Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. S04E04: “Let Me Stand Next To Your Fire”

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Fuego Fuego Llamen a los Bomberos

Cuatro capítulos sólidos al hilo de Agents of S.H.I.E.L.D. No nos vamos a cansar de sacar la cuenta de ello porque, honestamente, nos alegra que la serie haya alcanzado un cierto nivel de consistencia que haga que sea realmente entretenido ver la serie semana a semana – incluso si el tono de su narrativa es diametralmente opuesto al de otras historias que ocurren en el mismo mundo (y con esto nos estamos refiriendo directamente a las series de Marvel-Netflix). Las comparaciones son odiosas pero ineludibles, considerando -una vez más- la coexistencia de dichas series en una misma continuidad, un mismo universo compartido; es difícil que a una persona que le atraiga -en especial- el tono un tanto más oscuro y “realista” (usando generosamente el término) de Daredevil, Jessica Jones y/o Luke Cage encuentre algo realmente de su agrado en Agents of S.H.I.E.L.D. y es difícil que las temáticas que dichas series tratan (sobrevivir al abuso, discriminación racial, entre otros) también sean tratadas en esta última serie. Las cosas como son.
Pero Agents of S.H.I.E.L.D. es como es, y de todas las series de Marvel hasta el momento es, sin duda, la menos “avergonzada” de sus raíces de comic. ¿Grupos ancestrales que alaban a un alienígena increíblemente poderoso? ¿Gente con poderes más allá de “mucha fuerza” y “mucha resistencia”? ¿Aparatos tecnológicos implausibles pero que aquí existen sin que nadie chiste? ¿Una suerte de monstruo púrpura musculoso que asesina a otros seres con poderes? ¿Un tipo con la cabeza ardiendo que dice haber hecho un pacto con el Diablo? Todo eso y más. Agents of S.H.I.E.L.D. no trata de revestir de “seriedad” elementos que son eminentemente fantásticos, no tiene oscuridad en exceso, ni exuda “realismo” para intentar hacerle creer al espectador que no está viendo una serie basada en personajes de comics (como si ello fuere algo malo). Agents of S.H.I.E.L.D. lo demuestra con honor y, ¿sinceramente? Les ha resultado. Quizás no de la forma más consistente (la temporada anterior tuvo altos y bajos notorios), pero no intenta ser algo que, sencillamente, no es; y, como ya mencionamos al comienzo de la reseña, ya van cuatro capítulos al hilo en los que los elementos de la serie sencillamente funcionan. Corriendo el riesgo, nuevamente, de caer en comparaciones un tanto odiosas pero inevitables, está teniendo éxito en donde la “competencia” (particularmente The Flash, en el canal CW) está titubeando: la ventaja de AoS es que raramente extiende sus tramas más allá de lo debido, alcanzando un ritmo (casi) frenético que ayuda a que uno tienda a olvidar rápidamente sus falencias, mientras que The Flash (especialmente en su segunda temporada) adquirió la tendencia a repetir una y otra vez ciertos errores, a extender la trama principal agregando rellenos inconsistentes a través del ciclo, provocando que irónicamente la serie basada en la persona más rápida del planeta haya poseído un ritmo letárgico a ratos.

Hablando de “Let Me Stand Next To Your Fire” en particular, el capítulo no pierde tiempo en establecer sus ejes narrativos: una reunión (inesperada) entre Daisy y Simmons para intentar descubrir cómo los Watchdogs están consiguiendo la información sobre la identidad y ubicación de los Inhumans; los intentos de Coulson y Mack por descubrir la verdad sobre lo sucedido en los Laboratorios Momentum, el rol de Elias Morrow y una (¿inesperada?) alianza con Robbie Reyes; el rol de AIDA en la recuperación de May. Tan solo las dos primeras tramas convergen (de forma casi incidental) pero esto no le juega en contra al capítulo: cada una aporta un ladrillo más en la construcción de la narrativa de la temporada: la guerra contra los Inhumans; Ghost Rider, Momentum y el Darkhold; la aparición de los LMD en el Universo Cinematográfico Marvel. Probablemente todos estos hilos terminen uniéndose, de una u otra manera, a medida que avance la temporada – pero por ahora corren por carriles estrictamente separados.
La reunión entre Daisy y Simmons demuestra cuánto han cambiado ambas mujeres desde el inicio de la serie – particularmente Simmons, quien pasó de ser tímida, inofensiva y a estar siempre con Fitz, a poder valerse fácilmente por sí sola, con una personalidad más asertiva y hasta sarcástica (sin olvidar, por supuesto, su dulzura innata). No ha tenido unos años muy fáciles, obviamente: entre infiltrar HYDRA y luego pasar meses en un planeta hostil como Maveth, es evidente que iba a templar su carácter para sobrevivir. En este capítulo en especial, líneas como su “I’m the boss” y “we’re in this together now, so suck it up” destacan, otorgando cierta liviandad y humor, además de reforzar lo anteriormente dicho sobre Simmons – no se sienten ni forzadas ni gratuitas ni innecesarias. Las escenas entre ambas son un ejemplo, además, de la camaradería natural entre Chloe Bennet y Elizabeth Henstridge, por lo que no resultan una pérdida de tiempo ni siquiera cuando se trata de escenas de “relleno”.
Su búsqueda las lleva al lugar de trabajo de James (Axle Whitehead), el Inhuman australiano que no veíamos desde el final de la temporada anterior y que aparentemente sería el próximo en ser atacado por los Watchdogs. De todos los lugares posibles, justo tenía que estar trabajando en una tienda de fuegos artificiales. En todo caso, se supone que James está en una situación de auto-odio y negación peor que la de Daisy, debido a su forzosa transformación a Inhuman y los efectos secundarios del control de Hive, por lo que no hace uso de sus poderes y tan solo se presenta a los controles obligatorios de identidad cuando corresponde. En todo caso su cáustica personalidad sigue intacta.
Lo que en teoría iba a ser una ayuda para la causa Inhuman resulta ser, en verdad, una emboscada: no sólo James se odia a sí mismo, sino que a los Inhumans en general, y es él quien le daba el acceso a los Watchdogs a la base de datos Inhuman a través de su brazalete. Maldito Gambito australiano traidor. Afortunadamente para Daisy y Jemma, los refuerzos llegan justo a tiempo…

