Aquí no ha pasado nada (2016)

Aqui



Aquí no ha pasado nada.
Director: Alejandro Fernández Almendras.
Año: 2016.
Guión: Jerónimo Rodríguez y Alejandro Fernández Almendras.
Elenco: Agustín Silva, Alejandro Goic, Luis Gnecco, Paulina García,
Daniel Alcaino, Augusto Schuster.
Producción: Augusto Matte y Pedro Fontaine.
Fotografía: Inti Briones. 
País: Chile.
Duración: 94 minutos.

Cuando Alejandro Fernández Almendras (AFA) decidió hacer “Matar a un hombre” (pueden revisar nuestra crítica en el siguiente enlace), eligió una historia de cómo la justicia enfrenta al ciudadano promedio. Un relato sobre cómo se vive la violencia en algunas viviendas sociales de Chile, y como la impunidad puede refregarse en la cara de los más pobres como si nada hubiese pasado. Sea porque no pueden pagarse buenos abogados, sea porque el reproche social a un acto de abuso en los blocks sea inferior para nuestros jueces al cometido en La Dehesa, sea por la existencia de un sistema garantista, el tema es que condenados no hubo y el personaje principal debió tomar justicia por su propia mano. En su segundo largometraje, el director nacional aborda un tema bastante parecido pero desde la vereda totalmente opuesta. Nuevamente no ha pasado nada con la justicia nacional pero por otros motivos. La impunidad ya no es un atentado contra el más débil, sino un premio para el más fuerte. La impunidad pasa a manos del irresponsable, del rico, del que tiene redes y contactos, del que puede pagarse abogados con doctorados en Alemania y del que es hijo de un político y no de un simple vecino. Como bien dice el afiche, hay un 5% de chilenos que, haga lo que haga, no irá a la cárcel. “Aquí no ha pasado nada” es el relato de cómo ello sucedió en nuestro país con Martín Larraín.

Corría septiembre del año 2013 cuando Martín Larraín fue detenido por el atropello en estado de ebriedad de Hernán Canales. Hijo del reconocido político nacional Carlos Larraín, las informaciones preliminares eran confusas. Se dijo primero que Martín no iba en el volante, luego que auxiliaron a la víctima, pero la verdad era una sola. Larraín, con 2,3 gramos de alcohol en la sangre, se subió al volante de su jeep, irresponsablemente condujo hasta su casa, en el camino atropello a un hombre de 40 años, no lo auxilio, escondió el auto, coordinaron un testimonio falso con sus amigos. Si creen que la historia termina ahí, se equivocan. Las maniobras de los Larraín para asegurar la impunidad de su hijo incluyeron pagos millonarios a la familia de la víctima, manipulación de autopsia, nulidades de juicios, entre otras cosas. Esta historia por todos conocida es la que toma AFA para hacer su segundo largometraje. Tomando elementos comunes del caso Larraín, la perspectiva es interesante de entrada, por contar la historia desde los ojos de quien iba en el auto. Vicente (Agustín Silva) está de vacaciones en Cachagua, quizás el balneario más exclusivo de este país. Un día en la playa conoce a Ana (Isabella Costa) y Francisca (Geraldine Neary), quienes lo llevarán a una fiesta donde conocerá a Manuel Larrea (Samuel Vicuña). La noche se perderá un poco de control. “Mamadera” de por medio (un bidón de 5 litros de piscola), emprenden rumbo al Club Ecuestre, donde robarán unos fuegos artificiales con la intención de lanzarlos en un mirador con otros jóvenes. Todo parece ir perfecto cuando Manuel, totalmente borracho, se sube al volante con ganas de seguir la fiesta. Aproximadamente a las 1 de la mañana, un extraño ruido se siente en el frente del auto. Al detenerlo, ven lo peor. Han atropellado a un transeunte que caminaba por la berma. Desesperados, dejarán la escena del crimen y con ello, empezarán a mover las redes que los tienen en total comodidad. La primera llamada no es a la polícia, no es a una ambulancia. No socorren a la víctima. La idea de impunidad viene incorporada en el chip de la elite chilena.
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Es curioso pero dan pocas ganas de seguir contándoles la historia. No porque no atraiga. Todo lo contrario,de hecho. “Aquí no ha pasado nada” es una gran película, y se basa en una excelente adaptación de los hechos que se traduce en un guión entretenido y dinámico. Puede ser la mejor película chilena en lo que va del año, sin miedos. No quiero hablarles más de la trama simplemente porque da rabia. La misma rabia que sintió todo un país al conocer la sentencia deLarraín salvo, es cierto, sus más cercanos. Porque en el fondo lo que estamos viendo es un reproche a una generación, pero mas específicamente a un grupo social específico dentro de esa generación. Gestos potentes en este sentido abundan en la película de AFA, ya que en fondo la lección es que todos los que iban a bordo de la camioneta, aunque no hayan “apretado el gatillo”, son igual de responsables. Culpables de tomar todas sus decisiones sin medir sus consecuencias, culpables de no sentir reproche alguno (acá muy buena la cita de AFA a Marcel Proust), culpables de seguir perpetuando sus actos (Vicente maneja y toma al día siguiente), culpables de hacer fiestas y no ser capaces siquiera de limpiar (hermoso cierre con guiño a Agustín Silva y su rol en la Nana).

