High-Rise (2015)

High_Rise_2014_Film_Poster
High-Rise.
Año: 2015.
Director: Ben Wheatley.
Género: Thriller.
Elenco: Tom Hiddleston, Jeremy Irons, Sienna Miller, Luke Evans, 
Elisabeth Moss.
Compositor: Clint Mansell.
Duración: 119 minutos.
País: Reino Unido. 

Como un proyecto ejemplar, el edificio que llamaremos “High-Rise” es lo que se espera de los futuros proyectos habitacionales. Un complejo totalmente completo, donde se tiene todo lo se puede querer en el mundo moderno: gimnasio, supermercado, spa, escuelas, conexiones a empleo, etc. Organizado bajo una compleja gradación social, a sus departamentos han llegado profesionales independientes como el Dr. Robert Laing (Tom Hiddleston) o familias completas, como la de Richard Wilder (Luke Evans). Al tope del edificio vive su creador, el arquitecto (o más bien Dios) Anthony Royal (Jeremy Irons). Un lugar donde las excentricidades son la constante, pues en el penthouse parece desarrollarse un tipo de vida que incluso a los ojos del High-Rise es extremo. Para Royal, el High-Rise es su proyecto culminativo. Como la palma de una mano mirando al cielo, cada uno de los dedos corresponde a una torre habitacional de lo que pretender ser un crisol para el cambio. Quizás pretendió mucho. Por eso el proyecto falla, y acá no hay spoilers. La película parte precisamente señalándonos el fracaso del proyecto de Royal. La misión del telespectador es descubrir cómo ocurrió. Ver cómo un edificio que tenía vida propia (¡la gente trabajaba para el “edificio” y no para su empleador!) que empieza a audestruirse a partir del debastecimiento, la falta de servicios básicos y los conflictos entre sus copropietarios. Un edificio además que los tiene de prisioneros, pues al parecer no pueden dejarlo para volver a la tranquilidad de sus vidas anteriores.

La historia de Laing en el High-Rise es curiosa. Solitario, emprende un nuevo rumbo en su vida tras la muerte de su hermana. En el piso superior a él, es decir, a un mayor nivel social, vive Charlotte Melville (Sienna Miller), una apuesta madre soltera, que habita el departamento con su hijo Toby (Louis Suc). Situación totalmente opuesta a la de Richard Wilder, quien es de menor grupo social y además, tiene una familia de acuerdo a patrones más estándares, junto con su mujer Helen (Elisabeth Moss), que espera otro niño. Ver quién vive arriba y quién abajo de Laing es entender el fondo del conflicto. Los problemas con el agua, la basura, y la luz, afectan claramente a las clases sociales bajas. Si bien para Royal son costos necesarios para el crecimiento del proyecto, Wilder es vehemente y lógicamente no lo entiende. Él muestra en carne propia la desesperación de la crisis que empieza a afectar al High-Rise, dejando a su mujer totalmente de lado, y tomando la lucha como absolutamente personal. La gente del High-Rise se siente dejada a su suerte. Sus problemas no son solucionados, la policía no interviene en los crímenes, y la aislación del mundo exterior es total. Quien parece jamás perder la compostura es Helen (Elisabeth Moss), la abandonada mujer de Richard, curiosamente, quien cumple el rol más primitivo en la sociedad, el de madre. Situación que es totalmente opuesta a la de su marido, quien obsesionado por el ninguneo del que es objeto, se esmera por descifrar a cuesta de su salud la verdad del High-Rise (documental de por medio). ¿Pero quién está cuerdo y quién no? ¿Y quién es uno para decirlo?

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En “High-Rise” vemos el colapso de un estilo de vida que creemos perfecto, y ojo, no hablamos de situaciones utópicas. Lo expuesto en la película de Wheatley son modelos que se han replicado, tanto arquitectónicamente, como proyectos de integración social. El edificio autosustentable, con todas las funciones de vida, es un proyecto que ha existido con menos éxito. Y eso que en la mayoría de los casos de la “vida real”, el edificio implicaba grupos sociales idénticos. En este caso es lo contrario, y producto de ello hay tanta tensión. Recuerda a los proyectos de la UP de integración social, en especial aquellas viviendas sociales que se construyeron en la comuna más pudiente del país, y que silenciosamente han desparecido dando paso a bloques de concreto y vidrio donde se habla de economía y no de ayuda social. Se trata de modelos donde quien vive arriba trata de imponer su estilo de vida al de abajo, y cómo el de abajo se revela con el de pisos superiores. La discriminación y el rechazo se vive a todos niveles, sino pregúntenle al Dr. Robert Laing y su participación en la fiesta de época. Violencia que, dicho sea de paso, también se da al interior de cada departamento, a todos los niveles. La violencia familiar, reflejada en la película, es una constante que no distingue grupos sociales. Y cuando ella además se exterioriza, nadie está preparada. La situación de violencia y descontrol termina incluso desequilibrando al psiquiátra del complejo. Algo que habla de la naturaleza humana también, pues frente al desabastecimiento se extiende un guante a cada uno de los residentes del High-Rise que se traduce en la primera oportunidad en que pueden ser perversos. No hay espacio para la cooperación sino sólo para el caos. Y como el hombre se aprovecha de todos los espacios de impunidad que le impone la vida -o al menos eso creo yo-, el High-Rise colapsa. Porque un mundo en el que no hay cooperación a todos los niveles, está condenado al fracaso. Y si la irresponsabilidad viene desde arriba (del arquitecto), quien cree que su fracaso -autodestrucción- es una buena oportunidad para re-colonizar, la caída es mucho más fuerte.

El legado de High-Rise es curioso. Ya sabemos que Tom Hiddleston es un gran actor (su personificación de Loki en la serie de superhéroes puede ser la más poderosa de todas, en un rubro per se difícil). Para variar la banda sonora de Clint Mansell es un punto alto. Sin embargo, no es el proyecto (o el resultado) con el que Ben Wheatley esperaba despegar definitivamente, en especial luego de los excelentes comentarios que recibió “A Field in England”. En lo visual se mantiene la nota alta, pero el guión simplemente no convence. Además se trata de una película de mucha violencia explícita que por momentos cuesta digerir, motivo por el cual, de llegar a nuestro país, su circulación será absolutamente reducida. De todas formas los invitamos a ver este al menos atrevido largometraje.

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