Pastora (2016)

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Pastora.
Año: 2016.
Director: Ricardo Villarroel.
Guión: Ricardo Villarroel y Sebastián Saavedra.
Producción: Sebastián González.
Fotografía: Alejandro Cordero.
Montaje: Melisa Miranda.
País: Chile.
Duración: 63.

En julio de 2007, en el altiplano chileno a más de 4.300 metros de altura y a ocho horas de Arica, Gabriela Blas, pastora aymará, tomó una decisión que cambiaría su vida. En búsqueda de 2 animales extraviados, dejó a su hijo de 3 años en el plano a la espera de volver 2 horas después. Lamentablemente, el niño no estaría donde su madre la dejó, para luego aparecer un año y medio después, a 12 kilómetros del caserío. El niño no sólo enfrentó el frío del mes más helado del año. La autopsia parece indicar el ataque de un puma, que por esas fechas bajan en busca de alpacas, y Gabriela sería sentenciada a 12 años de cárcel (el año 2012 recibió un indulto presidencial que le rebajó la pena). Con dicha historia como base, Ricardo Villarroel construye “Pastora”. No es coincidencia que comencemos nuestra columna señalando que es una “decisión que cambió su vida” y no una “buena/mala decisión”. Precisamente la potencia del guión de Villarroel y Sebastián Saavedra es el reproche que se hace a la sociedad podríamos decir urbana, que fue con todo su aparataje judicial a resolver un caso que en su esencia no entendía. Recogiendo testimonios de otras pastoras, es fácil llegar a la conclusión que si bien puede haber habido mucha imprudencia por parte de Gabriela, ella simplemente tomó la decisión que había que tomar. Una práctica a estas alturas milenarias, que le obligó a dejar a su hijo sólo por unos momentos en búsqueda de recuperar el sustento necesario para seguir viviendo en tan recóndito lugar.

También en la competencia nacional de Valdivia (ver nuestra cobertura acá), “Pastora” parece ser el resultado de una suma de buenas decisiones. Primero, la historia que elige contar, impactante para los ojos de cualquier espectador (el cuidado de la madre es claramente un mensaje universal). Pero Villarroeal y compañía toman la sabia decisión de utilizar a Gabriela como pie inicial, para entregarnos un documental que trata en estricto rigor otras materias. Un documental que, salvo contadas excepciones, se centra en el relato de las mujeres que viven en el altiplano. Por eso no hablamos del mensaje universal “ser madre”, sino del mensaje local “ser madre aymará”. Dicha figura se construye mediante la recopilación de relatos de otras pastoras, a quienes prudentemente se incorpora sin mostrar sus caras. Con ello se incentiva la sensación de soledad con la cual ejercer su profesión, construyendo un contexto que si bien no avala la decisión de Gabriela, al menos permite entenderla. La cámara abordó el asunto como el verdadero opuesto del sistema judicial. Con una decisión estética bien lograda, la historia se centra en el aymará, en cómo debe ser juzgado por su propia realidad, y como nuestro sistema de vida en nada se identifica con el ellos. Así, el mensaje político de “Pastora” es claramente el de rescate de una cultura que silenciosamente está siendo asesinada por la nuestra.

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Al elegir contar la historia desde un Chile que parece no ser Chile, el equipo tras “Pastora” tomó una decisión a nuestro juicio, que debió haber marcado un camino que no tomaron. Como no todo puede ser bueno, “Pastora” tiene ciertos detalles que no gustan. Curiosamente fui a la sala con alguien que quería ver “Pastora” por su fotografía, y su apuesta era lógica. Generalmente los documentales grabados en el desierto chileno nos sorprenden con una serie de tomas que captan de manera maravillosa uno de los lugares más increíbles del mundo. La conclusión de ambos a la salida fue distinta. “Pastora” se apoya más en el relato y su potente guión, que sus imágenes. Esto no significa que la fotografía de Alejandro Cordero sea mala, todo lo contrario, captura de forma perfecta la belleza del lugar, así como lo recóndito que es. Simplemente (y acá puede haber un problema de la sala de proyección que desconocemos), fueron superados por la tecnología. Si pudiésemos decirlos en frases simples, la cámara que llevaron deja bastante que desear. Lo mismo que la grabadora de sonido, pues si voluntariamente quieren descansar de forma tan importante en los relatos, entonces lo más clave es que ellos suenen limpios y claros (descontando, claramente, el acento aymará y las palabras que dicen en su idioma que necesitan un apoyo vía subtítulos). Por esto, “Pastora” dejó con gusto a poco. Parte de la competencia nacional de la vigésima edición de FIDOCS, los dejamos invitados a revisar éste y otros documentales en nuestra cobertura.

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