Niña sombra (2016)

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Niña sombra.
Año: 2016.
Directora: María Teresa Larraín.
Producción: Ed Barreveld, María Teresa Larraín, Lisa Valencia-Svensson.
Fotografía: Daniel Frant Arnaldo Rodríguez.
Edición: Ricardo Acosta, Ordan Kawai, Tim Wilson.
Sonido: Daniel Pellerin.
Compositor: Jprge Aliaga.
Países: Chile, Canadá, Costa Rica.
Duración: 75 minutos.

No nos conocemos sólo a través de nuestros ojos. Ese es el claro mensaje que María Teresa Larraín quiere entregarnos en su último documental (en todos los sentidos de la palabra), donde la invitación no se reduce a conocer a quienes nos rodean, sino también a conocer a nosotros mismos. 

La directora nacional María Teresa Larraín vino a despedirse. Lo hizo con un documental que rompe muchas veces el esquema de las despedidas cinematográficas, donde lo que se hace es una radiografía de la carrera y del cine en general como señal de agradecimiento. No. El camino de Larraín es totalmente distinto.”Niña sombra” no es, por opción, su último documental. Es más bien una obligación. Diagnosticada desde pequeña de una eventual ceguera a través de una miopía progresiva, el tiempo de despedirse de su vista ha llegado. Por eso, “Niña sombra” no resume su carrera sino la hace enfrentar su vida. Esa vida donde el avance de la ceguera es irremediable y donde deberá entender y recomponer a la mujer que ha construido, dando paso a la inexpugnable oscuridad.

Entender quién es María Teresa Larraín hoy obliga a la misma directora a contar su historia. El diagnóstico de su enfermedad es un elemento clave, pero todavía más determinante es su salida del país hace casi 40 años, cuando se radicase en Canadá tras el Golpe de Estado. Eso se traduciría en una lógica distancia con su madre y 9 hermanos y también le mostraría que muchas veces en el mundo estamos solos. Al mostrarnos las últimas escenas de la vida de su madre, Larraín sabe el inicio de su vida, y nos muestra a la vez el temor del final, donde la natural demencia senil se ve acompañada de una injusta ceguera. Condición que en este caso es todavía más dolorosa, pues en todos los casos de su familia, las personas se han vuelto ciegas de adultas, debiendo enfrentar no sólo su enfermedad sino una pena distinta de aquella que sufre quien ha tenido siempre la enfermedad: el saber cómo es el mundo. Sin habilidades complementarias desarrolladas a lo largo de su vida, de un día para otro todo se vuelve oscuridad. Dentro de esa enfermedad también se camuflan otras. La depresión motivada por la rabia y la vergüenza es una de las que sufrió María Teresa.

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No hablamos de cualquier persona que se vuelve ciega, por el contrario, hablamos precisamente de alguien que vivía a cuesta de las imágenes. Por eso el calvario es duro, y por eso “Niña sombra” emociona tanto. Larraín no busca convencernos, como muchas películas sobre enfermedades o discapacidad hacen, de que tras lo malo sale el sol. Todo lo contrario, la invalidez de la ceguera fue arrebatarle todo. Lejos de su país, María Teresa está sola, sin ver, y sin ayuda social. Por largos minutos “Niña sombra” es eso. Pena, miedo, dolor, todos condimentos de un drama que no es artificial. A sus 60 años debe enfrentar un nuevo mundo, y para entrarse en ese camino debe por lo menos quererse (en un sentido de querer su condición). Y los maestros están, créanlo, en el Paseo Ahumada. Cuando María Teresa se logra dar cuenta que lo suyo es un detalle frente a otros y que además no está sola en esto, la cruz que carga se volverá cada día más liviana.

La línea entre lo pesimista y lo honesto es delgada. Larraín me convenció que su película tiene más de lo segundo que lo primero. Sin animo de engañar al espectador, el drama se muestra tal cual es.  Un experimento sanador porque pese a todas las barreras, quién lo diría, una persona con ceguera casi total fue capaz de hacer su último documental. Con él, recupera su confianza como directora, convirtiendo a “Niña sombra” es una luz de esperanza. No a través de clichés o frases con poco contenido pero que suenan rimbombantes. No. Acá no estamos como decimos los chilenos para vender la pomada. Puede haber luz al final del túnel, pero en su caso vendrá luego de superar el dolor, de aceptar su enfermedad y saber que nunca será la misma. Está en sus manos decir si la nueva María Teresa será mejor que la otra. Está en sus manos demostrar que luego de quererse y encontrar la dignidad en lo que está viviendo, hay mucho que ganar. Presentada también en SANFIC 12, “Niña sombra” forma también parte de la competencia nacional en esta la vigésima edición de FIDOCS. Pueden revisar toda nuestra cobertura del festival en el siguiente enlace. 

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