Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. S04E01: “The Ghost”

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Apariciones Fantasmales

Agents of S.H.I.E.L.D. está de regreso y lo hace con un capítulo sólido, lo suficientemente intrigante para dejar al espectador expectante de futuros desarrollos, pero probablemente no logre convencer a nadie que se haya mantenido dubitativo sobre si dedicarse o no semanalmente a seguir la serie. En otras palabras, algo bueno pero no realmente imperdible o esencial.
The Ghost” abre con la ardiente aparición de la nueva adición al elenco de la serie, el antihéroe Ghost Rider – o, al menos, pequeños vistazos a la distancia del flamígero espíritu de venganza. La serie no pierde el tiempo en introducirnos de gran manera a Ghost Rider, marcando diferencias (al menos en cuanto a la brutalidad de sus métodos) respecto a anteriores antagonistas – pero, en una suerte de subversión de expectativas, el “fantasma” del título del episodio no se refiere precisamente a él… o no exclusivamente. Si hay alguien que califica casi con exactitud, cuya ausencia física es causa de duelo y cuyas acciones siguen teniendo efectos en el mundo -como un literal fantasma- es Daisy Johnson, o Quake, como es conocida por el público ahora. Gran parte de “The Ghost” es, si podemos clasificarlo como tal, un capítulo sobre este duelo (entendido como proceso psicológico-emocional) provocado por la repentina ida de Daisy y todos los cambios que -coincidiendo con lo anterior- S.H.I.E.L.D. sufre como consecuencia de los Acuerdos de Sokovia y los eventos de Captain America: Civil War; en ese sentido, la ausencia de Daisy es prácticamente una metáfora para el desmembramiento del grupo, la pérdida de su camaradería y el advenimiento de una insoslayable desconfianza. Nadie parece estar cómodo con su situación, y probablemente todos quisieran retroceder el reloj y regresar a los “buenos viejos tiempos”. Pero las cosas son como son, y Daisy es una fugitiva solitaria, Coulson ya no es el Director de S.H.I.E.L.D., su equipo se encuentra disgregado en distintas divisiones y todos están sujetos a una sofocante burocracia.
Coulson, en específico, no se da por vencido en su misión por encontrar a Daisy – incluso si dicha misión va en contra de lo que el nuevo Director de S.H.I.E.L.D. ordena. Este elemento no es nada novedoso (¿cuántas veces a lo largo de la serie Coulson ha cumplido a cabalidad con órdenes de sus superiores?) pero al menos tiene algo de resonancia: Daisy es, a sus ojos, la hija que nunca tuvo, por lo que es esperable que quiera encontrarla a como dé lugar. Cuando los reportes de un par de cadáveres desfigurados y el avistamiento de una joven que  calza con la descripción física de Daisy llegan a él, Coulson no pierde la oportunidad para investigar aún cuando le hayan expresamente prohibido acercarse. El resto del (ex?) Team Coulson tampoco está en las situaciones más favorables: May a cargo de entrenar a nuevos agentes y planificar misiones, con un tono absolutamente pasivo-agresivo al referirse a Simmons; esta última con un nuevo rol asesorando directamente en ciencia y tecnología al Director de S.H.I.E.L.D., una movida considerada (especialmente por May) como un intento de agarrar poder dentro de la Agencia; Fitz sigue trabajando en su puesto pero las nuevas labores de Jemma le impiden pasar tiempo con ella. Nadie conforme. Y la tensión entre May y Simmons es un malentendido esperable – es difícil que May no piense así cuando Simmons “ascendió” de forma tan súbita, pero por otro lado es solo verlo desde una perspectiva. Para nuestra querida Jemma, ella solo está haciendo lo posible para poder mantener funcionando a S.H.I.E.L.D. como solía ser. No es querer poder por sí, es simplemente intentar evitar que todo se caiga a pedazos.

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Esta nueva forma de hacer las cosas, más engorrosa y con cuasi-ininteligibles niveles de autorización (basados en colores en vez de números), con firmas constantes, una revisión prácticamente a niveles de contraloría de cada actuación por parte de los Agentes se transforma en una forma de antagonista también en este capítulo, donde el reclamo constante por la burocracia solo aumenta la sensación de modorra existencial de cada uno de los protagonistas – y es una de las cuestiones principales que impulsa la interesante trama de Fitz en este capítulo.

Afortunadamente para todos, John Hannah (como el Dr. Holden Radcliffe) vuelve en esta temporada como miembro regular del elenco. Siempre es bueno ver cómo John Hannah se roba prácticamente cada escena en la que está. Si bien esta ocasión no es de sus apariciones más memorables, al menos comparte tiempo en pantalla con otro de los mejores actores del elenco, Iain de Caestecker – tanto Radcliffe como Fitz comparten un genuino amor por la ciencia y la experimentación, pero el personaje de Radcliffe carece de la brújula moral del científico de S.H.I.E.L.D., por lo que las interacciones entre ambos están dotadas de un componente especial, una suerte de debate ideológico entre el poder y el deber. Además, ambos son carismáticos, así que todos salimos ganando. En este capítulo, en específico, vemos los frutos de la escena post-créditos del final de temporada anterior, y por fin vemos a AIDA -la inteligencia artificial creada por Radcliffe- en el cuerpo humanoide que construyeron para ella: en otras palabras, los Life Model Decoys (o LMD, para hacerlo más breve) por fin hacen su aparición definitiva en el Universo Cinematográfico de Marvel. Más allá de la inquietante presentación de AIDA (con un glitch incluido), esta primera aparición sirve para determinar su (aparente) propósito – no solo el de ella, sino el de los LMD en general: ser el escudo (je) que proteja a los Agentes en misiones, sirviendo como señuelo falso en momentos de peligro. Proteger en vez de matar. Obviamente estas buenas -y pacíficas- intenciones perfectamente podrían verse torcidas si una tecnología de este nivel cae en las manos inadecuadas. Los peligros son muchos y, por ende, este desarrollo debe -en honor a la transparencia y accountability– ser presentado a Simmons y, por ende, al Director de S.H.I.E.L.D.
Al menos eso es en teoría, porque Radcliffe y Fitz deciden mantenerlo en secreto. Vaya a saber uno si ésta es una buena decisión (por lo poco confiable del misterioso nuevo Director y sus políticas burócratas) o una muy mala… al menos por ahora. Tendemos a pensar que las cosas van a empeorar rápidamente en dicho frente, particularmente porque el universo parece odiar al pobre Leo Fitz. Mientras tanto, tendrá que vivir con el remordimiento y la culpa de mantener un secreto de tal magnitud lejos de su pareja/amiga/jefa.

