Poesía sin fin (2016)

 poesia-sin-fin-posterPoesía sin fin

País: Chile - Japón - Francia
Año: 2016
Género: Biografía, Drama, Fantasía
Duración: 122 minutos


Elenco: Jeremías Herscovits, Adan Jodorowsky,
Pamela Flores, Brontis Jodorowsky, Leandro Taub, 
Alejandro Jodorowsky. 

Director: Alejandro Jodorowsky 
Guión: Alejandro Jodorowsky
Basado en: "La danza de la Realidad" de Alejandro Jodorowsky
Música: Adan Jodorowsky (Adanowsky)
Dirección de fotografía: Christopher Doyle

Y aprendimos la lección. En el 2014, y a un año de su estreno, el público chileno pudo disfrutar de “La Danza de la Realidad”, película dirigida por Alejandro Jodorowsky, basada en la primera parte de su “autobiografía imaginaria” del mismo nombre, y publicada en el año 2001. Tuvimos que esperar el desfile de la película por todos los festivales de cine del mundo, para poder asistir a una de las películas más disruptivas que se hayan filmado en este país, y que marcaba el regreso de Jodorowsky al cine tras 23 años de ausencia. Esta vez, en el 2016, y con algunas enseñanzas aprehendidas, pudimos presenciar la avant premiere latinoamericana de “Poesía sin fin”, la segunda parte del ya mencionado libro, enmarcada en la sección de Maestros del Cine de la duodécima versión del Sanfic.

Tras pasearse por los festivales de Cannes y Locarno, la obra de Jodorowsky aterrizó en Chile, para mostrarnos la continuación de “La Danza de la Realidad”, la cual abarcaría el período durante el cual el artista vivió en la capital chilena y que es marcada por la inmersión del autor en el mundo del arte, y en particular, de la poesía, por lo que las expectativas no eran menores si es que tenemos en cuenta el buen recibimiento que tuvo la primera parte de esta saga, pensada originalmente en cinco partes y que es uno de los pasajes más interesantes de la vida de Alejandro Jodorowsky, por las personas que empieza a conocer relacionadas al mundo del arte.

“Poesía sin fin” comienza inmediatamente en donde termina “La danza de la realidad”, cuando un prepúber Alejandro Jodorowsky (Jeremías Herscovitz) emprende su viaje en barco desde su natal Tocopilla hacia Santiago junto a su familia, compuesta por su madre Sara (Pamela Flores, quién seguirá recitando sus diálogos como cantante de ópera, tal como en la obra antecesora) y su padre Jaime (Brontis Jodorosky, hijo de Alejandro). Curiosamente, la inclusión de su hermana Raquel es obviada tanto en esta película como en la anterior. Es cierto que ella tenía una relación completamente paralela a la que tenía Alejandro con esta, pero habría sido interesante ver alguna referencia de ella en pantalla. Una vez instalada la familia con su tienda de telas en el barrio de Matucana, aparecen las primeras rupturas de Alejandro, tanto con su madre, que trata de reflejar la imagen de su hermano muerto en su hijo, como con su padre, el cual intenta alejar al pequeño Alejandro de su pasión por la poesía y la escritura para que estudie medicina, plan que fracasa profundamente cuando su hijo conoce obras como el Romance sonámbulo de Federico García Lorca, uno de sus más grandes inspiradores a esa edad.

Es esa separación con su familia, y la inducción que le hace su primo Bernardo (motivado por la atracción que sentía por el pequeño Alejandro) a la casa de las hermanas Cereceda, una pintora y la otra bailarina, la que lo introduce al submundo del arte y la bohemia santiaguina. Es en esta parte en la cual se desenvuelve la trama principal, porque sí, puede que esta película sea la más coherente a simple a vista que el resto de la filmografía de Jodorowsky, con un relato fácilmente identificable y de fácil seguimiento. Es en esta parte de la historia, en la cual un Alejandro Jodorowsky, de unos veinte años de edad, y representado por hijo Adán Jodorowsky, más conocido como Adanowsky, se dedica de tiempo completo a su arte, el cual en ese momento era la poesía y el teatro de marionetas, y por el cual conoce a personalidades como el cineasta chileno Andrés Racz (interpretado por el poeta sirio Adonis) en una bella escena en la que el arte de los títeres se toma el film por unos minutos. Además conoce a Stella Díaz, conocida como “La Colorina”, la poeta chilena más polémica y borderline del Santiago de los años ’50, representada por Pamela Flores, la misma actriz que encarna a la madre de Alejandro, con la cual tendrá este joven Alejandro una tórrida relación alrededor del café Iris, el lugar de reunión de poetas y bohemios, la cual en algún momento llegará su fin, pero no sin antes brindarnos una serie de escenas más que disfrutables, sobre todo para los amantes de las anécdotas, ya que es en este momento en el que Jodorowsky conoce a uno de sus ídolos literarios, el poeta Nicanor Parra (Felipe Ríos) recreando una escena casi de situación de comedia, muy entretenida y encantadora.

