Marvel’s Daredevil – Season 2 Review (Segunda Parte)

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Tras el episodio anterior, la serie experimentó un notorio cambio de status quo a la situación que se había experimentado durante sus primeros 4 capítulos: Matt puso fin -temporal- a la cruzada vengadora de Frank Castle, a la vez que se involucró en una relación sentimental con Karen (lo que claramente no va a dejar las cosas tranquilas en las oficinas de Nelson & Murdock). Si a lo anterior sumamos la llegada de Elektra en el cliffhanger de “Penny and Dime”, el show se posiciona en un terreno interesante de cara a lo que se vendría adelante, no sólo por el vendaval que trae consigo el personaje de Elodie Yung, pero además por la forma en que “Daredevil” posicionó a la figura de la fiscal Reyes como una antagonista en diversas dimensiones para nuestros héroes.

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En “Kinbaku”, el quinto episodio, la serie decide -de forma razonable- tomarse un descanso de la intensidad y oscuridad del arco de Punisher para entregarnos un capítulo más liviano y que sirve no sólo para sacar conclusiones (y tener un respiro) del primer arco, pero además para introducirnos ya de forma más apropiada a Elektra Natchios, la millonaria ex de Matt mencionada someramente en la primera temporada, quien realiza un triunfal retorno a New York no sólo buscando a nuestro héroe, pero además para -aparentemente- resolver ciertos negocios personales.

Antes de hablar de Elektra, vale la pena mencionar lo brillante que es este episodio, no sólo debido a su tono pero además a que la gran mayoría de sus escenas tienen lugar durante el día, lo que es un claro contraste al ambiente oscuro no sólo de “Daredevil”, pero en general de las series nacidas de la alianza entre Netflix y Marvel. La ausencia de Frank Castle también contribuye a la atmósfera, ya que se presta para que sean las mujeres en la vida de Matt quienes se posan bajo el reflector, particularmente para trazar las diferencias más que notorias entre Karen y Elektra, así como de las relaciones que Matt tuvo con ambas -da gusto también ver que este capítulo está centrado en Murdock y no en su alter ego enmascarado-.

De alguna forma, ambas mujeres representan la dualidad misma presente en Matt, son el ángel y el diablo que le hablan a diario, ya que ahí donde Karen representa el lado optimista y lleno de esperanza de Matt y sus ansias de justicia y de confiar en el sistema; Elektra no sólo encarna los impulsos más violentos de Matt, pero también es tanto el lado más oscuro como el más apasionado, cualidades que son encarnadas a la perfección por una Elodie Yung que mantiene la tendencia del gran casting de la serie (y que también nos hace olvidar la paupérrima interpretación de Jennifer Garner en el mismo rol en los filmes de “Daredevil” y “Elektra”). Qué más evidente para reforzar lo anterior que las escenas mediante flashbacks donde conocemos parte de la backstory de Matt y Elektra, donde destacan específicamente dos: la escena entre ambos en el gimnasio de boxeo (y que da un nuevo significado a la expresión “ring de cuatro perillas”); y -aún más importante- la escena donde Elektra guía a Matt hasta la mansión del mafioso que había asesinado a su padre. Es en ambos lugares donde vemos la naturaleza de la relación, y especialmente la personalidad de Elektra, su atracción hacia la violencia y lo “prohibido”, todo reflejado tanto en la mano de Matt en su cuello mientras tienen sexo, así como en la excitación casi sexual de Elektra mientras nuestro héroe descarga toda su ira contra el responsable de la muerte de su padre (a esto probablemente se debe el título del episodio, que hace referencia a una técnica de bondage japonés).

“Kinbaku” funciona no sólo por la manera en que nos permite tomarnos un descanso del capítulo, pero también porque no bien presenta de forma magnífica la dualidad Matt/Daredevil de la mano de Karen y Elektra, en ningún momento reduce a los personajes a estereotipos ni mucho menos a objetos en la figura de Matt; en ese sentido, el episodio es tanto sobre Matt, como lo es sobre Karen y Elektra, y eso merece elogio (mucho del cual, sin duda, se debe a la labor de la escritora Lauren Schmidtt Hissrich y de la directora Floria Sigismondi).

