Alas de Mar (2016)

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Alas de Mar.
Año: 2016.
Director: Hans Mülchi.
Producción: Flor Rubina.
Guión: Hans Mülchi.
Fotografía: Enrique Ramírez.
Montaje: Camilo Campi.
Sonido: Juan Pablo Manríquez.
Duración: 75 minutos.
País: Chile.

Anoche tuvimos la suerte de ver “Alas de Mar”. Y decimos suerte porque es de esos proyectos que conmueve. Ese cine activista, que entiende que su tarea no sólo es mostrar lindas escenas o un guión coherente e inteligente, sino que debe tomar una posición. Como bien dijera Hans Mülchi en las preguntas tras la presentación, este documental es político, y a quien no le guste, tendrá que aceptarlo de todas formas. Y cómo no serlo, si justo hoy cuando vemos la historia de Celina y la señora Rosa, quizás los últimos descendientes de la cultura kawéskar, la Conadi les informa que su reclamo por más de 15 años por recuperar su territorio histórico ha sido denegado. Son casi 40 hectáreas que el Estado de Chile no quiere comprar para respetar a unos de nuestros pueblos ancestrales. Este es el pago de Chile, porque nuestras autoridades son tan descaradas que entienden que el reproche o el no respeto a la historia opera hacia sólo un lado, desde los ciudadanos a los políticos, cuando en la práctica es totalmente a la inversa. Es Chile quien tiene una deuda gigante con sus pueblos, con los kawéskar, por nombrar uno de los tantos. Y es Chile quien deliberadamente no quiere pagarla.

Como decíamos, “Alas de Mar” es un viaje. Un viaje donde Mülchi acompaña a Celina y la señora Rosa a las tierras de sus pueblos, donde estuvieron sus moradas y donde están enterradas sus antepasados. Ellas son de las pocas sobrevivientes de la cultura kawëskar, que vive su ocaso como ha pasado con tantas otras. Es increíble mirar en perspectiva como se puede perder una lengua, costumbres y creencias. Por ello “Alas de Mar” es un ejercicio que busca volver eterno lo que parece perecer. El mismo ejercicio que Celina hace con su nieto, quien la acompaña en el viaje, incorporando de a poco palabras del idioma de los kawéskar, transformándose el documental en el “rescate de un rescate”. Lucha que se da todos bandos, pues nuestras protagonistas son acompañadas por 2 científicos de la Universidad de Zurich, tan interesados como ellas en que culturas tan valiosas no se pierdan. ¿Cómo el Estado de Chile puede ser tan ciego? ¡Una batalla que los Suizos hacen más propia que los propios chilenos! ¿Por qué cuando había cámaras la presidenta Bachelet y la Conadi ofrecen soluciones que en la práctica no llevan a cabo por falta de voluntad? ¿Hasta cuando deben luchar los pueblos originarios por que se reconozca su dignidad? Esta y muchas preguntas propone Mülchi, en un guión increíblemente bien presentado.

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Si tenemos que hablar de lo técnico, “Alas de Mar” también sobresale. La fotografía de Enrique Ramírez es sobrecogedora, capturando la belleza de la patagonia chilena, pero con profundo respeto al drama humano. Quizás esa es la gran lección que, como documental y a los futuros creadores, debemos recoger de Mülchi. Ser prolijos en lo técnico pero también en lo ético. La cámara acompaña en silencio, con respeto. Mülchi entiende que la historia no es propia. Que quizás lo que representa (las cámaras, atrapar imágenes, invadir lugares sagrados) es precisamente lo que despojó de todo a este pueblo originario. El hombre blanco trasgresor. El que ha decepcionado a los kawéskar innumerables veces, prometiéndoles documentales que recogieran su voz y que la mostraran al mundo, pero que luego nunca verían. El mismo hombre blanco que hace no muchos años los vendería a zoológicos humanos y les despojaría hasta el alma, ahora viene, nuevamente, a pedirles que den un salto de fe. Sólo la humildad de Mülchi pudo lograr que con todo ese peso, “Alas de Mar” fuera posible, y hace honor a su palabra con el resultado final presentado anoche.

A riesgo de ser injusto, creo que se nota mucho la escuela de Patricio Guzmán. ¡Y qué bueno que así sea! Sin ir más lejos, en el mismo SANFIC muchas veces vemos proyectos nacionales carentes de todo contenido, y no sólo eso, pretenciosos al creer precisamente lo contrario. Mülchi demuestra que no es necesario acudir a lugares comunes para hacer un documental atractivo. Basta el respeto y una buena idea. No dejen pasar la oportunidad de ver la segunda proyección de este documental el viernes 26 de agosto en Cine Hoyts La Reina a las 18:00 horas.

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