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Rompiendo Ilusiones

Un simple apretón de manos puede significar mucho. Una bienvenida, una señal de fraternidad, una muestra de buenas intenciones, un símbolo de confianza, una muestra de gratitud, una despedida. Una muestra de igualdad. Equilibrio.
Por fin, después de más de media temporada enfrascado en una lucha imposible de ganar, Elliot parece darse cuenta de esto último, y en un sencillo, minúsculo, débil, tembloroso apretón de manos, encuentra la respuesta que le había eludido durante este tiempo. Un pequeño gesto que significó empezar a encontrar el rumbo que había perdido. Incluso si, bajo su propia admisión, le cuesta. No es uno que siga fácilmente las reglas, incluso cuando entienda su propósito. No le resulta tan fácil confiar.

Handshake” es, en ciertos respectos, más una continuación o epílogo del capítulo anterior que un capítulo aparte, que una “progresión” de la trama bajo sus propios méritos. Se encarga de resolver directamente cuestiones pendientes, ata un par de cabos – y su par de “revelaciones” (una al principio, otra al final) no significan un golpe emocional mayor, no reinventan a la serie en sí, no dejan al espectador sin aliento. En una de ellas algo no calza, y la otra era predecible casi desde el primer capítulo de la presente temporada.
¿Quizás lo anterior da a entender que el capítulo fue un fracaso y que no vale mucho la pena detenerse en ello? ¿Cosa de aprender la lección y seguir adelante? No. “Handshake”, a pesar de sus defectos, a pesar de quedarse corto hasta cierto punto, no afloja en belleza ni en riqueza temática; tal vez no sea el episodio que convenza a quienes han presentado dudas constantes sobre el rumbo de esta temporada, pero no quiere decir que no valga la pena intentarlo.

Si “Master Slave” declaró la importancia de las ilusiones en nuestra vida cotidiana, “Handshake” es la prueba empírica, la demostración de la ilusión y la fantasía como potenciales moldeadores de la realidad. La escena final del capítulo, si ni bien no reinventa la serie, sí reconfigura y recontextualiza la narrativa de nuestro protagonista desde el inicio de la temporada; de la misma manera en que el plot twist sobre la verdadera identidad de Mr. Robot en la primera temporada era menos impactante para nosotros que para Elliot, la verdadera naturaleza de su rutina y sus alrededores no nos sirve tanto a nosotros (en cuanto espectadores, no en cuanto pseudo-partícipes de la narrativa como “amigo imaginario”) pero sí a Elliot. De hecho, es literalmente su “mecanismo de supervivencia”, o coping mechanism en inglés, y la única manera en la que puede hallar el sentido de su realidad circundante.
Al mismo tiempo, el ocultamiento de su situación actual es también una manifestación de la profunda desconfianza de Elliot hacia nosotros, su “amigo imaginario”, nacida después de la revelación de la identidad y naturaleza de Mr. Robot; no es que Elliot no supiera, en este caso, lo que estaba pasando – sino que decidió, voluntariamente, ocultarlo tras una capa de fantasía y así encontrarle un sentido. Es, un poco, una “vuelta de mano” por toda aquella información que nosotros (como espectadores) sabemos y no podemos (como personajes) transmitirle.
Incluso más allá de lo estrictamente narrativo, la secuencia en sí es maravillosa y la forma visual en la que el quebrantamiento de esta ilusión se nos revela no hace más que confirmar el buen ojo de Sam Esmail; un cambio desde el mundo inventado al real, desde las calles y las cafeterías, las canchas abiertas y los patios pasando a las metálicas paredes, pasillos estrechos y rejas de la cárcel en una misma toma, con tan solo trucos de edición. Realmente, aún si se le puede criticar a Mr. Robot un ritmo cansino, una narrativa laberíntica y un aire de pretenciosidad, no se puede desconocer que -al menos- en lo visual la serie no ha decaído en absoluto. Ni siquiera el hecho de Esmail haya dirigido él mismo todos los capítulos, en contraposición a una visión, perspectiva y estilos relativamente heterogéneos que distintos directores podrían aportar, ha hecho merma en lo anterior. La serie triunfa en ciertos aspectos gracias a la visión singular de su showrunner, y se queda corta en otros gracias a lo mismo. A veces se gana, a veces se pierde.