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Coulson tiene relativa mala suerte: sus intentos iniciales interrogando a Elias Morrow no son fructíferos, aunque eso era algo que tenía previsto. Inmediatamente (y gracias al ojo avizor de Mack) su suerte cambia para mejor cuando descubren que Robbie Reyes se encuentra en el lugar y proceden a perseguirlo. Gran escena, en verdad, rompiendo con lo relativamente genérico del apartado visual de la serie (una de las críticas más persistentes), con una necesaria y bien lograda inyección de adrenalina. La persecución termina gracias al Quinjet camuflado de Coulson, para desgracia de Robbie – quien, prontamente, acepta a regañadientes una alianza con el Son of Coul solo porque están tras el mismo objetivo. La interrogación de Robbie a su tío Elias sí es más efectiva, y aunque sea (narrativamente) poco más que un info dump, al menos nos deja la foto algo más clara: Lucy Bauer estaba intentando construir una máquina que desafiara por completo las leyes de la física en los laboratorios Momentum, creando materia de la nada. La máquina falla y explota, provocando (aparentemente) la muerte de todos excepto de Eli y de Joseph, el marido de Lucy. Joe decide desquitarse con Joseph, culpándolo por lo sucedido, y lo deja en el hospital. La máquina estaba siendo construida con la ayuda de “un libro” (el Darkhold) y Lucy decide “visitar” a su esposo comatoso en el hospital para poder averiguar el paradero de dicho libro – en lo que es, sin duda, la escena más débil del capítulo (rayando en lo absurdo). En general todo lo que ha rodeado a los “fantasmas” en esta temporada ha sido lo más bajo, así que la dichosa escena de este capítulo no es la excepción.

Luego de dicho info dump, Coulson y cía. reciben una alerta de Inhuman en peligro y es allí cuando las dos tramas se intersectan en un agradable enfrentamiento entre James y Ghost Rider; al contrario de los “fantasmas”, las apariciones del Espíritu de la Venganza no decepcionan para nada, y su ardiente (?) combate contra el Inhuman cumple, a pesar de su brevedad. Además, el hecho de que se haya llevado a cabo en una fábrica de fuegos artificiales solo hace que el inevitable desenlace sea cuestión de tiempo, aumentando la tensión. Feliz año nuevo anticipado para todos.
En lo que a May y AIDA respecta, las escenas son mucho más pausadas que el resto del episodio, sirviendo para tomar un respiro y ver a Iain de Caestecker compartir escena junto a John Hannah. Eso nunca dejará de ser bueno, probablemente. Prosigue el debate ético, la existencia de una máquina que pueda “aprobar” el Test de Turing, la necesidad de mantenerla escondida por un tiempo y al final resulta que con sólo un vistazo, Simmons se da cuenta que AIDA no es una persona. Doble plot twist: Jemma lo descubre de inmediato sin mayor problema ni fanfarria en teoría, pero al día siguiente le toca someterse a un test obligatorio de detección de mentiras, lo que podría sacar a la luz el secreto de Radcliffe y AIDA. Eso sí es un problema.
Y el final del capítulo trae consigo la esperada reunión entre Coulson y Daisy, una figura paterna y su hija pródiga. Una reunión mucho menos emotiva que lo pensado, con un Coulson más reservado que exultante. Tal vez todavía guarda algo de sentimientos encontrados, quizás se culpa a sí mismo de la salida de Daisy o quizás sigue enojado por esto último. Sea como sea, lo único cierto es que está bien sabiendo que ella está a salvo.

Ah, y que por fin tenemos un atisbo del hilo principal de la temporada: encontrar el Darkhold antes de que Lucy lo haga. Demasiado peligroso para caer en las manos (fantasmales) equivocadas.

Observaciones varias

  • Varias de las líneas de James en el capítulo están sacadas del popular juego Overwatch, algo que fue intencional.
  • Funny. I was gonna say the same thing, without the accent.” Gran línea de Robbie.
  • Es bonito y bueno ver que la relación entre Fitz y Simmons está consolidada y va bien, sin dramas de ninguna clase. Hacen falta más parejas consolidadas en la TV.
  • Uno asume que lo de “no poder mentir” en AIDA tendrá repercusiones mucho mayores a lo largo de la temporada.

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