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El final de “Kinbaku” nos dejó con la revelación de que Elektra en verdad buscaba investigar el elemento yakuza presente en la organización de Roxxon, por lo que tras hackear a la corporación -y engañar, a su manera, a Matt para ayudarla-, ambos se aprestan a enfrentarse a la fuerza que lo que suponen es la mafia japonesa, enviará tras ellos.

“Regrets Only” nos deja caer en la acción, pero ahora desde el punto de vista de los asaltantes de Matt y Elektra, mientras se aproximan al apartamento de ésta última al ritmo de Date with the Night” de Yeah Yeah Yeahs. La elección musical no es azarosa en retrospectiva, considerando el cambio tonal significativo que representa Elektra, especialmente si lo comparamos con el drama más oscuro que tuvo el primer arco centrado en Punisher. Ahora bien, el cambio tonal no significa que nos hayamos olvidado de Frank Castle, ya que el personaje de Jon Bernthal retorna en esta oportunidad, en lo que no sólo sirve como un buen contrapeso a la misión de espionaje de Matt y Elektra, pero además conecta las tramas de la temporada de una forma que parecía un tanto impensado hasta ahora, demostrando que hay método tras la locura.

Gran parte de ésta conexión y balance se nutre de la dualidad en las vidas de Matt presentadas en el episodio anterior, pero ahora extrapolándolo a otras dimensiones de la serie, entre ellas, los adversarios mismos a los que se enfrenta nuestro héroe. Mal que mal, ahí donde Punisher se enfrentaba al escalafón más bajo del mundo criminal de Hell’s Kitchen; Elektra realiza lo mismo pero con el elemento criminal que no sólo es de “cuello y corbata”, pero que tiene sus propios métodos sanguinarios que difieren del elemento más visceral en el cual nadaba Frank Castle, no por eso siendo menos peligrosos.

Y en el medio, como eje de la dualidad, nuevamente está Matt, balanceando la luz y la oscuridad, con sus ansias de justicia, tanto dentro como fuera del sistema legal. Esto importa porque, mientras el personaje de Charlie Cox juega a ser James Bond no vidente con Elektra, su misión más importante en el episodio no es tanto ir tras el libro contable secreto de Roxxon (o descubrir que el enemigo no eran meros yakuza, sino algo más como ya veremos); no, la gran declaración de principios de Matt está en su decisión de que Nelson & Murdock defienda a Frank Castle. Claro, no vamos a pasar por alto que hay ciertos elementos discordantes en la decisión (o en la facilidad con la que Karen olvida su conexión con Grotto para forjar una nueva con Castle), pero lo cierto es que las escenas de Matt como abogado imponiendo su decisión ante las dudas de Foggy, enfrentándose a Reyes o ayudando a Frank -tanto por el evitar que muera, como para hacer una defensa corporativa del vigilantismo-, son los puntos fuertes del capítulo, a la vez que sirven para trazar, a su manera, paralelos tanto con la misión contra Roxxon como con la conversación con Elektra en la cafetería.

El sexto episodio también es un capítulo relevante para Karen, quien vuelve a demostrar la agencia e independencia recobradas en esta temporada, todo mientras demuestra -una vez más- que ella es la integrante más competente y responsable de Nelson & Murdock. Esto también ayuda a elevar la actuación de Jon Bernthal gracias a sus interacciones con Karen en el hospital, todo lo cual contribuye a que la eventual no admisión de culpa por parte de Castle nos golpee y sorprenda aún más.

“Regrets Only” es un capítulo que saca a relucir un par de plot-holes e inconsistencias en la trama, a la vez que las silencia en el balance final, gracias a todos las cosas que funcionan bien en este capítulo, especialmente mediante la forma en que genera conexiones no sólo con su antecesor, pero también con el primer arco completo.

