Mr. Robot S02E04: eps2.2_init1.asec

Sueños en Cámara Lenta

Hay que ser honestos: es difícil que los más recientes episodios de Mr. Robot terminen por encantar a un espectador que vea por primera vez la serie o haya tenido un interés superficial en ella. No solo la dificultad inherente a la situación de introducirse dentro de una narrativa que ya lleva aproximadamente 10 horas de desarrollo, con capítulos dependientes por completo de todo aquello que ya ha acontecido – el tono y el ritmo de esta segunda temporada han sido, siendo generosos, divisivos. Para aquéllos que esperaban una exploración más o menos profunda de la situación mundial después del hackeo a Evil Corp, o un desarrollo de la investigación policial contra Elliot por parte del ex novio de su psicóloga, o la misteriosa alianza entre Price y Whiterose o incluso la existencia de la Fsociety después de haber cumplido su misión, esta segunda temporada poco o nada habrá aportado a calmar dichas ansias; incluso para aquéllos más pendientes de la demostración verosímil de conceptos de computación (y, en específico, ciberseguridad), no han habido demasiadas sorpresas. ¿Qué nos queda? Tan solo un laberinto onírico de introspección centrado en Elliot – el ancla fracturada de un mundo a punto de caerse a pedazos. “Init1.asec” no escapa a esta tendencia, recorriendo un camino análogo (similar pero no precisamente el mismo) a los anteriores, prefiriendo una aproximación un tanto oblicua, densa, casi simbólica a su narrativa en vez de ir directo al grano, para desgracia de quienes hayan preferido este segundo método.
Desde esta humilde tribuna declaramos, a priori, que no criticamos a los capítulos (o, incluso, temporadas o series completas) lentos per se: el ritmo de una obra no tiene nada que ver con su calidad y, por supuesto, hay series consideradas “lentas” que han conseguido –con justicia- aclamación crítica; pensamos, por ejemplo, en Mad Men o Better Call Saul, que a pesar de los halagos han debido soportar, por igual y prácticamente por las mismas razones, comentarios negativos relativos a que “en ellas no pasa nada”. La segunda temporada de Mr. Robot va por el mismo sendero, y ya está siendo objeto de las mismas críticas. ¿Son justas? ¿Tienen asidero alguno?

Honestamente, es difícil no encontrarles mérito – más allá de no compartirlas por completo.

La subversión (o, prácticamente, destrucción) de las expectativas del espectador se manifiestan por completo en la escena de apertura del capítulo: todo parece darnos a entender que se revelará, por fin, lo sucedido en los instantes finales de la temporada pasada. Elliot en su departamento, golpes en la puerta y la posibilidad de conocimiento…
Pero lo sucedido es algo distinto, más sorpresivo y tan crucial como lo esperado. Algo que difícilmente pensamos que recibiríamos y, sin embargo, resulta indispensable: la génesis de gran parte de lo sucedido en la primera temporada se encuentra allí, en el primer reencuentro de Elliot y Darlene. Como un triunfo de la prestidigitación, queremos ser engañados por el truco y, por lo mismo, funciona. La idea de la Fsociety nace en dicha conversación, su misión también e incluso su símbolo. No deja de ser curioso cómo Elliot comienza a determinar el camino a seguir una vez que se coloca la chaqueta de su padre y la máscara que terminará por definir a la Fsociety, y no antes; fue un momento preciso de unión de pasado, presente, y futuro: Elliot Alderson, recuperando simbólicamente a su padre fallecido, sembrando las semillas de su activista porvenir. No fue una coincidencia ni una mera conveniencia – fue una elección: podría no haberse vestido con la ropa de su padre, podría no haberse colocado la máscara, pero lo hizo. Eligió darse a sí mismo un propósito.

El tono levemente onírico de “init1.asec” no es para nada una coincidencia cuando observamos que uno de los hilos conductores de la narrativa esta semana está dado por los sueños, su poder, su significado, su naturaleza. Hay escenas con un pequeño dejo de David Lynch en su tono, en su atmósfera, en esa ineludible sensación de incomodidad hallada en detalles minúsculos de cuadros en apariencia perfectos. La duda en esos rincones oscuros de la mente. La paranoia antes del colapso.