Pero aún cuando el mensaje es tan claro, AFA es todavía más fuerte al reflejarnos que esto es consecuencia de una sociedad que precisamente se ha dedicado a decir que en nuestra historia reciente no ha pasado nada. En aquella escena donde Vicente es acompañado por su abogado y cercano Julio (Alejandro Goic), no es casualidad que se detengan frente a un rayado de una muralla que nos recuerda que en Chile, a ya 43 años del golpe de Estado y 26 del retorno a la democracia, muchas cosas se han callado. Mucha gente hizo como que nada hubiese pasado, y muchos responsables de crímenes oscuros y vergonzosos caminan libres por las calles. Así, Vicente y sus amigos son “víctimas” a la vez de una sociedad enferma que no ha resuelto con justicia sus propios problemas, una sociedad donde el éxito está marcado por el dinero y no por el enfrentarse digno a las batallas que no se pueden ganar (¡el papá de Vicente ni siquiera se aparece en las audiencias de su hijo!). Como dice la canción de Ana Tijoux que se escucha al momento del accidente y con el cual Vicente busca confirmar algo de lo que ni siquiera se recuerda, hay que caminar erguido sin temor y tomar las riendas para no rendirse al opresor. Chile debe enfrentar su historia, Vicente y compañía deben enfrentar la justicia en igualdad de armas, el rico debe terminar de pasar por encima del pobre, y una larga lista de etcétera. Empezar a darnos cuenta que sí pasan cosas que no pueden seguir pasando.

martin larraín

Lo bueno de esta historia es que sí, es cierto, Martín Larraín salió libre de polvo y paja, pero nadie lo salva de la condena social. AFA lo refleja bien en la selección de tuits que realiza casi al final de la película. Gracias a sus influencias puede haber arreglado testigos, pruebas, y ganar un juicio. Pero cada vez que alguien googlee su nombre, saldrá la verdad. Cada vez que un espectador vea “Aquí no ha pasado nada” sentirá la misma injusticia que el que está sentado al lado. Porque no hay 2 interpretaciones posibles. Sólo una. Por eso terminamos esta reseña con una foto del personaje que inspira esta película. Martín Larraín. AFA lo volvió todavía más inmortal de lo que ya era, y para mala suerte de los Larraín, la película es buena. La película ha recorrido el mundo, presentándose quizás en 2 de los festivales más importantes del mundo, Sundance y Berlín. Y sin dudas todos los espectadores salieron de sus salas, en todo el mundo, a leer sobre la verdad. Esos pequeños gestos hacen que la impunidad sea menos grotesca.

Para terminar, me gustaría centrarme en algo mas bien debatible. Una de las pruebas de fuego de todos los directores exitosos en sus óperas primas es hacer más cuando tienen más recursos a los cuales puede acudir. Aunque suene muy obvio a primeras, lo cierto es que muy pocos lo logran. Sin ir más lejos, Sebastián Silva, hermano de Agustín y famoso por dirigir “La Nana”, no ha podido desde entonces dar en el clavo, aún cuando se encuentra radicado totalmente en Estados Unidos (“Crystal Fairy…” y “Nasty Baby” por ejemplo).  AFA, en cambio, tras ser aclamado por “Matar a un hombre”, cinta que incluso representó a Chile en los Óscar, logra entregar un proyecto todavía mejor. “Aquí no ha pasado nada” era su prueba de fuego. Con más recursos, un elenco más reconocido, una historia más pública, el resultado podía ser un total éxito o un nefasto fracaso.  Y sin dudas es lo primo. No deje la oportunidad de ver esta película que también tuvo un paso por el reciente SANFIC12, compitiendo en la Categoría Internacional.

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