Marvel’s Luke Cage – Season 1 Live Blog

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Bienvenidos a nuestra primera revisión de la primera temporada de Luke Cage. ¿Por qué primera revisión? Porque en esta oportunidad intentaremos un formato nuevo, no sólo apuntando a mayor interacción con uds., pero también por un tema de inmediatez, tanto con el comentario como con la agenda misma de Revius. Es por eso que, en primer lugar, realizaremos una revisión más inmediata y visceral de la serie, compartiendo nuestras impresiones inmediatamente tras haber visto cada episodio; y posteriormente, y ya con más tiempo para digerir el contenido, realizaremos nuestras habituales tandas de reseñas de la temporada, tal como lo hicimos con Daredevil” y con “Jessica Jones”.

Habiendo hecho las aclaraciones pertinentes, e invitándolos a estar pendientes de este post que será actualizado tras cada capítulo, nos lanzamos entonces con Luke Cage.

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Mahershala Ali como “Cottonmouth” (pero no le digan así), en una escena que saca a relucir todo lo genial del apartado visual de la serie.

Y partimos con “Moment of Truth”, un primer episodio que curiosamente no se centra tanto en la figura de Luke propiamente tal (pese a su presencia constante en el episodio, la cual funciona a la perfección gracias a la impecable y carismática interpretación de Mike Colter), pero más bien es una introducción completa a Harlem y a la comunidad que componen tan emblemático barrio de New York y de la cultura afroamericana de EE.UU., con una exhibición de lo bueno y lo malo que tiene para ofrecer.

Por lo mismo, y pese a ser un episodio bastante directo en su funcionamiento, es imposible no elogiar el trabajo que realiza el showrunner -y escritor de este capítulo- Cheo Hodari Coker, por un lado, manteniendo la temática más oscura, adulta y seria del rincón del universo fílmico de Marvel que vemos en Netflix; pero por otro lado, desmarcándose lo suficiente de las series que la antecedieron, lo que va no sólo desde una conexión más amplia con el universo en general (con menciones a los Vengadores, Daredevil, Jessica Jones, Wilson Fisk y Justin Hammer), pero además mediante una incorporación de elementos distintivos de lo que se intenta representar: no hablamos únicamente de una adaptación y modernización de técnicas fílmicas y narrativas de los filmes blaxploitation de los 70’s, pero también de una amalgamación con la música como no habíamos visto en las otras series (y probablemente en todo el universo fílmico de Marvel, descontando Guardians of the Galaxy”), así como un énfasis importante en el color, dejando de lado el típico filtro de opacidad tan propio del cine moderno, especialmente el de superhéroes.

El resultado final es un primer episodio que reintroduce a nuestro héroe, que presenta un primer conflicto atrayente, y varios personajes que enganchan desde un comienzo, destacando tanto Misty Knight (Simone Missick) como Cornell “Cottonmouth” Stokes (Mahershala Ali); y en general, exudando carácter, personalidad y carisma como pocas veces hemos visto antes, en lo que es un gran comienzo para la serie.

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“Code of Streets” demuestra una voluntad particular de la serie a avanzar con cierta velocidad de una forma tal que le permite a Luke Cage continuar distinguiéndose de las demás series de Netflix y sus arcos más veloces. Y ciertamente son riesgos narrativos importantes, cerrando no sólo la primera parte de lo que era el atraco de Dante, Shameek y Chico hacia Cottonmouth, todo con un trágico desenlace que termina con la muerte del ultra bancable Pop (Frankie Faison), quien no sólo es amigo y empleador de Luke, pero es básicamente una figura paterna para todo Harlem, sin lugar a dudas en parte debido a que Pop nunca pudo estar presente para su hijo.

El catalizador de todo no es otro que el mismísimo Turk Barrett (Rob Morgan), quien no sólo conecta la serie con “Daredevil”, pero también es quien empeora todo, para variar motivado por su codicia, ya que sus acciones al delatar a Chico -quien se escondía con Pop por obra y gracia de Luke- terminan motivando a que Tone, uno de los hombres de Stokes, se le adelante y decida arruinar todo, de más está decir que las cosas no terminan bien para Luke y cía, ni para Tone.

