nota musical 4: la canción que suena mientras Dom DiPierro se alista antes de salir a trabajar es Highwayman” de The Highwaymen (supergrupo country compuesto por Johnny Cash, Willie Nelson, Waylon Jennings y Kris Kristofferson).
  • Nota musical 5: la canción que suena mientras Angela camina por el restaurante es Just Say the Word” de Jerry Townes.
  • Alguien que sepa mucho de computación podría ayudar a descifrar el código que Elliot escribió en su diario y que, al parecer, es una pantalla de error.
  • El efecto de la ropa en la lavadora reflejada en los ojos de Elliot se parecía bastante a un cursor de los Mac (conocido oficialmente como “spinning wait cursor” pero también como “spinning rainbow” o “beach ball of death”) que aparece cuando las aplicaciones se demoran en cargar o no responden. Preciso detalle.

mr robot kernel panic 4

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