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Sin embargo, el nudo principal se dará a partir del momento en que Alejandro conoce a otro ilustre poeta de la época, ni más ni menos que a Enrique Lihn (Leandro Taub), compañero y amigo con el cual se dedicará a sacar la poesía de los libros, para materializarlo en el mundo real, en un Chile y en una década en la cual el mismo Jodorowsky ha identificado como un paraíso para hacer poesía. Mientras Alejandro y Enrique van realizando sus actos poéticos por la ciudad, más vamos disfrutando de la calidad visual de esta película. Una belleza tan instintiva como la razón por la que los vates y su grupo de artistas compinches, iban desenvolviendo su arte por las calles de Santiago. Pero a pesar de todo esto, una traición y confianzas quebradas, harán que Alejandro replantee su vida nuevamente y llegue a trabajar con el Toni Zanahoria, esta vez como payaso del circo que el Toni Zanahoria tenía, lo que sólo sirvió de catarsis para que nuestro protagonista se dé cuenta a través de una escena muy emotiva, que su vida sería dedicada a la poesía, por lo que debía emprender nuevos rumbos y cortar lazos con los que lo retenían en Chile, tanto sus amigos como su familia.

Es esta última parte en la que Jodorowsky junta de cierta forma esta película con su predecesora. “La Danza de la Realidad” siempre se sintió en una forma muy personal por este autor como un ejercicio de interpretación de la vida de Jaime, el padre de Alejandro, de buscar las razones de su personalidad tan dura ante la vida y ante su familia, seguido de un ejercicio de redención por parte de este. “Poesía sin fin” en cambio, se siente más propia del director. Tenemos a Alejandro casi en cada escena, y en ocasiones, contamos con dos Alejandros dentro del mismo cuadro, uno, el joven representado por Adanowsky, y el otro, el verdadero Alejandro Jodorowsky,  que le habla al protagonista de la película, que lo guía, que lo quiere, que lo extraña. Al final del filme, contamos también con el propio ejercicio de redención de Alejandro, el cual se enfrenta a temas tales como el existencialismo, la vejez y la relación con su padre, la cual se cierra con una especie de acto psicomágico del que creemos, satisface completamente el deseo del director de redimirse ante sí mismo.

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Para los seguidores de Jodorowsky, la película va a ser tan disfrutable y sanadora como la mayoría de su filmografía. Tiene casi la misma duración que “La Danza de la Realidad” pero se hace mucho más fácil de llevar, porque como ya mencionábamos, la película es fácil de seguir en todo momento lo que hace también que sea una buena carta de presentación para alguien que es ajeno a la obra de Alejandro. Aunque para los amantes de la fantasía, tranquilidad, porque los elementos “Fellinescos” siguen estando, y el atractivo visual en esta película es mucho más imponente al film del 2013, que ya había dejado la vara bastante alta, e incluso se puede decir que es la fotografía más estilizada de Jodorowsky desde “La Montaña Sagrada” (1973) por lo que se siente fuertemente el aporte del destacadísimo cinematógrafo australiano Christopher Doyle (Ying Xiong), director de fotografía en esta nueva entrega, dejándonos expectantes si colaborará nuevamente en alguna próxima entrega con el tocopillano. Así lo esperamos nosotros. Las historias de Alejandro Jodorowsky realizando teatro pánico en México, o conociendo a André Breton en Francia tratando de “salvar al surrealismo” merecen ser parte de esta saga cinematográfica.

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