Do you dream, Elliot?” Una pregunta tan sencilla, tan cotidiana, tan perfectamente común y que –sin embargo- desencadena un cambio profundo en la percepción del protagonista y, hasta cierto punto, nuestra percepción. ¿Hemos visto a Elliot soñar? Lo hemos visto alucinar, perderse en un laberinto ficticio de muerte y resurrección producto de las drogas y su abstinencia; lo hemos visto funcionar aceleradamente –con alucinaciones incluidas- gracias a una sobredosis de Adderall, y la mayor parte del tiempo vemos a la personificación de su ello/id reprimido utilizar el semblante de su padre. Lo hemos visto reprimir sus horas de sueño para evitar que dicha parte de su personalidad adquiera el control de su cuerpo. Pero… ¿soñar? ¿Sueña Elliot Alderson? Y si lo hiciese, ¿con qué sueña Elliot Alderson?
Hasta este punto, el dormir y el soñar para Elliot no son más que los puntos débiles aprovechados por Mr. Robot para dominarlo, nada más que fallas en un sistema que al menos funcionaba – y no es sino hasta que Leon, una vez adquirida la Iluminación necesaria, le realiza la pregunta antes mencionada que Elliot Alderson cambia (o, al menos, empieza a cambiar). No es hasta que Leon, habiendo alcanzado el Nirvana luego de haber visto las 9 temporadas de Seinfeld, menciona que puede ser una vía para el auto-mejoramiento, una forma de forjar el futuro al colocar los como aquella meta que desea ser alcanzada. Los sueños no son simplemente caos y pérdida de control, son también una fantasía que puede ser realidad, un mundo que puede moldearse a la medida, un potencial infinito, una promesa de tiempos mejores esperando ser cumplida. Incluso la escena en sí destila unos retazos oníricos, con un Leon en primerísimo plano mirándonos directamente a nosotros – no solo a Elliot, sino a nosotros (la mirada de Elliot, por su parte, está levemente inclinada hacia un costado, no mirando fijamente). Leon es reinventado súbitamente como un Iluminado, enfocado de manera tal que su sabiduría es compartida tanto dentro de la narrativa como fuera de ella: “existence could be beautiful, or it could be ugly, but that’s on you.

Por eso es que después de la conversación, por primera vez en el transcurso de la serie, vemos a Elliot Alderson soñar – y su sueño es tiernamente real y, al mismo tiempo, desgarrador en su simpleza. He aquí un joven cuya psiquis ha sido lo suficientemente fracturada, cuyas relaciones sociales se han dañado hasta el punto irreconocible, y cuya semblanza de “normalidad” fue una rutina autoimpuesta de falsas interacciones y estricto autocontrol (que, además, fracasó), cuyo sueño de un futuro mejor es una vida lo más normal posible. Una vida en la que pueda volver a acercarse a Angela y estar con ella, en la que pueda ver a Darlene feliz, en la que pueda considerar a los Wellick como verdaderos amigos, en la que pueda pedir disculpas sentidas a aquéllos que ha herido sin ninguna justificación (como Bill Harper, el hombre al cual insultó de forma más que hiriente durante su infiltración en Steel Mountain), en la que pueda unir sin problemas ambos extremos de su mundo y sentarse en una metafórica mesa, con un espacio reservado para nosotros, y ser felices mientras el símbolo de todo aquello que está mal en este mundo colapsa ante ellos.
Bueno, quizás esto último no sea lo más normal de todo, pero el resto de los deseos es una vida lejos de su conflicto interno, lejos de su aislamiento, lejos de sus rutinas, su automedicación, sus visitas a la psicóloga, su dolor y su rabia. Elliot, por primera vez en quién sabe cuánto tiempo, vislumbra un futuro mejor por el cual realmente vale la pena pelear.

