Es por la música (2016)

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Es por la música.
Año: 2016.
Director: Omar Saldías.
País: Chile.
Duración: 54 minutos.

Fuera de competencia se presentó anoche en el Cine Arte Alameda, “Es por la música”, el autogestionado documental de Omar Saldías apoyado por Parlante.cl, donde busca mostrar a las bandas emergentes que están apareciendo en el circuito más under de Santiago, y demostrar cómo el camino es difícil y riguroso si se quiere hacer música, pero lleno de gratificaciones, mismo camino que recorre Saldías con su proyecto. Aún cuando la tecnología hace que sea posible llegar a muchos lugares donde antes simplemente no se podía, lo cierto es que la raíz del trabajo de los músicos independientes es la misma: conseguir eventos, recolectar fondos, promocionar por distintos medios su música, y vivir el día a día. En otras palabras, sufrir.

Si bien la idea está clara, hay un grave falta de guión que por momentos desagrada. De hecho, ideas que va cerrando a lo largo de los 54 minutos, vuelven a ser abiertas. Partimos con una afirmación inicial, en virtud de la cual Angelo Pierattini de Weichafe y otros artistas como Sergio Lagos nos confirman que la música chilena ha vivido, a lo largo de su historia, sendos apogeos que lamentablemente han quedado en nada. No hay estructura que promueva la creación, ni hemos tenido el éxito que sólo al cruzar la frontera han conseguido los artistas nacionales de otros países. Pero pese a todo, la música chilena se intenta abrir camino año tras años. Como la lucha que tiene In-Edit todos los años por hacer un festival de nicho, sin grandes apoyos y rescatando la distribución independiente. Pero luego de eso, es caer y caer en afirmaciones que aunque ciertas, nada aportan en la evolución de una idea: (1) que las nuevas bandas se apoyan más que compiten; (2) que hay mucha banda nueva interesante sonando; (3) que todo es autogestión; (4) que los costos muchas veces son mayores a las retribuciones; para luego caer nuevamente en repetir, ahora por otro artista, los puntos (1), (2), (3) y (4).

En lo técnico, el documental es todavía más pobre. ¡Si la trama te dice que la gran ventaja que tienen los artistas de hoy son los recursos tecnológicos que antes no había, por qué hacer un documental que parece grabado en cámaras de hace 15 años! En esto hay muchas decisiones curiosas, como dejar largas escenas de las bandas tocando, con baja calidad de imagen y sonido, en vez de potenciar las declaraciones de los artistas. Un estilo que hace que estemos 3 minutos escuchando algo a medias, para luego volver a interesarnos con un testimonio, que después rápidamente desapasiona porque repite algo que ya escuchamos. La verdad, poco que rescatar en el documental de Saldías. Se valora la autogestión y la propuesta, pero la verdad, sólo funciona como un buen catastro para estar al día con las nuevas bandas emergentes. Como documental, es bastante pobre.

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