A estas alturas, la serie comienza a delinear perfectamente una trifecta narrativa que pone énfasis en 3 fuertes personajes que, obviamente, han sido nuestros “guías” hasta ahora: Luke, Misty y Cottonmouth. Cada uno con propósitos y motivos distintivos que se interconectan lo suficiente para presentar una narrativa hilada con temas en común. Aquí es donde se hace ver el trabajo de la producción, particularmente en cuanto a su exploración de lo que significa ser afroamericano en EE.UU., así como la forma en que se puede plasmar dicha experiencia -con lo bueno y lo malo- en un producto de calidad impecable y que alcanza a un público masivo. El hecho de que Luke Cage sea inmune a las balas es un testamento indeleble del impacto y la relevancia social que tenía el personaje durante su incepción en los 70’s, y la que sigue teniendo en el 2016, donde cada día significa una nueva y lamentable noticia sobre las injusticias sistémicas a las que se ven sometidas las personas de raza negra en EE.UU. Por lo mismo, no es de extrañar que el tema prominente, al menos en estos dos primeros episodios, guarde relación con el concepto de “poder”, las diversas dimensiones que éste puede tener y el cómo obtenerlo y conservarlo.

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Partamos hablando de “Who’s gonna take the weight?” diciendo que es un gran capítulo, probablemente el mejor hasta ahora, porque es un episodio que no sólo saca a relucir todo lo bueno que el show ha demostrado hasta ahora, pero también porque demuestra un show que comienza ya a encontrar su propio ritmo, dentro de ese peculiar balance que significa un show cargado de mucho diálogo y desarrollo de personajes, entrelazado con breves ráfagas de brutal acción. Claro, es una fórmula distintiva que se asemeja más a la de “Jessica Jones” que a la de “Daredevil”, pero hasta ahora funciona porque se acomoda a la personalidad de Luke.

Es un episodio además que no sólo continua profundizando a los 3 ejes narrativos de la serie -Luke, Misty y Stokes-, pero que además hace un trabajo peculiar con el resto del elenco, más si consideramos el vacío en la serie que dejó la muerte de Pop. Mientras la serie prosigue con su caracterización de Mariah “Black Mariah” Dillard (Alfre Woodard) como un personaje complejo en su hipocresía y en la creencia de estar obrando de forma correcta; también se realiza una labor similar tanto con Bobby Fish (Ron Cephas Jones) y con el -ahora sabemos corrupto (como casi todos los funcionarios públicos de la New York de Marvel aparentemente)- compañero de Misty, el detective Rafael Scarfe (Frank Whaley).

Todas estas relaciones sirven para continuar tratando la temática del poder -y si se quiere, el empoderamiento- que existe en la serie. La misma conversación entre Stokes y Mariah sobre el verdadero significado y fuente del poder (el primero asociándolo al dinero, la segunda al respeto) es señal suficiente de la dirección de la serie, y más si lo comparamos con las otras fuentes de poder en la serie: Pop que tenía poder en base al cariño y al verdadero respeto; Misty y el poder -y responsabilidad que involucra ser policía; y Luke, que como uno de sus alias lo indica –“Powerman”– es la representación del poder físico.

Por lo mismo, el choque más que evidente era poner a Luke en curso de colisión con Cottonmouth, tanto como una forma de retribuir y hacerle pagar su culpa -indirecta- en la muerte de Pop, a la vez que existe una subversión casi poética de la idea de Stokes pagando los gastos de Pop. Y todo eso sin mencionar la clara señal que envía el golpear al villano en el lugar que más le duele, sus bolsillos.

Así, la escena de acción donde Luke ataca el edificio Crispus Attucks es un corolario perfecto para la tensión, a la vez que vemos el alcance de las habilidades de nuestro héroe, un verdadero tanque que no tiene problemas para lograr su cometido, todo al ritmo de “Bring da ruckus” de Wu-Tang Clan, en lo que es otra de muchas decisiones brillantes en el lado musical de la serie. Luke ha dado su golpe a Stokes, enviando una señal y haciéndose con suficiente dinero para cubrir las deudas de Pop y las suyas, pero no contaba con la traición de Scarfe, quien le proporciona la información a un Stokes que, enajenado por las perdidas sufridas, decide atacar a Luke con un lanza misiles. Un final explosivo -pun intended- para una clase maestra sobre cómo hacer televisión de calidad.