La pelea por este futuro y, en verdad, por su propia existencia es una que Elliot pretende librar mediante un simple juego de ajedrez. Es aquí, tal vez, donde el capítulo tropieza –o al menos, trastabilla- cada vez que es razonable para el espectador inferir que el resultado de dicho juego no va a ser la destrucción de Mr. Robot. No a estas alturas. El juego de ajedrez funciona en un plano simbólico, sin duda, pero la larga duración del capítulo hace que el tiempo que se le dedique a ello (a su supuesta importancia, la naturaleza del juego, su sustrato filosófico) a pesar de lo predecible del resultado se sienta un tanto redundante. Quizás un par de minutos menos habrían tenido el mismo efecto y de una manera más potente, más directa. Quizás habría sido comprometer la visión de Sam Esmail. Sea como sea, el resultado es –obviamente- tablas, porque el mensaje de este y los capítulos anteriores no ha variado: Elliot no puede destruir una parte de sí mismo, solo puede aprender a convivir con ello. Cuando, durante el capítulo del clímax de la temporada anterior, Elliot dijo: “I am Mr. Robot,” no solo estaba haciendo referencia a la verdadera naturaleza del personaje de Christian Slater, sino que estaba declarando su identificación con él; no solo es una parte de su personalidad, Elliot Alderson es Mr. Robot, y Mr. Robot es Elliot Alderson. Un solo ente, fracturado y dañado, pero uno solo. Mr. Robot requiere de Elliot para poder actuar, y Elliot revela sus intenciones más profundas a través de él. Tablas, entonces. Coexistencia. Mr. Robot sabía de antemano el resultado obvio del juego porque era tan solo una manifestación de la lucha constante con Elliot a lo largo de estos capítulos de la temporada – y, por lo tanto, significa que Elliot también sabía dicho resultado. Simplemente un ejercicio de negación constante contra una parte de sí que comprendió –hace tiempo– la inutilidad de dicha lucha.
Curiosamente, el juego de ajedrez termina siendo un contrapunto, un opuesto, a la idea de los sueños ya mencionada: es un juego de infinitas posibilidades confinadas dentro de un set de reglas rígidas, de múltiples variantes que desembocan en un resultado predecible. Los sueños, en cambio, están libres de ataduras, libres de reglas, libres de cualquier semblante de rigidez y constricción; son caos, creación, destrucción, potencial, infinitud plena, una masa cuyo fin variable, va mutando con cada segundo que pasa, con cada manifestación de voluntad. Ese juego de ajedrez solo tiene un resultado; el sueño de Elliot puede ser lo que él quiere que sea.

 No solo Elliot sueña, sin embargo, durante este capítulo – y los sueños de otros son menos inspiradores. Para Joanna Wellick, por ejemplo, su sueño de poder obtener el dinero de la indemnización que Evil Corp le adeuda a Tyrell después de su despido y así proveer para su recién nacido hijo se ve destrozado inmediatamente cuando Scott Knowles no solo no está interesado en soltar dicho dinero, sino que además goza sabiendo el daño que le está provocando a los Wellick. Para él, no es menos que lo que Tyrell y su familia se merecen. El sueño del novio de Joanna es, por su parte, romántico, paradisíaco, hasta utópico – y se ve, de igual manera, destrozado por las palabras de Joanna, declarándole (aparentemente) su amor precisamente porque él es incapaz de cumplir dichos sueños; ella ha vivido esa vida y lo que él le ofrece es lo opuesto. Aquí podríamos detenernos y preguntarnos si dicha declaración de amor es sincera o no, considerando lo que sabemos de la personalidad de Joanna “Lady Macbeth” Wellick, pero nuestra respuesta no sería firme.

Angela, por su parte, tiene sueños más ambiciosos – no es coincidencia que su grabación de autoayuda declare que “sus sueños se están haciendo realidad” justo mientras observa cómo los ejecutivos involucrados en uso de información privilegiada (y que también estuvieron presentes, junto a Colby, en el escándalo del derrame) son detenidos por la policía. Piensa que su voluntad está moldeando la realidad circundante, que ha descubierto, por fin, los planes que Phillip Price posee para ella, y que al descubrir esta situación ha adquirido el poder suficiente para exigirle a éste una nueva oficina, un nuevo sueldo, un nuevo trabajo. Price solo ríe (ni siquiera confirma o niega si Angela está en lo correcto en cuanto a los hechos) y termina por dar vuelta la tortilla de forma muy hábil, como siempre: “this is all in your head.” ¿Cuánto es real y cuánto es imaginado? ¿Es una estrategia de desviación por parte de Price, admitiendo tácitamente que Angela está cerca de la verdad? ¿O es otra manipulación tras manipulación? E incluso, si está tan solo en la cabeza de Angela, ¿qué impide que verdaderamente pueda moldear su realidad circundante con su voluntad?