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Ahora bien: esta escena, con todo lo que ello implica (partiendo por lo predecible del plot twist, a tal punto que alguna gente lo dijo tan solo después de los primeros episodios de la temporada) es como un gran cuerpo celeste que eclipsa todo lo demás del episodio cuando no debiera ser el caso: incluso la trama de Elliot tiene desarrollos relevantes que exceden la destrucción intencional de la fantasía creada. La (aparente) resolución de la trama de Ray, si bien peca un poco de apresurada, posee cierta resonancia temática -y una gran actuación de Craig Robinson, una vez más- como para que sea digna de mención. No tan solo el juego de ajedrez (con la muy poco sutil y hasta innecesaria imagen de Ray derribando su Rey -¡ja!- al terminar la partida) en sí, sino la conversación entre ambos, con una que otra conexión a otros momentos de la temporada: la relación de dominación establecida en el capítulo anterior se invierte explícitamente aquí, con Ray manifestando que si bien en un principio pensaba que él “salvaría” a Elliot, éste último terminó salvándolo a él. Lo anterior, a su vez, se entronca con las alusiones religiosas en la serie sobre el rol de Elliot: “I was only supposed to be your prophet; you were supposed to be my god,” de Mr. Robot al final de la temporada anterior, y “Mr. Robot has become my God, and like all Gods, their madness takes you prisoner,” dicho por Elliot hace un par de capítulos, que junto al “you are a leader” de este capítulo terminan por delinear casi por completo el supuesto papel que Elliot tiene por delante – el de un verdadero líder, aún cuando no desee en absoluto cumplir dicho rol. Una suerte de Mesías posmoderno, el Redentor de los Pecadores como Ray, el Salvador que viene a destruir el antiguo orden y nos trae el nuevo mundo a través de sus palabras y sus actos. Una pequeña cosa.
Nuevamente alabar el trabajo de Craig Robinson: aquí Ray pasa de terrorífico (cuando “insta” a Elliot a terminar su trabajo) a tristemente honesto al “confesarse” ante Elliot. Jamás había prestado atención a lo que su sitio realmente ofrecía, y solo se atrevió a hacerlo una vez que Elliot llegó a él. Pensó que podía lidiar con ello, que podía ser justificando sus acciones y seguir adelante, tambaleando en la oscuridad. Pero no pudo. Fue demasiado. Elliot, sin quererlo, lo salvó de sí mismo. Ante eso, el que Elliot llamara a la policía (¿o a seguridad de la prisión?) no era lo peor. Su conciencia ya estaba tranquila, ahora solo restaba pagar justamente por sus pecados.

En cuanto al hackeo al FBI, Angela Moss sigue tan ininteligible como siempre. Claramente es intencional por parte de Esmail y no una deficiencia de guión o de actuación de Portia Doubleday: la idea es que no sepamos cuál es el objetivo último de Angela. Logra sacarse de encima (y no con mucho éxito) a la perceptiva DiPierro, y puede sacarle en cara a Darlene la frustración acumulada de sentirse siempre considerada “inferior” por parte de los hermanos Alderson (y, además, decirle a su manera que ya sabía que ellos estaban tras la Fsociety), pero cuál es el juego que está jugando con E Corp en sí es difícil de descifrar. Tiene escenas con tres figuras de autoridad distintas (su padre, Phillip Price y su nuevo jefe) y en dos de ellas “triunfa”: la escena con su padre es un ejercicio de incomodidad y hasta crueldad, la decepción y el dolor en el rostro del Sr. Moss siendo imposibles de obviar. Por otro lado, Phillip Price, uno de los hombres más poderosos del mundo, se ve como un pobre sujeto incapaz de forjar verdaderas conexiones en su vida, perdido en un mundo que cree conocer a la perfección pero se le escurre entre las manos. Quizás nunca se había visto tan débil y pequeño a Price en la serie – y claramente la ubicación de la conversación con Angela no fue casual: el cuadro del fondo da la intención de ser un océano gigante en el que dos pequeñas figuras (Angela y Price) están inmersos sin saber hacia dónde ir, o como un barco (¿el Titanic?) hundiéndose irremediablemente en dicho océano. Sus intentos de “engañar” a su nuevo jefe y acceder a los archivos de los desastres ecológicos en los que Evil Corp ha estado inserta, en cambio, fracasan estrepitosamente: peca, quizás, de ingenua al creer que un ejecutivo de dicha empresa no va a estar al tanto de su propia historia personal con la empresa en cuestión. Eso es empezar con el pie derecho en su nuevo puesto – y es probable que el consejo de Price al nuevo director haya sido consecuencia directa de haberse visto rechazado por Angela para la “celebración” de su cumpleaños. No sorprendería.  