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Hemos elogiado en más de una oportunidad la forma en que “Luke Cage” se hace cargo y enfrenta diversas convenciones, tanto de la tv como del género de superhéroes. “Step in the Arena”, el cuarto episodio no es la excepción ya que la serie decide realizar una narrativa paralela entroncando las tramas del presente (Luke ayudando a Connie a escapar del edificio derribado por Stokes) y del pasado, entregándonos la historia de origen de Luke, o más bien, de Carl Lucas, el verdadero nombre de nuestro héroe, un ex-policía y militar que es encarcelado de forma injusta.

El foco del episodio son los flashbacks, donde conocemos la historia de Luke, el nacimiento de su relación con Reva (Parisa Fitz-Henley), la forma en que se vio obligado a participar en combates clandestinos donde apostaba el staff de la prisión, y finalmente el procedimiento médico/accidente que le otorgó sus poderes de súper fuerza y piel irrompible. Pero más que esto, lo más importante en la trama de la prisión es la evolución de Carl Lucas hacia Luke Cage, no sólo física, pero psicológica, que es sin lugar a dudas el punto fuerte del capítulo (y la mejor actuación de Mike Colter hasta ahora). El aislamiento emocional de Luke, la forma en que su relación con Reva y con “Squabbles” (Craig Mums Grant) le otorga un poco de esperanza en la prisión -además de geniales debates casuales como lo son Bruce Lee vs Jet Li y Lisa Bonet vs Zoe Krabitz-, misma esperanza de la cual se aprovecha el staff de la prisión para chantajear a nuestro héroe (todo como parte del constante debate racial en la serie).

Finalmente el capítulo adopta un tono muy propio de los comics (y que será continuado en el episodio que le sigue), mientras las transformaciones de Luke lo llevan no sólo a escapar con Reva -e iniciar su relación-, pero también a usar brevemente el traje con el que debutara en los comics (con “tiara” y “sweet christmas” incluidos), a la vez que se nos da contexto respecto al pendrive y la información por la que Reva murió protegiendo en “Jessica Jones”. En el presente, Luke no sólo rescata a Connie y ambos salen a la luz, pero nuestro héroe decide hacer pública su identidad y habilidades, en un gran desarrollo y cambio de dinámica.

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El tono más propio de los comics que sentó el episodio anterior se transfiere a la quinta entrega, “Just to get a Rep”, un capítulo que tiene una atmósfera muy propia de los comics contemporáneos de Luke Cage, y que trata con las consecuencias para Luke, Stokes y para Harlem completo de todo lo que ha pasado hasta ahora (es el final del primer gran arco si así se quiere), todo contextualizado por el funeral de Pop y el retorno a su barrio de la mismísima Claire Temple (Rosario Dawson), el “pegamento” del proyecto de Marvel y Netflix.

Y es que pese a algunas escenas de acción que sirven como un recordatorio de lo que Luke puede hacer, el quinto capítulo es un episodio muy reflexivo, sin descuidar el dinamismo, pero entregándose mayormente a examinar el desarrollo de los personajes bajo el prisma de los acontecimientos recientes. En el caso de Stokes, no se trata sólo de su respuesta a lo que ha hecho Luke últimamente (y a la revelación de sus poderes), pero mayormente a sus traumas e inseguridades propias, mal que mal, sin importar la apariencia o la actitud, su decisión de azotar a Harlem por lo hecho por Luke -incluso contra las sugerencias de “Shades” como proxy del misterioso Diamondback- pone en evidencia lo expuesto. Stokes vive de su reputación -materializada en su club-, y actúa en base a la protección de lo que más le importa, porque fue lo que más le costó conseguir.

En el caso de Luke, estamos en el episodio donde nuestro protagonista finalmente se transforma en un héroe bona fide, justamente porque la desesperación de Cottonmouth se lo permitió, dándole el espacio y la oportunidad de salir a ayudar a la comunidad ya no porque se tratara de un impulso egoísta relacionado con él, sus intereses y seres queridos, sino más bien porque, tal como hiciera Pop, se trata de hacer lo correcto cuando sea necesario. Que más evidente que la elegía final de Luke en el funeral de su mentor para dejar en claro no sólo sus intenciones de hacer el bien y de oponerse a Cottonmouth, pero además para mostrarnos a nosotros como audiencia que ha nacido un héroe.

