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Mr. Robot - Season 2La Fiesta del Fin del Mundo

Hace un año atrás habría sido prácticamente imposible imaginar un capítulo de Mr. Robot sin la presencia de Elliot. Incluso hasta hace un par de semanas, con sus exploraciones laberínticas de la resquebrajada interioridad de nuestro protagonista y su cada vez peor relación con esa parte de sí que tomó la forma de su fallecido padre, la serie se contentaba con demostrar -una y otra vez- el status de Elliot como el ancla, el centro neurálgico de la serie, aquél punto en el que todas las líneas restantes convergen inevitablemente. Elliot como nuestra propia ventana hacia el mundo en el que habita, Elliot como el lente a través del cual vemos dicho mundo, Elliot como la consciencia a través de la cual interpretamos todo a su alrededor. Un capítulo como “Successor” difícilmente se habría cruzado por nuestras mentes: no solo desprovisto de Rami Malek y Christian Slater (muy probablemente las figuras más reconocidas del elenco) en cuanto actores, sino que desprovisto de Elliot y Mr. Robot – esos elementos que, aparentemente, son el motor principal de la trama. Incluso, complementando dicha ausencia, el capítulo prescinde de los monólogos interiores y de las analogías computacionales/técnicas del título; en recursos estilísticos y en estructura, “Successor” es el capítulo más convencional de toda la serie. De laberíntico no tiene nada -en especial si lo comparamos con las entregas más densas de esta misma temporada- enfocándose directamente en ese cúmulo nebuloso de personajes secundarios que merodean la frontera de la existencia misma de Elliot, vagamente definidos, a veces irrelevantes en el gran esquema de las cosas, desatendidos y olvidados casi a la fuerza gracias a la preponderancia grotesca de Elliot en la narrativa. Considerando los elementos anteriores, “Successor” es un capítulo del cual se esperaría razonablemente que fracasara. Demasiado convencional, demasiado cliché, ¿y quiénes son éstos?, ¿dónde está Elliot?, ¿por qué nunca ha aparecido un robot en la serie?

Y sin embargo, “Successor” triunfa. No rotundamente, pero triunfa de igual manera cuando todos lo daban por perdido. Gran parte de ello, pensamos, precisamente porque la ausencia de Elliot es considerada a lo largo del episodio. La ausencia en sí se vuelve una omnipresencia, la falta de Elliot es palpable, es notoria, es ineludible – y ante dicha falta, Darlene es la que está obligada a tomar las riendas del asunto. Capítulos anteriores solo habían manifestado pinceladas de ello, pequeños momentos insuficientes para captar la magnitud del asunto; sí, sabíamos que la Fsociety había crecido en miembros (ninguno de ellos particularmente importante), que Darlene estaba haciéndose cargo de la operación, que la muerte de Romero había afectado profundamente a Mobley aumentando su sensación de paranoia – algo que se ve incluso empeora más y más cuando se enteran que el FBI está empezando a husmear sobre el hackeo a E Corp y que la Dark Army algo estaba tramando cuando le impuso a Cisco (de forma bastante dolorosa) mantener su lealtad hacia ellos en vez de hacia Darlene… pero “Successor” se encarga de demostrarnos que esa es la vida de Darlene, tratando de mantener unido algo a punto de romperse. Allí, en el límite de las cosas, luchando por mantenerse a flote, tratando de evitar que el fin del mundo (su mundo) avance de manera irrefrenable hacia ella. Aquí es cuando la ironía del título se hace más evidente aquí: Darlene es la heredera al trono que ha dejado temporalmente vacante Elliot, el Mesías del Nuevo Mundo iniciado a través de un hackeo, la sucesora ante su ausencia – y, sin embargo, no hay un verdadero sucesor de Elliot. Las cosas comienzan a caerse a pedazos cuando no está. El Nuevo Mundo está al borde del colapso. A punto de caer en el abismo.