Quien también sueña es Darlene, y sus sueños se están cayendo a pedazos cuando su paranoia comienza a hacerse más y más real, sintiéndose perseguida cada vez que sale. ¿Estarán allí esos hombres de traje, vigilando cada uno de sus movimientos? Al parecer las palabras de Mobley la semana pasada han calado más hondo que lo que ella preferiría admitir. Todo empeora, por supuesto, cuando descubre (gracias a Cisco) que el FBI está empezando a investigar los hackeos y que gracias a un programa de vigilancia, tarde o temprano van a llegar a ellos. Es una situación de alerta que propicia una petición de ayuda, un init1: el primer concepto que aprendió de Elliot es parte de la secuencia de arranque de sistemas basados en Linux, significando que el sistema se inicia en modo de un usuario; su importancia, sin embargo, va más allá del mero significado técnico del término – es una señal, una ofrenda de paz, un grito de ayuda. Es una palabra clave que implica que Darlene necesita a su hermano.

Y Elliot responde. A pesar de la sugerencia hiriente de Darlene en su momento de que quizás sea mejor tener la ayuda de Mr. Robot que de Elliot, a pesar de su frágil estado mental y su sensación de desorientación existencial, Elliot responde. Decide ayudar a Ray con su problema informático (y todavía no sabemos de qué trata el sitio que quiere migrar, ni nosotros ni Elliot) y aprovecha, allí, de contactarse con Darlene. En menos de un minuto se entera de la muerte de Romero y de la vigilancia del FBI. En menos de un minuto está dispuesto a actuar. Quizás su lucha por el futuro mejor que desea empieza allí, con una sola frase, con una chispa. “I’m going to hack the FBI.”

Observaciones varias:

  • Todavía no sabemos qué están tramando específicamente Whiterose y Price, aunque sí es bueno ver a Whiterose nuevamente. Creemos que Angela calza dentro de esos planes, pero no hay nada seguro.
  • Una conversación interesante: Joanna Wellick con el sujeto del estacionamiento que apareció en el final de temporada pasado y que le avisó a Elliot que llevaba 3 días dentro del auto. Si se está quejando de sus problemas económicos con Joanna, probablemente significa que ésta le está pagando por algo. ¿Cuánto sabe Joanna de ese tiempo perdido?
  • Un presente paralelo un tanto distópico: en su viaje por el subterráneo, Darlene divisa a gente con máscaras de gas, e incluso con lentes de Realidad Virtual. ¿Escapando de una realidad a punto de colapsar?
  • La máscara/símbolo de la Fsociety proviene de una película (ficticia) llamada Careful Massacre of the Bourgeoisie (“Cuidadosa Masacre de la Burgesía”) que era una favorita de Elliot y Darlene cuando niños. Si cuentan con una VPN o usan proxy, pueden ver los primeros 8 minutos aquí.
  • Nota musical 1: la música en el flashback inicial de Elliot y Darlene es una performance de la famosa composición The Planets de Gustav Holst. En particular, de la sección Neptune, the Mystic.
  • Nota musical 2: la música del sueño del buen futuro de Elliot es una versión en “canción de cuna” de Basket Case de Green Day.
  • Nota musical 3: la canción que suena cuando Darlene se baja del subterráneo y sale a buscar a Cisco es Rainy Night in Georgia de Brook Benton.
  • Nota musical 4: la canción que suena mientras Darlene y Cisco tienen sexo en el baño del bar es Into the Black de Chromatics, originalmente del gran Neil Young.
  • Más allá de lo predecible del juego de ajedrez, la cinematografía de dicha escena sigue siendo maravillosa. Destacamos la simetría y la cada vez mayor lejanía de Elliot y Mr. Robot, perdiéndose entre los árboles de un parque indeterminado.
  • ¿“Operation Berenstain” será una referencia a ese “creepypasta” online sobre dimensiones paralelas derivadas de escribir Berenstain en vez de Berenstein en relación a los famosos Osos?
  • Esta semana Dom DiPierro vuelve a tener prácticamente un cameo.
  • ¿Qué sucederá ahora con Leon después de haber terminado todas las temporadas de Seinfeld? ¿Qué serie verá ahora?

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