Finalmente, y para referirnos al tejido conductor con el resto del universo Marvel, el retorno de Claire (con sus menciones a los eventos de la segunda temporada de “Daredevil” y sus deseos de ayudar a los individuos con “habilidades”) no es lo único que apunta al resto del universo, ya que Stokes toma conocimiento del arma que podría darle la ventaja contra Luke: una munición especial fabricada por Hammer Industries que está hecha de tecnología dejada atrás por los Chitauri tras los eventos de “The Avengers”, y que seguramente se convertirá en el mcguffin del segundo arco.

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Tras una serie de buenos episodios in crescendo, la serie choca contra sí misma en el decepcionante sexto capítulo “Suckas Need Bodyguards”, el cual no es un mal capítulo per se, pero sí es el más bajo hasta ahora lo que es un extraño tropiezo a medida que la serie llega al punto medio de la temporada.

El principal error del episodio es poner su foco en el detective Strafe presumiendo una familiaridad e importancia mayor que la que el público tiene y que la misma serie le ha dado. Claro, finalmente su baleo y posterior muerte -Cottonmouth mediante- terminan siendo instrumentales no sólo para la caída final del personaje de Mahershala Ali pero para destapar otra red de corrupción en la policía -como si la de Fisk en “Daredevil” no fuera suficiente-; pero el problema es que no sólo fue innecesario centrar todo esto en Strafe por lo ya dijo, pero además por un tardío intento de la serie por humanizarlo ante la adversidad y segura muerte. Si a esto sumamos lo conveniente de prácticamente todo el episodio, vale decir, el reencuentro de Luke con Claire, el que Strafe mantuviera toda la evidencia para desenmascarar a Stokes en su apartamento, las apariciones de Misty, etc., resulta evidente el por qué “Suckas Need Bodyguards” induce tanta frustración.

Aún así, no todo es decepción en el episodio, no sólo por las jugadas arriesgadas para mover la trama o la siempre bienvenida presencia de Claire, pero principalmente por la forma en que vemos como se va desmoronando la vida de Mariah gracias a la prensa y a la caída de su primo, todo lo que es ayudado por la gran actuación de Alfre Woodard.

Al final del capítulo anterior alabamos a Mariah como el gran punto alto de ese episodio, y la serie afortunadamente no desentona en su foco en “Manifest”, principalmente enfocándose en ella y en Cottonmouth de gran forma, no sólo revelando mediante flashbacks el pasado e infancia de ambos viviendo con la mítica Mama Mabel, y como esto forjó no solo sus vidas y personalidades, pero además un resentimiento entre ambos que fue paulatinamente creciendo en la duración de la serie -en parte por las acciones de Luke- y que derivó en un golpe sorpresivo: la muerte de Cottonmouth, tras ser dejado en libertad, a manos de su prima.

Fuera de alabar nuevamente la genial actuación de Mahershala Ali como Cornell Stokes, también hay que elogiar la decisión de la producción, no sólo por un tema de sorpresa y de tener el valor para hacerlo, pero también para jugar el juego a largo plazo, eliminando a quien se había perfilado como el villano principal, y dejando bajo el reflector no sólo a un personaje moralmente interesante como Mariah, pero además moviendo las piezas para la eventual movida por parte de Diamondback.

Mientras el foco del episodio estuvo en Mariah, Cornell y su peculiar visión de la familia y cómo anteponerla ante todo; Luke también estuvo un tanto ocupado, aunque fuera de su asalto a los hombres de Domingo y la entrega de las armas de Justin Hammer a Misty, el resto del episodio lo pasó -nuevamente- cuestionando si debería o no seguir con su carrera heroica, en lo que es una trama demasiado repetida a estas alturas. Aún así, el final del episodio y el ataque a Luke con la bala hecha de tecnología Chitauri debería cambiar las cosas de ahora en adelante, más luego de que Cottonmouth está fuera del gran esquema de las cosas -y que su muerte seguramente le será inculpada a Luke-.

Aún así, y pese a ciertos problemas menores, “Manifest” fue un retorno a la forma luego del irregular sexto episodio, todo gracias a su foco en los antagonistas y en los personajes femeninos de la serie, dejando a Luke en un segundo plano.

