Mr. Robot S02E05: eps2.3logic-b0mb.hc

mr robot logic bomb A

Una bomba lógica para volver a la acción

Luego de un inicio de temporada de doble duración y dos capítulos de 1 hora cada uno, Mr. Robot por fin vuelve a un formato más convencional. Tal vez sea la sensación de que menos tiempo se ha perdido (pun intended) esta semana, o quizás la narrativa en sí haya sido más precisa y más pulida, pero sea cual sea la razón específica, el resultado no varía: “Logic Bomb” es el mejor episodio de lo que va de temporada, sintiéndose casi como una respuesta a las críticas (razonables) esgrimidas en contra de los capítulos anteriores, un necesario golpe adrenalínico a un letargo que se estaba haciendo manifiesto en una serie a veces demasiado laberíntica para su propio bien. El foco puesto en la introspección de Elliot en desmedro de los sucesos del “mundo real” fue divisivo, por decir lo menos, y pasa porque dicha introspección, con sus simbolismos, su densidad y su parsimonia no es –al menos para la mayoría– el elemento principal por el cual la serie atrapaba a la audiencia y, en cierto sentido, es incapaz de sostenerse por sí sola (y sostener, además, a la serie por completo). Dicha narrativa depende de los otros elementos de la serie para poder ser efectiva: depende de la relación de Elliot con otras personas más allá de su mundo interior, depende de su tratamiento de cuestiones como dependencia en la tecnología,  ciberseguridad y relaciones humanas en un mundo post-Internet, depende de esa cuidadosa tensión palpable en esos momentos en que los planes de cada personaje parecen propensos a estallar en cualquier momento – y, para bien o para mal, es casi a la mitad de esta temporada en que vemos mayormente estos elementos cuajar en pantalla, y cuajar bien. Si los capítulos anteriores perdieron el camino a través del laberinto, “Logic Bomb” decide hacerse un camino propio rompiendo las murallas con un bulldozer.

Ya desde el inicio del capítulo observamos el cambio: Elliot está en su elemento. Si su sueño de un futuro mejor involucraba, por sobre todas las cosas, una genuina conexión humana con quienes lo rodean, no es menos cierto que su yo del presente necesita ese golpe de adrenalina que solo puede obtener al aplicar su talento frente a una computadora. Su tecleo es frenético pero nunca caótico, las palabras inundan una tras otra el oscuro e indeterminado fondo de la pantalla, cada comando una expresión y extensión de su propia voluntad. Puede parecer technobabble pero lo indescifrable de sus acciones y su monólogo es tan solo para los neófitos: aquí no están intencionalmente ocultando plotholes o queriendo confundir al espectador. Es realmente verosímil, tiene pleno sentido en la mente de Elliot y, en cuanto construcción mental de éste, también la tiene para el espectador mientras lo observe desde dicha perspectiva.
El monólogo de Elliot, más allá de lo meramente técnico, también nos muestra facetas de su personalidad (prefiriendo llevar a cabo personalmente sus planes, controlando de esa manera su ejecución hasta el más mínimo detalle), nos revela en detalle cómo pretende hackear al FBI (mediante el uso de malware conteniendo una “bomba lógica”, o un código específico dentro del software que llevará a cabo una función determinada si es que ciertas condiciones específicas se cumplen) y –visualmente– nos representa la importancia del hackeo para Elliot: el mundo circundante se oscurece por completo, la pantalla del computador es la única luz iluminando el vacío y el resto del mundo se encoge y se encoge hasta desaparecer en la nada. Solo eso importa.

La utilización de la terminología específica de las bombas lógicas y su funcionamiento (programación if/then, una sentencia condicional básica en programación) no es gratuita o simplemente forzada: el capítulo hace un símil de dicho código con aquéllos momentos definitorios de una persona en el que si ciertas condiciones se cumplen, “everything blows up on your face.” Obviamente Elliot tiene el suyo, pero otros personajes a lo largo del capítulo también se ven enfrentados a momentos en los que deben elegir ser un uno o un cero. La gracia de “Logic Bomb” está en que, a pesar de que el foco mayoritario está en Elliot (por razones obvias), no descuida las tramas secundarias; de hecho, tanto Joanna Wellick, Angela, Darlene e incluso Dom DiPierro tienen su turno para brillar y aprovechan la oportunidad.