Pero el capítulo no desea perder el tiempo en otras tramas y cualquier exposición o intentos de sembrar cuestiones que puedan ser relevantes después queda un poco dejado de lado cuando se trata de volver a Ghost Rider y Daisy. Esto, que en teoría no es malo (porque lo de Ghost Rider funciona muy bien y resulta un gran despliegue de efectos especiales) tambalea un poco cuando consideramos lo dispar y un tanto torpe de los elementos restantes. Demasiada exposición desarrollada de forma poco natural para llenar los vacíos y avanzar con la trama principal termina pasando la cuenta – no en gran medida, afortunadamente, pero el capítulo sí varía entre momentos más atrapantes y momentos en donde se siente algo el relleno. Nada particularmente serio y nada que termine por arruinar definitivamente el capítulo.
Volviendo en particular a Daisy y Ghost Rider, resulta particularmente adecuado por parte del guión unir -argumentalmente- al personaje de Chloe Bennet, quien se encuentra en un oscuro lugar mental-emocional luego de los eventos de la tercera temporada, sintiéndose absolutamente culpable de la muerte de Lincoln (y varios otros actos cometidos bajo la influencia de Hive), y un personaje como Ghost Rider, cuyo modus operandi es precisamente juzgar a las personas y determinar si merecen la muerte o no: el deseo de morir de Daisy enfrentado a una entidad que determina si dicha muerte corresponde es el clímax (o algo cercano) del episodio, en donde Daisy le ruega a Ghost Rider que la mate porque merece morir – algo absolutamente alejado del inconsistente tono “familiar” que los primeros capítulos de la serie mostraron. Cuánto ha crecido. Incluso podríamos decir que se encuentra en su rebelde etapa “emo”.
Pero más allá de las bromas, “The Ghost” cumple con introducir bien a un personaje querido por los fans de Marvel y al cual no se le había hecho justicia (pun intended) en sus anteriores adaptaciones cinematográficas. En cambio, la decisión de mantener su identidad en secreto hasta casi el final del episodio funcionó a medias: a menos que se hayan evitado por completo cualquier material promocional (trailers, afiches, imágenes de episodios y hasta noticias) sobre la temporada, era difícil no saber que flamígero personaje era Robbie Reyes (interpretado por Gabriel Luna), quien en los comics es el cuarto personaje en cumplir dicho rol, luego de Johnny Blaze -probablemente el más conocido-, Daniel Ketch y Alejandra Jones. La apariencia física de Reyes como Ghost Rider está muy bien lograda, siendo fiel a su origen en cuanto humano normal, y con efectos especiales a la altura cuando se transforma en la entidad supernatural; al mismo tiempo, nos parece más que interesante el hecho de que se revele que Reyes no está particularmente en control del Ghost Rider, sino que es nada más que el medio a través del cual esta entidad vengativa decide actuar.

En general, “The Ghost” funciona. No sorprende en exceso (salvo la efectiva introducción de Ghost Rider y la temprana aparición de los LMD) pero no hay nada que decepcione tampoco. Es una sólida introducción a la nueva temporada, incluyendo vistazos a las posibles amenazas que deberán enfrentar los Agentes ahora que HYDRA cayó -al parecer- definitivamente. Al menos sirve para que esperemos sin mayores problemas el capítulo de la siguiente semana.

Observaciones varias:

  • En cuanto a Mack se refiere, lástima que no tenga su hacha-escopeta y que por eso haya decidido pedirle a Fitz una pluma que explota.
  • Siguiendo con Mack, afortunadamente no cumplió su rol de “Worf” en este capítulo (entiéndase: verse imponente solo para ser inmediatamente despachado por el malo) gracias a la oportuna aparición de May y sus reclutas, quienes procedieron a neutralizar la amenaza con temible eficiencia.
  • No hay mucho más qué decir sobre May y su “infección” – no sabemos la naturaleza de la misteriosa mujer espectral ni sobre qué causa las visiones, así que mantendremos esto en reserva hasta las próximas semanas.
  • Bien ahí la serie burlándose sin tapujos de la “Hermandad Aria”, considerándolos como “the value meal of hired guns.” En chileno, serían como la versión Acuenta de los mercenarios.
  • Una tecnológica nueva mano para Coulson. Parece que perder una mano no es tan mal negocio.
  • Así con Mack y Yo-yo: mucha tensión sexual no-resuelta, mucha burocracia en el medio.
  • Los lentes de (avanzadísima) realidad virtual cortesía del Dr. Radcliffe suenan como una gran idea.

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