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No podemos terminar la reseña sin mencionar a Leon. Quizás la mayor sorpresa del capítulo no sea la destrucción de las ilusiones por parte de Elliot, sino el que Leon, el que no había visto Seinfeld antes en su vida, resulta ser no solo bastante hábil y eficiente con una cuchilla en la mano, sino que además conoce a Whiterose y -en un pequeño pero emotivo momento- un verdadero amigo de Elliot. Es mucho por desenmarañar en una escena tan breve, pero sí resulta lo suficientemente efectivo (tanto dentro como fuera de la narrativa) para impactar al espectador con una doble implicancia: Elliot tiene, casi literalmente, un Ángel de la Guarda que valora de verdad su amistad y la recompensa con lealtad. Debe ser la primera conexión genuina de Elliot con alguien fuera de su familia desde Shayla (ay, Shayla… lástima que tuvieras que morir así), y sucedió casi a pesar de Elliot. Pequeños milagros provenientes de nuestra figura mesiánica. Aleluya.

Más allá de todo lo anterior, de los caminos ocultos y de las barreras destruidas, Elliot suena lo suficientemente avergonzado de su actuar cuando admite que intencionalmente nos ocultó la verdad, y suena honesto cuando dice que desea que recuperemos la confianza entre nosotros. Quizás tenga la intención de hacerlo, pero, aunque podamos confiar en Elliot… ¿podemos confiar en Mr. Robot?
Quizás todo pueda empezar con un sincero apretón de manos.

Observaciones varias:

  • No hemos hablado de nuestra querida (?) Lady Macbeth. Tal como Angela, es difícil descifrar sus verdaderas intenciones, y aquí no sabemos si los papeles del proceso de divorcio que le entrega a su amante son reales o no, si es una manipulación emocional o no. Sí encontramos curioso que su grito durante la escena del título en el inicio del capítulo tenga un eco irónico en su fetiche: asfixia erótica.
  • Eso sí, no nos sorprende su reacción ante el ataque con pintura que recibió. No debe ser fácil para nadie.
  • You are not alone. We are all different. We are all equal.” Ese banner allí al fondo en las escenas de Elliot en el grupo de la capilla de la prisión, gran detalle.
  • A pesar de que Mr. Robot le “confesó” a Elliot haberle disparado a Tyrell… desde esta humilde tribuna declaramos que sentimos que algo no calza. No creemos que ése sea el final de la historia, y no creemos que Mr. Robot esté contando toda la verdad.
  • When you see a good move, look for a better one.” Un consejo para la vida.
  • Nota musical 1: la composición del inicio es el tema de Blow-Out, película de Brian de Palma, compuesto por Pino Donaggio.
  • Nota musical 2: la canción que suena mientras Angela anda en taxi mientras queman basura en las calles es “Garbageman” de The Cramps.
  • Nota musical 3: la composición de la escena final del capítulo es Play the Game”, de la banda sonora de One Flew Over the Cuckoo’s Nest, compuesta por Jack Nitzsche.
  • Bien por Grace Gummer. En este episodio no tuvo mucha participación pero se agradece cada vez que aparece en pantalla. Esta semana destacamos la forma absolutamente casual de ordenar a sus colegas empezar a investigar a Angela mientras ella se va a buscar un mal local para embriagarse antes del 4 de Julio.

Mr. Robot - Season 2

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