En este capítulo tenemos el primer reencuentro en pantalla de Angela y Darlene desde la temporada pasada, y se lleva a cabo en el departamento de la primera. Es un lugar higiénico, prácticamente clínico, un departamento que difícilmente podría llamarse hogar, en donde el toque humano está manifiestamente ausente. Podría ser una vitrina, un departamento piloto, un diorama en una exposición o una oficina particularmente decorada, pero en ninguno de ellos pensaríamos que allí efectivamente vive alguien. El blanco omnipresente, un tono gélido e impersonal, refleja el comportamiento mayoritario de Angela durante esta temporada: sus intentos de jugar el contemporáneo juego de los ejecutivos la han dejado mayormente carente de empatía y de sentimientos, una suerte de coraza endurecida que requiere constantemente de cintas de autoayuda para convencerse de devorar antes de ser devorada – incluso su misión de “cambiar E Corp desde adentro” parece tambalear y perderse con cada minuto que pasa.
De allí que el reencuentro con su amiga de infancia sea tan lacónico y hasta con amagos de hostilidad, en comparación a las escenas que compartieron en el ciclo anterior; ¿será Darlene una suerte de recordatorio para Angela de una vida pasada que prefiere no recordar? ¿O es más que sabe que Darlene significa problemas para ella y su misión? Cualquiera sea la respuesta, no deja de ser menos cierto que la escena es algo incómoda para ambas, más todavía cuando Darlene le menciona la investigación del FBI y cómo están cerca de descubrir quiénes podrían estar detrás del hackeo del 9 de mayo – algo particularmente relevante para Angela y su papel en iniciar dicho ataque. El rol que Darlene tiene para Angela dentro del plan es relativamente simple, pero ésta se niega a participar. No quiere más problemas. Prefiere esperar a que la investigación termine y (ojalá) no la descubran. Razonable – hasta que Darlene le menciona un cabo suelto, un flanco débil: “I hope for Elliot and your sake no one else knows about that CD.” Alguien más sabe de la situación: el ex de Angela, Ollie.
Honestamente, no extrañábamos al patético sujeto en cuestión, pero al menos su aparición en este capítulo nos deja en claro que sigue siendo patético e insoportable, preocupado de la “noche de Josh Groban” en el bar, recordando “las tres palabras” que le dijo a Angela cuando comenzaron a salir, mintiendo sobre su cooperación con el FBI – dentro de todo el balbuceo, admite que le dio un retrato hablado a la agencia del “sujeto de los CDs”. En otras palabras, Cisco (la aparente pareja de Darlene) podría estar en problemas.
La joya de la trama de Angela, sin embargo, es su reencuentro con Elliot: una escena que parece derribar todas las barreras que ambos erigieron en todo este tiempo, dejando tan solo ese cálido núcleo de humanidad que todos sabemos que ambos poseen. Es una conversación íntima, sutil, delicada, verdaderamente la manifestación de la frágil relación entre dos amigos que se quieren mutuamente y, sin embargo, recorren actualmente caminos distintos. Si mal no recordamos, es la primera vez en la temporada que vemos sonreír genuinamente tanto a Angela como a Elliot. Ambos desprovistos de mecanismos de defensa, son por fin quienes realmente son en una conversación que se echaba de menos desde un punto de vista tanto narrativo como puramente emotivo. El que después de dicha conversación Angela haya decidido, quizás por falta de opciones, por conveniencia o por verdadera convicción, ayudar a Darlene y la Fsociety es una consecuencia esperable. Entre la espada y la pared, el instinto de supervivencia de Angela se activa. Se cumplió una condición, entonces actúa.

mr robot logic bomb B

Para Joanna Wellick, su momento definitorio se produce cuando Kareem, el tipo del estacionamiento, le revela que ya no da más: cualquiera haya sido el arreglo entre ella y él (¿qué y cuánto sabe dicho sujeto?) la situación está en su punto límite. La primera reacción aparente de Joanna es calmar a Kareem, pero lo que viene después revela la verdadera naturaleza de “Lady Macbeth”: no solo el asesinato a sangre fría del sujeto en cuestión, sino su racionalización del acto. “This way, his mind is able to understand why his life is ending. We let him die with answers. Otherwise, we’re nothing but ruthless murderers.” El que todo esto esté iniciado y cerrado por los momentos en que Joanna le canta una canción de cuna a su pequeño hijo solo lo vuelve más escalofriante.
En cierto sentido Joanna es la idea más pura de Tyrell Wellick: su parte más calculadora, más fría, más maquiavélica y desprovista por completo de la inseguridad que lo mutila y de los arrebatos emocionales que florecen en los momentos más inadecuados. Vaya a saber cómo saldrá el pobre niño con padres así.