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Al llegar al punto medio del segundo arco de la serie, comienza a hacerse latente cuál es en realidad el tema principal de éste, así como de éste ciclo del show en general: la dualidad predominante en Matt Murdock entre el abogado y el vigilante, y los conflictos eventuales que inevitablemente surgirán en sus intentos por conciliar ambas facetas de su vida.

Qué más evidente que “Semper Fidelis” para demostrar lo anterior, ya que es en el séptimo episodio donde finalmente ambas caras de Matt comienzan a chocar, y donde las consecuencias comienzan a afectarle no sólo a él, pero además a sus seres queridos.

Enmarcado bajo el llamado “juicio del siglo” que significa la posible convicción de Frank Castle, el capítulo juega en su estructura misma con la dualidad de Matt, ya que el show trae de vuelta los elementos de drama legal que hasta ahora había abandonado durante la temporada -y que tan bien había ejecutado el año anterior-. Es una decisión refrescante, no sólo por la calidad de dichas escenas (quizás más apreciables cuando se tiene algo de conocimiento sobre el tema, particularmente debido a la serie de minucias legales en que consiste la siempre cambiante estrategia de Nelson & Murdock), sino además porque en un capítulo eminentemente expositivo y de transición, éstas funcionan mucho mejor que las escenas de acción donde Matt y Elektra siguen tras la pista de los planes de quienes, hasta ese punto, todavía son considerados por Daredevil como yakuzas. En general estas escenas cumplen su cometido, particularmente mostrar la química entre Charlie Cox y Elodie Yung, así como la forma en que Murdock se va intoxicando con la presencia misma de Elektra, lo que colabora con el conflicto central y desembocará en mayores problemas más adelante.

Pero retomando los elementos legales y la trama del juicio, es aquí donde el elenco completo brilla, especialmente el trabajo de Elden Henson, demostrando como tantas veces por qué Foggy es un elemento indispensable de la serie, especialmente considerando la forma en que Matt lo defrauda(rá) una y otra vez durante la duración del juicio, partiendo por involuntariamente arruinar la primera estrategia de defensa que tenían en mente. Esto resalta aún más cuando consideramos no sólo la minucia legal ya descrita, pero también la naturaleza siempre cambiante de la estrategia legal de la defensa, que pasa como si nada de un intento por reducir los cargos de Castle y enviarlo a una institución de salud mental alegando un severo caso de stress post-traumático, a posteriormente tratar de anular el juicio debido a la conspiración en torno a la muerte de la familia de Frank y que puede o no haber involucrado a la mismísima fiscal Reyes. En el fondo, es más una demostración de que “la necesidad tiene cara de hereje” que otra cosa (si no, pregúntenle a Elektra y su visita al médico corrupto), pero que retrata de gran manera la evolución y cambio de circunstancias en la labor de los abogados en un juicio.

Pero adicionalmente, el drama legal sirve para resaltar un trabajo particularmente sutil -en un show que no se caracteriza por serlo-, especialmente en la caracterización de los personajes y en la forma en que han ido transformándose sus relaciones, tanto entre ellos como con el objeto mismo del juicio. Y ésto no puede ser más obvio que en la situación de Karen y Matt, no sólo por todo lo ya expuesto pero además por la forma en que ambos tienen interés en el juicio y en Frank Castle por diversos motivos, existiendo una extrapolación y proyección que realizan en la figura de Punisher: así, mientras Karen busca intentar validarse y exponer el por qué en algunos casos se podría justificar asesinar a alguien para prevenir daños a futuro (considerando su propia experiencia personal); Matt intenta condenar públicamente los asesinatos cometidos por Castle, mientras también hace una defensa corporativa del vigilantismo. De más está decir que ambos opuestos terminarían chocando más temprano que tarde.

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Al final de “Semper Fidelis”, Matt y Elektra siguen la pista de sus adversarios hasta encontrar -literalmente- un enorme hoyo en la tierra, tras uno de los edificios de New York que eran parte de plan de Fisk en la temporada anterior. Dicha escena es continuada de forma directa en “Guilty as Sin”, a la vez que tanto nuestro héroe como nosotros descubrimos finalmente de qué se trata todo lo que está pasando.

