Taste The Waste (2010)

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Taste the waste.
Año: 2010.
Director: Valentin Thurn.
Género: Documental.
Guión: Valentin Thurn.
Fotografía: Roland Breitschuh.
Duración: 91 minutos.
País: Alemania.

Una de las principales novedades que trae la nueva edición del Festival Internacional de Innovación Social (fiiS) fue la incorporación de una sección paralela dedicada al cine llamada “fiiS revelado”. Con 3 jornadas de 3 películas en la Sala K de Avenida Condell, se trata de largometrajes que buscan inspirar cambios en los espectadores a través de proyectos que siendo innovativos, se han traducido ya en verdaderos cambios. Por ello, cada película tiene su “abanderado” encargado de presentarla, los que invitan a una interesante conversación luego de la proyección. Una dinámica bastante interesante que permitió incorporar el cine a fiiS respetando el espíritu del festival: innovación y un espacio para el debate. En esta oportunidad, la entidad encargada de presentar “Taste the Waste”, la película con que abrió el “fiiS revelado”, fue “Disco Sopa”, movimiento ciudadano que al igual que el documental que comentamos, aborda el tema (y busca generar conciencia) sobre la problemática del desperdicio de la comida. El mensaje es claro: nuestra sociedad debe revalorizar lo “desvalorizado”. Y ponemos las comillas claramente porque primero se debe atacar la forma en que otorgamos valor a la comida, donde a día de hoy priman patrones como el espacio en bodegas, el color del producto o su (a veces no tan inminente) vencimiento, antes del elemento principal, la nutrición.

“Taste the Waste” es un documental alemán del año 2010, que aborda éste tema de manera magistral y nos invita a criticarnos a nosotros mismos. El desperdicio de comida es un silencioso compañero de las economías de mercado. Casi de manera invisible, la iluminación de las góndolas de los supermercados jamás permite imaginar que jornada tras jornada, cientos de alimentos se tiran a la basura, aún cuando están totalmente aptos para el consumo. ¿El motivo? Varios, sin duda. Pero el problema es tan grande principalmente porque nosotros, los consumidores, lo avalamos. Lo hacemos cuando elegimos el tomate más bello de la sección de verdulerias, descartando otros, o lo hacemos cuando privilegiamos alimentos que perecen en una fecha posterior, aún cuando su fecha de vencimiento puede estar todavía 2 semanas lejos. Es, en el fondo, la apariencia la que nos hace devaluar el alimento. Y las estrictas políticas sanitarias no permiten ni regalar esos alimentos, ni utilizarlos, salvo contadas excepciones, en emprendimientos o incluso alimentación de animales. Como si pudiéramos, el mundo se da día a día el lujo de botar y botar toneladas de comida, toneladas que, de acuerdo a los datos del documental, cruzarían el mundo en varias oportunidades si la ordenamos en camiones, o acabarían con gran facilidad con la hambruna. Simplemente indignante.

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La forma de presentar el debate es muy interesante en “Taste the Waste”. Por ejemplo, se toma la correcta decisión de abordar el problema, mostrando su transversalidad. Esta no es una realidad norteamericana ni europea, como muchos podrán pensar. Por el contrario, recorre Asia, Latinoamérica e incluso África. Además, es inteligente en presentar los absurdos que generan que las toneladas de basura sean cada día mayores. Así, por ejemplo, se entrevista a productores industriales y no, que cuentan como el mercado les rechaza las frutas de menor tamaño, pero también las de mayor. ¡Incluso existen máquinas automatizadas que descartar tomates por su color! Otro de los notables es mostrar la magnitud del problema, que se potencia en cada una de las cadenas de producción. Hablamos de la destrucción de alimentos en su selección, en su transporte (si no llega a tiempo, directo a la basura) y en su comercialización. Ello se traduce en una constante alza de precios que, como siempre, pagan los de menos recursos. Hacen, por ejemplo, que en África no tengan para comer lo que ellos mismos producen, privilegiando mercados que pagan más porque pueden vender menos de acuerdo a las exigencias de sus consumidores.

Pero sin dudas, la mayor virtud del documental es enrostrarnos que son nuestros hábitos los que han creado estos problemas. La mirada comercial con la que compramos comida, y el absurdo de preferir botar por sobre regalar, demuestran lo pobre que es la humanidad con sus compañeros. Basta pensar las toneladas de comida que se botaron en nuestro país a propósito de la entrada en vigencia de la nueva ley de rotulados, donde primó el criterio comercial de no gastar recursos en reenvasar los alimentos. ¿En verdad creen que pensemos que no existía alguna alternativa menos nociva y despectiva con los otros? Es cierto que el mercado funciona con aquella mano invisible que los economistas aman, pero no olvidemos que esa mano tiene un brazo que nosotros conducimos por detrás. Esa misma mano invisible que olvida el potencial energético, por ejemplo, que tienen nuestros desperdicios si los catalogamos, separando lo orgánico de lo que no es. Donde vemos hoy desperdicios, debemos empezar a ver materia prima. Por eso, con un mensaje tan claro y potente, sorprende un poco que el guión por escasos minutos, invite al debate de forma sutil de la verdadera expropiación de tierras en países africanos por parte de las grande industrias, dejando de lado a los pequeños productores. Mensaje urgente y necesario, cierto, pero que en este caso parecía harina de otro costal.

Son varias las invitaciones que nos deja el documental de Valentin Thurn, una de ellas es a cuestionarnos dónde cambiar el hábito. Está en nuestras manos enfrentar el problema. Es cierto que no tenemos las herramientas para frenar una industria que trata los excesos de comida simplemente como una norma que forma parte de los costos ya calculados. Pero cada uno tiene herramientas para empezar el cambio desde casa. Uno de ellos, por ejemplo, es voluntariamente tomar los productos con fecha de vencimiento más inminente, o los tomates que sabemos, nadie elegirá. Otra forma es recuperar espacios. Aprovechar la basura orgánica y construir huertos urbanos, los cuales, además, sirven como gran escuela para esta nueva generación de jóvenes que poco conocer el origen de nuestros alimentos. Además, se puede participar en las jornadas de recolección de alimentos que instituciones como “Disco Sopa” realizan, todo a la espera de replicar, a futuro, otros modelos que vemos en el extranjero, como ferias libres con los productos descartados por el comercio, o la donación de los alimentos con vencimiento inminente a quien quiera consumirlos en el mediano plazo. Por eso los dejamos invitados a asistir al 7ma versión de la Feria Medio Ambiental de Santiago (#FEMAS), en específico, a conversar con la gente de “Disco Sopa”, quienes participarán este domingo en el evento (en este enlace pueden encontrar el evento)Los dejamos invitados a revisar toda nuestra cobertura de la edición 2016 del “fiiS revelados” en el siguiente enlace, pero también invitados a cuestionarnos. A ver lo que hace gente de “Disco Sopa” y darnos cuenta que una sociedad que elimina tanta comida lo que hace es reflejar su propio espíritu. No nos volvamos una sociedad desechable ni menos una sociedad perecible en el corto plazo. Merecemos mucho más que eso.

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