Al otro lado del mundo, las aventuras de Dom DiPierro en China son la mezcla perfecta entre caracterización y desarrollo de la trama. Por una parte, obtenemos otro pequeño vistazo a la interioridad de DiPierro, que complementa la información que pudimos deducir en su anterior aparición significativa: la vida íntima de DiPierro parece estar en ruinas porque su vida es su trabajo, unidas intrínsecamente en un matrimonio poco saludable. DiPierro parece estar definida únicamente por aquello que hace, en vez de tener algún interés personal más allá de su labor; esto se ve ejemplificado no solo en el comentario de su colega (“you really don’t dream, do you?”; “never interested me”) sino en la anécdota sobre su vida antes del FBI. Al parecer estuvo un poco perdida en el mundo luego de abandonar tanto sus planes de egresar de Derecho como a su novio, y entrar al FBI sirvió para darle nuevamente un “propósito” a su vida, llegando a significar prácticamente eso mismo.
Por el otro lado, las escenas en China están llenas de cuestiones de importancia para la trama, partiendo por la revelación de que el “alter ego” de Whiterose no solo se apellida Zhang sino que es el Ministro de Seguridad del Estado de China. Ese “pequeño” detalle ayuda a comprender la facilidad con la que la Dark Army logró llevar a cabo el hackeo en China que debilitó a Evil Corp – si su líder es (secretamente) una de las personas más poderosas de dicho país, pocas cosas pueden estar lejos de su alcance. Las escenas con Dom DiPierro (por muy cliché que haya sido la coincidencia del anfitrión descubriendo en el momento preciso al invitado que se encuentra en el lugar inadecuado) resaltan por el magnetismo y el talento innegable de BD Wong, quien muestra una faceta mucho más delicada de Whiterose/Zheng que la vista con anterioridad. Aquí vuelve el motif de los relojes y el tiempo, y la obsesión de Whiterose con estos, pero redefinida como un constante recordatorio de la mortandad (tanto un tempus fugit como un memento mori, si usamos latinismos) – y cuando Whiterose invita a DiPierro a la –supuesta– habitación de su hermana, nunca habíamos visto a la hacker así de vulnerable. Por unos instantes, en medio de una conversación sobre la mortandad y la identidad, baja la guardia, y parece ser una persona que ansía profundamente vivir en una realidad distinta, agobiada por la pregunta del “¿qué hubiese pasado si…?” La mención a las realidades paralelas no es gratuita, y aunque se pueda enfocar desde el punto de vista estricto de la ciencia ficción y/o fantasía, también deja entrever a un individuo que por más que desee aprovechar al máximo (y, en efecto, lo haga) su tiempo, una parte de sí es incapaz de dejar de preguntarse por todas esas infinitas posibilidades de acción, todo lo que podría haber sido y no fue.

mr robot logic bomb C

El final del capítulo es explosivo en múltiples sentidos: no solo la toma extensa que cierra la trama de esta semana de Dom DiPierro, que es brutal, violenta y absolutamente inesperada, sino que lo sucedido también con Elliot. Sabemos ya que su núcleo moral, por mucho que esté oculto bajo capas de apatía, drogas e inestabilidad mental, se encuentra casi intacto – y por eso no es ninguna sorpresa que haya decidido actuar cuando se entera de la naturaleza de la página web que Ray maneja, ese mercado negro virtual accesible solo a través de TOR y mediante invitaciones directas a la página, en donde se transan tanto drogas ilegales como servicios de sicarios, armas y (dentro de todos los horrores) esclavos sexuales. No es un lugar de bien, claramente, y es difícil imaginar que el sostenedor de dicho mercado ignore por completo aquello que en él se transa. Así, por lo tanto, tenemos a otro personaje con una dualidad de identidades: Ray el viudo inspiracional que ayuda a otros a sobreponerse a su dolor y que cuida amablemente de su mascota es también Ray el criminal que maneja un mercado ilegal y que utiliza matones para “convencer” a otros de seguir sus órdenes. En la posterior discusión Mr. Robot vs. Elliot, el espectador sabe cuál va a ser el desenlace: la condición se ha cumplido, Elliot actúa de la forma en que siempre ha actuado. En vez de ignorar el contenido de la página, como Ray se lo “sugirió” (un consejo que Mr. Robot replica en esta ocasión, siendo prácticamente lo más prudente que ha expresado en todo este tiempo), Elliot decide involucrarse.
Y eso significa que dos matones lo rapten desde su espartano dormitorio por la noche y decidan propinarle una golpiza brutal para hacerle aprender su lección. Es un irónico contrapunto a una similar escena violenta anterior, la de la (imaginaria) tortura de Elliot a manos de misteriosos agentes vestidos de traje. La aparente falta de sentido de la onírica tortura encuentra un eco en ésta, que tiene pleno sentido y es tétricamente real: “I told you not to look.”

Pero Elliot miró porque Elliot es Elliot. No puede evitarlo. Es su punto débil, su flanco abierto y desprotegido. Y para Ray, la condición se cumplió, entonces actúa. If-then.

Observaciones varias:

  • Siempre es bueno recordar que de acuerdo a BD Wong (e indirectamente, Sam Esmail), Whiterose es una mujer trans, se identifica como mujer, por lo que Zheng es un “disfraz” de hombre.
  • La conversación entre Whiterose/Zheng y DiPierro sobre la capacidad destructiva y creativa de la Revolución es tan meta como maravillosa. Poco sutil, pero bien lograda.
  • De verdad no extrañábamos al ex de Angela. Discreto sujeto.
  • ¿Qué será el archivo de extensión .dmg que Darlene ocultó en el computador de Angela?
  • Steel Mountain ahora es Steel Valley. No dan tanta seguridad ahora, ¿no?

mr robot logic bomb D

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s