Y era que no, tal como lo dijimos desde la primera temporada, los yakuza no eran tales, sino que en verdad se trataba de “The Hand”, la ancestral orden de guerreros ninja tan prevalentes en el universo Marvel. Como si ésto no fuera evidente cuando oleada tras oleada de éstos se interponen ante Daredevil, Elektra y Stick (Scott Glenn, nuevamente deleitándonos con su presencia); el mismo mentor de nuestro héroe lo explicaría de forma literal en un capítulo encargado mayormente de llenar todos aquellos vacíos en la historia de la serie, remontándonos al ciclo anterior.

Como lo explicáramos con motivo de la temporada anterior, The Hand se encuentra en una cruzada milenaria por el control global, lo que los ha llevado a enfrentarse en incontables oportunidades con el único grupo que se les opone: “The Chaste”, mismo al cual pertenecen tanto Stick como Elektra, y al cual el ciego maestro quería incorporar a Matt tras haberlo entrenado cuando éste era un niño. Claro, a nuestro héroe ésto no podría importarle en lo más mínimo, no sólo por sus rencores e historial con Stick, sino además porque tras el combate con los ninjas, Elektra yace en peligro mortal cortesía de una herida por medio de una katana envenenada, la cual quizás no habría recibido si Matt no se hubiera interpuesto entre el personaje de Elodie Yung y el asesinato de un ninja. La culpa entonces vuelve a salir a la palestra ya que Murdock, como buen católico penitente, se siente culpable respecto de lo ocurrido con Elektra: tanto la herida como haberse enterado de que ella se volvió la pupilo de Stick tras éste haberlo rechazado hace ya muchos años.

En general, “Guilty as Sin” es uno de los mejores episodios de Charlie Cox en la serie, quien demuestra todo su talento actoral tanto en las escenas expositivas junto a Elektra y Stick, como en la parte legal del show, a medida que continúa el juicio contra Castle y Matt es responsable de interrogar a su testigo estrella -y cliente-. Pero antes de pasar a hablar del desenlace judicial, bien vale la pena referirnos a Elektra y la forma en que éste capítulo traiciona, al menos durante su duración, la naturaleza misma del personaje que se nos había presentado hasta ahora. Sí, es claro que Elektra no está bien -física ni mentalmente- tras todo lo ocurrido, incluyendo el casi haber muerto producto del veneno; pero la forma en que el show prácticamente modifica la personalidad y motivaciones de personaje de forma utilitaria para servir no sólo a la trama y la mitología, pero principalmente a Stick y Matt es algo que no tiene mucho sentido, principalmente porque subsume al personaje tras dos figuras masculinas. Como si ésto no fuera poco, la cantidad de clichés en que la producción incurre respecto a Elektra en cuanto a sus motivaciones, su status de “femme fatale”, sus líneas de diálogo, etc., no hacen más que agregar sal a la herida. Sí, la serie mayormente subsana todos estos problemas en el remanente de la temporada, pero no podíamos dejar pasar la oportunidad de mencionar lo ajeno que todo esto se siente en el episodio en comento.

Volvamos al tribunal. Dijimos varias veces que las distintas caras de Matt habían entrado en conflicto constantemente, y ésto se vuelve a hacer evidente, no sólo con la visita que Karen realiza al departamento de Matt (¿qué pensó realmente que estaba pasando entre Matt, Elektra y Stick que prácticamente terminó la relación con él?), pero con el desenlace mismo del juicio. Claro, es poco lo que se puede culpar a Matt sobre el exabrupto de Frank Castle, no sólo porque éste fue provocado por un ente externo que ya discutiremos, pero además porque no era mucho lo que éste podía hacer no sólo respecto al interrogatorio, pero también sobre las demás pruebas. No, la admisión de culpa de Punisher no fue más que el corolario para la implosión de Nelson & Murdock, porque tras todo lo ocurrido y la seguidilla de problemas entre Matt, Foggy y Karen, se hacía necesario buscar un culpable. Y seamos honestos, Matt era la opción obvia, porque su comportamiento ha sido errático desde el retorno de Elektra (y se lo tenía bien merecido).