Si Mr. Robot depende en gran parte del trabajo de Rami Malek, “Successor” hace lo propio con Carly Chaikin. Es el primer capítulo en el que está completamente inmersa en el rol central y, honestamente, lo hace bastante bien. Incluso -sin caer en blasfemias ni decir algo de lo cual podemos arrepentirnos luego- la ausencia de Elliot no es un detrimento para el capítulo en absoluto, a menos que uno vaya prácticamente predispuesto a detestar al resto del elenco secundario; Chaikin, quien interpreta a un personaje (comprensiblemente) desagradable gran parte del tiempo que aparece en escena, utiliza la ocasión para revelar un par de dimensiones ocultas de Darlene – y sin ser una actuación magistral, es lo suficientemente buena para cargar con el peso narrativo y emocional del capítulo a cuestas sin mayores problemas. Hay tres escenas en particular que demuestran su calidad y que destacaremos a continuación: el monólogo ante Susan Jacobs, su conversación posterior con Cisco y (en mucho menor medida) su breve pero significativa reacción en la escena final.
En primer lugar -importancia tanto por cuestiones estrictamente narrativas y de desarrollo de la trama como de performance actoral, además de la razón cronológica- encontramos su escena con la recientemente reaparecida Susan Jacobs. Más allá de los clichés que saltan a la superficie cada vez que en una serie secuestran a alguien (especialmente mentir sobre intentar escapar al instante en que sus amarras se suelten), la secuencia entera está llena de tensión – desde su repentino inicio, con Jacobs volviendo de repente a su hogar, hasta los momentos en que Darlene envía lejos a Mobley y Trenton una vez muerta Jacobs. Es un desarrollo narrativo que fácilmente podría considerarse tan extremadamente conveniente como exagerado, algo como un momento “jump the shark” en el que la credibilidad de la serie se pierde irremediablemente; en manos menos hábiles, quizás habría caído en ese pantano, pero bajo el mando de Sam Esmail la serie evita ese destino. No es algo perfecto, por supuesto (y pronto ahondaremos en una crítica específica) pero la secuencia entera tiene, al menos, atisbos de racionalización: lo sorpresivo del regreso de Jacobs a su hogar y de cómo nadie se dio cuenta es (por lo bajo) consistente con el ambiente de desconfianza y paranoia que domina a la Fsociety en estos momentos e, incluso, podría considerarse como intencional por parte de Darlene considerando lo que termina haciendo con Jacobs. Es sencillo ignorar un GPS cuando generas suficiente distracción para ello.
Intencionalmente o no, Susan Jacobs termina cayendo en las manos de Darlene Alderson. Aquí es donde Carly Chaikin brilla, mientras hace suya la sed de venganza que Darlene ha cobijado desde pequeña, y su manifestación de ira es la más temible de todas: a escasa distancia de la superficie, sin estallar sino simplemente unas palabras dichas suavemente, la tensión del receptor que espera ese momento eventual en que todo salga a flote, esperando impaciente una sentencia de muerte. En cierto sentido la misión de la Fsociety estaba menos enfocada respecto a la verdadera justicia y era más una misión de venganza, pura y simple. O quizás ambas, entremezcladas, indisolubles. Darlene cruza una línea cuando decide aplicarle un shock eléctrico a Susan Jacobs a sabiendas de que posee un marcapasos – y, sin embargo, lo extremo de la decisión no se siente tan foráneo ni tan difícil de creer si nos remontamos a la infancia de los niños Alderson; en un ambiente tan negativo es difícil no crecer con alguna secuela psicológica. No todos desarrollan una personalidad distinta como Elliot, pero es posible que una infancia dura haya posibilitado que el odio creciera irrefrenablemente en el interior de Darlene.

Allí se conecta con la segunda escena a destacar: la conversación de Darlene y Cisco luego de haber incinerado el cuerpo de Jacobs. Es, para todos los efectos, el verdadero epílogo de la secuencia anterior, concretando a la perfección los temas que se plantearon allí y resumiéndolos en una frase escalofriante: “I always knew there was a part of me that wanted to do this to her for what she did but I figured when the time came, something would stop me. But it didn’t.” Detrás de esos ojos saltones (como los de su hermano), ella misma se da cuenta de lo terrorífico de su falta de remordimiento. Esa peligrosa ausencia de empatía para perpetrar un completo acto de des-humanización, eso que todos piensan que serían incapaces de hacer hasta que en un momento determinado, más de alguno cruza esa línea. Sin problemas. Si había que cruzar esa línea entonces era porque había un motivo para hacerlo. No es un momento triunfal para Darlene. No se siente victoriosa luego de haber mirado a los ojos a su ballena blanca y haberle quitado la vida cuando podría no haberlo hecho. Lo útil para la Fsociety habría sido mantenerla allí, susceptible a un chantaje, una forma de traspasar las defensas de E Corp; pero lo útil para la Fsociety no era lo que Darlene Alderson (creía que) necesitaba. Y a pesar de conseguirlo, su sensación no es de triunfo. Es una amarga realización de que el punto de no retorno quedó atrás hace bastante tiempo.

La tercera escena destacable es, como ya mencionamos, el final del capítulo. Pero todavía no nos referiremos a ello.mr robot successor C

Si bien la escena entre Darlene y Susan Jacobs es un punto alto del capítulo por la actuación de Carly Chaikin, también sentimos que narrativamente el personaje de Jacobs (y su súbito destino final) fue una oportunidad perdida. La temible “Madame Executioner” apareció en un par de escenas en los primeros capítulos, desapareció sin explicación y reapareció sin explicación para morir en dos escenas después. Se siente torpe, incluso si consideramos lo singular de la visión de Esmail y la concreción misma de ésta. ¿Habrá sido una desafortunada consecuencia de la falta de tiempo? Si lo fuese, quizás podría haber existido mayor tiempo para Jacobs en vez de transitar territorio conocido en las escenas introspectivas de Elliot (a pesar de que, a grandes rasgos, nuestra reacción no fue tan desfavorable hacia ellas como la de otra gente). Una idea, simplemente. Así las cosas, llegamos a pensar que Jacobs fue más una suerte de “herramienta” para un determinado fin que un personaje orgánico y bien desarrollado. Lástima.