Tras el episodio anterior, habíamos hecho mención al momento en que se realizaría la gran movida por parte del hypeado Diamondback. Pues bien, no tuvimos que esperar mucho, ya que “Blowin’ up the Spot” ya nos presenta formalmente a Willis Stryker, aka, Diamondback (Erik LaRay Harvey), quien no fuera otro que el atacante de Luke al final del episodio anterior.

Stryker trae consigo un aura de enemistad distinta y más personal para Luke, en contraste a lo que han sido Cornell Stokes y Mariah Dillard. Y no se trata sólo de su approach más práctico -considerando que es él quien va armado de las balas Judas directamente a combatir a Cage-, pero es además de su boca, durante la confrontación con Luke, que conocemos que hay algo más entre ellos: Diamondback sabe que él es en realidad Carl Lucas, le habla de su familia, de cómo él fue responsable de enviarlo a la cárcel, se vanagloria del sufrimiento de Luke por la muerte de Reva -a manos de Jessica Jones, influenciada por Kilgrave-, y finalmente le suelta la bomba de que ambos son en realidad hermanos.

Es un tipo de villano distinto, y a ratos esto se vuelve un poco complejo de digerir, no tanto por su forma de ser o la acción -grandes escenas por cierto, con la cancha igualada debido a la herida de Luke-, sino porque es un info dump muy grande para un solo episodio y centrado en un personaje del que hasta ahora sólo habíamos oído cosas. Si no fuera por la actuación de Erik LaRay Harvey y su prestancia y carisma “más grande que la vida”, las cosas no habrían funcionado.

Pero el episodio no sólo fue esto, ya que también la serie continuó su exploración de sus figuras femeninas: por un lado, una Mariah que prosigue su tránsito hacia volverse la heredera de Mama Mabel, siendo apoyada -o manipulada- por el siniestramente genial Shades, y tomando medidas para asegurar el inculpar a Luke en la muerte de Cottonmouth; por otro lado, Misty Knight, cada vez más acorralada por el sistema policial que la tiene bajo una lupa por su extraña relación con Luke y no sabiendo en quién confiar. Y finalmente, está Claire, ya en un rol de apoyo completo a lo que está haciendo Luke, y adoptando un papel mucho más importante y visible del que tuviera en “Daredevil” o “Jessica Jones” (y a estas alturas, básicamente siendo una Defender más, pese a que el equipo aún no existe y Danny Rand aún no hace acto de presencia).

Mientras el episodio anterior se tomó un tiempo para reordenar el tablero de cara a la segunda, esta novena entrega –“DWYCK”, a propósito de una canción de Gang Starr referenciada en el episodio- es un episodio algo introspectivo, aunque no exento de acción y eventos, donde la serie decide centrarse en un 3 personajes femeninos, brindarles aún más desarrollo y ponerlas al centro de la acción aprovechando que Luke está temporalmente fuera de acción (lo que no es impedimento para un enfrentamiento con la policía que es tanto un mensaje político, como una subversión de una lamentable situación que se vive a diario en EE.UU.).

Y casi tan fuerte como aquello es el mensaje que entrega este episodio en cuanto a representación, tanto racial -la crema y nata de la serie-, pero también en cuanto a roles femeninos -que de por sí son pocos y mayormente secundarios en el universo Marvel- y que escapan del estereotipo de esos pocos roles centrados en un 90% en mujeres blancas. Es otro mensaje potente de un show como este que se ha sentido mucho más como algo “de autor” que el resto del universo Marvel en general, incluyendo las demás series de Netflix. Eso nos lleva, por un lado, a elogiar de sobremanera no sólo la presencia, pero la diversidad misma de los roles y la complejidad de Misty, Claire y Mariah; por otro lado, obviamente lamentamos que esta sea la excepción en una situación que ojalá se diera en todas las series y películas.

Pasando ya a los personajes, vale la pena dividir el enfoque: por un lado está Claire, siendo tan genial como siempre, ayudando a Luke en su momento más difícil, llevándolo incluso a confrontar a su “creador”, lo que tendrá serias consecuencias de ahora en adelante.

En lo que respecta a Misty, la detective tuvo por lejos el arco más interesante del episodio, todo tras someterse a una evaluación psicológica voluntaria luego de haber amenazado a Claire. Por medio del diálogo con el psicólogo no sólo conocemos más de la historia de Misty, pero además de su obsesión por el control, y la forma en que su disposición hacia la terapia va mutando, de estar reacia y enojada por la situación, a pasar a abrazarla y utilizarla para recuperar su antiguo ser y, de cierta forma, el control que le gusta tener sobre la vida.