Y así llegamos al final del capítulo, con un Frank Castle en prisión donde descubre finalmente a la mente maestra que manipuló la parte final del “juicio del siglo”: quién más que tú, Wilson Fisk. El retorno de Vincent D’Onofrio es una gran -literal y figurativamente- sorpresa que se guardó la serie, no sólo optando por traer de vuelta a uno de los mejores villanos del universo fílmico de Marvel, pero además metiéndolo de lleno en la trama de la temporada.

“Guilty as Sin” es un episodio irregular, que aún así se las ingenia para avanzar la trama, y que se ve beneficiado no sólo por el sorpresivo retorno de Fisk, pero también por el hecho de ser flanqueado por dos alucinantes escenas de acción que sacan a relucir lo mejor del show en éste apartado.

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Siguiendo un poco la decisión creativa de arcos de 4 episodios, es el turno de Elektra de abandonar momentáneamente el show tras la última discusión con Matt, en “Seven Minutes in Heaven”, el noveno episodio de la temporada. Los motivos son más que evidentes: no bien nuestro héroe es demasiado bueno y noble como para ofrecerle una segunda -y tercera, y cuarta, etc.- oportunidad a Elektra, tanto él, ella y nosotros sabemos que nada cambiará al personaje de Elodie Yung (que afortunadamente retornó a su habitual ser). Cuando estamos ante un personaje que no sólo creció acostumbrado a tanta violencia, pero que además ha disfrutado cada asesinato cometido desde el primero cuando apenas tenía 12 años, resulta más que evidente que lo mejor que Matt puede sacar de todo esto es el status quo con el que ambos terminan, forzados a colaborar para derrotar a The Hand más por el bien común que por otra cosa.

Mal que mal, Matt sabe que la personalidad de Elektra es tóxica y contagiosa, y no sólo el daño afectó su vida romántica y profesional, pero además pareciera que quemó suficientes puentes con Foggy y Karen casi como para sepultar a Nelson & Murdock de por vida. Como si ésto no fuera suficiente, sus dos ex-asociados han tomado caminos distintos: mientras Foggy ya busca otros horizontes jurídicos, Karen se retira al Bulletin, donde es recibida de forma sospechosamente rápida por Ellison considerando la temporada anterior, a la vez que se le entrega la -inexplicablemente intacta- oficina de Ben Urich.

Sin embargo, el mayor atractivo del episodio no recae en nuestros héroes, sino en todo lo que significa el retorno de Wilson Fisk y su meteórico ascenso dentro de la prisión para, efectivamente, ganarse por fin el apodo de “Kingpin” con el que es conocido en los comics. Esto importa no sólo por la intensidad con la que Vincent D’Onofrio encara su interpretación, pero además porque, durante el grandioso prólogo de 10 minutos, vemos no sólo el ya mencionado ascenso de Fisk, mientras se consigue un nuevo Wesley y se arma de poder, pero también somos testigos de la transformación de un hombre que obraba mal pero se sentía amparado, no sólo por el poder o la pantalla de benefactor, pero también por la convicción de que estaba en lo correcto; para transformarse en un villano despiadado, en un Kingpin propiamente tal, no sólo abrazando esa violencia innata que tanto vimos en la primera temporada, pero ahora ya entrando de lleno a la manipulación criminal mediante la mezcla e involucramiento con los elementos más “bajos” del hampa, en comparación al crimen de la primera temporada que, si bien tenía un brazo armado como era The Hand y los rusos -y ciertos elementos dentro de la policía-, aún así lidiaba mayormente en sentidos de crimen de cuello y corbata.