Otro de los elementos criticables de este capítulo está dado, sorpresivamente, por la historia de Angela. No ella en particular, ni con Portia Doubleday, ni tampoco la escena en la que canta “Everybody Wants to Rule the World” (gran uso de la música para acompañar el montaje en el que la Fsociety intenta buscar algo con qué chantajear a Jacobs), sino con el territorio temático en el que su personaje parece estar entrampado: otra vez recibe un comentario sobre lo mucho que ha cambiado y otra vez responde como cualquier “capitalista desalmado/a” ante la situación. Al menos en esta ocasión está algo más justificada, puesto que el comentario del tal Steve fue absolutamente innecesario, sexista y desagradable. A un insulto de esa magnitud le corresponde responder con otro tal, y el sujeto quedó imposibilitado de responder. Jaque Mate.
Lo de Angela, sin embargo, sí nos entrega otros elementos dignos de análisis: la revelación de que el amante que tuvo a principios de la temporada está siendo utilizado como informante por el FBI (sin mucho éxito) y que probablemente Angela tenga una fijación por los hombres mayores, quizás una suerte de complejo de Electra. El que termine seduciendo a un hombre mucho mayor que ella (Mark Moses, quien ha actuado en Mad Men, Desperate Housewives, Homeland y otras) ¿será una suerte de “preparación” antes de seducir definitivamente a Phillip Price y lograr su objetivo final, sea cual sea? Seguimos a la deriva con lo que pueda suceder con Angela – aunque eso no es necesariamente algo negativo.

Los otros elementos del capítulo están dados por Mobley (del cual aprendemos que su verdadero nombre, o apellido mejor dicho, es Markesh) y Trenton, y los pequeños vistazos que tenemos a sus vidas. Desde su incómodo primer encuentro -escena que abre el capítulo- en un Ron’s Café a la paranoia que los invade en estos últimos días, la línea de tiempo se siente como un lento, cuidadoso pero inevitable descenso hacia la locura. Mobley es, sin duda, el que establece el tono de dichas escenas, y su nerviosismo creciente logra ser transmitido no solo a Trenton, sino que al espectador en sí. Tiene algo de sustento: es cierto que el FBI está husmeando en varios lugares, esperando seguir su rastro (al punto de haber contactado a uno de los amantes de Darlene, al que vimos solo una vez la temporada anterior) pero no dimensiona -o no alcanza a hacerlo- el impacto de haber filtrado la conversación/conferencia del FBI sobre la Operación Berenstain: los momentos en los que lo toman detenido y lo interrogan esperando que divulgue información son, irónicamente, los momentos en que más seguro está siempre y cuando mantenga el silencio, porque el FBI no tiene nada en su contra. Y con el rechazo público (obvio y esperable) y político a la Operación Berenstain, es posible que el FBI tenga más dificultades para conseguir las pruebas que necesita. Pero, de nuevo, Mobley no puede ver esto, y le comunica a Trenton via SMS que están “quemados” y que necesitan hablar para discutir los pasos a seguir.

Pero Mobley no llega al lugar. Ni siquiera dos horas después. Hasta que se abre la puerta y no sabemos quién entra.

Y el final es el cúmulo de esa paranoia, el clímax, la suma de los miedos. Darlene ha sido traicionada por uno de sus colaboradores más cercanos. La Dark Army anuncia que pronto empieza la “Fase 2”. Aquí Carly lo hace bien nuevamente, desde el nerviosismo cuando se da cuenta que algo anda mal hasta que descubre qué es. Rompe un notebook. Golpea a Cisco en la cabeza. Cut to credits.
La Dark Army comienza a movilizarse. Algo le pasó a Mobley. Alguien desconocido para nosotros entra al Ron’s Café. El mundo de la Fsociety parece caerse a pedazos, parece ser el fin de su mundo y nosotros estamos en primera fila.

Observaciones varias:

  • Es un gran detalle que el capítulo se haya iniciado en un Ron’s Coffee, tal como el piloto. Gran decisión narrativa, eso sí, que la marcada ausencia de Elliot del capítulo se haya extendido incluso al flashback, colocando las mismas palabras del primer monólogo interno de Elliot en boca de Darlene.
  • Solo para complementar: no, no es el mismo local de Ron’s Coffee. De hecho, en el flashback mismo hacen referencia al local donde se inició la serie cuando hablan del “otro” local de Ron’s Coffee con gran wi-fi. Claro que tenía gran wi-fi, si el dueño del café lo utilizaba para su red de pornografía infantil.
  • Nota musical 1: La canción que suena al final del flashback es “Haitian Fight Song” del gran contrabajista de jazz Charles Mingus.
  • Nota musical 2: “Everybody Wants to Rule the World” es de Tears for Fears.
  • Nota musical 3: la pieza que suena mientras la FSociety graba su nuevo video es “Danse Macabre” de Camille Saint-Saëns.
  • Último pero no menos importante: muy bien Portia Doubleday en la escena del karaoke. Una masa de sentimientos encontrados ubicada tras sus ojos mientras canta como puede la canción. Es un intento de convencerse a sí misma de que está haciendo lo que debe hacer, o una manifestación de su profunda tristeza de su situación. Y, de nuevo, muy bien la edición de la canción con lo que está realizando la FSociety.

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