Finalmente, está Mariah, quien también pasa velozmente de ser alguien que no quería tener nada que ver con los negocios de Stokes, a básicamente hacerse cargo del negocio, y luego de formar una forzada alianza con Diamondback, luego de que éste eliminara a casi toda la competencia en Harlem en un golpe maestro. Aún así, Mariah sabe improvisar, y su crianza bajo el alero de Mama Mabel le ha enseñado varias cosas, las cuales utiliza no sólo para ponerse del buen lado de Stryker, pero también para sugerirle un trato que no sólo legitimaría su operación, pero además le puede servir a ella para matar 2 pájaros de un tiro: relanzar su plataforma política, y acabar con Luke.

 A estas alturas de la temporada, las series de Marvel y Netflix tienen la costumbre de elevar las apuestas para la misión de sus respectivos héroes, a la vez que los shows mismos comienzan a abrazar más y más los elementos más típicos de los comics, desmarcándose de sus inicios un poco más aterrizados, lo que ha tenido resultados un tanto dispares en las series antes de sus finales de temporada, en parte evidencia de que quizás estas series funcionarían mejor con un par de capítulos menos.

Afortunadamente Luke Cage ha sabido manejar bien esta transición, tanto mediante el foco en otros personajes y dejando a su protagonista de lado, pero también por introducir de forma más paulatina los elementos más fantásticos. Caso en cuestión, lo que ocurre en “Take it Personal”, el décimo episodio, que no sólo trae de vuelta a Luke desde el más allá para enfrentar el último tramo, pero también establece cambios en el status quo de la serie, a saber, la revelación de que Reva siempre formó parte del proyecto que convirtió a Luke en lo que es, y que fue ella quien lo eligió como candidato, lo manipuló emocionalmente y lo condujo hacia el experimento que le dio tejido impenetrable (aparentemente gracias a utilizar células de abalones). Esto marca un antes y un después en el personaje, mal que mal, fue su amor por Reva lo que fue gran parte de su motivación desde su introducción en “Jessica Jones”, por lo que es razonable esperar que conocer una traición así sacuda su mundo de tal forma. Y no bien hay un cambio de página rápido por parte de Luke -así como una visita un tanto innecesaria al lugar donde Luke creció en Georgia, que no hace más que confirmar con algo de infodump que Willis Stryker es el medio hermano de Luke, nacido del amorío del reverendo Lucas con su secretaria-, lo cierto es que la serie vuelve a encaminarse luego de que el personaje de Mike Colter tome conocimiento de todo lo que ha ocurrido en Harlem durante su ausencia.

Y claro, porque las cosas no se han calmado, ya que el plan de Mariah continúa tomando forma, ya que ha logrado convertir el abuso policial desmesurado de la policía en una plataforma política para protestar y utilizar la instancia para impulsar el negocio de armas de Diamondback, que le permita no sólo enriquecerse, pero además armar a la policía con municiones capaces de acabar con Luke. Aún así, considerando lo atinada de la crítica social en la serie, cuesta comprender un poco lo burdo de cómo se trató aquí el tema del abuso policial, más considerando los paralelos en la vida real con el movimiento Black Lives Matter que justamente alza la voz en contra de las matanzas perpetradas por policías contra ciudadanos negros, ya que no hubo mucho tino en cuanto a la comparación, particularmente por la forma en que la gente se dejó persuadir por Mariah y las extrañas circunstancias de los crímenes que se le imputan a Luke. Nos queda la sensación de que la producción y el showrunner Cheo Hodari Coker querían no sólo levantar el tema -lo que lograron-, pero además plantar un cuento precautorio en cuanto a dejarse llevar por personas que quieran manipular al movimiento y sacarle provecho político, lo que lamentablemente no queda del todo claro ni se ejecuta bien.

Aún así, dejando de lado esto, el episodio cierra con el retorno de Luke a lo que es el principio del fin: la confrontación con Diamondback en “Harlem’s Paradise”, la cual hasta ahora cuenta con varios heridos, incluida Misty, quien recibe impactos de bala que pueden comprometer sus brazos (recordar que en los comics, tiene un brazo robótico).

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