Claro, tan meteórico ascenso no podía pasar desapercibido, más cuando la prisión ya tenía su propio Kingpin en la figura de Dutton, por lo cual Fisk aprovecha sus recursos, así como la creciente influencia que tiene en los corruptos guardias del recinto penitenciario, para lograr procurarse los servicios de Frank Castle, todo mediante la entrega de información relativa al asesinato de la familia Castle a cambio no sólo de la asunción de culpa por parte de Frank, pero también como un intercambio de favores: Fisk espera que Punisher se encargue de sus enemigos, a cambio de permitirle hacerse con el poder absoluto en la prisión. Y si bien Wilson no contaba con la actitud y personalidad de Castle, ambos logran un acuerdo momentáneo. Claro, el nuevo Kingpin no tarda mucho en darse cuenta del peligro que para él significa Punisher, pero la capacidad de improvisación de Fisk es tal que, así como no tiene problemas en intentar que un pabellón completo de presos acabe con Castle -no lo logran-, tampoco tiene mayores tapujos en utilizar su recién habido poder para liberar a Punisher y dejarlo libre en las calles de New York, no sólo como “recompensa”, pero también para avanzar la trama. Mal que mal, Dutton confirmó no sólo su participación en la masacre, pero además entregó piezas al puzzle que nosotros armamos (conclusiones a las que también arribaría Karen): la matanza en el carrusel no se trató de un ajuste de cuentas entre bandas rivales, sino que de una operación policial encubierta que resultó mal, todo gracias a la participación de un nuevo criminal: alguien que se hace llamar “Blacksmith”.

Mencionamos que Frank ahora está libre y retomará sus actividades como Punisher, pero antes de eso bien vale la pena mencionar una secuencia que es tanto hermosa (desde el punto de vista cinematográfico) como terrorífica: la pelea en el pabellón de la cárcel donde Castle despacha a todos los reos de aquel sector. Mucho se habló en esta temporada sobre la genial escena de la escalera, que no sólo simula una toma, pero que se supone se hizo como sucesora de la escena del pasillo de la temporada anterior. Sin embargo, resulta claro que la verdadera heredera de dicha gresca es el combate que protagoniza Jon Bernthal en la prisión, demostrando a su propia manera la brutalidad de su personaje de la misma forma en que la ya mencionada secuencia de la primera temporada hizo lo mismo por Matt Murdock.

A propósito de Matt, cerramos esta reseña con él, ya que tras ir por la pista de The Hand, termina asaltando una instalación de droga de la orden de ninjas donde no sólo descubre un plan que involucra transfusiones de sangre y una urna secreta, sino que también descubre que había mucha verdad en las advertencias realizadas por Stick sobre el verdadero alcance de los poderes y habilidades de dichos ninjas para desafiar a la muerte, considerando que no es otro que el mismísimo Nobu quien reaparece para dejarle en claro a Matt que la situación acaba de escalar considerablemente, pero que además la muerte es un elemento que está fuera de la ecuación cuando se trata de enfrentar a The Hand y sus planes en relación tanto con New York como con “Black Sky”.

Notas al cierre:

  • La ubicación de los cuchillos en esta escena nos dice todo respecto a lo que está sintiendo Matt en éste momento.
  • La mano de Floria Sigismondi también se nota en la fotografía del episodio, como botón de muestra, la cena de Matt y Karen, y la forma en que Matt entra al caos de Hell’s Kitchen luego de pasar su noche perfecta con el personaje de Deborah Ann Woll.
  • “Kinbaku” marca la primera mención expresa de Jessica Jones en la serie.
  • Tras su importancia en el final de la temporada pasada, pensamos que en este ciclo veríamos a Marci en un rol más relevante (en gran parte por la simpatía que genera Amy Rutberg).
  • Es un gran detalle que el plan de Reyes para llegar a la alcaldía sea la convicción -y muerte- de Frank Castle, todo para utilizarlo como una plataforma en contra de los superhéroes. Temáticamente se entronca con el panorama del universo fílmico de Marvel pre-Civil War.
  • No deja de ser lamentable -aún- el hecho que la serie decidiera matar a Ben Urich en la temporada anterior, porque su presencia se extraña en la trama de Karen.
  • La escena en el flashback con Matt y Elektra en el deportivo rojo es extraída directamente -como tantas otras de la serie- de “The Man without Fear”, el icónico comic de Daredevil de Frank Miller y John Romita Jr.
  • A propósito de rojo, buen detalle el codificar la vestimenta de Elektra mayormente en base a estos tonos, no sólo acompañan su personalidad, pero además es una referencia al traje que usualmente viste en los comics.
  • En las oficinas del Bulletin, se puede ver entre las portadas una relacionada a Cybertek, la compañía a cargo de la creación de Deadlock en “Agents of S.H.I.E.L.D”.
  • El dinero de Elektra se encuentra siendo utilizado por la corporación Roxxon, clásico ente corporativo malvado del universo Marvel y que ha formado parte de las tramas tanto de “Iron Man 3” como de Agent Carter”.
  • El bueno de Mahoney ahora es detective, tras su heroico arresto de Punisher. El rostro de Matt al reencontrarse lo dice todo.
  • El Hiroshi de Roxxon no es otro que Lord Hiroshi, conocido integrante de The Hand en los comics.
  • El apasionado alegato de apertura de Foggy es una gran escena. En una nota similar, el alegato de Matt mientras interrogaba a Punisher como testigo.
  • La arrogancia de Elektra al mencionar lo barato del vino que Matt le sirvió a Karen es un deleite.
  • Más Clancy Brown en todo siempre es algo positivo, por lo mismo, fue genial verlo en el rol del Coronel Schoonover, quien es un personaje menor en el comic “The Punisher: War Journal” de Carl Potts y Jim Lee, publicado en 1989. Desde ya decimos que, como con todos los personajes de la serie, siempre esconden mucho más de lo que aparentan.
  • Siguiendo con los comics, la caminata de Frank por la prisión es extraída directamente de la historia clásica “Circle of Blood”, parte de la miniserie de Punisher publicada en 1986 escrita por Steven Grant, con arte Mike Zeck y Mike Vosburg.
  • El abogado de Fisk es Benjamin Donovan, conocido en los comics como Big Ben, quien no sólo es un abogado, pero también es un criminal afiliado con la mafia. Dicho sea de paso, realizó su debut en los comics de Luke Cage.
  • La escena de la pelea de Punisher en la prisión es una recreación casi viñeta por viñeta de una escena de lucha similar que ocurre en el comic “The Punisher: Border Crossing”, el volumen 2 del comic de Punisher publicado el año 2014, escrito por Nathan Edmonson y Kevin Maurer, con arte de Carmen Carnero, Mitchell Thomas Gerads y Phil Noto.
  • “Semper Fidelis” o “Semper Fi” es el lema oficial del cuerpo de Marines de EE.UU.
  • El título de “Seven Minutes in Heaven” no sólo hace referencia al lapso de tiempo que tenía Frank para interrogar a Dutton, pero también es una perversión del concepto mismo que hace referencia a un tradicional juego adolescente en EE.UU., donde en fiestas o cumpleaños se suele “encerrar” en un closet a dos personas durante 7 minutos para que “disfruten del cielo”. Wink wink, nudge nudge, say no more.
  • E05: “Wow. There’s an actual list?”
  • E05: “It’s not like our boy was out collecting for the Red Cross.” – parece que Foggy es fan de “Dirty Harry”.
  • E06: “One more thing, and this is the dealbreaker: you have to give me back that pie.”
  • E07: “That was a pretty thick slice of bullshit there, counselor.”
  • E08: “I thought you were a Catholic, Matty. Doesn’t your whole belief system hinge on one God pulling that off?” – Stick se ganó el “OH YOU”.
  • E09: “You don’t get to create danger, and then protect us from that danger. That’s not heroic. That’s insane.”
  • E09: “Next time I see you, only one of us walks away.”; “Yes, of course, I’m counting on it.”

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